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La aprobación de este nuevo régimen implicará la derogación de la moratoria previsional y la implementación de una nueva prestación acorde a los años de aportes.

La Cámara de Diputados dio media sanción este semana al régimen jubilatorio que forma parte de la Ley Bases y la eliminación de la moratoria previsional que impulsa el Gobierno. La iniciativa pasó ahora al Senado donde se comenzará a debatirse en los próximos días.

Se trata concretamente del Tíítulo IX que dispone la derogación de la Ley 27.705, que permitía jubilarse sin tener los 30 años de aportes requeridos, y propone la creación de la denominada Prestación de Retiro Proporcional para aquellas personas de 65 años que no completen el mencionado requisito.

Moratoria previsional: qué es y por qué el Gobierno busca derogarla

Se trata de un instrumento que actualmente permite jubilarse a las personas que no cuentan con los aportes completos. Aquellos que tienen la edad para iniciar el trámite jubilatorio (mujeres de 60 años y hombres de 65 o más) pueden acceder la moratoria con un pago de cuotas que se ajustan, según la Unidad de Pago de Deuda Previsional (UPDP).

El valor de estas cuotas dependen directamente de la remuneración mínima imponible, que hoy es de $ 45.281,15. Se descuentan en cada pago de haberes equivalentes al 29% de la remuneración mínima no imponible, lo que significa un monto de $ 13.131,53.

En caso de aprobarse la ley en el Senado, esta moratoria sería reemplazada por la Prestación de Retiro Proporcional.

Jubilados ANSES: qué es la Prestación de Retiro Proporcional

El gobierno de Javier Mlei propone este nuevo sistema para que quienes no hayan terminado sus aportes, cobren cuando cumplan los 65 años un ingreso mínimo equivalente a la PUAM. En mayo, los beneficiarios de esta última percibirán $ 222.113.

De acuerdo a la cantidad de años de aportes al Sistema Integrado Previsional Argentina (SIPA), a cada beneficiario se le depositará un haber adicional cuyos montos los definirá el Poder ejecutivo según cada caso. 

Así, por ejemplo, una persona con 10 de aportes no ganará lo mismo que una que contribuyó durante 25 años.

Otro de los importantes cambios es la modificación en la edad jubilatoria. Anteriormente, las mujeres que no cumplían con los años de aporte podían jubilarse a los 60 años. De aprobarse la ley, esto se extenderá hasta los 65.   

¿Qué es la PUAM?

Es otro instrumento que le asegura a los mayores de 65 años un ingreso mensual, cobertura médica y asignaciones familiares. 

Como se mencionó, el monto equivale al 80% de la jubilación mínima ($ 260.141,60 contemplando el refuerzo). En mayo, cobrarán los $ 222.113 divididos en $ 152.113 y $ 70.000 del bono que anunció el Gobierno.

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Entre la negociación y la confrontación, el movimiento obrero redefine su posicionamiento

Las conmemoraciones del 1° de mayo dejaron al descubierto matices cada vez más marcados dentro del sindicalismo. Aunque persiste un diagnóstico compartido sobre la situación económica, las diferencias en las formas de acción abren interrogantes sobre la cohesión del sector.

El Día del Trabajador funcionó este año como una radiografía precisa del presente sindical argentino. En menos de 24 horas, dos convocatorias multitudinarias —la movilización de la CGT a Plaza de Mayo y el plenario del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) en Pilar— dejaron en evidencia no solo la capacidad de movilización del sector, sino también las divergencias que atraviesan a su dirigencia.

Ambos espacios coincidieron en cuestionar el rumbo económico del gobierno de Javier Milei, al que responsabilizan por el deterioro del empleo, la pérdida del poder adquisitivo y el retroceso en derechos laborales. Sin embargo, ese punto de encuentro no alcanza para disimular las diferencias en torno a la estrategia a seguir.

La CGT optó por una demostración de fuerza en la calle, con un discurso más enfático que en ocasiones anteriores, aunque sin abandonar del todo su lógica de negociación institucional. Ese posicionamiento sigue siendo objeto de críticas internas, especialmente desde sectores que consideran insuficiente el ritmo de respuesta frente a las reformas impulsadas por el Ejecutivo.

En contraste, el FreSU consolidó su perfil con una convocatoria orientada a construir un esquema de mayor presión. Durante el encuentro, su principal referente, Abel Furlán, planteó la necesidad de avanzar hacia un programa de acción que desemboque en medidas de fuerza de mayor alcance. “Este frente tiene que generar músculo”, afirmó, al tiempo que propuso expandir la organización a nivel federal para canalizar demandas de base.

El contraste no es menor. Mientras la central obrera busca sostener canales de interlocución, el nuevo espacio apuesta a una construcción más confrontativa, con eje en la movilización y la articulación de un plan de lucha. En ese cruce de enfoques se juega buena parte de la discusión actual sobre la conducción del movimiento obrero.

Pese a ello, en ambos sectores prevalece una idea compartida: evitar una ruptura que debilite al conjunto. Dirigentes cercanos a la CGT relativizan el alcance del FreSU y descartan un escenario de fractura. La comparación con experiencias históricas, como el Movimiento de Trabajadores Argentinos de los años noventa, aparece como referencia para dimensionar la situación actual, que consideran distante de aquel nivel de confrontación interna.

No obstante, el proceso exhibe señales de desgaste. Desde el propio FreSU surgen advertencias sobre el riesgo de dispersión si no se logra una articulación más amplia. La preocupación se vincula, además, con los movimientos en otros sectores del sindicalismo, como el acercamiento entre las dos CTA, lo que agrega complejidad al mapa gremial.

Las tensiones también se proyectan sobre el plano político. La participación de dirigentes cegetistas en el lanzamiento del Peronismo Federal introdujo un nuevo elemento de fricción dentro del universo peronista. A esto se suman gestos simbólicos, como la ausencia de referencias al kirchnerismo en determinados discursos, interpretados como señales de posicionamiento en una interna aún abierta.

En ese ámbito, referentes sindicales plantearon la necesidad de reconstruir una propuesta política con capacidad de representación. “No estamos dispuestos a resignar derechos”, sostuvo Cristián Jerónimo, quien además proyectó la disputa hacia el terreno electoral. En la misma línea, Jorge Sola remarcó la importancia de recuperar una agenda centrada en la justicia social y en la defensa de los sectores más afectados.

El trasfondo de estas definiciones es un escenario social complejo, atravesado por la caída del ingreso real, el cierre de empresas y el aumento de la incertidumbre laboral. En ese contexto, la dirigencia sindical enfrenta el desafío de ofrecer respuestas que combinen eficacia en la acción con capacidad de representación.

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El sistema universitario activa una campaña nacional para exigir fondos y recomposición salarial


El Consejo Interuniversitario Nacional, junto a gremios docentes y nodocentes, impulsa una campaña en redes sociales para reclamar la transferencia de fondos previstos por ley. La iniciativa busca amplificar el respaldo social en la antesala de una nueva movilización federal.

El sistema universitario argentino ingresó en una etapa de mayor exposición pública en su disputa con el Gobierno nacional. A pocos días de una nueva movilización en todo el país, rectores, sindicatos y estudiantes decidieron trasladar el conflicto al terreno digital con una campaña coordinada que busca interpelar a la sociedad y reforzar el respaldo al reclamo por financiamiento.

La iniciativa es encabezada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), que nuclea a las autoridades de las universidades públicas, en articulación con organizaciones gremiales de docentes y nodocentes. El objetivo inmediato es visibilizar la falta de cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, sancionada por el Congreso y promulgada posteriormente, pero aún sin aplicación efectiva en lo relativo a la transferencia de recursos.

La estrategia comunicacional se despliega en la previa de la cuarta marcha federal universitaria, convocada para el 12 de mayo, y apunta a consolidar un frente amplio de apoyo social. Desde el CIN, su presidente Franco Bartolacci y el vicepresidente Oscar Alpa promovieron activamente la campaña, con mensajes que subrayan la necesidad de que el Poder Ejecutivo respete tanto la norma vigente como los fallos judiciales que ordenan su implementación.

El eje discursivo no se limita a una demanda sectorial. Las universidades plantean que el incumplimiento de una ley sancionada y ratificada en sede judicial compromete principios institucionales básicos, entre ellos la división de poderes. En ese sentido, el reclamo adquiere una dimensión que trasciende lo presupuestario y se proyecta sobre la calidad del funcionamiento democrático.

Con esta situación, el conflicto avanza por la vía judicial. El CIN presentó una acción cautelar ante la Justicia federal que obtuvo resoluciones favorables en dos instancias. Pese a ello, el Gobierno decidió apelar hasta la Corte Suprema, lo que prolonga la incertidumbre sobre la ejecución efectiva de los fondos.

Mientras tanto, la actualidad en las universidades se deteriora con rapidez. Según datos del sector, el recorte presupuestario acumulado alcanza el 45%, lo que impacta de manera directa en el funcionamiento cotidiano de las instituciones. A la restricción de recursos operativos se suma la paralización de programas de becas de investigación, considerados centrales para la producción científica y la formación de nuevos investigadores.

El frente salarial constituye otro de los núcleos más sensibles del conflicto. Docentes y trabajadores nodocentes registran una pérdida de 141 puntos frente a la inflación desde fines de 2023, un deterioro que, en términos prácticos, equivale a varios meses de trabajo sin remuneración efectiva. La ausencia de negociaciones paritarias y la falta de actualización de ingresos profundizan el malestar en el sector.

Este escenario explica la creciente articulación entre actores universitarios y otros espacios sociales y políticos que ya expresaron su respaldo al reclamo. La movilización del 12 de mayo se perfila, en este aspecto, como un punto de convergencia donde se pondrá en juego no solo la demanda presupuestaria, sino también el alcance del apoyo ciudadano.

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Avanza el recorte en el INTA: aprueban retiros voluntarios con un objetivo de 950 desvinculaciones

El Consejo Directivo del INTA dio luz verde a un esquema de retiros voluntarios impulsado por el Gobierno nacional. La iniciativa apunta a reducir en torno al 20% de la planta actual y contempla condiciones diferenciadas según la edad y la situación contractual del personal.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se encamina hacia una de las transformaciones más profundas de su estructura en las últimas décadas. El Consejo Directivo del organismo aprobó un plan de retiros voluntarios promovido por la conducción encabezada por Nicolás Bronzovich, en línea con la política de reordenamiento del Estado impulsada por la administración de Javier Milei y articulada desde el área de Desregulación a cargo de Federico Sturzenegger.

La iniciativa fija como meta la desvinculación de alrededor de 950 trabajadores, lo que equivale a cerca del 20% de la dotación actual. El universo alcanzado incluye técnicos, investigadores, especialistas y personal administrativo. El objetivo oficial es avanzar en una reducción significativa del gasto operativo, en sintonía con el programa económico del Ejecutivo.

Para incentivar la adhesión, el esquema contempla compensaciones calculadas sobre la base de la antigüedad en planta permanente. Quienes opten por acogerse al retiro recibirán una suma equivalente a 1,5 salarios por cada año de servicio, con topes diferenciados según la edad. En los casos más próximos a la jubilación, el beneficio tendrá un límite máximo que busca equilibrar el costo fiscal de la medida.

Sin embargo, uno de los aspectos más sensibles del programa reside en su criterio de cálculo: solo se reconocerán los años trabajados bajo condición de planta permanente, excluyendo períodos previos como becarios o contratados. Este punto introduce una variable decisiva para el nivel de adhesión, ya que una parte considerable del personal desarrolló trayectorias prolongadas bajo modalidades contractuales que no serán contempladas en la compensación.

El financiamiento del plan —estimado en más de 100 mil millones de pesos— será formalizado mediante un decreto presidencial que habilitará la reasignación de partidas para cubrir las indemnizaciones. La disponibilidad de recursos fue un elemento determinante para obtener el aval del Consejo Directivo, un órgano que reúne representación de entidades agropecuarias y universidades nacionales.

La reducción de personal se inscribe en un proceso más amplio de reconfiguración institucional. Desde el inicio de la actual gestión, la conducción del INTA explicitó su intención de disminuir de manera sustancial la estructura del organismo, con una proyección que originalmente contemplaba una poda superior a los 1.400 puestos. A esa meta se suman otras decisiones orientadas a redefinir su funcionamiento, entre ellas la venta de activos inmobiliarios y el cierre de áreas vinculadas a la extensión territorial.

En los últimos meses, esas directrices comenzaron a materializarse. Se dispuso el cierre de dependencias, la transferencia de predios para su eventual comercialización y la reducción de oficinas en distintas regiones del país. Estas medidas modifican de manera directa la presencia territorial del instituto, históricamente reconocido por su despliegue federal y su vínculo con productores y economías regionales.

El antecedente inmediato no resultó alentador para las autoridades. Un primer programa de retiros voluntarios, implementado hacia fines de 2024, tuvo una adhesión significativamente menor a la esperada. Apenas unas 300 personas optaron por esa alternativa, lejos de los objetivos trazados. Este resultado obligó a reformular las condiciones económicas del nuevo esquema, con incentivos más elevados para captar mayor interés.

Aun así, persisten dudas sobre la efectividad de la propuesta. La combinación de criterios restrictivos en el reconocimiento de la antigüedad y la incertidumbre sobre el futuro laboral fuera del organismo podría limitar el alcance del programa. En paralelo, la continuidad del proceso de reducción ya se refleja en cifras: cerca de 500 trabajadores dejaron el INTA desde el inicio de la actual administración.

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