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El referente sindical sanjuanino Eduardo Cabello trazó un diagnóstico severo sobre la situación socioeconómica actual: pérdida sostenida del poder adquisitivo, deterioro de las condiciones de vida y creciente incertidumbre laboral. En diálogo con Mundo Laboral San Juan, cuestionó las políticas del Gobierno nacional, advirtió sobre el impacto de la reforma laboral y alertó por un posible agravamiento del conflicto social.

El deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores dejó de ser una proyección para convertirse en una realidad palpable. Así lo planteó el dirigente gremial, quien describió un escenario marcado por la pérdida del poder adquisitivo, la precarización creciente y un clima social atravesado por la incertidumbre.

Desde su perspectiva, el núcleo del problema radica en un modelo económico que —según afirmó— prioriza a los sectores de mayores ingresos en detrimento de los asalariados. “Cuando se gobierna para los que más tienen, los trabajadores quedan relegados a una situación límite”, sostuvo, al tiempo que remarcó que amplios sectores ya no logran cubrir necesidades básicas, particularmente en materia alimentaria.

La advertencia no se limita a una percepción individual. Cabello vinculó su diagnóstico con indicadores recientes que muestran un deterioro en los hábitos de consumo: una porción significativa de la población trabajadora reduce la calidad de su alimentación o directamente omite comidas ante la insuficiencia de ingresos. Este fenómeno, lejos de ser coyuntural, aparece como uno de los signos más elocuentes del ajuste en curso.

En ese sentido, el dirigente cuestionó con dureza la política salarial. Denunció paritarias “pisadas”, pérdida constante frente a la inflación y un presente laboral en el que el temor al despido se convierte en un factor disciplinador. “Muchos trabajadores viven con la incertidumbre diaria de si van a conservar su empleo”, afirmó.

El análisis también incluyó críticas a recientes decisiones del Gobierno nacional, entre ellas la reconfiguración de áreas vinculadas al trabajo y la reducción de programas sociales. Para Cabello, estas medidas profundizan la fragilidad social en una ya adversa. “Se están quitando herramientas en un momento en el que más se necesitan”, advirtió.

La reforma laboral ocupa un lugar central en su diagnóstico. El dirigente la calificó como regresiva en términos de derechos, al señalar que impacta en aspectos sensibles como las condiciones de contratación, las horas extras y los beneficios históricos del trabajador. En ese sentido, afirmó la relevancia de los fallos judiciales que comenzaron a poner límites a su aplicación, interpretándolos como un freno institucional a lo que definió como “un retroceso normativo”.

El contexto internacional tampoco queda al margen. el represntante gremial mencionó la inestabilidad global —particularmente los conflictos en Medio Oriente— como un factor que puede agravar la situación económica interna, a través de incrementos en costos clave como los combustibles. “Son impactos que terminan trasladándose al bolsillo de la gente”, señaló, en referencia a lo que describió como “presiones externas que profundizan la crisis doméstica”.

A nivel político, Cabello interpretó el escenario actual como el resultado de una combinación de expectativas frustradas y voto castigo. Según su lectura, una parte significativa del electorado acompañó el cambio con la esperanza de una mejora sustancial en sus condiciones de vida, algo que —a su juicio— no se ha materializado. “La desilusión es profunda y generalizada”, sintetizó.

En ese aspecto, advirtió sobre la situación de las provincias, que comienzan a sentir el impacto del ajuste nacional en sus propias economías. La caída de recursos, la paralización de obras y el aumento de la presión sobre los presupuestos locales configuran, según describió, un escenario de creciente dificultad para sostener compromisos básicos, incluidos los salarios estatales.

El planteo de Eduardo Cabello se inscribe en una lectura crítica más amplia del presente económico y social, en la que convergen variables estructurales —inflación, salarios, empleo— con factores políticos y contextuales. Su advertencia sobre un posible agravamiento del conflicto social no aparece como una expresión aislada, sino como la consecuencia de un proceso acumulativo de deterioro.

En ese marco, el dirigente apeló a la reconstrucción de una agenda centrada en el trabajo y el ingreso, con el movimiento obrero como actor clave en la defensa de derechos y condiciones de vida. El panorama inmediato, sin embargo, permanece atravesado por la incertidumbre: entre dificultades económicas, disputas institucionales y expectativas sociales en pugna, el rumbo del mercado laboral argentino se proyecta como uno de los principales escenarios de conflicto en el corto y mediano plazo.

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Siete de cada diez argentinos consideran mala la economía del país

El relevamiento de septiembre de Latam Pulse, elaborado por AtlasIntel y Bloomberg sobre 2.067 personas, registró una evaluación negativa de la economía nacional para el 71% de los consultados y del mercado laboral para el 75%. Además, el 55% espera que la economía empeore y el 58,5% prevé reducir sus compras de bienes duraderos.

El deterioro percibido también alcanza a las finanzas familiares: seis de cada diez consultados calificaron como mala la economía de sus hogares. Apenas el 20% la consideró buena, mientras que otro 20% la definió como normal. En la evaluación de la economía nacional, el 21% expresó una opinión favorable y el 9% la calificó como normal.

Las expectativas para los próximos seis meses tampoco anticipan una mejora generalizada. El 55% cree que la economía argentina empeorará, frente al 31% que espera una recuperación y el 14% que no prevé cambios. Respecto del empleo, el 57% pronostica un deterioro, mientras que el 31% espera una mejora y el 12% considera que permanecerá sin variaciones.

La perspectiva sobre los ingresos familiares es algo menos negativa, aunque predomina la cautela: el 48% espera que la economía de su hogar empeore, el 32% confía en una mejora y el 20% no anticipa modificaciones.Menos compras y mayor preocupación por los precios
La incertidumbre también se traduce en decisiones concretas de consumo. El 58,5% de los encuestados prevé reducir las compras de bienes duraderos, como electrodomésticos y otros productos de mayor valor, mientras que el 27,3% mantendría su nivel de adquisiciones y apenas el 14,2% planea aumentarlo.

La proporción de quienes anticipan un recorte en esas compras creció 11,3 puntos porcentuales frente a agosto. El dato refleja una mayor disposición a postergar gastos que no se consideran inmediatos, una conducta que puede repercutir sobre las ventas comerciales y la producción vinculada al mercado interno.

En materia de precios, el indicador de percepción de la inflación actual pasó de 27,9 puntos en agosto a 30,6 en septiembre. Las expectativas inflacionarias para el semestre siguiente también subieron, de 8,8 a 9,1 puntos.

Corrupción y desempleo, al frente de las preocupaciones

La encuesta también identificó los principales problemas que preocupan a la población. La corrupción encabezó las respuestas, con el 50,3%, seguida por el desempleo, con el 44%. La impunidad y el sistema judicial reunieron el 34,6%; la economía, el 32,2%; y los altos precios y la inflación, el 27,8%.

El debilitamiento de la democracia y las instituciones, junto con la educación, obtuvo el 20,2% en cada caso, mientras que la inseguridad alcanzó el 18,9%.

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Las empresas proyectan aumentos salariales del 22% para 2027

Las empresas argentinas presupuestan aumentos salariales del 22,8% para 2027, con una previsión de inflación del 22,4%, según una encuesta de la consultora WTW. El relevamiento, presentado durante su Seminario Anual sobre Compensaciones y Beneficios, muestra que las compañías comenzaron a definir sus pautas de actualización para el personal fuera de convenio, con incrementos que, en esta primera etapa, se mantienen prácticamente alineados con los precios esperados. El 76% prevé distribuir los aumentos en dos o tres instancias, mientras que la mayoría no planea modificar los presupuestos de 2026.

El 56% de las empresas ya trabaja en el presupuesto salarial para el próximo año, mientras que el 44% todavía no inició esa tarea. Entre las compañías que avanzaron con las estimaciones, tanto la inflación proyectada como los ajustes salariales tienen una mediana del 22%, aunque los promedios se ubican en 22,4% y 22,8%, respectivamente.

Dos o tres aumentos concentrarían la mayoría de los ajustes

La modalidad de actualización también comienza a definirse. El 76% de las compañías prevé aplicar dos o tres incrementos durante 2027: el 38% contempla dos revisiones y otro 38%, tres.

Para el primer trimestre, la mediana del aumento acumulado previsto es del 10%, mientras que para el primer semestre alcanza el 10,1%. La referencia anual se mantiene en el 22%, aunque los porcentajes finales dependerán de la evolución económica y de las decisiones que adopte cada empleador.

Las previsiones presentan diferencias según la rama de actividad. Los servicios profesionales encabezan las estimaciones, con una mediana del 24%. Consumo, química, plásticos y pintura, y alta tecnología proyectan subas del 23%. En el extremo inferior, energía prevé un 20% y bancos y entidades financieras, un 21%.

Cautela para el cierre de 2026

Las decisiones pendientes sobre los salarios de este año reflejan una conducta más conservadora. El 58% de las empresas no prevé modificar el presupuesto salarial de 2026, mientras que el 34% todavía evalúa posibles cambios y apenas el 8% anticipa una revisión.
También permanece abierta la posibilidad de aplicar un ajuste compensatorio —conocido como catch up— al comienzo de 2027 para recuperar diferencias frente a la inflación. El 49% de las compañías descarta esa alternativa, el 39% la mantiene bajo análisis y el 12% confirmó que la implementará. Entre estas últimas, la mediana del incremento adicional previsto es del 5%.

Las cifras de WTW corresponden a proyecciones empresariales y no constituyen aumentos acordados ni garantizados para el conjunto de los trabajadores. Su evolución estará condicionada por la inflación efectiva, el desempeño de cada compañía y las decisiones que se adopten durante las negociaciones salariales.

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El Gobierno redujo a seis los medicamentos esenciales y excluyó fármacos de uso frecuente

La Resolución 1447/2026 del Ministerio de Salud derogó el listado aprobado en 2021 y estableció seis principios activos como referencia para la planificación y provisión de medicamentos. Quedaron excluidos fármacos para la diabetes, el hipotiroidismo, el asma y las infecciones, además de anticonceptivos. El alcance sobre la entrega efectiva dependerá de cómo se implemente el nuevo esquema.

Entre los medicamentos que quedaron fuera de la nueva nómina figuran la levotiroxina, utilizada para tratar el hipotiroidismo; la metformina, indicada para la diabetes tipo 2; la amoxicilina, un antibiótico de uso extendido; y el salbutamol, empleado para aliviar episodios de broncoespasmo, entre ellos los asociados al asma. También fueron excluidos el fluconazol, la loratadina y los anticonceptivos.

Los seis principios activos seleccionados

El nuevo listado incorpora ácido acetilsalicílico, atorvastatina, candesartán, hidroclorotiazida, ramipril y rosuvastatina. Se trata de medicamentos utilizados, según cada indicación clínica, para reducir el colesterol, controlar la presión arterial y prevenir complicaciones cardiovasculares.

La cartera sanitaria fundamentó la selección en la necesidad de priorizar tratamientos frente a la carga que representan las enfermedades vasculares para el sistema de salud. La resolución establece que la nómina servirá como referencia para organizar las compras, la planificación y la provisión de medicamentos en los efectores públicos.

Qué implica para Remediar

El cambio se vincula con la política de medicamentos esenciales, pero es necesario distinguir la modificación del vademécum de la disponibilidad efectiva de cada fármaco. La exclusión de un medicamento del nuevo listado no demuestra, por sí sola, que haya dejado de entregarse por todas las vías del sistema público.

Creado para facilitar el acceso gratuito a tratamientos mediante centros de atención primaria, Remediar constituye una herramienta de provisión para personas que dependen de la atención estatal. Por eso, el efecto concreto de la modificación estará determinado por las compras que se realicen, los mecanismos de distribución y las alternativas que permanezcan disponibles para cada tratamiento.

La prioridad sanitaria: las enfermedades vasculares

La actualización coincide con el anuncio del Plan Nacional de Abordaje Integral de Salud Vascular 2026-2030, orientado a fortalecer la prevención, la detección temprana y la atención de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, incluidos los infartos y los accidentes cerebrovasculares.

La resolución señala, además, que la modificación no requiere gastos presupuestarios adicionales para el Ministerio de Salud. Sin embargo, la reducción del listado abre interrogantes sobre la continuidad del acceso a medicamentos para pacientes con enfermedades crónicas, afecciones respiratorias e infecciones.

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