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El Titular del Sindicato de Conductores de Taxis Walter Ferreri, se opuso rotundamente a la instalación de la empresa UBER en San Juan y dijo que ya tiene medida cautelar.

A principios de septiembre, Uber confirmó que comenzaría a funcionar en San Juan. A raíz del comunicado de la empresa, varios sectores, tanto públicos como privados, salieron a declarar sobre la posible instalación de la empresa.

Walter Ferreri, titular del Sindicato de Conductores de Taxis, quien explicó que es imposible que Uber se instale en San Juan, ya que tiene medida cautelar y eso imposibilita a la empresa a trabajar en la provincia, ya sea físicamente o a través de la app.

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Red Tulum abre sus datos y redefine su modelo digital: ahorro millonario y nueva licitación en marcha

La Provincia rescindió el vínculo con la empresa Moovit como proveedora exclusiva de la app oficial de la Red Tulum, liberó la base de datos del sistema de transporte y lanzó un proceso licitatorio para definir una nueva plataforma institucional. El Ejecutivo asegura que la decisión generará un ahorro anual de 300 millones de pesos y ampliará la oferta para los usuarios.

La desvinculación de Moovit como titular de la aplicación oficial de la Red Tulum no se limita a un cambio de proveedor: configura un viraje en la arquitectura digital del sistema y en la lógica de contratación estatal.

El secretario de Tránsito y Transporte, Marcelo Molina, encuadró la decisión en una estrategia de eficiencia presupuestaria y apertura tecnológica. Según precisó, la provincia dejará de erogar alrededor de 300 millones de pesos anuales que se abonaban por el uso de la marca y la prestación exclusiva del servicio. “Ese monto ya no se va a pagar”, subrayó el funcionario, al poner el foco en el impacto fiscal de la medida.

Del modelo cerrado a la apertura de datos

La novedad central es la liberación de la información del sistema: recorridos, paradas y datos en tiempo real quedaron disponibles para desarrolladores interesados en crear planificadores de viaje sin costo para el Estado ni para los usuarios. El Gobierno apuesta a que esta política genere competencia, diversidad de interfaces y mejoras en la experiencia del pasajero.

La transición no implicará —según la cartera de Gobierno— una merma en el acceso a la información. El servicio de datos que brindaba Moovit cesará en marzo, pero San Juan gestionó la incorporación gratuita de los recorridos a Google Maps, además de habilitar otras aplicaciones que ya operan con seguimiento en tiempo real.

En la actualidad, los usuarios pueden optar entre distintas plataformas: Moovit (hasta el vencimiento definitivo), Wara, Google Maps, Trip, Budop, OpenStreetMap y Cuándo Subo.

Todas funcionan en Android y iOS y ofrecen planificación de recorridos con datos actualizados.

“De tener una sola opción pasamos a seis, y estamos trabajando con dos más”, sostuvo Molina, quien remarcó que cualquier desarrollador local podrá acceder a la base de datos para crear nuevas alternativas. La intención oficial es consolidar un ecosistema abierto donde el usuario elija la interfaz que mejor se adapte a sus preferencias.

La licitación y el rol del Estado

Pese a la multiplicidad de aplicaciones gratuitas, el Ejecutivo confirmó que avanzará con una licitación para definir la app institucional. La convocatoria está prevista para el próximo mes de marzo y buscará establecer una plataforma oficial bajo estándares de transparencia y competencia.

“La licitación hay que hacerla para tener la aplicación oficial. Son los procesos normales del Estado”, señaló el funcionario, al defender la necesidad de contar con una herramienta que represente formalmente al sistema de transporte provincial.

Aquí emerge un problema estructural: si el mercado ya ofrece soluciones sin costo directo para la administración, ¿Cuál debe ser el rol del Estado en la provisión de una app propia? La respuesta oficial combina dos argumentos: garantizar continuidad institucional y evitar la dependencia exclusiva de un proveedor, como ocurrió en la etapa anterior.

El cambio, en este sentido, no solo persigue ahorro fiscal, sino también autonomía estratégica. La experiencia con un único operador dejó expuesta la vulnerabilidad del esquema cerrado. La apertura de datos busca reducir ese riesgo y distribuir la prestación del servicio en un entorno más competitivo.

Impacto en usuarios y proyección

Para el pasajero cotidiano, la prioridad es la certeza de que podrá consultar en tiempo real la ubicación del colectivo y planificar su viaje sin sobresaltos. La Provincia insiste en que el servicio no se interrumpirá y que la migración será gradual.

El desafío, no obstante, será sostener la calidad de la información y la integración entre plataformas. La apertura de datos amplía oportunidades, pero también exige una supervisión técnica constante para evitar inconsistencias o fragmentación en la experiencia digital.

En términos políticos, la decisión se inscribe en la gestión del gobernador Marcelo Orrego y proyecta una señal de austeridad en un momento económico restrictivo. El ahorro anunciado —300 millones de pesos anuales— se convierte en un fundamento de peso frente a la opinión pública, aunque su efectividad deberá medirse en la práctica.

La salida de Moovit y la liberación de los datos de la Red Tulum marcan un cambio de paradigma en la gestión del transporte público sanjuanino. El Gobierno apuesta a conjugar eficiencia presupuestaria, competencia tecnológica y mayor libertad de elección para el usuario.

El éxito de la estrategia dependerá de dos variables decisivas: que el ahorro prometido se consolide sin deteriorar la calidad del servicio y que la futura licitación garantice transparencia y estándares técnicos sólidos. En una coyuntura donde la digitalización del transporte es clave para la movilidad urbana, San Juan ensaya un modelo más abierto. La incógnita será si esa apertura logra traducirse en innovación sostenida y en una experiencia superadora para quienes, a diario, dependen del colectivo para organizar su vida.

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Consenso político en San Juan para intervenir corredores estratégicos bajo órbita federal

La Cámara de Diputados de San Juan aprobó por unanimidad la adenda al convenio con Vialidad Nacional que habilita a la gestión de Marcelo Orrego a ejecutar obras en tramos de las rutas nacionales 20 y 150. El peronismo acompañó la iniciativa, pero cuestionó con dureza al gobierno de Javier Milei por el deterioro vial y la paralización de inversiones.

En una sesión extraordinaria que combinó consenso institucional y fricción política, la Cámara de Diputados dio luz verde a la adenda que permitirá a la Provincia intervenir en corredores viales cuya jurisdicción corresponde a la Nación. La decisión, adoptada sobre tablas y con respaldo de todos los bloques, habilita al Ejecutivo local a avanzar sobre puntos críticos de la Ruta Nacional 20 y la Ruta Nacional 150, ante el deterioro acumulado y la falta de ejecución de obras por parte del Estado nacional.

El acuerdo con Vialidad Nacional constituye, en los hechos, una cesión operativa para que la provinncia asuma tareas de infraestructura en tramos considerados estratégicos para la seguridad y el desarrollo productivo. La intervención más inmediata se concretará en la intersección de la Ruta 20 con calle Gorriti, en el departamento Santa Lucía, un nodo de alto tránsito que concentra circulación urbana e interdepartamental.

En este sentido, la Provincia encarará mejoras en distintos cruces de la Ruta 150, en el departamento Iglesia: calle Santa Lucía, Ruta Provincial 405 (acceso oeste a Rodeo), Ruta Provincial 418 (ingreso a Pismanta) y calle Paoli. Se trata de sectores con relevancia turística y minera, donde la conectividad y la seguridad vial resultan determinantes para la actividad económica.

Acompañamiento con críticas

El respaldo legislativo no estuvo exento de cuestionamientos. Desde el bloque peronista se acompañó la herramienta legal, aunque con fuertes objeciones hacia la administración libertaria. El diputado Mario Herrero, del espacio San Juan Vuelve, planteó que las rutas nacionales evidencian un marcado deterioro y denunció una “ausencia total” del Estado nacional en materia de mantenimiento.

El señalamiento apunta a un debate más amplio: la recaudación de fondos específicos para infraestructura vial frente a la falta de ejecución de obras. En ese marco, legisladores del arco opositor subrayaron que la Provincia se ve obligada a intervenir para garantizar condiciones mínimas de transitabilidad en corredores clave para la producción, el turismo y la integración regional.

La discusión trasciende la coyuntura provincial. La decisión de asumir competencias sobre rutas federales refleja el reordenamiento de responsabilidades que atraviesan las provincias en un contexto de ajuste del gasto nacional. Mientras la Casa Rosada sostiene la necesidad de equilibrar las cuentas públicas, los gobiernos provinciales enfrentan la presión de sostener servicios e infraestructura esenciales.

Federalismo en tensión

La adenda aprobada expone, además, una presión estructural en el esquema federal: la administración nacional conserva la titularidad de las rutas, pero la ejecución material queda en manos de la Provincia. Este mecanismo, que requiere coordinación técnica y financiera, evidencia la complejidad de sostener infraestructura estratégica en tiempos de restricciones presupuestarias.

En términos políticos, el gobernador Orrego logró un respaldo transversal que le permite avanzar con obras largamente demandadas. El consenso alcanzado en el recinto —más allá de las diferencias expresadas— revela una prioridad compartida: evitar que la discusión partidaria paralice soluciones concretas.

La aprobación unánime de la adenda vial sintetiza una doble dinámica. Por un lado, la necesidad pragmática de garantizar seguridad y conectividad en rutas neurálgicas para San Juan. Por otro, la creciente tirantez entre la Nación y las provincias respecto del financiamiento y la ejecución de infraestructura.

El desafío inmediato será traducir el aval legislativo en obras efectivas. En un escenario de restricciones fiscales y debates sobre el rol del Estado, la decisión de la Legislatura marca una definición política clara: cuando la infraestructura crítica se deteriora, la responsabilidad pública no admite dilaciones, aun cuando ello implique asumir competencias que formalmente pertenecen a otro nivel de gobierno.

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Glaciares, minería y poder provincial: una votación que redefine equilibrios en el Senado

Tras quedar relegada por la prioridad otorgada a la reforma laboral, la actualización de la Ley N° 26.639 sobre preservación de glaciares y ambiente periglacial será tratada el 26 de febrero en sesión especial. El debate combina aristas ambientales, intereses mineros estratégicos y discusiones constitucionales sobre competencias entre Nación y provincias.

Después de semanas de especulaciones y versiones cruzadas, el Senado fijó fecha para uno de los debates más sensibles del período de sesiones extraordinarias: la actualización de la Ley de Glaciares y del Ambiente Periglacial. La convocatoria, formalizada en el marco del Decreto 24/2026, establece que el proyecto será tratado el jueves 26 de febrero a las 11, en una sesión pública especial que podría reconfigurar el equilibrio entre preservación ambiental y desarrollo extractivo.

La iniciativa busca introducir precisiones técnicas y normativas sobre el ambiente periglacial contemplado en la Ley 26.639, vigente desde 2010. Su tratamiento había sido postergado a comienzos de mes cuando el oficialismo —alineado con la agenda del presidente Javier Milei— decidió concentrar capital político en la reforma laboral. En este sentido, fuentes parlamentarias admitieron que no estaban garantizados los votos necesarios para avanzar con una discusión que combina tecnicismo jurídico y alta sensibilidad social.

“En el Senado lo tenemos más complicado”, deslizó entonces un legislador bajo reserva, en alusión a resistencias dentro de bloques justicialistas y radicales. La controversia no es meramente terminológica: detrás de la definición de “ambiente periglacial” se juega el alcance de las restricciones que pueden pesar sobre emprendimientos mineros en zonas cordilleranas.

San Juan como epicentro del debate

La discusión adquiere especial relevancia en San Juan, donde la actividad minera constituye uno de los pilares de la economía provincial. Allí confluyen áreas protegidas y proyectos de gran escala que, bajo la redacción actual, quedan alcanzados por limitaciones estrictas.

El caso paradigmático es el yacimiento de cobre El Pachón, ubicado en Calingasta. El emprendimiento incluye un glaciar de escombro o “glaciar petrificado” que, según estudios técnicos locales, no cumpliría funciones hídricas relevantes. Sin embargo, la normativa vigente lo encuadra dentro de la protección del ambiente periglacial, lo que dificulta su desarrollo.

Los impulsores de la reforma sostienen que el objetivo no es flexibilizar la tutela ambiental, sino otorgar mayor claridad conceptual y herramientas a las provincias para evaluar casos específicos en función de criterios científicos. Desde el sector minero reconocen, no obstante, que el asunto presenta complejidades constitucionales. La distribución de competencias entre la Nación —que dicta los presupuestos mínimos de protección— y las jurisdicciones provinciales, titulares del dominio originario de los recursos naturales, constituye un punto neurálgico que podría derivar en futuros litigios.

Estrategia política y cálculo parlamentario

El oficialismo optó por desdoblar el tratamiento respecto de la reforma laboral para evitar la superposición de conflictos en la calle. La simultaneidad de manifestaciones sindicales y ambientales, evaluaron en la Casa Rosada, habría elevado el costo político de ambas discusiones.

Desde ámbitos vinculados a la minería descartan una oposición monolítica del radicalismo y relativizan la idea de un rechazo frontal. Más bien describen un escenario de negociación fina, donde el texto deberá ajustarse para cosechar adhesiones sin desnaturalizar su espíritu.

El factor sanjuanino: votos bajo la lupa

La atención se concentra ahora en el posicionamiento de los senadores por San Juan. Sergio Uñac, con antecedentes de gestión favorable al desarrollo minero pero señales recientes de cautela política, mantiene su voto en reserva, lo que añade incertidumbre a la aritmética parlamentaria.

Por su parte, Celeste Giménez, alineada con La Cámpora, se perfila como una voz crítica a cualquier modificación que pueda interpretarse como una ampliación de márgenes para el sector extractivo. En el oficialismo, el senador Bruno Olivera acompañaría la postura del Gobierno nacional, respaldando la actualización normativa.

Un debate que excede la coyuntura

Más allá del resultado, la votación del 26 de febrero trasciende la agenda inmediata. La discusión expone una tensión estructural: cómo compatibilizar estándares ambientales exigentes con la explotación de recursos estratégicos en un país que necesita divisas y crecimiento productivo.

El desafío radica en evitar simplificaciones. Ni el desarrollo puede prescindir de la sustentabilidad, ni la protección ambiental puede desentenderse de las realidades económicas regionales. La clave estará en la calidad técnica del texto y en la capacidad del sistema político para alcanzar consensos que trasciendan la coyuntura.

La sesión del jueves, en definitiva, pondrá a prueba algo más que una mayoría circunstancial: medirá la aptitud del Senado para deliberar con rigor sobre un asunto donde confluyen ciencia, derecho, economía y política. En ese cruce de intereses se juega no solo el destino de un proyecto minero o de una norma ambiental, sino la credibilidad institucional frente a un debate que interpela al modelo de desarrollo argentino.

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