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 La compañía automotriz francesa Renault planea generar 1.000 nuevos puestos de trabajo, en Argentina a partir de setiembre. 

Hace pocos días, desde la industria automotriz, el Gobierno y el Sindicato de Mecánicos (SMATA), se mostraron optimistas por la reactivación del sector al tiempo que comenzaron a delinear políticas para darle sustentabilidad. En ese marco, la compañía Renault planea generar 1.000 nuevos puestos de trabajo, a partir de setiembre. Para que esto se lleve adelante, la firma reclamó que a partir de setiembre se autoricen los ingresos de insumos importados que se necesitan para el sistema productivo en la planta industrial de Córdoba, según manifestó el director general de la empresa Pablo Sibilia. En tanto, el titular de SMATA, Ricardo Pignanelli, se esperanzó con que la industria automotriz alcance este año una producción de 480.000 unidades.

Luego de mantener una reunión con el gobernador Juan Schiaretti, Sibilla afirmó que si se autoriza el ingreso de insumos importados, la planta de Santa Isabel estaría en condiciones de implementar un nuevo turno con 500 empleos directos y otros 500 indirectos en la red de proveedores locales.

“La reunión fue muy importante y muy positiva porque marca la potencialidad que está teniendo la industria automotriz cordobesa y del país después de la etapa pandémica”, destacó el ministro de Industria, Comercio y Minería, Eduardo Accastello.

Asimismo añadió que “el compromiso que asumió la provincia es brindar capacitación a esa red de proveedores para tener cada vez más productos nacionales que incorporen los autos de esta firma automotriz”.

En tanto, Pignanelli, se esperanzó con que la industria automotriz alcance este año una producción de 480.000 unidades y valoró el plan estratégico sectorial con vistas al año 2030.

Pignanelli explicó que fue trabajo transversal dado que se trabajó con las terminales, con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y con la Universidad Austral, “en silencio” para que la discusión sectorial no se mezcle con los avatares políticos del país.

Subrayó que “empezamos a trabajar en el plan 2020-2030, teniendo en cuenta que también se nos venía la electromovilidad. Así que había que compatibilizar un montón de cosas para poder salir adelante. La primera parte del plan fue terminado a fines de 2019” y remarcó que el sector ya está superando los niveles de producción de 2019 y tiene intenciones de superar próximamente también los registros de 2018: “Por ahí llegamos a producción 480.000 autos este año”.

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Paritaria docente: UDAP rechazó la oferta oficial y ratificó el paro para el inicio de clases en San Juan

El plenario de delegados de UDAP resolvió rechazar la oferta presentada por el Gobierno provincial en la mesa paritaria y confirmó el paro previsto para el 2 de marzo, fecha de inicio del ciclo lectivo en San Juan. El gremio consideró insuficiente la propuesta y dejó abierta la posibilidad de adherir a medidas nacionales convocadas por Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA).

El conflicto docente en la provincia sumó un nuevo capítulo este viernes. Tras analizar durante varias horas la oferta salarial presentada el 12 de febrero por el Ejecutivo provincial, el plenario de delegados de UDAP decidió rechazarla por considerarla insuficiente y ratificó la medida de fuerza ya definida para el 2 de marzo, día en que está previsto el inicio de clases en el nivel primario.

La decisión fue comunicada oficialmente mediante un parte firmado por la secretaria general, Patricia Quiroga. En el documento, el gremio mayoritario de los docentes sanjuaninos dejó en claro que insistirá con el pedido de recomposición salarial planteado en el acta paritaria de diciembre de 2025 y ratificó las medidas de fuerza votadas el 9 de febrero.

Además, el plenario facultó a sus congresales a adherir a eventuales paros o acciones de protesta que convoque CTERA a nivel nacional, central obrera a la que responde orgánicamente el sindicato.

La oferta oficial

La propuesta fue presentada en la segunda reunión paritaria del año, que se extendió por más de siete horas y estuvo encabezada por la ministra de Educación, Silvia Fuentes, y el ministro de Economía, Roberto Gutiérrez. También participaron los gremios UDA y AMET.

El Ejecutivo propuso:

. Elevar la ayuda escolar a $100.000 por hijo, a abonarse con el salario de febrero.
. Un pago por equipamiento docente de $128.801,76, también en febrero.
. Un incremento del 5% en el Valor Índice en marzo de 2026, tomando como base diciembre de 2025.
. Otro aumento del 5% en junio de 2026, calculado sobre el índice de marzo.
. Una suba de seis puntos en el código E60 desde marzo.

Tras la presentación, las partes acordaron pasar a un cuarto intermedio hasta el 20 de febrero a las 14, fecha en la que debía formalizarse la respuesta gremial. Con el rechazo de UDAP, la negociación ingresa ahora en una fase decisiva.

Desde el Gobierno habían destacado que San Juan fue una de las primeras provincias en abrir la discusión paritaria docente, en un intento por anticipar el conflicto antes del inicio del ciclo lectivo.

Impacto en el inicio de clases

La huelga ratificada para el 2 de marzo coincide con el comienzo formal del ciclo lectivo en las escuelas primarias de la provincia. De confirmarse la medida, es posible que se realicen los actos de apertura, pero que los docentes adheridos no dicten clases durante esa jornada.

El escenario abre interrogantes sobre la continuidad del conflicto si no se alcanza un acuerdo antes del inicio efectivo de las actividades. En un momento de fuerte presión inflacionaria y pérdida del poder adquisitivo, el salario docente vuelve a convertirse en eje de tensión política y social.

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El Gobierno cedió en puntos clave y descomprimió a la CGT, pero tensiona su legitimidad

La modificación de último momento que preserva las cuotas solidarias y otros cambios aceptados por la Casa Rosada alivian a la conducción cegetista en su principal preocupación: el financiamiento sindical. Pero la estrategia de negociación silenciosa puede volverse en contra si la reforma avanza sin alterar aspectos sensibles para los trabajadores.

La pregunta comenzó a circular incluso dentro del propio sindicalismo: ¿los cambios introducidos por el Gobierno en la reforma laboral son una victoria táctica o el inicio de una derrota estratégica para la CGT? La respuesta, por ahora, parece moverse en esa ambigüedad.

En las últimas horas, la Casa Rosada aceptó modificaciones sustanciales al proyecto que se debate en el Senado. La más significativa fue la eliminación del artículo que condicionaba a la “conformidad expresa del trabajador” la retención de cuotas sindicales por parte del empleador. Al desaparecer esa cláusula —el artículo 137 de la versión original— queda vigente el esquema actual, que obliga a los empleadores a actuar como agentes de retención no sólo de las cuotas de afiliación sino también de “otros aportes”.

Allí reside la clave: las cuotas solidarias. Esos descuentos pactados en los convenios colectivos que alcanzan tanto a afiliados como a no afiliados constituyen la columna vertebral del financiamiento sindical. El propio Federico Sturzenegger los había definido como “peajes sindicales” y buscó limitarlos desde la llegada de Javier Milei al poder. La CGT logró frenar ese intento en la Justicia cuando fue incluido en el DNU 70 y ahora consiguió que desaparezca también de la reforma laboral.

No fue la única concesión. El Gobierno también eliminó el artículo que reducía las contribuciones patronales destinadas a las obras sociales, otro punto neurálgico para la estructura sindical. Y en el texto anunciado por Patricia Bullrich se estableció que las cuotas solidarias tendrán un tope del 2% hasta el 1° de enero de 2028, cuando pasarían a ser voluntarias.

El resultado es claro: la “caja sindical” quedó a salvo, al menos en esta etapa. Y eso explica buena parte del comportamiento político de la conducción cegetista.

Una movilización contenida

La protesta frente al Congreso de la Nación Argentina dejó una imagen dispar. La columna principal de la CGT tuvo un paso fugaz por la zona y sus máximos dirigentes permanecieron poco más de media hora antes de retirarse. La escena contrastó con los incidentes posteriores protagonizados por sectores de izquierda y grupos más combativos, que derivaron en enfrentamientos con piedras y bombas molotov.

Para el ala dialoguista, la movilización fue parte de una estrategia de contención interna. La conducción logró desactivar propuestas de paro de 12, 24 y 48 horas impulsadas por sectores duros, evitando una escalada que hubiese complicado las negociaciones reservadas con el Ejecutivo.

“Los extremos se unen y son funcionales entre sí”, sostuvo Gerardo Martínez, uno de los referentes del sector más proclive al diálogo. La frase sintetiza la lectura cegetista: exhibir presencia en la calle sin romper los puentes con un Gobierno que, tras el triunfo electoral de octubre, conserva iniciativa política.

La foto que también habló

En ese escenario reapareció Pablo Moyano encabezando la columna de Camioneros y, antes de la marcha, posó junto a Hugo Moyano en la sede del gremio, en una imagen que pareció sellar una tregua en su prolongada disputa interna. Detrás de ellos, una histórica fotografía junto a Saúl Ubaldini evocó el récord de 13 paros generales contra el gobierno de Raúl Alfonsín. El simbolismo no pasó inadvertido: la amenaza de conflictividad siempre está latente.

Las columnas más nutridas correspondieron a UPCN, Camioneros, la UOCRA, UDA, Obras Sanitarias, la CATT, la UTEP y el FRESU, entre otros. Sin embargo, la ausencia de algunos referentes y el tono moderado de la conducción reforzaron la percepción de una protesta administrada.

El alivio y la trampa

El problema para la CGT no está en lo que consiguió, sino en lo que quedó intacto. La reforma mantiene aspectos sensibles como los cambios en indemnizaciones, la introducción del banco de horas, la flexibilización en vacaciones, la discusión sobre la ultractividad de los convenios y la posibilidad de convenios por empresa. Estos puntos impactan directamente en el modelo sindical argentino basado en el unicato y la negociación colectiva por actividad.

Algunos dirigentes del ala dura advierten que preservar la caja no alcanza. Si la reforma avanza sin modificar los artículos que afectan derechos individuales y colectivos, la conducción podría pagar un costo político ante sus propias bases. “La gente no va a perdonar que se haya salvado el financiamiento pero no las condiciones laborales”, deslizan en privado.

El cotitular cegetista Andrés Rodríguez sostuvo públicamente que la reforma “quita derechos” y no generará empleo, pese a reconocer cambios “aparentemente favorables” al movimiento sindical. Esa tensión discursiva revela el delicado equilibrio que intenta sostener la central obrera.

La CGT consiguió alivio inmediato en el terreno financiero e institucional. Pero el Gobierno también logró algo: dividir el frente sindical, moderar la conflictividad y avanzar en el núcleo de su reforma. En esa dialéctica se juega algo más que una ley. Se define el alcance real del poder sindical en la Argentina que emerge bajo la presidencia de Milei.

Si las concesiones se consolidan y el resto del proyecto avanza, la conducción cegetista habrá preservado su estructura, pero deberá explicar por qué no logró frenar los cambios que afectan directamente a los trabajadores. Allí radica la trampa: ganar en la negociación puede implicar perder en legitimidad.

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Poder adquisitivo en retroceso: una familia necesitó más de $1.360.000 para no ser pobre

La última medición del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirmó que la canasta básica total para una familia tipo alcanzó más de $1,360.000, el umbral que determina la línea de pobreza. En consecuencia, los salarios registrados —tanto del sector público como privado— quedaron casi tres puntos por debajo de la inflación acumulada en 2025, profundizando la pérdida del poder adquisitivo.

El deterioro del salario real vuelve a instalarse como una de las principales preocupaciones económicas y sociales del año. La suba sostenida del costo de vida, impulsada por alimentos, servicios y bienes esenciales, continúa desfasada respecto de la evolución de los ingresos formales.

El dato de la canasta básica total no es un número aislado: fija el piso a partir del cual una familia tipo es considerada pobre. Que ese umbral haya trepado a más de $1,360.000 revela la magnitud del esfuerzo económico que deben realizar los hogares trabajadores para sostener un nivel mínimo de consumo.

Al mismo tiempo, los sueldos registrados no lograron acompañar la dinámica inflacionaria. Según los últimos estudios oficiales, el promedio de ingresos del sector formal quedó casi tres puntos por debajo del alza general de precios acumulada en 2025. El resultado es una nueva contracción del poder adquisitivo, que se suma a la pérdida arrastrada en los últimos años.

La brecha entre precios e ingresos

La combinación de inflación persistente y paritarias que corren desde atrás genera un círculo complejo. Aun cuando los acuerdos salariales intentan incorporar cláusulas de revisión o ajustes escalonados, la aceleración de precios en rubros clave termina erosionando cualquier mejora nominal.

El impacto es particularmente visible en alimentos, tarifas y transporte, componentes que concentran buena parte del gasto mensual de los hogares. Cuando esos rubros crecen por encima del promedio, el salario real se deteriora incluso en contextos de recomposición parcial.

Desde el ámbito gremial, el desfasaje vuelve a encender alarmas. La pérdida de casi tres puntos frente a la inflación implica que el ingreso formal —históricamente un resguardo frente a la informalidad— ya no garantiza estabilidad en términos de capacidad de compra.

La discusión no es solo porcentual. También involucra la periodicidad de los ajustes, la inclusión de sumas fijas o bonos compensatorios y la posibilidad de cláusulas automáticas de indexación, en un contexto donde la política económica nacional transita un año de ajustes y redefiniciones.

Las paritarias, una vez más, se convierten en el principal instrumento de defensa del ingreso formal. Su eficacia —y la voluntad política de sostener la recomposición— determinarán si 2026 profundiza la pérdida o logra revertir la tendencia.

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