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El Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA) y la cámara empresaria de la actividad convinieron ayer en el Ministerio de Trabajo un aumento salarial trimestral del 34%, informaron fuentes gremiales y oficiales.

El acuerdo de recomposición fue firmado en el contexto de la revisión de las negociaciones paritarias de forma oportuna acordada, por lo que los trabajadores de la actividad percibirán un 34% de mejora entre agosto y octubre.

De esa forma, el personal nucleado en la organización sindical que conduce Rodolfo Daer cobrará un aumento salarial del 11% este mes, otro 11 en septiembre y 12% en octubre próximo sobre la base de los haberes vigentes en abril último, informó oficialmente un comunicado de la cartera laboral.

Los tramos de recomposición para el trimestre acordados hoy en la cartera laboral que encabeza la ministra Raquel Olmos se incorporarán al salario en noviembre.

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Los salarios bajos empujan la salida de miles de estatales

El recorte del empleo público ingresó en una nueva etapa. Tras los despidos masivos y la reducción de estructuras, la pérdida del poder adquisitivo comenzó a convertirse en el principal mecanismo de expulsión de trabajadores. Renuncias, retiros voluntarios y fuga de profesionales afectan organismos estratégicos y ponen en riesgo funciones esenciales del Estado.

El ajuste sobre la administración pública nacional dejó de medirse únicamente por la cantidad de cesantías. La estrategia oficial atraviesa ahora una fase diferente, donde el deterioro salarial opera como un factor determinante para reducir planteles sin recurrir necesariamente a nuevos despidos. La combinación de ingresos cada vez más depreciados, retiros voluntarios y congelamiento de carreras profesionales está modificando la composición del Estado y debilitando áreas sensibles para la producción, la investigación científica, el control territorial y la seguridad operacional.

Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Desde el inicio de la actual gestión desaparecieron cerca de 70.000 puestos de trabajo en el sector público nacional, según estimaciones difundidas por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Sin embargo, organizaciones sindicales sostienen que la reducción ya no responde exclusivamente a decisiones administrativas, sino también a un panorama económico que imposibilita la continuidad de muchos trabajadores.

El caso del CONICET sintetiza esa transformación. La pérdida sostenida del poder adquisitivo derivó en una creciente migración de investigadores, becarios y personal técnico hacia universidades, empresas privadas e instituciones del exterior. Desde los gremios calculan que alrededor de dos mil trabajadores abandonaron el organismo durante el último período, mientras permanece paralizado el ingreso de nuevos investigadores mediante concursos que acumulan dos años de demora.

Las condiciones de remuneración explican en gran medida esta transformación. Los incrementos otorgados quedaron sistemáticamente por debajo de la inflación, profundizando una caída que ya lleva dos años consecutivos. Informes especializados estiman que las remuneraciones del organismo científico registran una pérdida cercana al 41% respecto de noviembre de 2023, mientras que los trabajadores comprendidos por el Sistema Nacional de Empleo Público también acumulan un pronunciado deterioro real desde el comienzo de la actual administración.

Para los sindicatos estatales, el fenómeno representa un cambio de metodología. La denominada «motosierra», identificada con los despidos y el cierre de organismos, comienza a convivir con una «licuadora» que erosiona los ingresos hasta convertir la continuidad laboral en una opción cada vez menos sostenible. El resultado, afirman, es una reducción de personal menos visible pero igualmente efectiva.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) es otro caso del panorama actual. La segunda etapa del programa de retiros voluntarios sumó centenares de postulantes y profundizó la pérdida de recursos humanos altamente especializados. A las bajas registradas durante el primer proceso se agregan nuevas desvinculaciones que, según denuncian los representantes gremiales, comprometen seriamente la capacidad técnica y territorial del principal organismo de investigación agropecuaria del país.

En este aspecto, la política de retiros voluntarios comenzó a extenderse hacia otros organismos nacionales. La Administración de Parques Nacionales oficializó recientemente un esquema destinado a facilitar desvinculaciones de personal, dentro del programa de reducción de estructuras impulsado por el Gobierno.

Las consecuencias ya trascienden el plano laboral. Diversas dependencias muestran dificultades para sostener servicios esenciales debido a la disminución de personal experimentado. El Servicio Meteorológico Nacional aparece entre los casos más representativos. Tras sucesivas rondas de despidos y contratos no renovados, especialistas advierten que la reducción de equipos técnicos avanza mucho más rápido que las inversiones anunciadas para modernizar el organismo mediante nuevas tecnologías.

La preocupación también alcanza al sistema aeronáutico. Trabajadores de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) alertaron que el debilitamiento de áreas críticas comienza a reflejarse en la capacidad operativa de los aeropuertos. La reciente respuesta ante una amenaza de bomba en el aeropuerto de Corrientes volvió a poner bajo discusión el funcionamiento del Servicio de Salvamento y Extinción de Incendios, considerado una pieza central para garantizar la seguridad operacional.

Mientras el Gobierno defiende la reducción del gasto público como eje de su programa económico, los sindicatos sostienen que la pérdida de trabajadores ya no constituye solamente un conflicto laboral. Advierten que la combinación entre salarios depreciados, retiros voluntarios y falta de reemplazos comienza a erosionar el capital técnico acumulado durante décadas y compromete el funcionamiento de organismos que cumplen funciones claves para el desarrollo productivo, científico y la prestación de servicios esenciales del Estado.

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Aceiteros rompió el límite impuesto por el Gobierno y elevó el salario inicial a $2,7 millones

Tras semanas de conflicto, huelgas y negociaciones al borde de un nuevo paro nacional, la Federación Aceitera y el SOEA San Lorenzo impusieron una recomposición que supera la pauta oficial. El acuerdo con las principales cámaras agroexportadoras incorpora aumentos escalonados, pagos retroactivos y vuelve a instalar el debate sobre el salario como herramienta para preservar el poder adquisitivo frente al proceso inflacionario y las reformas laborales impulsadas por la Casa Rosada.

La paritaria del complejo agroexportador terminó convirtiéndose en mucho más que una discusión salarial. Después de más de un mes de confrontación, con medidas de fuerza, conciliación obligatoria y audiencias que se prolongaron hasta la madrugada, la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial Oleaginoso, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina (FTCIODyARA) y el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros (SOEA) de San Lorenzo lograron quebrar la estrategia empresaria de limitar las actualizaciones a la evolución del índice de inflación y alcanzaron una recomposición que vuelve a ubicar a la actividad entre las mejores remuneradas del país.

El entendimiento, suscripto con la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA), la Cámara de la Industria de Aceites Vegetales y Aditivos (CIAVEC) y la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO), establece un nuevo piso salarial para la categoría inicial de peón de $2.578.400 desde el 1 de julio, mientras que a partir del 1 de septiembre ascenderá a $2.719.040. A ese esquema se suma una compensación retroactiva correspondiente a mayo y junio, que será liquidada junto con los haberes del sexto mes del año.

La magnitud del resultado trasciende las cifras. En un contexto donde el Gobierno nacional procura contener las negociaciones colectivas dentro de parámetros compatibles con su política de desaceleración inflacionaria, la paritaria aceitera terminó consolidándose como uno de los pocos acuerdos capaces de perforar ese límite y modificar sustancialmente el ingreso real de los trabajadores del sector.

Una pulseada que mantuvo en vilo al principal complejo exportador

La negociación fue llevada a una escalada progresiva de confrontación al límite. La huelga nacional iniciada el 27 de mayo, la conciliación obligatoria, las prórrogas dispuestas por la Secretaría de Trabajo y las audiencias sin avances concretos mantuvieron bajo presión al principal complejo agroindustrial generador de divisas de la Argentina.

La disputa se concentró en dos modelos antagónicos para determinar los incrementos salariales. Las cámaras empresarias procuraban atar las actualizaciones al Índice de Precios al Consumidor (IPC), siguiendo la lógica de las previsiones oficiales y del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) elaborado por el Banco Central. Los sindicatos, en cambio, rechazaron esa metodología al sostener que consolidaba la pérdida del poder adquisitivo y defendieron un esquema basado en el costo efectivo que demanda sostener un hogar trabajador.

Ese desacuerdo mantuvo paralizada la negociación durante semanas. Incluso cuando vencía la conciliación obligatoria, la posibilidad de una nueva paralización total de las terminales portuarias aparecía como un escenario prácticamente inevitable.

La audiencia decisiva comenzó el jueves por la mañana y se extendió durante doce horas consecutivas. Recién cerca de las dos de la madrugada del viernes, sin consenso definitivo, las autoridades laborales dispusieron un cuarto intermedio hasta este lunes para evitar una inmediata reanudación de la huelga.

Durante ese lapso, los gremios suspendieron las medidas de fuerza como gesto hacia la continuidad del diálogo, aunque dejaron en claro que regresarían con mandato de asamblea para retomar el plan de lucha si las empresas insistían en mantener la pauta inflacionaria como único criterio de actualización.

El salario como eje del debate sindical

Lejos de presentar el acuerdo exclusivamente como un incremento económico, las organizaciones sindicales buscaron darle una dimensión institucional y constitucional al resultado alcanzado.

En el documento difundido tras la firma del convenio, sostuvieron que toda la negociación estuvo respaldada por el principio del Salario Mínimo, Vital y Móvil previsto en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional y en el artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo.

Bajo ese criterio, remarcaron que la remuneración debe garantizar el acceso efectivo a alimentación adecuada, vivienda, educación, salud, transporte, vestimenta, recreación, vacaciones y previsión social, rechazando la idea de que el salario quede subordinado exclusivamente a variables macroeconómicas o financieras.

La reforma laboral volvió a ocupar el centro de la escena

El comunicado conjunto también inscribió la negociación dentro del clima político que atraviesa el movimiento obrero.

Los sindicatos advirtieron que el acuerdo fue alcanzado en medio de un proceso de confrontación con el Gobierno nacional y cuestionaron las modificaciones laborales impulsadas por la administración de Javier Milei, al considerar que representan un retroceso sobre derechos históricos y restringen el ejercicio constitucional de la huelga.

Asimismo, denunciaron la existencia de campañas destinadas a desacreditar las demandas sindicales y defendieron la legitimidad del conflicto que precedió al acuerdo.

Para la conducción aceitera, la contundencia de la huelga nacional realizada el 27 de mayo constituyó el elemento determinante que modificó la relación de fuerzas durante la negociación y terminó abriendo el camino hacia un entendimiento más favorable para los trabajadores.

La experiencia deja además una señal de alcance nacional. Mientras buena parte de las negociaciones colectivas continúan condicionadas por la estrategia oficial de moderación salarial, el convenio alcanzado por los aceiteros vuelve a colocar sobre la mesa una discusión de fondo: hasta dónde pueden las paritarias preservar el poder adquisitivo frente a la inflación y cuál será el margen de acción del sindicalismo en un cuadro marcado por la ofensiva gubernamental sobre las relaciones laborales. Más allá de los porcentajes pactados, la pulseada del complejo agroexportador se convirtió en uno de los precedentes sindicales más relevantes del año.

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Orrego apuesta a Santilli y busca afianzar el vínculo de San Juan con la Casa Rosada


El gobernador sanjuanino expresó un contundente respaldo a Diego Santilli tras su designación como jefe de Gabinete de la Nación, confirmó que asistirá a su jura en la Casa Rosada y sostuvo que el recambio en el principal órgano de coordinación política del Gobierno puede traducirse en una relación más dinámica entre la administración nacional y las provincias.

La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete no solo reconfigura el equilibrio interno del Gobierno de Javier Milei tras la salida de Manuel Adorni, sino que también comienza a redefinir el vínculo entre la Casa Rosada y los gobernadores. En ese nuevo tablero político, Marcelo Orrego fue uno de los primeros mandatarios provinciales en exteriorizar un respaldo explícito al flamante funcionario y en destacar el potencial impacto que su designación podría tener para la gestión federal.

El mandatario sanjuanino confirmó que este martes viajará a Buenos Aires para participar de la ceremonia de asunción que encabezará el Presidente en el Salón Blanco de la Casa Rosada, un gesto político que acompaña las expresiones de apoyo difundidas en las últimas horas tanto en redes sociales como durante una rueda de prensa.

Más que una felicitación protocolar, Orrego buscó transmitir un mensaje de confianza sustentado en una relación construida durante los años en que ambos compartieron bancas en la Cámara de Diputados. Esa experiencia, afirmó, permitió consolidar un vínculo institucional y personal que hoy puede facilitar la articulación entre San Juan y el Gobierno nacional.

«Es un dirigente que sabe construir acuerdos, resolver diferencias y generar consensos. Lo conozco desde hace muchos años y confío plenamente en su capacidad para desempeñar una responsabilidad de esta magnitud», sostuvo el gobernador.

Uno de los conceptos que atravesó todo su mensaje fue la necesidad de que la nueva conducción de la Jefatura de Gabinete preserve una visión federal en la toma de decisiones. Para Orrego, ese atributo será determinante en una etapa donde las provincias buscan mantener abiertas las instancias de diálogo con la Nación para garantizar el avance de obras, programas y proyectos estratégicos.

El mandatario también destacó el perfil político del nuevo jefe de Gabinete al definirlo como un dirigente con experiencia de gestión, capacidad para conducir equipos y vocación por el consenso, condiciones que —a su entender— serán decisivas para encabezar el área encargada de coordinar el funcionamiento del gabinete nacional y la relación institucional con las provincias.

«La mirada federal es indispensable para una Argentina con realidades muy diversas. Confío en que esa impronta se reflejará también en las decisiones que involucren a San Juan», remarcó.

En un contexto político atravesado por la reorganización del gabinete nacional, el posicionamiento del gobernador sanjuanino adquiere una lectura que excede el plano personal. Su respaldo al nuevo jefe de Gabinete refleja la expectativa de numerosas provincias de preservar canales de negociación con la Casa Rosada y garantizar continuidad en la gestión de iniciativas estratégicas, en un presente donde la articulación entre Nación y los gobiernos provinciales vuelve a ocupar un lugar central en la agenda política.

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