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La FTIA apunta contra los empresarios por negarse a reconocer el reclamo de los sindicatos del sector para proteger el salario de los trabajadores.

La Federación Trabajadores de Industrias de la Alimentación (FTIA) anunció una movilización nacional a la sede de la cámara empresaria del sector para exigir «una justa recomposición salarial» en la actividad.

La convocatoria fue resuelta por el gremio que lidera Héctor Morcillo tras fracasar una nueva audiencia paritaria con los representantes de la FIPPA (Federación de Industrias de Productos Alimenticios y Afines).

La manifestación de los gremios de la Alimentación se concretará el próximo martes 23 de mayo a las 15.30 horas, en Av. Córdoba 1345 de la Ciudad de Buenos Aires.

Los gremios nucleados en la FTIA lamentaron la «permanente negativa del sector empresarios en reconocer el justo reclamo de nuestra Federación para proteger y preservar el poder de compra de los salarios».

En el inicio de la negociación, tal como relató Mundo Gremial, la organización sindical demandó un cronograma de aumentos bimetrales o trimestrales para hacer frente al proceso inflacionario.

Los empresarios rechazaron la solicitud de los trabajadores y hoy el escenario paritario se tensó y hay alerta en el sector.

Las conversaciones por el primer tramo de la paritaria 2023-2024 comenzaron la última semana de abril, donde la FTIA planteó las demandas salariales y la posibilidad de adecuar condiciones generales del convenio colectivo, referidas a guardería, licencia parental, adicional por trabajo en altura, igualdad de categorías, adicional dispositivos productivos digitales e impuesto a las ganancias, entre otros.

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Con 42 votos afirmativos, la Cámara Alta convirtió en ley la reforma y la CGT anticipa amparos

Con el respaldo del oficialismo y bloques dialoguistas, la Cámara Alta convirtió en ley la Reforma Laboral impulsada por el presidente Javier Milei. Mientras el Gobierno celebra, la oposición y el sindicalismo anticipan una ofensiva judicial por presunta inconstitucionalidad.

En el tramo final de las sesiones extraordinarias, el Senado de la Nación Argentina convirtió en ley la Reforma Laboral promovida por el Poder Ejecutivo. Con 42 votos afirmativos, 28 negativos y dos abstenciones, la Cámara Alta ratificó las modificaciones introducidas por la Cámara de Diputados de la Nación Argentina y selló así la principal apuesta legislativa del oficialismo en el inicio del calendario parlamentario.

La votación coronó una jornada extensa, atravesada por discursos de alto voltaje político. El bloque de La Libertad Avanza logró articular el respaldo de espacios dialoguistas como la Unión Cívica Radical, el Propuesta Republicana y sectores del peronismo no alineado. Los santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano optaron por la abstención tras más de cuatro horas de debate.

Concesiones para destrabar apoyos

Para consolidar la mayoría, el oficialismo aceptó ajustes relevantes respecto del texto original. El más significativo fue la eliminación del artículo 44, que recortaba plazos y porcentajes en el pago de licencias por enfermedades o accidentes no laborales. Suprimir ese punto resultó determinante para asegurar votos clave.

Asimismo, se retiró el artículo que contemplaba beneficios en el impuesto a las Ganancias para grandes empresas, se sostuvo el 6% destinado a obras sociales y se moderó el esquema inicial del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), concebido como herramienta complementaria en el régimen indemnizatorio. También se extendieron plazos de adecuación para determinados estatutos.

Como anexo, el oficialismo incorporó el traspaso de la justicia laboral a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires, decisión cuestionada por la oposición debido a la vía parlamentaria elegida para su inclusión.

Sin margen para nuevas enmiendas, el Senado debía optar entre convalidar la versión de Diputados o insistir con su redacción previa. Se impuso la primera alternativa.

Los ejes de la reforma

La norma —de 209 artículos distribuidos en 26 títulos— modifica 28 leyes y deroga otras 11. Entre sus puntos centrales figuran:
Convenios colectivos: priorización de acuerdos por empresa o región sobre los sectoriales y eliminación de la ultraactividad automática.
Fondo de Asistencia Laboral (FAL): asistencia en el pago de indemnizaciones con financiamiento empresarial obligatorio.
Indemnizaciones: se mantiene un mes por año trabajado, pero se excluyen conceptos no mensuales del cálculo, se fijan topes y se habilita el pago en cuotas en supuestos específicos.
Banco de horas: compensación de horas extra mediante acuerdos, respetando límites de descanso.
Vacaciones: posibilidad de fraccionamiento en períodos no menores a siete días corridos.
Plataformas digitales: creación de la figura del repartidor independiente bajo contrato de servicios.
Derecho a huelga: ampliación de servicios esenciales y establecimiento de porcentajes mínimos de funcionamiento.
Blanqueo laboral: incentivos para regularizar empleo no registrado y reducciones de cargas para nuevas incorporaciones formales.

Desde el oficialismo se presentó la reforma como un instrumento orientado a dinamizar el empleo formal, reducir la litigiosidad y otorgar previsibilidad a la actividad productiva. La oposición, en cambio, advirtió sobre una eventual regresión en derechos y un incremento de conflictos judiciales.

Cruces en el recinto y advertencias legales

El debate estuvo atravesado por fuertes cuestionamientos. Legisladores opositores calificaron el tratamiento como “exprés” y anticiparon planteos de inconstitucionalidad. Desde el oficialismo se respondió con el argumento de la modernización normativa y la necesidad de adecuar el régimen laboral a nuevas realidades económicas.

En este aspecto, gremios nucleados en el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) se movilizaron en las inmediaciones del Congreso, mientras que la Confederación General del Trabajo (CGT) confirmó que impulsará una estrategia judicial. La central obrera presentará un recurso de amparo para impugnar la ley, evocando el antecedente del DNU 70/2023.

Un escenario abierto

Con la sanción definitiva, el Gobierno cierra las extraordinarias con su mayor logro parlamentario y refuerza su narrativa de reforma estructural. Sin embargo, el conflicto se traslada ahora a otro terreno: el judicial.

El impacto concreto de la nueva legislación —en términos de empleo registrado, dinámica empresarial y conflictividad— comenzará a medirse en los próximos meses. Mientras tanto, la reforma inaugura una etapa de redefinición en el sistema de relaciones laborales argentino, con un oficialismo que celebra y una oposición decidida a dar la batalla en tribunales.

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El precio de la carne imparable: volvió a correr por encima del índice de inflación

Un informe del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) revela que los precios de la carne vacuna subieron 4,9% en enero en el AMBA y acumularon un alza interanual de 73,4%, muy por encima del IPC (32,4%) y de otras proteínas como el pollo y el cerdo. El fenómeno profundiza el encarecimiento relativo del producto emblemático de la mesa argentina.

Mientras la inflación de enero se ubicó en 2,9% y el índice interanual marcó 32,4%, la carne vacuna volvió a moverse a un ritmo propio. Según el relevamiento mensual del IPCVA —entidad que preside Georges Breitschmitt y que integra a frigoríficos, exportadores, entidades rurales y la Secretaría de Agricultura— los precios en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) registraron una suba de 4,9% en el mes y un salto de 73,4% en doce meses.

La diferencia no es menor: la variación anual más que duplica al IPC general y supera con holgura el comportamiento de sustitutos directos. En el mismo período, el pollo fresco aumentó 31,4% y el pechito de cerdo 22,7%. La carne bovina, en términos relativos, se encareció entre dos y tres veces más que sus competidores inmediatos.

El trabajo se elaboró sobre más de 30.000 precios relevados semanalmente en el AMBA, Rosario y Córdoba, y traza un mapa detallado de la evolución en mostradores y supermercados.

Cortes emblemáticos, aumentos contundentes

En enero de 2025, el precio promedio de la carne vacuna en el AMBA era de $9.241 por kilo. Un año después, alcanzó los $16.019. La suba de 73,4% se replica —con matices— en los cortes más consumidos.

El asado de tira se ubicó en $16.322 por kilo, con un incremento interanual de 69,9% y una variación mensual de 6,4%. El vacío escaló a $19.441 (+77,3% anual), la nalga a $18.620 (+75,6%) y el lomo a $24.466 (+75,5%), con una suba mensual de 7%. Otros cortes como el peceto, la colita de cuadril y el matambre también exhibieron aumentos superiores al 70% en doce meses.

En contraste, el pollo fresco se comercializó en enero a $4.069 por kilo (31,4% interanual) y el pechito de cerdo a $8.241 (22,7%). La brecha se refleja con claridad en los precios relativos: con el valor de un kilo de asado hoy se pueden comprar 4,01 kilos de pollo, cuando un año atrás esa relación era de 3,10. En el caso del cerdo, la equivalencia pasó de 1,43 a 1,98 kilos por cada kilo de asado.

El dato mensual también muestra  presión: la carne vacuna aumentó 4,9%, por encima del IPC, aunque por debajo del 5,5% que registró el pollo. El cerdo, en cambio, apenas subió 1% en el mes. Sin embargo, es la comparación interanual la que expone la magnitud del desfasaje.

Diferencias por canal y región

En el AMBA, las carnicerías reflejaron un incremento mensual de 5,06% y una variación anual de 73,4%. En supermercados, la suba fue de 4,4% en enero y 66,6% en doce meses. El informe señala que, con el valor de un kilo promedio en supermercados, se pueden adquirir 0,93 kilos en carnicerías, lo que indica una leve ventaja relativa de las grandes superficies.

En Rosario, la carne vacuna subió 3,4% en enero y 66,7% interanual. El asado se vendió a $18.439 por kilo y el vacío a $20.100. En Córdoba, el aumento mensual fue más pronunciado: 6,8% en enero y 69,8% anual. Allí, la tapa de asado registró una variación mensual del 11%, una de las más elevadas del período.

La media res en el AMBA, por su parte, avanzó 2,7% en enero y 70,8% en doce meses, confirmando que la presión de precios se origina en la hacienda y se traslada progresivamente al consumidor final.

La carne vacuna no es un alimento más en la Argentina: es un componente identitario y cultural. Que su precio crezca muy por encima del índice general y de otras proteínas implica un cambio en la estructura de consumo. La ampliación de la brecha relativa incentiva la sustitución hacia pollo y cerdo, al tiempo que tensiona el presupuesto de los hogares.

El gráfico comparativo entre IPC y carne vacuna muestra una divergencia sostenida durante el último año. Incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria, el producto bovino mantiene una dinámica superior al promedio.

Un desafío para el consumo interno
Con aumentos anuales cercanos al 70% en las principales plazas relevadas y variaciones que duplican o triplican las de sus sustitutos, la carne vacuna consolidó en enero un proceso de encarecimiento relativo. El fenómeno se produce en un escenario de recuperación incipiente del poder adquisitivo, donde cada punto porcentual incide en la capacidad de compra.
El resultado es una mesa más cara y una reconfiguración silenciosa del consumo. La brecha entre el asado y otras carnes ya no es coyuntural, sino estructural. Y plantea un interrogante de fondo: hasta qué punto el tradicional liderazgo de la carne vacuna en la dieta argentina podrá sostenerse si su precio continúa corriendo por encima de la inflación general y del resto de las proteínas.

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La CGT evita la confrontación en el Senado y apuesta todo a la vía judicial contra la Reforma Laboral


La Mesa Chica de la Confederación General del Trabajo resolvió no convocar a paro ni movilizar durante el tratamiento de la Reforma Laboral en el Senado. El lunes marchará al Palacio de Tribunales para presentar un planteo de inconstitucionalidad, en una decisión que expone matices internos y diferencias con el Frente de Sindicatos Unidos.

En una reunión que se extendió por casi dos horas en la sede de UPCN, con Andrés Rodríguez como anfitrión, la conducción de la CGT definió un giro táctico frente al avance legislativo de la Reforma Laboral. Lejos de profundizar la presión callejera, optó por desactivar cualquier convocatoria a paro general o movilización frente al Congreso y concentrar su ofensiva en el terreno judicial.

La decisión, adoptada por la Mesa Chica, implica descartar una nueva huelga este viernes y evitar una demostración masiva durante el debate en el Senado. En cambio, el lunes la central obrera marchará con sus cuerpos orgánicos al Palacio de Tribunales para presentar un amparo por inconstitucionalidad, replicando el esquema utilizado a fines de 2023 cuando impugnó el Decreto 70/2023.

Cálculo político y expectativas judiciales

La lectura que prevaleció en la cúpula sindical es pragmática. “Si los legisladores no escucharon el paro que fue contundente, no hay forma de que vayan a torcer su decisión”, deslizaron fuentes gremiales. La frase sintetiza el diagnóstico: la correlación de fuerzas en el Congreso no ofrece margen para modificar el resultado y la confrontación en la calle no alteraría el curso parlamentario.

En este sentido, la CGT apuesta a un escenario donde percibe mayores posibilidades de incidencia. El cuerpo de letrados ya trabaja en la presentación que cuestionará la constitucionalidad de varios artículos de la reforma. Entre los argumentos se mencionan la supuesta colisión con garantías laborales consagradas en la Constitución Nacional y el malestar generado en sectores del Poder Judicial por la eliminación de un fuero específico.

La estrategia judicial no sólo busca frenar la aplicación de la norma, sino también ganar tiempo y trasladar la disputa a un ámbito donde el sindicalismo considera que puede encontrar mayor receptividad.

Tensiones internas y diferencias externas

La resolución no estuvo exenta de debate. Algunos sectores plantearon la necesidad de escalar las protestas, no sólo por la reforma sino también por el deterioro salarial y los conflictos sectoriales que atraviesan distintas actividades. Los gremios del transporte, según trascendió, sostuvieron la postura más combativa, aunque sin lograr consenso suficiente para modificar la línea predominante.

La determinación de la CGT contrasta con la posición del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), espacio que integran la Unión Obrera Metalúrgica, las CTA, los Aceiteros y ATE, entre otros. El frente había impulsado un paro de 36 horas y finalmente convocó a movilizar este viernes para visibilizar el rechazo a la iniciativa oficial.

Desde el entorno de Abel Furlán minimizaron la decisión cegetista: “No esperábamos que hagan nada, pero no importa. Nosotros vamos a seguir en la calle y vamos a federalizar el Frente en los próximos días”, señalaron, marcando una diferencia de método y de intensidad en la respuesta sindical.

Al trasladar el eje a los tribunales, la CGT asume un doble desafío: sostener cohesión interna frente a sectores que reclaman mayor confrontación y convencer a la Justicia de que la reforma vulnera principios constitucionales. La apuesta, en definitiva, no es sólo jurídica sino también política.

Mientras el Senado avanza con el tratamiento de la norma, el movimiento sindical exhibe una escena fragmentada: una central que privilegia la vía institucional y un frente gremial que insiste en la movilización permanente. El desenlace dependerá tanto del voto parlamentario como de la interpretación que, eventualmente, hagan los jueces.

En esa rigidez entre calle y tribunales se juega algo más que una táctica coyuntural: se define el modo en que el sindicalismo enfrentará una reforma que considera estructural. La CGT eligió el expediente judicial como herramienta principal. El resultado dirá si esa moderación estratégica fue una jugada de prudencia o un repliegue que dejó la iniciativa en manos de otros actores.

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