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El próximo miércoles 4 de septiembre, jubilados y movimientos sociales volverán a las calles en una masiva movilización en rechazo al veto presidencial que frenó la actualización de las jubilaciones.

Esta protesta, que se llevará a cabo en las inmediaciones del Congreso y culminará en Plaza de Mayo, cobra mayor relevancia tras la violenta represión sufrida en la última convocatoria.

La marcha busca no solo visibilizar la situación crítica de los jubilados, sino también desafiar el Protocolo de Seguridad impuesto por el gobierno, que amenaza con reprimir nuevamente a quienes interrumpan el tránsito. Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, advirtió que de cortarse las calles se actuará “como es debido”, lo que ha generado gran preocupación entre los manifestantes.

El vocero presidencial, Manuel Adorni, justificó el uso de la fuerza en la movilización anterior, asegurando que «lo único que se hizo fue cumplir con el protocolo». En un tono desafiante, agregó: «La calle no se puede cortar y la ley no se puede incumplir. Al que le gusta bien, y al que no, vaya y corte y se aplicará el protocolo».

Ante la inminente protesta, los organizadores esperan la adhesión de sindicatos, agrupaciones políticas peronistas y de izquierda, así como de centros de estudiantes. Sin embargo, critican la falta de apoyo directo de la Confederación General del Trabajo (CGT), que pese a pronunciarse en contra de la represión, no ha convocado a un paro en defensa de los jubilados.

“Haría una diferencia enorme que la CGT convoque a paro en defensa de los trabajadores”, reclamaron activistas involucrados en la causa, subrayando la necesidad de una acción conjunta y contundente para enfrentar las medidas represivas del gobierno. La expectativa es que esta movilización sea un punto de inflexión en la lucha por los derechos de los jubilados y en la resistencia contra la violencia estatal.

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La Anónima se queda con 12 hipermercados de Libertad incluido San Juan

La adquisición de doce sucursales —incluida la de San Juan— y un centro logístico marca un giro en el sector minorista. Aunque se garantiza la continuidad de más de 1.600 trabajadores, el gremio advierte sobre incertidumbre en un presente de caída del consumo y reestructuración empresarial.

En un movimiento de alto impacto para el sector supermercadista argentino, la cadena La Anónima concretó un acuerdo con el Grupo Libertad para la compra de doce hipermercados, junto a un centro logístico y la transferencia de más de 1.600 empleados. La operación, ya confirmada por ambas compañías, se inscribe en un proceso más amplio de reconfiguración del negocio minorista, atravesado por la retracción del consumo y la necesidad de sostener márgenes de rentabilidad.

Entre las sucursales involucradas se encuentra el hipermercado ubicado en el Paseo San Juan, que pasará a operar bajo la órbita de la firma compradora. Según se informó, el traspaso será gradual y se implementará en los próximos meses con el objetivo de garantizar la continuidad operativa y evitar disrupciones en la atención al público.

Uno de los puntos centrales del acuerdo es la garantía de estabilidad laboral para los trabajadores alcanzados por la operación. En total, más de 1.600 empleados mantendrán sus puestos bajo la nueva administración. Sin embargo, desde el sector gremial advierten que aún persisten interrogantes sobre las condiciones futuras, los posibles cambios en la organización del trabajo y la falta de precisiones oficiales en torno a la transición.

La adquisición representa un paso estratégico para La Anónima, una empresa con más de un siglo de trayectoria y fuerte presencia en el sur del país, que busca consolidar su expansión hacia el centro y norte argentino. La movida le permite ganar escala, diversificar su presencia territorial y posicionarse en mercados donde hasta ahora tenía una participación limitada.

Del otro lado, el Grupo Libertad —controlado por el Grupo Calleja— profundiza un cambio de enfoque: reduce su exposición en el negocio supermercadista y concentra esfuerzos en el desarrollo de centros comerciales. En este esquema, continuará administrando los complejos Paseo Libertad, apostando a un modelo de negocios con eje en el rubro inmobiliario y comercial.

La operación también refleja una tendencia creciente en el sector: la concentración en manos de grandes cadenas con fuerte impronta regional, en detrimento de formatos más extensos o diversificados que pierden competitividad frente a la caída del poder adquisitivo y el cambio en los hábitos de consumo.

La compra de los hipermercados Libertad por parte de La Anónima no solo redefine el mapa del retail argentino, sino que sintetiza un proceso más profundo de transformación del consumo y del entramado empresarial. En un clima de incertidumbre económica, la operación combina expansión y repliegue: mientras una cadena gana terreno y escala, otra redefine su rumbo. En el medio, trabajadores, proveedores y consumidores quedan atravesados por una transición que, más allá de las garantías iniciales, aún mantiene interrogantes abiertos.

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La UOM ratificó su conducción y abre un conflicto institucional tras desoír a la Justicia

Abel Furlán fue reelecto este miércoles como secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) tras imponerse con una amplia mayoría en el Congreso Electoral nacional. El dirigente obtuvo 215 de los 270 votos emitidos, consolidando así su continuidad al frente del gremio por un nuevo período de cuatro años.

La votación se llevó a cabo en el Hotel Sindical de San Telmo con la participación de representantes de 53 seccionales de todo el país. Sobre un total de 276 electores habilitados, asistieron 270, lo que evidenció un alto nivel de participación. Furlán recibió el respaldo de 48 seccionales, mientras que cinco —Capital, San Nicolás, Villa Constitución, Santa Fe y La Plata— se manifestaron en contra.

En la misma jornada también se definió la nueva conducción adjunta: Daniel Daporta, titular de la seccional Avellaneda, fue elegido como secretario adjunto nacional en reemplazo de Naldo Brunelli.

Tras conocerse los resultados, Furlán buscó darle un tono institucional al triunfo: sostuvo que no se trata de una victoria personal sino de la organización, y remarcó la necesidad de defender el empleo, la industria nacional y el poder adquisitivo de los trabajadores en un contexto económico adverso.

Conflicto judicial y decisión política

La reelección, sin embargo, quedó atravesada por una fuerte controversia judicial. La Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo había ordenado el martes la suspensión del acto electoral, en el marco de una causa impulsada por la Lista Naranja de la seccional Campana, que denunció presuntas irregularidades en ese distrito.

El tribunal —integrado por los jueces Víctor Arturo Pesino y María Dora González— fundamentó la medida en la existencia de “verosimilitud en el derecho” y en el “peligro en la demora”, al considerar que el resultado del proceso podía verse afectado por las denuncias. Además, dispuso que se preservara todo el material electoral y que no se avanzara con la proclamación de autoridades vinculadas a la seccional cuestionada.

Pese a esta resolución, la conducción nacional de la UOM decidió avanzar con el Congreso Electoral tal como estaba previsto, lo que configura un escenario de tirantez entre el gremio y la Justicia laboral.

El episodio expone una doble dimensión del conflicto: por un lado, la solidez interna de la conducción de Furlán, respaldada por una amplia mayoría de seccionales; por otro, la fragilidad institucional que se abre al desconocer una orden judicial. La decisión de avanzar con la elección puede interpretarse como un gesto político hacia adentro del gremio, pero también como un factor que podría escalar el conflicto en el plano legal.

En un clima de retracción industrial, caída del empleo y presión sobre las paritarias, la UOM se encuentra en una encrucijada donde la conducción busca reafirmar liderazgo mientras enfrenta cuestionamientos formales que podrían derivar en nuevas disputas judiciales.

La reelección de Furlán consolida su liderazgo en uno de los sindicatos industriales más relevantes del país, pero lo hace bajo una sombra de conflicto que trasciende lo electoral. La presión entre legitimidad interna y legalidad externa abre un capítulo incierto para la UOM, donde el resultado dependerá tanto de la evolución judicial como de la capacidad del gremio para sostener cohesión en un panorama económico y político complejo.

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Eduardo Cabello advierte sobre un deterioro “ya insostenible” del poder adquisitivo

El referente sindical sanjuanino Eduardo Cabello trazó un diagnóstico severo sobre la situación socioeconómica actual: pérdida sostenida del poder adquisitivo, deterioro de las condiciones de vida y creciente incertidumbre laboral. En diálogo con Mundo Laboral San Juan, cuestionó las políticas del Gobierno nacional, advirtió sobre el impacto de la reforma laboral y alertó por un posible agravamiento del conflicto social.

El deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores dejó de ser una proyección para convertirse en una realidad palpable. Así lo planteó el dirigente gremial, quien describió un escenario marcado por la pérdida del poder adquisitivo, la precarización creciente y un clima social atravesado por la incertidumbre.

Desde su perspectiva, el núcleo del problema radica en un modelo económico que —según afirmó— prioriza a los sectores de mayores ingresos en detrimento de los asalariados. “Cuando se gobierna para los que más tienen, los trabajadores quedan relegados a una situación límite”, sostuvo, al tiempo que remarcó que amplios sectores ya no logran cubrir necesidades básicas, particularmente en materia alimentaria.

La advertencia no se limita a una percepción individual. Cabello vinculó su diagnóstico con indicadores recientes que muestran un deterioro en los hábitos de consumo: una porción significativa de la población trabajadora reduce la calidad de su alimentación o directamente omite comidas ante la insuficiencia de ingresos. Este fenómeno, lejos de ser coyuntural, aparece como uno de los signos más elocuentes del ajuste en curso.

En ese sentido, el dirigente cuestionó con dureza la política salarial. Denunció paritarias “pisadas”, pérdida constante frente a la inflación y un presente laboral en el que el temor al despido se convierte en un factor disciplinador. “Muchos trabajadores viven con la incertidumbre diaria de si van a conservar su empleo”, afirmó.

El análisis también incluyó críticas a recientes decisiones del Gobierno nacional, entre ellas la reconfiguración de áreas vinculadas al trabajo y la reducción de programas sociales. Para Cabello, estas medidas profundizan la fragilidad social en una ya adversa. “Se están quitando herramientas en un momento en el que más se necesitan”, advirtió.

La reforma laboral ocupa un lugar central en su diagnóstico. El dirigente la calificó como regresiva en términos de derechos, al señalar que impacta en aspectos sensibles como las condiciones de contratación, las horas extras y los beneficios históricos del trabajador. En ese sentido, afirmó la relevancia de los fallos judiciales que comenzaron a poner límites a su aplicación, interpretándolos como un freno institucional a lo que definió como “un retroceso normativo”.

El contexto internacional tampoco queda al margen. el represntante gremial mencionó la inestabilidad global —particularmente los conflictos en Medio Oriente— como un factor que puede agravar la situación económica interna, a través de incrementos en costos clave como los combustibles. “Son impactos que terminan trasladándose al bolsillo de la gente”, señaló, en referencia a lo que describió como “presiones externas que profundizan la crisis doméstica”.

A nivel político, Cabello interpretó el escenario actual como el resultado de una combinación de expectativas frustradas y voto castigo. Según su lectura, una parte significativa del electorado acompañó el cambio con la esperanza de una mejora sustancial en sus condiciones de vida, algo que —a su juicio— no se ha materializado. “La desilusión es profunda y generalizada”, sintetizó.

En ese aspecto, advirtió sobre la situación de las provincias, que comienzan a sentir el impacto del ajuste nacional en sus propias economías. La caída de recursos, la paralización de obras y el aumento de la presión sobre los presupuestos locales configuran, según describió, un escenario de creciente dificultad para sostener compromisos básicos, incluidos los salarios estatales.

El planteo de Eduardo Cabello se inscribe en una lectura crítica más amplia del presente económico y social, en la que convergen variables estructurales —inflación, salarios, empleo— con factores políticos y contextuales. Su advertencia sobre un posible agravamiento del conflicto social no aparece como una expresión aislada, sino como la consecuencia de un proceso acumulativo de deterioro.

En ese marco, el dirigente apeló a la reconstrucción de una agenda centrada en el trabajo y el ingreso, con el movimiento obrero como actor clave en la defensa de derechos y condiciones de vida. El panorama inmediato, sin embargo, permanece atravesado por la incertidumbre: entre dificultades económicas, disputas institucionales y expectativas sociales en pugna, el rumbo del mercado laboral argentino se proyecta como uno de los principales escenarios de conflicto en el corto y mediano plazo.

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