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La FTIA apunta contra los empresarios por negarse a reconocer el reclamo de los sindicatos del sector para proteger el salario de los trabajadores.

La Federación Trabajadores de Industrias de la Alimentación (FTIA) anunció una movilización nacional a la sede de la cámara empresaria del sector para exigir «una justa recomposición salarial» en la actividad.

La convocatoria fue resuelta por el gremio que lidera Héctor Morcillo tras fracasar una nueva audiencia paritaria con los representantes de la FIPPA (Federación de Industrias de Productos Alimenticios y Afines).

La manifestación de los gremios de la Alimentación se concretará el próximo martes 23 de mayo a las 15.30 horas, en Av. Córdoba 1345 de la Ciudad de Buenos Aires.

Los gremios nucleados en la FTIA lamentaron la «permanente negativa del sector empresarios en reconocer el justo reclamo de nuestra Federación para proteger y preservar el poder de compra de los salarios».

En el inicio de la negociación, tal como relató Mundo Gremial, la organización sindical demandó un cronograma de aumentos bimetrales o trimestrales para hacer frente al proceso inflacionario.

Los empresarios rechazaron la solicitud de los trabajadores y hoy el escenario paritario se tensó y hay alerta en el sector.

Las conversaciones por el primer tramo de la paritaria 2023-2024 comenzaron la última semana de abril, donde la FTIA planteó las demandas salariales y la posibilidad de adecuar condiciones generales del convenio colectivo, referidas a guardería, licencia parental, adicional por trabajo en altura, igualdad de categorías, adicional dispositivos productivos digitales e impuesto a las ganancias, entre otros.

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La Anónima avanza con su expansión y proyecta despidos tras absorber activos de Libertad

La adquisición de 12 hipermercados del Grupo Libertad por parte de La Anónima reordena el tablero del retail argentino, pero deja al descubierto su contracara: cerca de un centenar de despidos en áreas administrativas, en un situación de fuerte caída del consumo y rentabilidad en retroceso.

El proceso de reconfiguración del sector supermercadista en la Argentina suma un nuevo episodio con la reciente operación que consolidó a La Anónima como uno de los actores más relevantes del interior del país. La compra de 12 hipermercados pertenecientes al Grupo Libertad no solo implica una ampliación territorial —con presencia en provincias clave como Córdoba, Tucumán, Santa Fe, Salta, San Juan, Misiones y Santiago del Estero—, sino también la profundización de una tendencia estructural: la concentración del mercado en manos de menos jugadores, con consecuencias directas sobre el empleo.

En términos formales, la transición contempla la incorporación de aproximadamente 1.600 trabajadores a la órbita de la compañía, respetando en principio sus condiciones laborales. Sin embargo, el foco de la tensión no se encuentra en las sucursales, sino en las áreas de soporte. Allí, la superposición de funciones entre ambas estructuras corporativas anticipa un panorama de ajuste que, según estimaciones del sector, podría traducirse en más de 100 desvinculaciones, principalmente en Córdoba.

La lógica empresaria detrás de esta decisión se apoya en criterios de eficiencia operativa. La Anónima cuenta con sistemas de gestión consolidados, lo que vuelve prescindibles ciertos equipos heredados de Libertad. En términos concretos, la expansión territorial se combina con una centralización administrativa que reduce costos, pero al mismo tiempo profundiza la fragilidad laboral en segmentos altamente calificados.

Este movimiento no puede leerse de manera aislada. Forma parte de un proceso más amplio de repliegue estratégico por parte del Grupo Libertad, que en el último año avanzó en la venta de la mayoría de sus activos comerciales para concentrarse en el negocio inmobiliario. La transformación incluye desde despidos previos —como los registrados en San Juan— hasta el cierre de unidades específicas, como su formato premium Fresh Market en Buenos Aires. La salida progresiva del negocio minorista tradicional refleja una mutación en la lógica de inversión, orientada a sectores de menor exposición al deterioro del consumo.

El trasfondo macroeconómico resulta determinante para comprender la magnitud de estos movimientos. La caída sostenida de las ventas —con retracciones que en distintos momentos oscilaron entre el 20% y el 30%— ha erosionado los márgenes de las grandes cadenas, obligándolas a redefinir estrategias. En ese marco, la expansión mediante adquisiciones no necesariamente responde a una etapa de crecimiento genuino, sino a la búsqueda de escala como mecanismo de supervivencia.

Las propias declaraciones de la conducción empresaria refuerzan esta lectura. Desde La Anónima reconocen que la rentabilidad del sector se encuentra bajo presión extrema, incluso para compañías consolidadas. La referencia a la salida de actores internacionales del mercado local funciona como indicador de un escenario adverso, donde sostener operaciones en la formalidad se vuelve cada vez más complejo.

Paradójicamente, mientras el negocio minorista enfrenta un contexto contractivo, algunas unidades vinculadas al comercio exterior exhiben resultados positivos. La performance exportadora —en particular en el rubro cárnico— muestra crecimientos significativos, generando una asimetría que expone las presiones del modelo: mientras los ingresos externos se expanden, el consumo interno se retrae, afectando el núcleo histórico del supermercadismo.

En este aspecto, la operación entre La Anónima y Libertad sintetiza una miarada más profunda: empresas que se reconfiguran para sostenerse en un mercado adverso, a costa de reestructuraciones que impactan de lleno en el empleo. La eficiencia, en este caso, aparece estrechamente vinculada a la reducción de plantillas en áreas consideradas no esenciales.

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Desigualdad persistente en el ingreso y un mercado laboral cada vez más fragmentado

Un informe reciente del INDEC expone que, pese a leves mejoras en los indicadores generales, se mantienen diferencias profundas entre trabajadores según su inserción laboral, con una marcada disparidad de género y una elevada concentración de recursos.

La configuración económica argentina continúa reflejando una matriz desigual que resiste incluso en contextos de relativa estabilización. Los datos correspondientes al cuarto trimestre de 2025 delinean un escenario en el que la actividad laboral sigue siendo la principal fuente de sustento, aunque atravesada por distorsiones que condicionan las posibilidades de progreso de amplios sectores.

El relevamiento oficial indica que el 62,6% de la población percibe algún tipo de remuneración, con un promedio que supera el millón de pesos. Sin embargo, este valor agregado oculta una dispersión significativa: mientras los estratos más rezagados apenas superan los $350.000, los segmentos superiores alcanzan cifras por encima de los $2,4 millones. La brecha entre ambos extremos no solo resulta amplia, sino que evidencia una dinámica donde la distribución del dinero se concentra de manera desigual.

El mundo del trabajo reproduce esta lógica. Aunque el promedio de la ocupación principal se ubica en niveles elevados, la mediana —indicador más representativo— se posiciona considerablemente por debajo, en torno a los $800.000. Esto implica que una porción sustancial de la fuerza laboral se encuentra lejos de los valores más altos, lo que pone en evidencia la heterogeneidad del sistema.

El análisis por deciles refuerza este diagnóstico. Los sectores de menores recursos se agrupan en niveles cercanos a los $390.000, mientras que los segmentos intermedios logran duplicar esa cifra. En el otro extremo, los estratos superiores superan ampliamente los $2,5 millones.

Esta progresión no responde a un crecimiento uniforme, sino a un esquema escalonado donde el acceso a mejores remuneraciones depende de variables estructurales como la capacitación, el tipo de empleo y la inserción sectorial.

Dentro de este entramado, la formalidad laboral emerge como uno de los factores más determinantes. La diferencia entre quienes cuentan con aportes jubilatorios y quienes se desempeñan en la informalidad resulta contundente: los primeros perciben prácticamente el doble que los segundos. Esta disparidad no solo impacta en el presente, sino que también condiciona la estabilidad futura, el acceso a derechos y la protección social, profundizando una dualidad histórica del mercado argentino.

A esta segmentación se suma la persistente inequidad de género. Las mujeres continúan ubicándose por debajo de los varones en términos de remuneración, una diferencia que se extiende a lo largo de toda la escala. Este fenómeno responde a múltiples factores, entre ellos la menor participación en puestos jerárquicos, la concentración en actividades de menor paga y la sobrecarga de tareas domésticas no remuneradas.

En términos globales, la concentración de recursos se mantiene elevada. El coeficiente de Gini muestra una leve mejora, aunque insuficiente para alterar la estructura de fondo. La distancia entre los extremos permanece prácticamente invariable: el decil más alto percibe más de trece veces lo que recibe el más bajo.

La distribución general también evidencia un marcado desequilibrio. El 10% más acomodado concentra cerca de un tercio del total, mientras que el 10% más rezagado accede a una proporción mínima. Este reparto desigual no solo refleja una brecha económica, sino también una marcada diferencia en las oportunidades de desarrollo.

El análisis de los hogares con menores recursos permite comprender la dimensión social del problema. En estos sectores, las fuentes no laborales —como jubilaciones, subsidios o transferencias— adquieren un rol central, representando más de dos tercios del total. A su vez, se observa una elevada carga de dependencia: por cada persona ocupada, hay múltiples individuos que no generan recursos propios, lo que incrementa la presión sobre los ingresos disponibles y profundiza la vulnerabilidad.

El panorama actual confirma que las mejoras puntuales en los indicadores agregados no alcanzan para revertir una estructura marcada por la desigualdad. Las brechas vinculadas a la formalidad, el género y la distribución del ingreso continúan delineando un sistema en el que las diferencias no solo persisten, sino que tienden a reproducirse.

El desafío, en este contexto, no se limita a la generación de empleo en términos cuantitativos, sino que exige avanzar hacia una mejora sustancial en su calidad, ampliar la inclusión en el circuito formal y reducir las asimetrías estructurales. Sin transformaciones en estos ejes, cualquier avance coyuntural quedará diluido frente a un movimiento que consolida la fragmentación y perpetúa las desigualdades en el largo plazo.

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Docentes universitarios profundizan reclamos con dos semanas de paro en la UNSJ

El gremio ADICUS confirmó su adhesión al paro nacional convocado por CONADU, con medidas de fuerza en dos etapas. La protesta impactará en la Universidad Nacional de San Juan y pone en el centro el reclamo por recomposición salarial y financiamiento educativo.

El sistema universitario vuelve a tensarse en San Juan. ADICUS, el gremio que nuclea a los docentes de la Universidad Nacional de San Juan, confirmó su adhesión al paro nacional impulsado por CONADU, en el marco de un plan de lucha que se desplegará de manera escalonada durante abril y comienzos de mayo.

La medida fue definida en articulación con las distintas representaciones docentes del país, en el ámbito de la federación que coordina las estrategias gremiales a nivel nacional. Según explicó el secretario adjunto Sergio Castro, la decisión responde a una construcción colectiva que busca sostener la presión sobre el Gobierno en torno a los reclamos del sector.

El cronograma prevé dos semanas de paro: la primera del 13 al 18 de abril y la segunda del 27 de abril al 3 de mayo. Entre ambas instancias habrá una semana de actividad normal, aunque desde el gremio aclararon que forma parte de la continuidad del mismo plan de lucha.

El eje central del conflicto sigue siendo la pérdida del poder adquisitivo de los salarios docentes y la falta de una ley de financiamiento universitario que garantice estabilidad presupuestaria. “Las medidas van a continuar hasta que se logre una recomposición salarial”, advirtió Castro, marcando el tono de un conflicto que no parece cercano a resolverse.

Sin embargo, el impacto trasciende lo estrictamente salarial. Desde ADICUS alertan sobre un fenómeno que comienza a afectar la estructura del sistema: el desplazamiento de docentes hacia otros ámbitos laborales. La pérdida de competitividad de los salarios universitarios —históricamente más altos que los del sistema provincial— ha invertido esa lógica y empuja a muchos profesionales a migrar hacia otros sectores o a retomar cargos anteriores.

Este proceso, aún en desarrollo, abre interrogantes sobre la capacidad de las universidades para sostener su plantel docente y preservar estándares académicos en el mediano plazo.

En este sentido, el gremio busca que la protesta no se limite a la suspensión de clases. Durante las jornadas de paro se llevarán adelante actividades de visibilización, reuniones y recorridas por las distintas unidades académicas. El objetivo es mantener presencia institucional y ampliar el alcance del reclamo dentro de la comunidad universitaria.

La crisis en la UNSJ refleja, en escala local, una problemática estructural que atraviesa al sistema universitario argentino: la tensión entre financiamiento, salarios y sostenibilidad. En ese marco, cada medida de fuerza no solo interrumpe el ciclo lectivo, sino que también evidencia las dificultades para garantizar su continuidad.

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