La Iglesia reunió a las centrales obreras y crece la preocupación por el empleo
La convocatoria de monseñor Jorge Lozano a las tres centrales sindicales de San Juan se convirtió en una instancia de análisis sobre la situación económica y laboral que atraviesa el país. En ese contexto, el secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio, Víctor Menéndez, destacó la importancia del diálogo impulsado por la Iglesia, advirtió sobre el deterioro del poder adquisitivo y cuestionó los alcances de la reforma laboral recientemente reglamentada.
La reunión que mantuvieron representantes de las tres centrales obreras de San Juan con monseñor Jorge Lozano dejó una postal poco frecuente en tiempos de fuertes divisiones políticas y sociales. Más allá de las particularidades de cada organización, el encuentro permitió construir un diagnóstico común sobre una realidad que preocupa tanto al movimiento sindical como a la Iglesia: el avance de las dificultades económicas, la pérdida de ingresos en amplios sectores de la población y el aumento de incertidumbre que atraviesa al mundo del trabajo.
La convocatoria del arzobispo sanjuanino se inscribió en una serie de encuentros que la Iglesia viene promoviendo en distintos puntos del país con el objetivo de escuchar de primera mano las problemáticas que afectan a trabajadores, jubilados, sectores populares y organizaciones intermedias. En San Juan, la respuesta sindical fue contundente. Las tres centrales participaron de una mesa de diálogo donde se abordaron temas vinculados al empleo, los despidos, la situación salarial, el endeudamiento familiar y las consecuencias sociales derivadas del actual modelo económico.
Entre los asistentes estuvo Víctor Menéndez, titular del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio, quien valoró especialmente el papel que la Iglesia está desempeñando como espacio de encuentro en un ámbito marcado por la fragmentación.
“El mensaje fue muy claro. Nadie se salva solo. Hay una preocupación genuina por lo que están viviendo los trabajadores, los jubilados y quienes han quedado al margen de cualquier posibilidad de progreso”, señaló el dirigente.
Según explicó, durante la reunión se analizaron fenómenos que comienzan a consolidarse como nuevas expresiones de vulnerabilidad social. Entre ellos mencionó el aumento de los problemas vinculados a la salud mental, el estrés provocado por la incertidumbre económica, la pérdida de capacidad de consumo y el crecimiento de situaciones de endeudamiento que afectan a numerosas familias.
“Cada vez son más los trabajadores que llegan con angustia porque el salario ya no alcanza para cubrir las necesidades básicas. Esa realidad atraviesa a todas las actividades y genera consecuencias que van mucho más allá de lo económico”, sostuvo.

Un acuerdo salarial en medio de una recuperación esquiva
Con este cuadro a ese análisis de carácter más amplio, Menéndez confirmó que el sector de estaciones de servicio logró cerrar una nueva negociación salarial tras varias reuniones con las cámaras empresarias de San Juan, Mendoza y San Luis.
El entendimiento contempla una recomposición del 2,5% para mayo acompañada por una suma fija, mientras que para junio se acordó un incremento adicional del 2%, junto con un bono de 47.500 pesos.
Aunque valoró el acuerdo alcanzado, el dirigente reconoció que los aumentos continúan lejos de compensar la pérdida acumulada durante los últimos años.
“No es el porcentaje que los trabajadores necesitan, pero entendimos que era necesario avanzar porque dilatar las negociaciones termina perjudicando aún más el bolsillo de los compañeros”, explicó.
A su criterio, el principal desafío continúa siendo la recuperación del poder adquisitivo perdido desde finales de 2023. Un proceso que, según afirmó, demandará varios años y requerirá un escenario económico mucho más favorable que el actual.
“La caída del salario real ha sido muy profunda. Recuperar ese terreno no será sencillo y exige una estrategia sostenida de negociación”, advirtió.
Reforma laboral: el eje de una disputa que recién comienza
Otro de los temas que ocupó un lugar central en sus declaraciones fue la reglamentación de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, una iniciativa que el sindicalismo observa con mucha preocupación y que promete abrir una extensa batalla judicial.
Menéndez sostuvo que las modificaciones introducidas representan una transformación estructural de las relaciones laborales y cuestionó especialmente los cambios vinculados al régimen indemnizatorio, los bancos de horas y los nuevos mecanismos de flexibilización.
“Se puede discutir la modernización de normas y convenios, pero no la eliminación de derechos conquistados durante décadas. Lo que observamos es un avance que altera principios fundamentales de protección al trabajador”, afirmó.
Para el dirigente, varios de los aspectos incorporados por la nueva legislación podrían derivar en una fuerte litigiosidad en los próximos años, a medida que comiencen a aplicarse en los distintos ámbitos laborales.
En ese sentido, consideró que el debate recién comienza y que serán los tribunales los encargados de definir la validez constitucional de algunos de los puntos más controvertidos.
La unidad como respuesta
Más allá de contrastes gremiales y de las discusiones propias de cada actividad, Menéndez entiende que el momento exige fortalecer los espacios de articulación entre organizaciones sindicales, movimientos sociales, instituciones religiosas y distintos actores de la comunidad. La reunión con Lozano, aseguró, dejó precisamente ese mensaje.
“La defensa del trabajo, de los jubilados, de la educación pública y de quienes atraviesan situaciones difíciles requiere esfuerzos colectivos. Ninguna organización puede afrontar sola una realidad tan compleja”, expresó.
La coincidencia entre las tres centrales obreras, sumada al acompañamiento de la Iglesia, aparece así como una señal relevante en un entorno caracterizado por la incertidumbre económica y la tensión social.
Una preocupación que trasciende a los gremios
El encuentro realizado en San Juan dejó en evidencia que las inquietudes vinculadas al empleo, los ingresos y las condiciones de vida ya no constituyen únicamente una agenda sindical. También forman parte de una preocupación más amplia que involucra a instituciones con fuerte presencia territorial y capacidad de contención social.
Mientras los gremios buscan preservar salarios y derechos laborales en un marco de profundas transformaciones, la Iglesia procura mantener abiertos espacios de diálogo que permitan visibilizar las dificultades que atraviesan amplios sectores de la sociedad.
En ese cruce de miradas, la reunión encabezada por monseñor Lozano adquirió una dimensión que excedió el plano protocolar. Fue, sobre todo, una fotografía de época: la de organizaciones distintas que, desde lugares diferentes, observan con inquietud el deterioro de las condiciones de vida y coinciden en que la reconstrucción del tejido social demandará más unidad, más diálogo y una mayor atención a quienes hoy soportan el peso más severo de la crisis.
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Despidos: excluyen bonos, premios y horas extras del cálculo indemnizatorio
El Gobierno nacional reglamentó un nuevo criterio para calcular las indemnizaciones por despido sin causa. Desde ahora solo se computarán el salario básico convencional y las sumas remunerativas normales, habituales y mensuales, mientras que quedarán excluidos conceptos como bonos, premios, horas extras, aguinaldo y otros adicionales. Especialistas anticipan un fuerte debate judicial por el alcance de la medida.
El Gobierno de Javier Milei avanzó con una nueva modificación de la reforma laboral al redefinir la base salarial utilizada para calcular las indemnizaciones por despido sin causa. La reglamentación introduce un criterio más restrictivo sobre los conceptos que podrán integrar la compensación por antigüedad, una decisión que reducirá el monto que percibirán numerosos asalariados y que ya genera cuestionamientos entre abogados laboralistas y organizaciones sindicales.
La indemnización continuará equivaliendo, en términos generales, a un salario por cada año de servicio o fracción mayor de tres meses, aunque cambia de manera sustancial la forma de determinar cuál es la remuneración que servirá como referencia para ese cálculo.
A partir de la entrada en vigencia de la norma, únicamente se considerarán el salario básico previsto en el convenio colectivo y las sumas remunerativas de percepción normal, habitual y mensual. En consecuencia, dejarán de formar parte de la base indemnizatoria los premios, bonos, horas extras, sueldo anual complementario (SAC), participación en las ganancias, plus vacacional, conceptos no remunerativos, pagos extraordinarios y cualquier otro ingreso que no reúna esas características.
La reglamentación incorpora además una cláusula de alcance amplio al establecer que también permanecerán excluidos todos aquellos conceptos que, cualquiera sea su denominación u origen jurídico, no se liquiden con carácter regular y permanente.
El impacto económico variará según la composición del salario de cada trabajador. Quienes perciban exclusivamente una remuneración fija mensual difícilmente observen diferencias relevantes. En cambio, aquellos cuyos ingresos dependan en buena medida de adicionales variables podrían recibir compensaciones considerablemente inferiores en caso de un despido sin causa.
Diversos especialistas en derecho del trabajo advirtieron que numerosas actividades incorporan de manera habitual bonos por productividad, premios, horas suplementarias o incentivos convencionales que representan una porción significativa del ingreso mensual. Al quedar excluidos del cálculo, la indemnización final podría disminuir de manera apreciable.
Desde la administración nacional sostienen que la modificación procura otorgar mayor previsibilidad a los empleadores, unificar criterios interpretativos y reducir la litigiosidad derivada de los reclamos indemnizatorios. Según la visión oficial, una definición más precisa de la base salarial contribuirá a disminuir los conflictos judiciales y favorecerá la contratación de personal al reducir la incertidumbre sobre los costos derivados de una eventual desvinculación.
La respuesta del movimiento obrero y de los laboralistas fue inmediata. Consideran que la reglamentación restringe el alcance de un derecho históricamente reconocido por la legislación argentina y disminuye el resarcimiento económico de quienes pierdan su fuente laboral. A su entender, la modificación se suma al conjunto de reformas promovidas por la Casa Rosada con el propósito de flexibilizar las relaciones laborales y reducir los costos asociados al empleo formal.
El alcance definitivo de la medida probablemente quede sujeto al análisis de los tribunales. Uno de los principales puntos de discusión será determinar qué conceptos reúnen efectivamente las condiciones de normalidad, habitualidad y periodicidad mensual, una cuestión que podría variar de acuerdo con cada convenio colectivo y con las particularidades de cada actividad.
Ese margen interpretativo anticipa una nueva etapa de controversias judiciales. Mientras el Ejecutivo presenta la reglamentación como una herramienta para aportar previsibilidad al sistema laboral, sindicatos y especialistas sostienen que su aplicación reducirá el costo de los despidos y reabrirá uno de los debates más sensibles del derecho del trabajo argentino: el alcance de la protección económica frente a la pérdida del empleo.
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Supermercados activan retiros voluntarios en San Juan y crece la preocupación gremial
El Sindicato Empleados de Comercio confirmó que las cadenas Vea y Átomo impulsan retiros voluntarios dirigidos principalmente a empleados de 57 y 58 años, con más de 30 años de antigüedad. El gremio advirtió que las propuestas, en algunos casos, representan entre el 60% y el 70% de la indemnización legal y recomendó analizar cada ofrecimiento antes de aceptar.
La persistente retracción del consumo comenzó a reflejarse con mayor intensidad en el mercado laboral sanjuanino. Las principales cadenas de supermercados iniciaron un proceso de retiros voluntarios orientado a reducir sus dotaciones, una decisión que encendió la preocupación del Sindicato Empleados de Comercio (SEC) por el alcance que podría adquirir esta modalidad en los próximos meses.
La secretaria general del gremio, Mirna Moral, confirmó que las propuestas fueron impulsadas por Vea y Átomo, aunque precisó que el mayor número de ofrecimientos corresponde a la firma perteneciente al grupo Cencosud, una de las empresas con mayor presencia en la provincia.
Según explicó la dirigente, los acuerdos están dirigidos principalmente a personas de 57 y 58 años, especialmente aquellas que ya reúnen los años de aportes requeridos para acceder a la jubilación. En la mayoría de los casos se trata de empleados con alrededor de tres décadas de servicio, cuyos ingresos incorporan adicionales convencionales que incrementan significativamente el costo salarial.
En Vea, las compensaciones ofrecidas representan entre el 60% y el 70% de la indemnización prevista por ley. Debido a la extensa trayectoria de muchos de los alcanzados, las cifras pueden oscilar entre 60 y 70 millones de pesos, montos que, si bien resultan elevados, no siempre compensan la pérdida de un ingreso estable hasta el momento del retiro definitivo de la vida laboral.
En Átomo, la operatoria también comenzó a implementarse, aunque con ofrecimientos de menor magnitud económica. De acuerdo con el SEC, esas condiciones despertaron escaso interés entre quienes fueron convocados a negociar su desvinculación.
Desde la organización sindical remarcaron que cada propuesta es analizada de manera individual. Antes de aceptar cualquier convenio, el gremio evalúa la realidad familiar, la cercanía de la jubilación, la existencia de personas a cargo y las posibilidades concretas de reinserción laboral, con el propósito de brindar un asesoramiento integral y evitar decisiones apresuradas.
Moral recordó que existen antecedentes de trabajadores que aceptaron este tipo de acuerdos atraídos por una importante compensación económica y, tiempo después, regresaron al sindicato tras agotar esos recursos sin haber logrado reincorporarse al mercado laboral.
La preocupación no es nueva. A fines del año pasado, el cierre de la sucursal de Vea Villa Krause dejó 16 personas alcanzadas por un proceso que concluyó con indemnizaciones abonadas en su totalidad, reubicaciones en otros establecimientos y retiros voluntarios.
Para el gremio, la expansión de este mecanismo constituye un nuevo indicador del deterioro que atraviesa el comercio minorista. La desaceleración de las ventas, el aumento de los costos operativos y la necesidad de las empresas de reorganizar sus estructuras comienzan a traducirse en cambios dentro de uno de los principales generadores de empleo privado de San Juan, un fenómeno que el movimiento sindical sigue con especial atención ante su posible profundización.
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El Gobierno recalibró los aportes sindicales y alivió el financiamiento de los gremios
El Decreto 612/2026 modificó la reglamentación de la reforma laboral y redefinió la base de cálculo de los aportes previstos en los convenios colectivos. La decisión amplía los conceptos salariales computables, preserva recursos para los sindicatos y excluye del tope del 2% determinadas contribuciones empresarias destinadas a prestaciones sociales, asistenciales y previsionales.
El Gobierno nacional introdujo un cambio de fuerte impacto en el sistema de relaciones laborales al publicar el Decreto 612/2026, mediante el cual modificó la reglamentación de la Ley 14.250 de Convenciones Colectivas de Trabajo y estableció nuevos criterios para calcular los aportes, contribuciones y retenciones surgidos de los acuerdos paritarios.
La disposición, publicada en el Boletín Oficial y firmada por el presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Diego Santilli y la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello, reemplaza aspectos del Decreto 407/2026, que había restringido la base de cálculo exclusivamente al salario básico convencional.
Con la nueva reglamentación, la base sobre la que se aplican las cuotas solidarias y otros aportes convencionales ya no comprenderá únicamente el salario básico, sino también las sumas remunerativas normales, habituales y de percepción mensual previstas en los convenios colectivos. Permanecen excluidos los premios, bonos, horas extras, aguinaldo, plus vacacional, participación en ganancias, conceptos no remunerativos y cualquier otro ingreso extraordinario.
Otro de los cambios relevantes consiste en diferenciar los aportes regulados por el artículo 9 de la Ley 14.250 de aquellas contribuciones que los empleadores acuerden a favor de las organizaciones sindicales. Estas últimas pasarán a regirse por la Ley 23.551 de Asociaciones Sindicales y deberán destinarse exclusivamente a prestaciones sociales, asistenciales, previsionales o culturales para los trabajadores representados.
La norma también obliga a que esos recursos sean administrados mediante cuentas y documentación independientes del resto del patrimonio sindical, con el propósito de reforzar los mecanismos de control y transparencia.
El decreto mantiene vigente el tope del 2% previsto para las cuotas solidarias, aunque redefine los conceptos salariales sobre los cuales se calcula ese límite. Paralelamente, deja fuera de esa restricción las contribuciones empresarias destinadas a fines específicos, una modificación que evita una reducción significativa de los ingresos que perciben numerosas organizaciones gremiales y sus obras sociales.
La decisión llegó después de intensas conversaciones entre funcionarios nacionales y la CGT, que había advertido que la reglamentación original afectaba el financiamiento del modelo sindical argentino. Entre los casos mencionados durante las negociaciones sobresalen las contribuciones empresarias destinadas a obras sociales, que en algunos gremios representan miles de millones de pesos mensuales, recursos esenciales para sostener prestaciones médicas y asistenciales.
La rectificación se oficializó además en un momento de alta sensibilidad política, cuando la central obrera prepara una nueva etapa de movilizaciones y mantiene abiertos diversos frentes de conflicto con el Gobierno por la política laboral y salarial.
La modificación del Decreto 407/2026 refleja un cambio de criterio en la aplicación de la reforma laboral impulsada por la administración nacional. Más allá de los aspectos técnicos, la medida preserva una fuente clave de financiamiento para los sindicatos, redefine el alcance de los convenios colectivos y reconfigura uno de los puntos de mayor discusión entre el Poder Ejecutivo y el movimiento obrero organizado.
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