El FreSU denunció una pérdida histórica del poder adquisitivo y exigió recomponer salarios
El Frente de Sindicatos Unidos aseguró que el Salario Mínimo, Vital y Móvil debería ubicarse cerca de los 2,9 millones de pesos para garantizar condiciones de vida acordes a lo establecido por la Constitución y la legislación laboral. El espacio sindical denunció una profunda pérdida del poder adquisitivo desde la llegada de Javier Milei al Gobierno y advirtió sobre el creciente deterioro social entre trabajadores públicos y privados.
El debate salarial volvió a ocupar el centro de la escena política y sindical luego de que el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) difundiera un duro informe sobre el deterioro del poder adquisitivo en la Argentina y reclamara una actualización drástica del Salario Mínimo, Vital y Móvil.
Según el documento elaborado por el espacio gremial, un trabajador argentino necesitaría actualmente ingresos cercanos a los 2,9 millones de pesos mensuales para cubrir adecuadamente las necesidades básicas contempladas por la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo. La cifra, que supera ampliamente el salario mínimo vigente, fue presentada como una muestra de la profundidad de la crisis social que atraviesan amplios sectores asalariados.
Desde el FreSU sostuvieron que el ingreso mínimo legal quedó completamente desfasado respecto del costo real de vida y denunciaron que hoy representa apenas una fracción de lo necesario para garantizar condiciones dignas de subsistencia. El espacio sindical calificó al salario mínimo actual como “el más bajo de la historia argentina” y vinculó esa situación con la política económica aplicada desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
La presentación del informe no fue un gesto aislado. Formó parte de una estrategia más amplia del sindicalismo combativo para reposicionar la discusión salarial en medio de un escenario signado por paritarias condicionadas, caída del consumo y creciente pérdida de capacidad adquisitiva.
El FreSU, integrado por alrededor de 140 organizaciones sindicales de distintas corrientes gremiales, sostiene que la pérdida acumulada de ingresos desde diciembre de 2023 ya alcanzó niveles históricos. Según sus estimaciones, los trabajadores argentinos resignaron más de 62 billones de pesos durante el actual período de gobierno.
La organización desagregó además el impacto sobre distintos sectores laborales. En el ámbito privado, calcularon que cada asalariado perdió en promedio más de 2,3 millones de pesos acumulados, mientras que entre trabajadores estatales la caída superó los 12,7 millones por persona.
El estudio expone una radiografía particularmente severa sobre la situación social de los asalariados formales, un segmento que históricamente funcionó como núcleo de estabilidad económica dentro del mercado interno argentino y que hoy aparece crecientemente afectado por el deterioro de ingresos y el endeudamiento doméstico.
“El salario ya no alcanza para cubrir necesidades elementales y muchas familias deben endeudarse para sostener gastos cotidianos”, señalaron desde el frente sindical al justificar la magnitud del reclamo.
Para establecer cuál debería ser el verdadero Salario Mínimo, Vital y Móvil, el FreSU tomó como referencia las nueve necesidades fundamentales contempladas en la legislación laboral argentina y en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional.
Entre los componentes incluidos aparecen alimentación adecuada, vivienda digna, salud, educación, vestimenta, transporte, previsión social, recreación y vacaciones. Según el detalle difundido por la organización, sólo la cobertura alimentaria demandaría más de 648 mil pesos mensuales, mientras que el acceso a vivienda rondaría los 568 mil pesos.
A eso se suman gastos vinculados a salud, educación y movilidad, además de partidas destinadas al esparcimiento y al descanso anual, conceptos históricamente contemplados dentro de la definición jurídica de salario vital y móvil, aunque crecientemente inaccesibles para gran parte de los trabajadores.
El documento también buscó recuperar una discusión de fondo alrededor del sentido constitucional del salario. Para el FreSU, la política salarial actual desnaturaliza principios básicos establecidos tanto en la Constitución como en la Ley de Contrato de Trabajo, que definen al salario mínimo como una herramienta destinada a garantizar bienestar integral y no únicamente supervivencia básica.
La difusión del informe coincidió además con un momento de creciente reorganización dentro de sectores gremiales enfrentados al rumbo económico del Gobierno nacional. El pasado 1° de Mayo, el FreSU realizó su primer plenario nacional de delegados y delegadas, donde aprobó el programa “Unidad, Lucha y Rebeldía para Recuperar la Patria”.
Allí confluyen organizaciones de fuerte peso dentro del sindicalismo argentino, entre ellas la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y la Federación de Trabajadores Aceiteros, además de numerosas estructuras sindicales regionales y sectoriales.
La aparición de este espacio refleja también un fenómeno más amplio dentro del universo gremial: el crecimiento de sectores que reclaman posturas más confrontativas frente al ajuste económico y cuestionan la moderación de parte de la dirigencia sindical tradicional.
Mientras el Gobierno insiste en que la desaceleración inflacionaria representa el principal indicador de estabilización económica, desde el sindicalismo combativo advierten que la caída de precios relativos no se traduce en recuperación del ingreso ni mejora concreta en las condiciones de vida.
El planteo del FreSU vuelve a poner sobre la mesa una discusión central para la economía argentina: cuánto debe ganar un trabajador para vivir dignamente en un país donde los salarios corren permanentemente detrás del costo de vida. La distancia entre los ingresos reales y las necesidades básicas aparece hoy como uno de los principales focos de conflictividad social, en una etapa donde el equilibrio macroeconómico convive con un profundo deterioro del poder adquisitivo y un aumento progresivo del mercado interno.
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La batalla por las PASO abre una nueva etapa en la disputa por el poder de cara a 2027
La administración de Javier Milei impulsa una reforma electoral que tiene como prioridad suspender las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias para los próximos comicios presidenciales. La iniciativa combina negociaciones con gobernadores, incentivos para fortalecer acuerdos territoriales y una estrategia destinada a modificar la dinámica de competencia de los principales espacios políticos, en especial de un peronismo que atraviesa uno de sus períodos de mayor fragmentación desde el regreso de la democracia.
Superado el impacto político provocado por la reciente reconfiguración del Gabinete, la Casa Rosada concentra ahora buena parte de su capital político en un objetivo de largo alcance: construir las condiciones institucionales y electorales para sostener el proyecto libertario más allá del actual mandato presidencial.
Dentro de esa arquitectura ocupa un lugar central la reforma del sistema electoral. El oficialismo considera que el esquema vigente de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias dejó de cumplir los objetivos para los cuales fue concebido y sostiene que su continuidad representa un elevado costo económico y una carga innecesaria para el electorado. Sin embargo, detrás de esa argumentación administrativa también aparece una lectura estrictamente política sobre la forma en que competirán las principales fuerzas nacionales en 2027.
En el entorno presidencial reconocen que la eliminación definitiva de las PASO carece hoy del respaldo parlamentario suficiente. Esa limitación llevó al Gobierno a modificar su estrategia y concentrarse en una alternativa considerada políticamente viable: suspender el mecanismo para las próximas elecciones nacionales, dejando abierta la posibilidad de discutir una reforma permanente en el futuro.
La diferencia no resulta menor. Mientras la derogación definitiva implicaría modificar de manera estructural el sistema de selección de candidaturas, la suspensión ofrece una salida legislativa con mayores posibilidades de reunir consensos entre bloques que mantienen posiciones divergentes respecto del régimen electoral.
El oficialismo interpreta que esa alternativa puede obtener respaldo tanto en el Senado como posteriormente en la Cámara de Diputados. En esa construcción adquieren protagonismo los gobernadores, convertidos una vez más en actores decisivos para cualquier reforma de alcance institucional.
Las conversaciones entre la Casa Rosada y varios mandatarios provinciales giran alrededor de un esquema que permitiría articular acuerdos electorales sin afectar las identidades locales. Según distintas fuentes políticas, una de las herramientas analizadas contempla mecanismos similares a las tradicionales listas colectoras, una ingeniería que facilitaría acompañamientos provinciales a la candidatura presidencial libertaria preservando las estrategias territoriales de cada distrito.
La negociación excede el debate sobre las PASO. También incorpora la discusión presupuestaria, un aspecto que otorga a los mandatarios provinciales un margen adicional de influencia durante el tratamiento parlamentario de la reforma.
En la conducción libertaria consideran que la modificación del sistema de primarias alteraría significativamente la dinámica opositora, particularmente dentro del peronismo, donde conviven múltiples liderazgos sin una conducción nacional consolidada. La ausencia de una instancia obligatoria para ordenar candidaturas podría trasladar las disputas internas al armado de listas, profundizando las tensiones entre gobernadores, intendentes, dirigentes sindicales y referentes nacionales.
No obstante, esa lectura no es compartida por todos los sectores políticos. Dentro del PRO persisten diferencias sobre la conveniencia de avanzar con una suspensión de las primarias. Algunos dirigentes sostienen que el mecanismo continúa siendo una herramienta útil para legitimar liderazgos, promover la renovación partidaria y evitar que las candidaturas queden exclusivamente sujetas a acuerdos entre las conducciones políticas.
Esa posición fue sintetizada por el diputado nacional Cristian Ritondo, quien admitió que existen fundamentos atendibles tanto para revisar el funcionamiento actual del sistema como para preservar un instrumento que permitió ordenar la competencia interna de las principales fuerzas durante la última década. Como alternativa, propuso analizar un modelo de primarias voluntarias que otorgue a cada partido la posibilidad de decidir si recurre o no a ese mecanismo para seleccionar a sus candidatos.
La discusión, en consecuencia, trasciende el calendario electoral. Lo que comienza a debatirse es el modelo de competencia política que regirá durante los próximos años y la forma en que los partidos construirán sus liderazgos en una etapa marcada por la fragmentación del sistema político y el debilitamiento de las estructuras tradicionales.
Para el oficialismo, la suspensión de las PASO constituye una pieza relevante dentro de un plan orientado a consolidar el liderazgo presidencial y ampliar su base de sustentación territorial mediante acuerdos con gobernadores y sectores provinciales. Para la oposición, en cambio, la iniciativa abre interrogantes sobre el equilibrio institucional y las reglas que ordenan la competencia democrática.
Con el tratamiento parlamentario previsto para los próximos meses, la discusión electoral comienza a convertirse en un pilar fundamental de la administración nacional. Lo que finalmente resuelva el Congreso no solo definirá cómo se elegirán los candidatos en 2027: también condicionará la configuración de alianzas, el reparto del poder territorial y el escenario sobre el cual se librará la próxima disputa por la Presidencia de la Nación.
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La paritaria docente sigue abierta tras el rechazo de UDAP
El principal gremio docente de San Juan rechazó por unanimidad la propuesta salarial presentada por el Ejecutivo al considerar que resulta insuficiente. La negociación continuará este viernes, en una jornada clave para definir si el Gobierno modifica su oferta y logra encaminar un acuerdo para el segundo semestre.
La negociación salarial entre el Gobierno de San Juan y los gremios docentes sumó su primer obstáculo formal. El Plenario de Delegados Escolares de UDAP resolvió rechazar por unanimidad la propuesta presentada por el Ejecutivo durante la reunión paritaria del 30 de junio, al entender que el incremento ofrecido no responde a las expectativas del sector.
La decisión fue comunicada oficialmente por la organización sindical y deja abierta una nueva instancia de negociación prevista para este viernes, cuando volverán a reunirse los representantes del Gobierno con UDAP, UDA y AMET en busca de una salida consensuada.
La propuesta oficial contempla aumentos del 2% sobre el salario básico en agosto, octubre y diciembre, además de una cláusula de revisión destinada a monitorear la evolución de la inflación durante el segundo semestre.
Al presentar la oferta, el secretario General de la Gobernación, Emilio Achem, sostuvo que la administración de Marcelo Orrego mantiene el compromiso de preservar el poder adquisitivo de los trabajadores estatales, aunque remarcó que la provincia enfrenta un escenario financiero condicionado por la caída de la coparticipación federal, principal fuente de ingresos del Estado sanjuanino.
Mientras UDAP formalizó su rechazo, la definición de UDA también apunta en la misma dirección. Su secretaria general, Karina Navarro, adelantó que los primeros relevamientos entre los afiliados reflejan una valoración negativa de la propuesta oficial, aunque la consulta interna concluirá este viernes antes de la reanudación de la mesa paritaria.
Con ese panorama, el Ejecutivo afrontará una negociación compleja. La posibilidad de alcanzar un acuerdo dependerá de que presente una alternativa capaz de reducir la distancia con las demandas sindicales, en un contexto donde la presión inflacionaria convive con las restricciones presupuestarias que plantea la administración provincial.
La reunión prevista para este viernes será determinante para establecer si las partes logran acercar posiciones o si la discusión salarial ingresa en una etapa de mayor tirantez.
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Con amplio respaldo político, Diputados aprobó la ley que redefine la inserción de San Juan en la nueva minería
En medio de la inminente llegada de inversiones multimillonarias para el desarrollo del cobre, la Cámara de Diputados aprobó la Ley de Desarrollo Local Minero, una norma destinada a consolidar la participación de proveedores, trabajadores y empresas sanjuaninas en la cadena de valor. La iniciativa incorpora obligaciones para las compañías, crea mecanismos de control e incentivos fiscales y expone una discusión de fondo sobre cómo distribuir el impacto económico que generará la minería durante las próximas décadas.
La Cámara de Diputados de San Juan convirtió en ley uno de los proyectos económicos más relevantes de la actual gestión provincial. Con una holgada mayoría legislativa, el cuerpo aprobó el Régimen de Desarrollo Local Minero, una herramienta concebida para que la expansión de la actividad extractiva se traduzca en empleo genuino, fortalecimiento empresarial y mayor integración de la producción sanjuanina con los grandes emprendimientos metalíferos.
La iniciativa obtuvo 32 votos afirmativos, dos rechazos y dos abstenciones, aunque posteriormente la diputada Cristina López solicitó dejar registrado su voto favorable en la versión taquigráfica al no encontrarse en el recinto al momento de la votación.
La sanción llega cuando San Juan comienza a posicionarse como uno de los principales polos cupríferos de América Latina. El avance de proyectos de gran escala, varios de ellos incorporados al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), abrió una nueva etapa para la provincia, donde el desafío ya no pasa únicamente por atraer capitales sino por garantizar que esa expansión derrame sobre el entramado productivo local.
Ese objetivo constituye el eje central de la nueva legislación.
La norma obliga a las compañías mineras a presentar programas de desarrollo local con metas verificables para incorporar trabajadores sanjuaninos, contratar bienes y servicios provinciales y promover la capacitación permanente del recurso humano. El propósito es consolidar una cadena de abastecimiento con mayor participación de pequeñas y medianas empresas, favoreciendo la generación de empleo calificado y el crecimiento del tejido industrial asociado a la minería.
Entre las metas establecidas figura que las empresas procuren alcanzar una participación mayoritaria de mano de obra sanjuanina, priorizando además a los habitantes de los departamentos donde se ejecutan los proyectos extractivos.
El régimen incorpora, además, un registro oficial de proveedores, sistemas de monitoreo para verificar el cumplimiento de los compromisos asumidos y un esquema de incentivos fiscales destinado a aquellas compañías que superen los objetivos previstos por la legislación.
La construcción del proyecto demandó más de un año de negociaciones entre el Poder Ejecutivo, cámaras empresarias, representantes del sector minero y proveedores locales. Ese consenso volvió a reflejarse durante el debate parlamentario, cuando el oficialismo aceptó modificaciones impulsadas por el bloque justicialista.
Entre los cambios incorporados se resolvió que los planes de desarrollo local formen parte de las Declaraciones de Impacto Ambiental; se incorporó la planificación del cierre de mina dentro de esos programas; se amplió la participación de los municipios y se estableció que las exenciones fiscales deberán contar con intervención de la Legislatura.
Las modificaciones terminaron ampliando el respaldo político de la iniciativa, aunque no evitaron un intenso intercambio respecto de la verdadera capacidad de la provincia para incidir sobre las decisiones de las grandes compañías mineras.
Uno de los planteos más severos correspondió al diputado Jorge Castañeda, quien, pese a votar favorablemente, cuestionó la escasa participación que —a su criterio— tuvieron los gobiernos municipales para impulsar asociaciones capaces de fortalecer a los proveedores regionales. Incluso llegó a sostener que «la ley nace muerta», una afirmación que motivó respuestas inmediatas desde distintos bloques.
El rechazo formal fue expresado por Mario Herrero y Graciela Seva, integrantes de San Juan Vuelve. Ambos coincidieron en que las principales decisiones vinculadas a las inversiones continúan negociándose con el Gobierno nacional y consideraron que la norma difícilmente modifique las condiciones de competencia frente a las empresas beneficiadas por el RIGI, cuyo régimen tributario ofrece ventajas considerablemente más amplias. Desde el oficialismo, en cambio, defendieron la ley como un cambio de paradigma para la política minera provincial.
El diputado Gustavo Usín sostuvo que la experiencia acumulada durante los últimos años permitió construir una legislación mucho más ambiciosa que un simple régimen para proveedores, ya que incorpora herramientas destinadas a desarrollar capacidades productivas permanentes y a consolidar un ecosistema económico vinculado a la minería.
El cierre del debate quedó en manos del presidente del bloque Producción y Trabajo, Juan de la Cruz Córdoba, quien rechazó las críticas opositoras y reivindicó la capacidad técnica y empresarial de las firmas sanjuaninas para competir en igualdad de condiciones dentro de los grandes emprendimientos.
«Algunos diputados menosprecian la calidad del trabajo de nuestros proveedores y hasta su capacidad para comprender el alcance de esta ley. Nosotros creemos que las empresas sanjuaninas poseen experiencia, conocimiento y condiciones suficientes para convertirse en protagonistas del nuevo ciclo de crecimiento que vivirá la provincia», sostuvo antes de la votación definitiva.
La aprobación de la Ley de Desarrollo Local Minero inaugura una nueva etapa para la política productiva de San Juan. El desafío deja de limitarse a la captación de inversiones para trasladarse hacia un objetivo más complejo: transformar el extraordinario potencial geológico de la provincia en desarrollo económico sostenible, empleo de calidad, innovación tecnológica y fortalecimiento de las empresas locales.
La verdadera dimensión de la norma comenzará a medirse cuando los grandes proyectos de cobre entren plenamente en construcción y producción. Será entonces cuando pueda evaluarse si las herramientas aprobadas por la Legislatura logran convertir la riqueza mineral en una plataforma duradera para diversificar la economía sanjuanina y consolidar un modelo de crecimiento con mayor valor agregado dentro de la provincia.
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