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El Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA) y la cámara empresaria de la actividad convinieron ayer en el Ministerio de Trabajo un aumento salarial trimestral del 34%, informaron fuentes gremiales y oficiales.

El acuerdo de recomposición fue firmado en el contexto de la revisión de las negociaciones paritarias de forma oportuna acordada, por lo que los trabajadores de la actividad percibirán un 34% de mejora entre agosto y octubre.

De esa forma, el personal nucleado en la organización sindical que conduce Rodolfo Daer cobrará un aumento salarial del 11% este mes, otro 11 en septiembre y 12% en octubre próximo sobre la base de los haberes vigentes en abril último, informó oficialmente un comunicado de la cartera laboral.

Los tramos de recomposición para el trimestre acordados hoy en la cartera laboral que encabeza la ministra Raquel Olmos se incorporarán al salario en noviembre.

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Un informe reveló el deterioro social de la agricultura familiar en distintas provincias

Un relevamiento privado expuso el fuerte deterioro económico y social que atraviesan miles de familias rurales en la Argentina. Pese a sostener parte del abastecimiento alimentario y las economías regionales, la mayoría de los hogares campesinos enfrenta pobreza, sobrecarga laboral y dificultades crecientes para continuar produciendo.

Mientras buena parte del debate público sobre el agro argentino gira alrededor de exportaciones, divisas y grandes complejos productivos, otra realidad avanza lejos de los indicadores de rentabilidad y los discursos oficiales. En vastas regiones rurales del país, quienes producen alimentos sobreviven en condiciones de marcada fragilidad económica, con ingresos insuficientes, jornadas agotadoras y una capacidad cada vez más limitada para sostener la actividad.

Un estudio privado elaborado a partir de relevamientos territoriales en Misiones, Jujuy, Córdoba, Mendoza y Neuquén reveló que cerca del 70% de los hogares campesinos se encuentra por debajo de la línea de pobreza. El trabajo retrata la situación de familias vinculadas a la agricultura familiar, producción agroecológica y circuitos locales de comercialización.

El docuemnto advierte que más del 79% de los hogares rurales desarrolla producción primaria diversificada y participa de ferias, ventas directas o redes comunitarias. Sin embargo, la mayoría no logra generar ingresos suficientes para cubrir una canasta básica y depende, en gran medida, del autoconsumo para garantizar alimentación cotidiana.

La investigación vuelve a exponer una de las contradicciones más profundas del sistema productivo argentino: una parte importante de quienes abastecen de alimentos frescos a mercados locales y regionales permanece atrapada en condiciones económicas extremadamente precarias.

Aunque siete de cada diez familias comercializan al menos una parte de lo que producen, el esfuerzo cotidiano no alcanza para consolidar estabilidad económica ni mejorar condiciones materiales de vida. La reducción de márgenes de rentabilidad, el aumento de costos y la limitada capacidad de inversión profundizaron durante los últimos años la vulnerabilidad de pequeños productores rurales.

A esa realidad se suma el impacto cada vez más visible de la crisis climática sobre las economías campesinas. Sequías prolongadas, olas de calor, incendios y tormentas severas comenzaron a alterar de manera directa los ciclos productivos y la sostenibilidad de numerosas explotaciones familiares.

El reporte señala que el 78,7% de los hogares rurales atravesó episodios de sequía en los últimos años y que más del 60% sufrió pérdidas económicas severas derivadas de fenómenos climáticos extremos. Como consecuencia, el 65,3% debió modificar sistemas de producción para intentar sostener la actividad.

La vulnerabilidad estructural del sector se vuelve todavía más visible en territorios con escasa infraestructura, dificultades de acceso al agua, conectividad limitada y menor presencia estatal. En esos escenarios, la continuidad productiva suele depender exclusivamente del esfuerzo familiar.

Uno de los aspectos más duros del relevamiento aparece vinculado a la situación de las mujeres rurales. La investigación impulsada por el Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra expone que numerosas trabajadoras campesinas e indígenas sostienen jornadas activas de entre 16 y 18 horas diarias.

Además, el 61,7% realiza simultáneamente tareas productivas, domésticas y de cuidado, configurando una dinámica de sobrecarga permanente que especialistas describen como “pobreza de tiempo estructural”.

Ese concepto refleja una realidad frecuente en hogares rurales: la ausencia de servicios, infraestructura y asistencia adecuada obliga a compensar carencias mediante más trabajo familiar, especialmente femenino. El resultado es una vida cotidiana atravesada por agotamiento físico, menor acceso a descanso y limitadas posibilidades de desarrollo personal o económico.

El deterioro social de la agricultura familiar también abre interrogantes sobre el futuro de las pequeñas producciones regionales y la continuidad de modelos agroalimentarios vinculados al abastecimiento local, la diversidad productiva y las economías de cercanía.

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Cuyo fortalece un modelo regional contra el delito

Tras el acuerdo firmado por los gobernadores Marcelo Orrego y Alfredo Cornejo, San Juan y Mendoza avanzaron en una política coordinada de seguridad que ya permitió recuperar vehículos robados, desbaratar organizaciones criminales y reforzar controles preventivos en corredores estratégicos. El esquema apunta a consolidar un modelo regional basado en inteligencia criminal, interoperabilidad tecnológica y presencia conjunta de fuerzas policiales.

La coordinación entre ambas provincias en materia de seguridad comenzó a exhibir sus primeros resultados concretos luego del acuerdo impulsado por los gobernadores Orrego y Cornejo para fortalecer controles integrados y profundizar el intercambio de información entre ambas territorios.

A una semana de la firma del pacto que estableció un esquema unificado de trabajo en el puesto de control de San Carlos, las fuerzas de seguridad de ambos distritos ya desplegaron operativos conjuntos, investigaciones coordinadas y procedimientos preventivos sobre corredores considerados estratégicos para el tránsito interprovincial y la circulación de organizaciones delictivas.

El modelo de cooperación busca responder a una problemática creciente en la región cuyana: la movilidad del delito entre provincias, especialmente en casos vinculados al robo automotor, comercialización ilegal de autopartes, narcotráfico y traslado clandestino de vehículos adulterados.

En ese sentido, las autoridades provinciales comenzaron a consolidar una estructura de intervención conjunta apoyada en controles simultáneos, intercambio de bases de datos y articulación entre áreas investigativas especializadas.

Los operativos se concentraron principalmente sobre Ruta Nacional 40 y distintos accesos limítrofes entre San Juan y Mendoza. Participaron divisiones especializadas de ambas policías, efectivos de Policía Vial, áreas de Drogas Ilegales, el Registro Único Provincial de Verificación Automotor y Autopartes (RUPVAA) y personal de Gendarmería Nacional.

El despliegue incluyó controles vehiculares, verificaciones biométricas, chequeos documentales y monitoreo preventivo orientado a detectar maniobras asociadas a delitos complejos.

Uno de los puntos neurálgicos del nuevo esquema de seguridad fue el control policial instalado en San Carlos, donde las fuerzas policiales comenzaron a operar de manera coordinada con intercambio permanente de información y supervisión conjunta de vehículos y personas.

La coordinación ya permitió avanzar en investigaciones de relevancia vinculadas al robo automotor. Uno de los procedimientos más importantes derivó en la identificación de una camioneta Ford Ranger Raptor sustraída, cuya numeración de chasis había sido adulterada para encubrir su origen ilícito.

El trabajo técnico realizado por especialistas sanjuaninos permitió reconstruir la identificación original del vehículo y aportar pruebas claves para el avance de la causa judicial.
La cooperación entre ambas jurisdicciones también posibilitó desarticular una organización dedicada al robo de vehículos en Mendoza que luego eran comercializados en San Juan mediante maniobras de adulteración y documentación irregular.

La investigación concluyó con más de veinte allanamientos simultáneos, detenciones y secuestros de vehículos y autopartes presuntamente vinculadas a la banda criminal.

Otro de los procedimientos destacados permitió recuperar en territorio sanjuanino un Toyota Etios robado en Mendoza. La localización del automóvil fue posible gracias al intercambio de información en tiempo real entre las áreas investigativas de ambas provincias.

Además, los controles preventivos desplegados sobre caminos alternativos y pasos secundarios permitieron detectar motocicletas y bicicletas robadas que eran trasladadas fuera de circuitos habituales para evitar controles policiales.

Detrás de estos resultados aparece uno de los ejes centrales del acuerdo político firmado entre Orrego y Cornejo: la interoperabilidad tecnológica y el trabajo regional coordinado frente a delitos que exceden las fronteras provinciales.

El nuevo esquema apunta a compartir información sensible sobre personas buscadas, vehículos con pedidos judiciales y movimientos sospechosos mediante sistemas integrados capaces de reducir tiempos de respuesta y optimizar recursos operativos.

La lógica de funcionamiento parte de un diagnóstico común entre ambas administraciones: las organizaciones criminales operan cada vez con mayor movilidad territorial y requieren respuestas coordinadas entre provincias para evitar vacíos operativos o superposición de competencias.

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El FreSU denunció una pérdida histórica del poder adquisitivo y exigió recomponer salarios

El Frente de Sindicatos Unidos aseguró que el Salario Mínimo, Vital y Móvil debería ubicarse cerca de los 2,9 millones de pesos para garantizar condiciones de vida acordes a lo establecido por la Constitución y la legislación laboral. El espacio sindical denunció una profunda pérdida del poder adquisitivo desde la llegada de Javier Milei al Gobierno y advirtió sobre el creciente deterioro social entre trabajadores públicos y privados.

El debate salarial volvió a ocupar el centro de la escena política y sindical luego de que el Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) difundiera un duro informe sobre el deterioro del poder adquisitivo en la Argentina y reclamara una actualización drástica del Salario Mínimo, Vital y Móvil.

Según el documento elaborado por el espacio gremial, un trabajador argentino necesitaría actualmente ingresos cercanos a los 2,9 millones de pesos mensuales para cubrir adecuadamente las necesidades básicas contempladas por la Constitución Nacional y la Ley de Contrato de Trabajo. La cifra, que supera ampliamente el salario mínimo vigente, fue presentada como una muestra de la profundidad de la crisis social que atraviesan amplios sectores asalariados.

Desde el FreSU sostuvieron que el ingreso mínimo legal quedó completamente desfasado respecto del costo real de vida y denunciaron que hoy representa apenas una fracción de lo necesario para garantizar condiciones dignas de subsistencia. El espacio sindical calificó al salario mínimo actual como “el más bajo de la historia argentina” y vinculó esa situación con la política económica aplicada desde el inicio de la gestión de Javier Milei.

La presentación del informe no fue un gesto aislado. Formó parte de una estrategia más amplia del sindicalismo combativo para reposicionar la discusión salarial en medio de un escenario signado por paritarias condicionadas, caída del consumo y creciente pérdida de capacidad adquisitiva.

El FreSU, integrado por alrededor de 140 organizaciones sindicales de distintas corrientes gremiales, sostiene que la pérdida acumulada de ingresos desde diciembre de 2023 ya alcanzó niveles históricos. Según sus estimaciones, los trabajadores argentinos resignaron más de 62 billones de pesos durante el actual período de gobierno.

La organización desagregó además el impacto sobre distintos sectores laborales. En el ámbito privado, calcularon que cada asalariado perdió en promedio más de 2,3 millones de pesos acumulados, mientras que entre trabajadores estatales la caída superó los 12,7 millones por persona.

El estudio expone una radiografía particularmente severa sobre la situación social de los asalariados formales, un segmento que históricamente funcionó como núcleo de estabilidad económica dentro del mercado interno argentino y que hoy aparece crecientemente afectado por el deterioro de ingresos y el endeudamiento doméstico.

“El salario ya no alcanza para cubrir necesidades elementales y muchas familias deben endeudarse para sostener gastos cotidianos”, señalaron desde el frente sindical al justificar la magnitud del reclamo.

Para establecer cuál debería ser el verdadero Salario Mínimo, Vital y Móvil, el FreSU tomó como referencia las nueve necesidades fundamentales contempladas en la legislación laboral argentina y en el artículo 14 bis de la Constitución Nacional.

Entre los componentes incluidos aparecen alimentación adecuada, vivienda digna, salud, educación, vestimenta, transporte, previsión social, recreación y vacaciones. Según el detalle difundido por la organización, sólo la cobertura alimentaria demandaría más de 648 mil pesos mensuales, mientras que el acceso a vivienda rondaría los 568 mil pesos.

A eso se suman gastos vinculados a salud, educación y movilidad, además de partidas destinadas al esparcimiento y al descanso anual, conceptos históricamente contemplados dentro de la definición jurídica de salario vital y móvil, aunque crecientemente inaccesibles para gran parte de los trabajadores.

El documento también buscó recuperar una discusión de fondo alrededor del sentido constitucional del salario. Para el FreSU, la política salarial actual desnaturaliza principios básicos establecidos tanto en la Constitución como en la Ley de Contrato de Trabajo, que definen al salario mínimo como una herramienta destinada a garantizar bienestar integral y no únicamente supervivencia básica.

La difusión del informe coincidió además con un momento de creciente reorganización dentro de sectores gremiales enfrentados al rumbo económico del Gobierno nacional. El pasado 1° de Mayo, el FreSU realizó su primer plenario nacional de delegados y delegadas, donde aprobó el programa “Unidad, Lucha y Rebeldía para Recuperar la Patria”.

Allí confluyen organizaciones de fuerte peso dentro del sindicalismo argentino, entre ellas la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) y la Federación de Trabajadores Aceiteros, además de numerosas estructuras sindicales regionales y sectoriales.

La aparición de este espacio refleja también un fenómeno más amplio dentro del universo gremial: el crecimiento de sectores que reclaman posturas más confrontativas frente al ajuste económico y cuestionan la moderación de parte de la dirigencia sindical tradicional.

Mientras el Gobierno insiste en que la desaceleración inflacionaria representa el principal indicador de estabilización económica, desde el sindicalismo combativo advierten que la caída de precios relativos no se traduce en recuperación del ingreso ni mejora concreta en las condiciones de vida.

El planteo del FreSU vuelve a poner sobre la mesa una discusión central para la economía argentina: cuánto debe ganar un trabajador para vivir dignamente en un país donde los salarios corren permanentemente detrás del costo de vida. La distancia entre los ingresos reales y las necesidades básicas aparece hoy como uno de los principales focos de conflictividad social, en una etapa donde el equilibrio macroeconómico convive con un profundo deterioro del poder adquisitivo y un aumento progresivo del mercado interno.

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