La UOM advierte por despidos, fábricas al límite y pérdida de derechos
La actividad metalúrgica cerró 2025 con los peores indicadores desde la pandemia, según alertó Martín Solazzo, titular de la UOM en San Juan. Con plantas trabajando por debajo del 50% de su capacidad, despidos en aumento y una reforma laboral en puerta, el sindicalismo advierte por un retroceso histórico en derechos y prepara medidas de fuerza.
La industria metalúrgica argentina atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años. Así lo describió Martín Solazzo, representante los trabajadores metalúrgicos en la provincia, quien advirtió que el sector cerró 2025 con niveles de actividad similares a los registrados durante la pandemia, una señal contundente del deterioro productivo que atraviesa la industria nacional.
Según explicó el dirigente sindical a Mundo Laboral SJ, las empresas metalúrgicas trabajan hoy muy por debajo del 50% de su capacidad instalada, un umbral que históricamente marca escenarios de fuerte contracción. “Son valores que sólo habíamos visto en el momento más duro del COVID”, señaló, al tiempo que apuntó directamente contra la política económica del gobierno de Javier Milei.
Para Solazzo, el problema no es coyuntural sino estructural: la apertura irrestricta de importaciones, el freno a la obra pública y la ausencia de una política industrial activa conforman un combo que golpea de lleno a la producción nacional. “Desde el comienzo de este gobierno advertimos que la política económica no favorece al sector industrial. En la metalurgia somos atacados directamente”, sostuvo.
Empresas al límite y despidos en ascenso
El impacto de este modelo ya se traduce en pérdidas concretas de empleo. A nivel nacional, la UOM contabiliza casi 6.000 despidos en la industria metalúrgica, una cifra que enciende alarmas en todo el país. En San Juan, si bien la actividad minera funciona como un amortiguador parcial, la situación también comienza a deteriorarse.
“En los últimos tres meses de 2025 tuvimos cierres de talleres y bajas en algunas empresas”, explicó Solazzo. Desde la seccional, indicó, el sindicato intenta colaborar incluso en aspectos que exceden su rol tradicional, como gestiones laborales, licitaciones o articulaciones con el Estado, con un objetivo claro: evitar la pérdida de puestos de trabajo y que más familias queden en la calle.
La preocupación se profundiza ante un fenómeno que empieza a repetirse: empresas que abandonan la producción local para convertirse en simples importadoras. “No estamos exentos de que esto nos pase en San Juan. Hoy todavía no nos golpea de lleno, pero ya está ocurriendo en otros rubros”, advirtió.
El efecto importador y un ejemplo testigo
Solazzo puso como ejemplo el caso de una empresa radicada en Campana, vinculada al ensamblaje de motos KTM. “Antes importaban partes, ensamblaban acá y vendían al mercado interno. Hoy compran la moto totalmente armada. Dejaron 100 trabajadores en la calle”, relató. La ecuación, explicó, es clara: la rentabilidad empresarial mejora, pero a costa del empleo. “Ganan más plata, pero dejan 100 familias sin sustento. Eso es alarmante”, sostuvo. En ausencia de políticas de protección y desarrollo industrial, remarcó, la industria nacional no puede competir con economías como China o Europa, altamente subsidiadas y con escalas productivas muy superiores.
Reforma laboral: tensión, unidad sindical y advertencias
Simultáneamente al deterioro productivo, el sector sindical se prepara para otro frente de conflicto: el inminente debate de la reforma laboral en el Congreso. A menos de un mes de su tratamiento, el referente de la UOM en San juan advirtió que el escenario se vuelve cada vez más tenso.
“El problema es que se divide al movimiento obrero entre sectores duros, dialoguistas o negociables. Lo ideal sería discutir todos juntos y decidir en unidad”, señaló. Sin embargo, reconoció que los tiempos políticos obligan a actuar con rapidez.
El dirigente defendió el uso de herramientas históricas del sindicalismo —movilizaciones, paros y medidas de fuerza— y alertó sobre las consecuencias irreversibles que podría traer la aprobación de la ley. “Cuando una reforma de este tipo se inserta, después es prácticamente imposible sacarla”, afirmó. Como antecedente, citó el caso de Chile tras las reformas laborales de la dictadura de Pinochet: “Hasta el día de hoy no pudieron recuperar los derechos perdidos”.
“Modernización” o precarización
Solazzo fue especialmente crítico con el discurso oficial que presenta la reforma como una modernización del sistema laboral. “Es una gran mentira, un disfraz. Lo que se propone es precarización laboral, no va a beneficiar a ningún trabajador”, aseguró.
En ese contexto, cuestionó también el rol de algunos gobernadores y denunció presiones del Ejecutivo nacional para garantizar votos en el Congreso. “No entendemos qué hacen los gobernadores metidos en esta discusión. Es un debate laboral entre sindicatos, CGT y Gobierno”, afirmó, y advirtió que ninguna obra pública justifica perder fábricas y empleo local.
Movilización federal en puerta
Frente a este escenario, la UOM se alineará con las definiciones del secretariado nacional y de la CGT. Según adelantó Solazzo, se evalúan movilizaciones en todo el país el día que la reforma se trate en el Parlamento, con acciones federales en cada provincia.
“La disconformidad tiene que mostrarse en todo el país, no sólo en Buenos Aires. Cada trabajador tiene que salir a la calle para defender derechos que costaron años conseguir”, sostuvo.
La advertencia de la UOM sintetiza un clima que atraviesa a buena parte del entramado productivo y sindical argentino. Con una industria metalúrgica en retroceso, despidos en aumento, empresas al límite y una reforma laboral que amenaza con profundizar la precarización, el conflicto entre el Gobierno y el mundo del trabajo ingresa en una fase decisiva.
Lejos de tratarse de un debate técnico, lo que está en juego es el modelo de desarrollo, el rol de la industria nacional y el futuro de los derechos laborales. En ese cruce de tensiones, el sindicalismo se prepara para dar una batalla que considera crucial, consciente de que lo que se defina en las próximas semanas puede marcar el rumbo del trabajo en la Argentina por décadas.
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Aunque baja la inflación, el costo de vida sigue elevando el umbral de la pobreza
Los nuevos datos del Indec muestran que una familia tipo requirió en mayo $1.498.741 para no quedar por debajo de la línea de pobreza. Mientras la inflación desaceleró su marcha por segundo mes consecutivo, los alimentos continuaron ejerciendo presión sobre los presupuestos familiares.
La desaceleración de los precios no logró modificar una realidad que continúa condicionando a millones de hogares. Durante mayo, el costo mínimo necesario para cubrir las necesidades esenciales volvió a incrementarse y empujó hacia arriba el umbral que define la pobreza en Argentina.
De acuerdo con los datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), una familia integrada por dos adultos y dos menores necesitó ingresos por $1.498.741 para afrontar gastos básicos de alimentación, vivienda, transporte, indumentaria, educación y servicios. La cifra representa un aumento mensual del 2% y confirma que la recuperación del poder adquisitivo sigue siendo uno de los principales desafíos de la economía doméstica.
La evolución de los alimentos volvió a ocupar un lugar determinante. La Canasta Básica Alimentaria, que establece la línea de indigencia, registró una variación del 2,4%, ubicándose por encima del Índice de Precios al Consumidor del mismo período. Para una familia tipo, cubrir exclusivamente los requerimientos nutricionales indispensables demandó $681.246.
El dato adquiere relevancia porque evidencia una dinámica que se repite desde hace varios meses: aun cuando la inflación general muestra señales de moderación, los productos de consumo cotidiano mantienen una velocidad de ajuste que continúa erosionando la capacidad de compra de amplios segmentos de la población.
Las diferencias se observan también según la composición de cada hogar. Una persona adulta necesitó $485.029 para no ser considerada pobre, mientras que un grupo familiar de cinco integrantes requirió más de $1,57 millón para superar ese umbral. En el caso de la indigencia, los ingresos mínimos oscilaron entre $220.467 para una persona sola y más de $716.000 para familias numerosas.
La publicación de estos indicadores coincidió con un nuevo descenso del ritmo inflacionario. El IPC de mayo fue del 2,1%, por debajo del 2,6% registrado en abril y lejos del 3,4% observado en marzo. Se trata de la segunda desaceleración consecutiva y consolida una tendencia que el Gobierno exhibe como uno de sus principales logros económicos.
Sin embargo, la distancia entre la evolución de los indicadores macroeconómicos y la percepción cotidiana de los hogares continúa siendo significativa. Mientras los índices muestran una moderación en la velocidad de los aumentos, los ingresos todavía encuentran dificultades para recuperar el terreno perdido durante los últimos meses.
Los números difundidos por el Indec dejan una conclusión contundente: la reducción de la inflación representa una condición necesaria, pero todavía insuficiente para aliviar las dificultades que enfrentan millones de familias. La verdadera medida del bienestar económico no se refleja únicamente en cuánto suben los precios, sino en la capacidad de los ingresos para sostener niveles de vida dignos. Y, por ahora, esa brecha continúa siendo uno de los desafíos más profundos de la Argentina actual.
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Reforma laboral: el Gobierno ordena revisar 446 convenios colectivos
La Secretaría de Trabajo puso en marcha el proceso de revisión de 446 convenios colectivos alcanzados por la reforma laboral. La medida inaugura una etapa de negociaciones que podría modificar aspectos centrales de las relaciones laborales y reaviva el enfrentamiento entre el Gobierno y el movimiento sindical.
La reglamentación de la reforma laboral comenzó a mostrar sus efectos más profundos. Con una decisión que impacta sobre buena parte de la estructura convencional del mercado de trabajo argentino, el Gobierno nacional inició la convocatoria para que sindicatos y cámaras empresarias renegocien 446 convenios colectivos, una cifra muy superior a la prevista inicialmente.
La medida constituye uno de los movimientos más ambiciosos impulsados por la administración de Javier Milei en materia laboral y abre una instancia de discusión que podría redefinir aspectos sustanciales de los acuerdos que regulan la actividad de millones de trabajadores en distintos sectores productivos.
El punto de partida se encuentra en la modificación del régimen de ultraactividad, un principio que históricamente garantizó la continuidad de los convenios aun después de su vencimiento.
Con los cambios introducidos por la Ley de Modernización Laboral y su reciente reglamentación, numerosas disposiciones deberán volver a negociarse entre las partes, habilitando una revisión de alcance mucho más amplio que la prevista originalmente.
Desde el Ministerio de Capital Humano sostienen que el proceso busca actualizar los instrumentos de negociación colectiva y adecuarlos a las nuevas realidades productivas. La apuesta oficial consiste en promover acuerdos considerados más flexibles, adaptables y compatibles con las transformaciones que atraviesan distintas actividades económicas.
Sin embargo, la iniciativa fue recibida con fuerte resistencia por parte de las organizaciones sindicales. La CGT advirtió que la reglamentación representa una intervención sobre instituciones centrales del sistema laboral argentino y cuestionó la decisión de avanzar con cambios que continúan bajo análisis judicial. Para la central obrera, la discusión excede cuestiones técnicas y alcanza principios vinculados con la autonomía sindical y la preservación de derechos conquistados durante décadas de negociación colectiva.
El debate adquiere una dimensión aún mayor porque coincide con los cuestionamientos formulados por organismos internacionales. En los últimos días, la Organización Internacional del Trabajo instó al Estado argentino a fortalecer los mecanismos de diálogo social y a garantizar que cualquier modificación de la legislación laboral sea resultado de consultas efectivas entre trabajadores, empleadores y autoridades públicas.

Una disputa con consecuencias de largo alcance
La revisión de 446 convenios no representa únicamente un procedimiento administrativo. Detrás de cada negociación se pondrán en discusión mecanismos de financiamiento sindical, modalidades de representación, condiciones de trabajo y criterios que durante años estructuraron la relación entre empresas y trabajadores.
Por esa razón, tanto el Gobierno como las organizaciones gremiales consideran esta instancia como una de las batallas más relevantes abiertas desde la sanción de la reforma laboral. Mientras el oficialismo busca consolidar un nuevo esquema de relaciones laborales, el sindicalismo interpreta que está frente a un intento de alterar pilares históricos de la negociación colectiva.
La convocatoria masiva lanzada por la Secretaría de Trabajo marca el comienzo de una etapa que podría dejar una huella duradera sobre el mundo del trabajo. Lo que se abre ahora no es sólo una ronda de negociaciones técnicas entre sindicatos y empresarios, sino una discusión de fondo acerca del modelo laboral que la Argentina pretende construir en los próximos años. Entre la promesa oficial de modernización y las advertencias gremiales sobre una pérdida de derechos, la disputa recién empieza.
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El turismo enfrenta uno de sus inviernos más débiles: reservas por debajo de las expectativas y consumo en retroceso
A pocos días del fin de semana largo, los principales polos turísticos exhiben niveles de ocupación muy por debajo de los registros habituales. Empresarios y comerciantes advierten que las escapadas de corta duración dejaron de ser una prioridad para numerosos hogares y alertan sobre un comienzo de temporada invernal marcado por la prudencia del gasto.
Durante años, los feriados extensos funcionaron como un impulso capaz de revitalizar hoteles, restaurantes y comercios en los meses de menor movimiento. Esta vez, sin embargo, el calendario parece haber perdido parte de ese efecto dinamizador.
A medida que se acerca el receso de junio, las proyecciones de ocupación muestran cifras discretas en buena parte del país. La respuesta del público avanza a un ritmo mucho más lento que el observado en otros períodos y obliga a replantear previsiones que hasta hace poco parecían razonables para una fecha de estas características.
Mar del Plata, uno de los grandes termómetros del turismo interno, refleja con claridad ese cambio de comportamiento. Operadores vinculados al alojamiento aseguran que las consultas disminuyeron notablemente y que muchas decisiones de viaje quedaron sujetas a la evolución de la economía doméstica. El fenómeno no distingue categorías y alcanza tanto a establecimientos tradicionales como a propuestas orientadas al turismo familiar.
La tendencia se replica en destinos históricamente asociados a las escapadas de corta distancia. Tandil, las sierras cordobesas y otros puntos consolidados dentro del mapa turístico nacional exhiben niveles de ocupación moderados, alejados de los porcentajes que solían registrarse en fines de semana largos de temporada baja.
Detrás de esos números aparece una variable que atraviesa a toda la economía: la reconfiguración de las prioridades de consumo. Frente a presupuestos más ajustados, muchas familias reducen gastos vinculados al esparcimiento o directamente postergan viajes que hasta hace algunos años formaban parte de la planificación habitual.
Ante esa realidad, empresarios apelan a estrategias cada vez más agresivas para captar visitantes. Bonificaciones, paquetes promocionales y beneficios especiales buscan seducir a un público que analiza cada desembolso con mayor detenimiento y que, en numerosos casos, decide sobre la marcha.
La preocupación trasciende el resultado puntual de un feriado. La hotelería, la gastronomía, el transporte y una extensa cadena de servicios dependen en gran medida de la circulación de visitantes para sostener niveles adecuados de facturación y empleo. Cuando el flujo de viajeros se reduce, el impacto se extiende mucho más allá de los destinos receptivos.
Las semanas previas al receso invernal suelen ofrecer una señal anticipada sobre el pulso del turismo argentino. Los indicadores actuales muestran una realidad distinta a la de otros años: menos anticipación, menor disposición al gasto y una marcada cautela al momento de organizar viajes. En ese cuadro, el próximo fin de semana largo se presenta como una prueba relevante para una de las economías regionales más sensibles a las oscilaciones del consumo.
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