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La administración de Javier Milei profundizó su ofensiva sobre organismos científicos y tecnológicos del Estado. Mientras el INTI anticipó despidos masivos sin precisiones oficiales, el INTA habilitó un régimen de retiros voluntarios que alimenta la preocupación por el debilitamiento de áreas estratégicas para la industria, la producción y el desarrollo federal.

La política de ajuste impulsada por el Gobierno nacional abrió un nuevo frente de conflicto con los trabajadores estatales y con amplios sectores vinculados al sistema científico-tecnológico argentino. Esta vez, el foco quedó puesto sobre dos organismos históricos: el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), piezas centrales para el desarrollo productivo, la investigación aplicada y la asistencia técnica en todo el país.

Las señales que surgieron durante los últimos días encendieron alarmas dentro de ambos institutos. En el INTI, las autoridades comunicaron a representantes gremiales que avanzarán con una reducción significativa de personal, aunque evitaron brindar detalles sobre la cantidad de despidos, las áreas alcanzadas o los criterios que se utilizarán para ejecutar las desvinculaciones. La indefinición oficial profundizó el clima de incertidumbre y tensión interna entre los trabajadores.

La respuesta sindical fue inmediata. La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) convocó a un paro y movilización para este jueves 7 de mayo en rechazo a lo que considera un proceso de vaciamiento deliberado del organismo. Mercedes Cabezas, secretaria general adjunta de ATE Nacional, describió un escenario atravesado por la presión y el temor dentro de la institución.

“Nos dijeron que iban a desvincular a gran parte de los trabajadores, pero no precisaron números ni plazos ni razones. La incertidumbre es total”, advirtió la dirigente sindical. Además, denunció la presencia de fuerzas de seguridad dentro del predio del instituto. “Militarizaron el lugar, con Gendarmería adentro”, sostuvo.

La referencia no resulta casual. Desde el sindicato Señalan una similitud con el proceso de ajuste implementado durante la gestión de Mauricio Macri, cuando el INTI también atravesó despidos masivos y una fuerte conflictividad gremial. Aquella experiencia derivó en extensas protestas y en una resistencia sindical que logró reincorporaciones parciales tras meses de disputa.

El conflicto actual adquiere, sin embargo, una dimensión aún más profunda por el contexto político y económico que atraviesa el país. Semanas atrás, el Gobierno ya había transferido al sector privado distintas actividades y servicios que históricamente desarrollaba el organismo estatal, debilitando una estructura clave para la asistencia tecnológica a pequeñas y medianas empresas industriales.

El INTI cumple funciones esenciales vinculadas a certificaciones técnicas, control de calidad, metrología, innovación y transferencia de tecnología. Su presencia resulta determinante para miles de pymes que dependen del acompañamiento estatal para sostener estándares productivos y mejorar competitividad. El eventual recorte de personal y capacidades operativas genera preocupación no sólo en el ámbito sindical, sino también entre sectores industriales que advierten sobre el impacto que podría tener el desmantelamiento del instituto sobre el entramado manufacturero nacional.

En simultaneo, el INTA quedó envuelto en otro capítulo del proceso de reducción estatal. El Consejo Directivo del organismo aprobó un régimen de retiro voluntario destinado al personal de planta permanente, vigente durante mayo de 2026 y prorrogable por quince días adicionales.

La resolución establece una compensación equivalente a una vez y media del salario bruto mensual por cada año de antigüedad, aunque incorpora topes decrecientes para trabajadores mayores de 61 años. El esquema fija además restricciones severas: quienes acepten el retiro no podrán reincorporarse al sector público nacional durante un período de cinco años, bajo ninguna modalidad contractual.

El cálculo indemnizatorio se realizará tomando como referencia los haberes correspondientes a enero de 2026, con un incremento acumulado del 10,30 por ciento. Aunque formalmente la adhesión es voluntaria, dentro del organismo existen fuertes cuestionamientos sobre las condiciones en las que se impulsa la medida y sobre las consecuencias que podría tener para áreas estratégicas de investigación agropecuaria.

El INTA es reconocido como uno de los principales centros de investigación y extensión rural de América Latina. Su trabajo abarca desde el desarrollo de tecnologías aplicadas al agro hasta la asistencia directa a productores regionales, cooperativas y economías locales. Por esa razón, distintos sectores consideran que cualquier reducción estructural del organismo repercute directamente sobre la capacidad del país para sostener innovación, productividad y agregado de valor en uno de sus principales motores económicos.

En los gremios estatales interpretan que ambas decisiones forman parte de una misma lógica política: reducir la participación estatal en áreas técnicas y científicas para transferir funciones al mercado privado. Mercedes Cabezas sintetizó esa mirada con una crítica directa al discurso oficial. “Ellos hablan de desregulación, pero siempre hay alguien que regula; el problema es que no es desde lo público, sino desde el capital privado”, afirmó.

La discusión excede así el plano estrictamente administrativo. Lo que se debate es el modelo de desarrollo que pretende impulsar el Gobierno y el lugar que ocuparán el conocimiento, la investigación aplicada y la asistencia técnica estatal dentro de esa estructura económica.

La presencia de fuerzas de seguridad en dependencias públicas, los retiros voluntarios, las privatizaciones parciales de servicios y las amenazas de despidos masivos configuran un cuadro que los sindicatos describen como un proceso de desguace progresivo. La preocupación crece porque tanto el INTI como el INTA constituyen organismos construidos durante décadas, con personal altamente especializado y redes de trabajo federal difíciles de reconstruir en caso de desarticulación.

Mientras el Gobierno sostiene que las medidas forman parte de un programa de racionalización del gasto y modernización estatal, trabajadores, investigadores y sectores productivos advierten que el costo del ajuste podría traducirse en una pérdida de capacidades estratégicas para el país. Detrás de cada laboratorio cerrado, de cada técnico desplazado y de cada programa suspendido no sólo se redefine el tamaño del Estado: también se pone en discusión qué papel tendrá la ciencia aplicada y el desarrollo tecnológico en la Argentina que viene.

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La Justicia concedió la apelación del Gobierno, pero mantiene la obligación de financiar a las universidades

El juez Martín Cormick concedió el recurso presentado por el Gobierno nacional contra el fallo que ordenó aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, pero dispuso que continúe la ejecución de la medida cautelar. La Cámara deberá revisar la resolución mientras los gremios sostienen la marcha federal del 15 de octubre.

La disputa por el financiamiento universitario sumó una nueva instancia judicial sin modificar, por ahora, la obligación del Gobierno de cumplir con la cautelar vigente. El juez federal Martín Cormick concedió la apelación del Poder Ejecutivo contra la resolución que ordenó aplicar la Ley 27.795, pero dispuso que continúe el trámite para hacer efectiva esa medida mientras interviene la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal.

La resolución mantiene abierto el reclamo por la actualización de los salarios docentes y nodocentes, las partidas para el funcionamiento de las universidades nacionales y las becas estudiantiles. El tribunal de segunda instancia deberá determinar si confirma o revoca el fallo de primera instancia, mientras el expediente continúa su curso.

Los argumentos del Gobierno

El Ministerio de Capital Humano, encabezado por Sandra Pettovello, cuestionó la medida por considerar que provoca perjuicios institucionales y compromete el equilibrio fiscal. En su presentación, sostuvo que la aplicación de la ley tendría efectos presupuestarios de gran magnitud sin identificar una fuente de financiamiento específica y suficiente.

La cartera también objetó la utilización del amparo colectivo promovido por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y la Universidad de Buenos Aires (UBA). Según su planteo, la vía judicial elegida no sería adecuada para resolver una controversia que requiere establecer montos, fuentes de recursos y alcances normativos.

El Ejecutivo argumentó, además, que el financiamiento debería instrumentarse mediante reasignaciones presupuestarias y advirtió que esa alternativa comprometería una proporción significativa de los créditos disponibles para gastos primarios. Para fundamentar su posición, invocó las leyes 24.629, 24.156 y 27.798, vinculadas con la administración y ejecución del gasto público.

La discusión enfrenta así dos cuestiones centrales: el alcance de una ley aprobada por el Congreso y la posición oficial de que su cumplimiento debe ajustarse a las reglas presupuestarias y a la disponibilidad de recursos.

Los gremios ratificaron la marcha del 15 de octubre

Mientras avanza la revisión judicial, las federaciones universitarias confirmaron la Quinta Marcha Federal Universitaria del 15 de octubre. La convocatoria se mantiene ante la falta de certezas sobre la aplicación efectiva de la ley y la recomposición de los ingresos del personal.

El titular de la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN), Daniel Ricci, ratificó la movilización. La Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN), que representa al personal nodocente, también anunció que sostendrá las medidas gremiales, incluidos paros escalonados en distintas instituciones.

Según las cifras difundidas por las organizaciones sindicales, el Gobierno habría cancelado el 21,3% de los montos reclamados, mientras que seguiría pendiente un 33,4% de la recomposición salarial y un 20% de los fondos vinculados con presupuesto y becas.

Con la concesión del recurso de apelación y la subsistencia de la medida cautelar, la controversia se eleva a la Cámara sin que se haya dirimido la cuestión presupuestaria. Simultáneamente, las entidades gremiales sostienen las medidas de fuerza como mecanismo de presión, demandando que la resolución judicial impacte de manera efectiva en el sistema universitario nacional.

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Milei y Sturzenegger avanzan con un nuevo plan de retiros voluntarios en el Estado

El Gobierno de Javier Milei prepara un nuevo régimen de retiros voluntarios para reducir la dotación de personal de la Administración Pública Nacional (APN). El proyecto, elaborado por la Secretaría de Transformación del Estado, a cargo de Maximiliano Fariña, bajo la conducción del ministro Federico Sturzenegger.

La iniciativa contempla compensaciones diferenciadas por edad y antigüedad, la eliminación de las vacantes y una prohibición de reingreso al Estado durante ocho años. La iniciativa también exige renunciar a la representación sindical y deja la aprobación de cada solicitud en manos de las autoridades de cada organismo.

La plan todavía debe completar su trámite para convertirse en una norma vigente. Entre sus principales condiciones figura la supresión del cargo presupuestario de cada trabajador que se retire, con la prohibición de cubrir esa vacante durante al menos dos años. El mecanismo busca que las desvinculaciones se traduzcan en una reducción efectiva de la estructura estatal.

El régimen alcanzaría al personal de planta permanente comprendido en la Ley 25.164 y a trabajadores con contratos por tiempo indeterminado bajo la Ley de Contrato de Trabajo. Quedarían excluidos, entre otros, integrantes de las Fuerzas Armadas y de seguridad, personal del Servicio Exterior, organismos de inteligencia y cargos docentes. Tampoco podrían adherir quienes afronten determinados sumarios disciplinarios o procesos judiciales, ni quienes ya estén en condiciones de acceder a la jubilación ordinaria.

Tres modalidades de compensación

El borrador divide a los posibles beneficiarios en tres grupos, con fórmulas de pago diferentes:
Próximos a la edad jubilatoria: mujeres desde los 58 años y hombres desde los 63 que no reúnan los aportes necesarios. Podrían optar por una prestación mensual equivalente al 60% del sueldo bruto habitual hasta alcanzar la edad jubilatoria, con un máximo de 36 meses, o por un pago calculado a razón de un sueldo por año de antigüedad, hasta 18 remuneraciones.

Con edad y aportes para jubilarse: mujeres de entre 58 y 64 años y hombres de entre 63 y 64 que reúnan los años de servicio requeridos. La compensación sería de un sueldo por año de antigüedad, con un tope de 18 salarios, más un adicional equivalente a cinco sueldos.

Trabajadores de menor edad: mujeres de hasta 57 años y hombres de hasta 62. Recibirían un sueldo por año trabajado, con un máximo de 20 remuneraciones, más una compensación adicional de cuatro o cinco sueldos según la antigüedad.

En los casos previstos de pago en cuotas, el proyecto establece desembolsos mensuales consecutivos y fija un límite de $20 millones para cada uno de los dos primeros pagos, con cancelación del saldo restante en una tercera cuota.

Restricciones para volver al Estado

Uno de los puntos centrales del borrador es la prohibición de reingresar al Sector Público Nacional durante ocho años desde la desvinculación. La restricción abarcaría distintas formas de contratación, incluidos cargos jerárquicos, asesorías y programas financiados por organismos internacionales. La excepción contemplada corresponde a la docencia en universidades nacionales.

Si una persona incumpliera esa condición, debería devolver la totalidad de la compensación recibida, actualizada por el índice de precios al consumidor (IPC), más un interés anual del 3%.

El texto también establece una condición que podría generar cuestionamientos sindicales: los empleados con mandato gremial vigente deberían renunciar a su condición de delegados y acreditar esa decisión al solicitar el retiro. La exigencia se extendería a quienes se hubieran postulado como candidatos sindicales.

La facultad de decisión final corresponderá a cada entidad

La incorporación al régimen tendrá carácter voluntario pero requerirá aprobación expresa. Los ministros, secretarios de la Presidencia y demás autoridades competentes estarán facultados para admitir o denegar las solicitudes por necesidades del servicio, conforme al procedimiento establecido en la propuesta.

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Minicuotas Ribeiro bajó la persiana definitiva y dejó a extrabajadores sin cobrar

La cadena de electrodomésticos cerró su local de Villa Mercedes, San Luis, donde había nacido en 1910. Llegó a contar con 87 sucursales y unos 2.500 empleados, pero su crisis financiera derivó en cierres, despidos y salarios pagados en cuotas. Años después, numerosos extrabajadores todavía reclaman las indemnizaciones adeudadas.

El deterioro financiero comenzó a hacerse visible con fuerza durante el gobierno de Mauricio Macri y, hacia fines de 2018, la compañía empezó a fraccionar el pago de los salarios en cuotas. La modalidad que había dado nombre a su negocio se convirtió así en una expresión de la incertidumbre que atravesaba su propia plantilla.

De la expansión al derrumbe

La historia de Ribeiro comenzó como un comercio de joyería, relojería y óptica fundado por Manuel Ribeiro. Con el paso de las décadas, incorporó electrodomésticos y desarrolló un sistema de financiación dirigido a personas que, por sus ingresos o su situación laboral, encontraban dificultades para acceder al crédito tradicional.

Las minicuotas comenzaron como experiencia piloto en 2001 y se lanzaron oficialmente en 2006. El mecanismo permitió ampliar la clientela y sostener la expansión territorial, pero no logró evitar el deterioro posterior de las cuentas de la empresa.

En 2019, Ribeiro solicitó un Procedimiento Preventivo de Crisis, cerró establecimientos y avanzó con despidos mientras buscaba un inversor que permitiera sostener la operación. La incorporación de un socio no se concretó y la reducción de la estructura comercial continuó.

La crisis también estuvo marcada por episodios que reflejaron la desesperación de los trabajadores ante la falta de pago. En Tartagal, una empleada llegó a iniciar una huelga de hambre para reclamar sus haberes. Ese mismo año, otro hecho ocurrido en una sucursal de Caballito expuso el grado de deterioro que atravesaban las relaciones laborales.

Una deuda que sobrevive al cierre

El final comercial de Ribeiro deja una cuenta pendiente: las indemnizaciones que numerosos exempleados todavía esperan cobrar. Durante el proceso de desvinculación, parte de los trabajadores recibió propuestas de pago en cuotas, pero las obligaciones denunciadas permanecieron sin resolución para quienes continúan reclamando.

Para esas familias, la desaparición de la marca no representa el cierre definitivo de la historia. A la pérdida del empleo se sumaron salarios adeudados, incertidumbre económica y años de espera por compensaciones que debían afrontar las consecuencias de los despidos.

El final de Ribeiro encierra una ironía dolorosa. La emblemática cadena, famosa por facilitar el consumo en pequeños pagos, claudicó al no poder afrontar sus propios compromisos con su personal. Hoy, tras el cierre definitivo de su última tienda tras un siglo de historia, el capítulo sigue abierto y amargo para los trabajadores que aún esperan el pago de sus deudas.

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