Más planes, menos salarios: la paradoja social del modelo libertario
A contramano del discurso oficial sobre el “fin de los planes”, el gobierno de Javier Milei expandió como nunca la asistencia social directa. Mientras el salario, las jubilaciones y el empleo formal retroceden frente a la inflación, la AUH y la Tarjeta Alimentar crecieron en términos reales y se consolidaron como el principal sostén del ajuste libertario.
Uno de los rasgos más singulares —y menos admitidos— del experimento libertario en la Argentina es el rol central que adquirió la política social como mecanismo de contención. Lejos de eliminar los planes, como prometía el relato de campaña, el gobierno de Javier Milei los expandió hasta alcanzar un récord histórico: más de seis millones de beneficiarios entre la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar. Una cifra que no solo contradice el discurso oficial, sino que revela el núcleo real del modelo.
Mientras los salarios, las jubilaciones y el empleo formal perdieron de manera sistemática frente a la inflación, las transferencias destinadas a la infancia fueron las únicas que crecieron de forma sostenida en términos reales durante los primeros dos años de gestión. En ese dato se condensa una clave política decisiva: el ajuste fue profundo, pero no derivó en un estallido social generalizado.
Los números son elocuentes. Según datos oficiales, a diciembre de 2025 la AUH alcanza a 4.114.513 titulares, entre ellos 93.453 personas con discapacidad. A su vez, la Tarjeta Alimentar llega a 2.546.130 familias y cubre a más de 4,5 millones de niños. En conjunto, el sistema de asistencia directa supera ampliamente los seis millones de prestaciones, un umbral inédito que marca un proceso de transformación estructural: una Argentina cada vez más alejada del país de clase media que predominó hasta los años setenta.
El contraste con el resto de las variables económicas es contundente. De acuerdo con el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP), el salario mínimo perdió poder adquisitivo mes tras mes y hoy cubre apenas una fracción de la Canasta Básica Total. La licuación salarial fue una constante del ajuste, profundizada tras la devaluación del 120 % de diciembre de 2023, cuyos efectos nunca terminaron de revertirse.
En cambio, la AUH y la Tarjeta Alimentar mostraron una evolución opuesta. Durante el gobierno de Milei, la AUH es un 23 % superior en términos reales a la que se pagaba bajo la presidencia de Alberto Fernández y un 10 % más alta que durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, creadora del programa. En la comparación interanual, el incremento real alcanzó el 47 %, mientras que la medición oficial del propio Gobierno arroja subas cercanas al 100 % entre noviembre de 2023 y noviembre de 2024. Una mejora excepcional que convirtió a la asistencia social en el principal amortiguador del modelo.
Esta política explica, en buena medida, la ausencia de conflictos sociales masivos pese a la magnitud del ajuste. Milei no eliminó la ayuda estatal: la rediseñó. Desplazó a las organizaciones sociales de la intermediación, reforzó las transferencias directas y concentró la contención en el umbral alimentario. El resultado fue un esquema que no saca a los hogares de la pobreza, pero logra evitar que millones caigan en la indigencia.
El recorrido histórico refuerza la paradoja. En 2015, Cristina Fernández de Kirchner dejó el poder con alrededor de 250 mil planes sociales, cifra que Cambiemos utilizó como símbolo de estigmatización. Sin embargo, durante la presidencia de Mauricio Macri la asistencia se disparó hasta casi 1,5 millones de beneficiarios. Con Alberto Fernández y la pandemia, el número trepó a cuatro millones. Lejos de revertirse, ese proceso se profundizó con Milei, aun sin emergencia sanitaria.
La contracara es el mercado laboral. En los dos primeros años del actual gobierno se perdieron cerca de 180 mil empleos formales, con una aceleración marcada en los últimos meses: solo en octubre se destruyeron unos 70 mil puestos. Mientras el discurso oficial insiste en el achicamiento del Estado, la política social se consolidó como la principal herramienta de gobernabilidad.
A este esquema se suma el rol de las provincias, también golpeadas por el ajuste nacional. En Santa Fe, por ejemplo, la demanda alimentaria creció alrededor del 30 % durante 2025. Programas como la Tarjeta Única de Ciudadanía, la Tarjeta Institucional y ProSoNut alcanzan a más de 246 mil personas en 177 localidades, con una inversión mensual superior a los 3.800 millones de pesos, reforzada en fechas críticas con partidas extraordinarias.
El modelo libertario ajustó con fuerza sobre el salario, el empleo y las jubilaciones, pero blindó la asistencia directa. Esa es la paradoja central del experimento Milei: un Estado que se retira del mundo del trabajo, pero se vuelve imprescindible para garantizar la subsistencia básica.
Los planes sociales no desaparecieron; se transformaron en el principal dique de contención del ajuste. Una estrategia que amortigua la indigencia, sostiene la gobernabilidad y expone, sin eufemismos, que el costo del reordenamiento económico recae sobre el trabajo mientras la política social se convierte en el ancla silenciosa de la estabilidad.
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Universidades: FATUN confirmó movilizaciones y una nueva Marcha Federal
La federación que representa al personal nodocente rechazó la propuesta oficial de un aumento del 3% para octubre y ratificó nuevas acciones junto al Frente Sindical Universitario. Habrá una jornada nacional el 15 de septiembre, una concentración frente al Palacio Pizzurno el 17 y una nueva Marcha Federal Universitaria durante la primera semana de octubre.
El conflicto salarial de las universidades nacionales sumará nuevas jornadas de protesta. La Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN) ratificó el cronograma de medidas acordado con el Frente Sindical Universitario y anticipó una escalada de movilizaciones ante la falta de acuerdo con el Gobierno.
La decisión fue adoptada después del rechazo a la última propuesta oficial, que contempló un incremento salarial del 3% para octubre. Para la organización que representa a los trabajadores nodocentes, ese porcentaje resulta insuficiente frente al deterioro acumulado de los ingresos y no responde al reclamo de recomposición salarial.
El reclamo gremial también incorpora la aplicación efectiva de la Ley de Financiamiento Universitario, sancionada para garantizar recursos destinados al funcionamiento de las instituciones de educación superior. Las organizaciones universitarias sostienen que la discusión presupuestaria no puede quedar separada de la actualización de los salarios, las becas y los fondos necesarios para sostener las universidades públicas.
La primera fecha del nuevo cronograma será el 15 de septiembre, cuando se desarrollará la jornada nacional denominada “La universidad en la calle”, con actividades en espacios públicos de todo el país destinadas a visibilizar las demandas de docentes y nodocentes.
Dos días después, el 17 de septiembre, las organizaciones concentrarán sus reclamos frente al Palacio Pizzurno, sede de la Secretaría de Educación. La movilización coincidirá con las mesas paritarias convocadas para docentes y nodocentes, por lo que el encuentro será una instancia relevante para medir si el Gobierno modifica su propuesta salarial.
La protesta tendrá continuidad durante la primera semana de octubre, con la convocatoria a la quinta Marcha Federal Universitaria. Las organizaciones que integran el frente sindical buscarán volver a reunir a trabajadores, estudiantes y autoridades universitarias para reclamar una recomposición de los ingresos y mayores recursos para el sistema público de educación superior.
El nuevo calendario se suma al paro nacional del 8 de septiembre, que afectó las tareas académicas, administrativas y de servicios en las universidades. La medida expresó un reclamo que excede la discusión salarial e incluye el financiamiento institucional y la actualización de las becas estudiantiles.
FATUN, sostiene que la negociación colectiva requiere una propuesta que permita recuperar capacidad adquisitiva y una discusión con el Poder Ejecutivo que contemple la evolución real del costo de vida. El gremio también reclama el cumplimiento de las disposiciones vinculadas con el financiamiento universitario.
La federación integra el Frente Sindical Universitario junto con FEDUN, CONADU, CONADU Histórica, UDA, FAGDUT y CTERA, una articulación que permitió unificar las principales medidas de fuerza de la comunidad universitaria.
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La reforma laboral avanza con nuevos topes para las indemnizaciones
El Gobierno oficializó nuevos topes indemnizatorios para cuatro convenios colectivos vinculados con trabajadores de la construcción y de entidades deportivas y civiles. Las disposiciones fueron publicadas en el Boletín Oficial por la Dirección Técnica sobre Regulación del Trabajo y fijan valores que llegan hasta $7.473.092,40.
La medida no establece cuánto puede cobrar como máximo una persona despedida. El límite se aplica sobre la remuneración mensual utilizada como base para calcular la indemnización por antigüedad, conforme al artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo. El monto final depende, entre otros factores, de los años trabajados.
Para los empleados representados por la Unión de Empleados de la Construcción y Afines de la República Argentina (UECARA), los topes vigentes desde diciembre de 2025 fueron establecidos en $3.578.828,88 para la Zona Norte, $4.046.423,40 para la Zona Centro, $4.440.490,47 para la Zona Nor Patagónica Desfavorable, $6.435.877,65 para la Zona Sur Patagónica Desfavorable y $7.473.092,40 para la Zona Austral.
En los convenios correspondientes a UTEDYC, los valores dependen del empleador y de las condiciones de cada convenio. Para la Caja de Previsión y Seguro Médico de la Provincia de Buenos Aires, el límite quedó en $1.118.778,87.
En el convenio con la Academia de Medicina de Buenos Aires, los topes oscilan entre $2.064.729,27 y $3.313.884,99, de acuerdo con la jornada laboral. Para el Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC), los valores van de $2.697.975 a $5.418.618,54.
La actualización forma parte de la aplicación de la Ley de Modernización Laboral 27.802, promulgada en marzo de 2026, que modificó distintos aspectos del régimen de indemnizaciones. Entre sus disposiciones incorporó nuevos criterios para determinar la remuneración computable y excluyó determinados conceptos que no tengan carácter mensual.
La reforma también creó el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), destinado a facilitar el pago de indemnizaciones cuando las empresas no puedan afrontar esas obligaciones con recursos propios. A su vez, habilitó mecanismos de cancelación en cuotas: hasta 18 para pequeñas y medianas empresas y hasta 12 para grandes compañías.
Otro cambio relevante alcanzó la actualización de los créditos laborales, que quedó vinculada a la inflación más un adicional del 3% anual.
El alcance de estas modificaciones generó cuestionamientos desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que advirtió que la reforma reduce los conceptos considerados para determinar la indemnización y mencionó, entre otros, aguinaldo, vacaciones, horas extras, premios y comisiones.
La discusión adquiere especial relevancia porque los nuevos topes trasladan a la negociación colectiva y a las disposiciones administrativas una parte sustancial de la determinación de la base indemnizatoria. La autoridad laboral quedó facultada para establecer estos valores en función de los promedios salariales de cada convenio, sin que cada actualización requiera una nueva intervención legislativa.
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La canasta básica trepó a $1,6 millones y profundizó la brecha con los salarios
Una familia de cuatro integrantes necesitó $1.605.497 en agosto para superar la línea de pobreza, mientras que el salario mínimo quedó en $383.800. La Canasta Básica Alimentaria alcanzó $726.469 y también superó ampliamente un ingreso mínimo. La distancia entre ambos valores vuelve a colocar el poder adquisitivo en el centro de las discusiones salariales.
El costo de sostener una familia volvió a ampliar su distancia respecto del salario mínimo. Según los datos difundidos por el INDEC, un hogar compuesto por cuatro integrantes necesitó $1.605.497 durante agosto para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y superar el umbral que determina la línea de pobreza.
El dato adquiere mayor dimensión al compararlo con el Salario Mínimo, Vital y Móvil, fijado en $383.800. Un solo ingreso mínimo representa apenas el 23,9% del costo de la canasta familiar, por lo que una familia tipo requiere el equivalente a más de cuatro salarios mínimos para alcanzar ese nivel de consumo.
La brecha también aparece en los alimentos. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) llegó a $726.469, monto necesario para que un hogar de cuatro personas cubra los requerimientos alimentarios considerados por el organismo estadístico y no quede por debajo de la línea de indigencia. El salario mínimo alcanza para cubrir apenas el 52,8% de ese valor.
Incluso para un adulto equivalente, el ingreso mínimo resulta insuficiente. La CBT individual fue valuada en $519.578, por encima de los $383.800 del SMVM. Es decir, un trabajador que percibe el mínimo no a cubrir siquiera el conjunto de bienes y servicios contemplados por la medición para una persona.
La evolución de agosto agrega otro elemento a la discusión. Las canastas registraron un incremento mensual del 2,6%, superior al 1,7% que marcó el Índice de Precios al Consumidor. En términos interanuales, la CBA aumentó 39,6%, mientras que la CBT acumuló una suba del 38,3%.
La diferencia responde, entre otros factores, al comportamiento de algunos rubros que tienen una incidencia significativa en el presupuesto doméstico. En agosto, Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles encabezó las divisiones del IPC con un incremento del 2,8%, seguida por Educación, con 2,5%, y Salud, con 2,4%.
Los alimentos, en tanto, avanzaron 1,7% en el mes, aunque algunos productos mostraron aumentos considerablemente mayores. En Cuyo, por ejemplo, las verduras, tubérculos y legumbres acumularon incrementos anuales de hasta 86,3%, una evolución que impacta con mayor intensidad sobre los hogares de menores ingresos.
El cuadro vuelve a colocar los salarios en el centro de la discusión laboral. Con una canasta familiar que supera los $1,6 millones y un salario mínimo que representa menos de una cuarta parte de ese monto, las próximas negociaciones paritarias estarán atravesadas por la necesidad de recuperar capacidad de compra y evitar que los aumentos nominales queden rezagados frente al costo efectivo de los hogares.
Las organizaciones sindicales cuestionan, en ese sentido, las pautas de actualización cercanas al 1,5% o 2% mensual y reclaman mecanismos de recomposición que contemplen la evolución concreta de los gastos familiares. Entre las alternativas planteadas aparecen sumas fijas, cláusulas de revisión y aumentos que permitan corregir las diferencias acumuladas.
Los números oficiales ofrecen así una referencia que excede la discusión sobre la inflación mensual: el principal problema para los ingresos mínimos es la distancia que mantienen respecto del costo necesario para vivir. En agosto, esa brecha quedó nuevamente expuesta por una canasta familiar que superó los $1,6 millones mientras el salario mínimo permaneció por debajo de los $400.000.
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