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El Ministerio de Trabajo de la Nación dictó la conciliación obligatoria por cinco días en el conflicto de los choferes de colectivos de corta y media distancia, que habían dispuesto un paro nacional de 24 horas para este viernes, por lo cual mañana esos servicios funcionarán normalmente.

De acuerdo con la medida, la cartera que conduce Raquel «Kelly» Olmos dispuso «dar por iniciado un período de conciliación obligatoria por el término de cinco (5) días hábiles (…) debiendo retrotraerse la situación a la existente con anterioridad al inicio del conflicto y por el plazo de duración del presente procedimiento conciliatorio». Además, la cartera de Estado citó a una reunión de las partes para el próximo martes 23.

La Unión Tranviarios Automotor (UTA), que conduce Roberto Fernández, había dispuesto un paro nacional de 24 horas de choferes de colectivos de corta y media distancia a partir de esta medianoche en reclamo de mejoras salariales. Trabajo indicó que ante la declaración de la huelga se debía «promover una solución pacífica y legal al conflicto planteado» y «otorgarse especial consideración al interés general como principio rector de las relaciones desarrolladas en la materia y por cuya protección esta administración debe velar».

El Ministerio recordó que «por imperio de lo establecido constitucionalmente a partir de la reforma del año 1994, los derechos colectivos del trabajo fundamentales y los de protección al conjunto de la comunidad deben ser interpretados armónicamente». También destacó que la conciliación obligatoria procura que las partes «lleguen a un acuerdo», así como «garantizar la paz social atendiendo a la necesidad pública de contrarrestar eventuales desbordes que pudieran suscitar las acciones de las partes».

La disposición de la Dirección Nacional de Relaciones y Regulaciones del Trabajo -que conduce Raúl Ferrara- dispuso en ese marco «intimar» a la UTA y a los trabajadores «a dejar sin efecto, durante el período indicado (…) toda medida de acción directa que estuviesen implementando y/o tuvieran previsto implementar, prestando servicios de manera normal y habitual».

A la vez, «intimar a las empresas de transporte que se desempeñan en el ámbito Región Metropolitana de Buenos Aires» involucradas en el conflicto «a abstenerse de tomar represalias de cualquier tipo con el personal representado por la organización sindical y/o con cualquier otra persona, en relación al diferendo aquí planteado, así como también a otorgar tareas en forma normal y habitual a su personal». En caso de que las partes no cumplan con lo prescripto se les aplicarán sanciones, tal como lo prevé la ley, se advirtió.

Tras exhortar a las empresas y a la UTA a «mantener la mejor predisposición y apertura para negociar», Trabajo ratificó una audiencia fijada para el martes 23 de mayo a las 13 mediante plataforma virtual, para evaluar el avance de las negociaciones y el acatamiento de lo ordenado».

La ministra Olmos había anticipado a Télam que ante el anuncio del paro se iba a dictar la conciliación «para garantizar el servicio de colectivos y que las trabajadoras y los trabajadores puedan trasladarse mañana como cualquier día normal».

El secretario de prensa de la UTA, Mario Calegari, había dicho que la huelga dependía de la declaración o no de la conciliación. La UTA informó en un comunicado que había resuelto un plan de lucha «en la búsqueda de la mejora de nuestros salarios». Y denunció que «las empresas niegan la posibilidad de aumento salarial, tanto en el AMBA (Área Metropolitana Buenos Aires) como en el interior del país».

«La medida de fuerza es empujada por quienes tienen la responsabilidad de solucionar la grave crisis en la que están poniendo al transporte, por todos los efectos «dañosos» que causan, afectando a los 10 millones de usuarios diarios del AMBA y 9 millones en el interior del país, poniendo seriamente en riesgo la seguridad pública», alertó el gremio.

«La posición es clara, los salarios de los trabajadores requieren un aumento urgente», enfatizó el sindicato

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La CGT redobla la ofensiva judicial contra la reforma laboral tras el fallo de Apelaciones

La Confederación General del Trabajo rechazó la decisión de la Cámara del Trabajo que restituyó la vigencia de artículos clave de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei y ratificó que continuará la ofensiva judicial con eje en la Constitución.

La disputa por la reforma laboral ingresó en una fase de mayor confrontación tras el fallo de la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo que dejó sin efecto la medida cautelar que suspendía más de 80 artículos de la ley. La resolución no sólo restituyó la vigencia de esos puntos, sino que reconfiguró el escenario jurídico en el que se libra uno de los conflictos más relevantes del presente ciclo político.

La reacción CGT fue inmediata. A través de su Consejo Directivo, la central obrera rechazó la decisión judicial y advirtió sobre sus consecuencias. En su lectura, el fallo habilita la aplicación de normas que afectan condiciones laborales, debilitan la protección de los trabajadores y alteran el equilibrio en las relaciones de trabajo.

El cuestionamiento no se limitó al contenido de la ley, sino que apuntó directamente al criterio adoptado por el tribunal. La CGT sostuvo que la resolución desconoce precedentes de la Corte Suprema que reconocen a los trabajadores como un sector de especial tutela. Desde esa perspectiva, el sindicato interpretó que la Cámara se apartó de principios que deberían orientar las decisiones en materia laboral.

El eje del planteo sindical se apoya en el carácter preventivo de la medida cautelar que había sido dictada en primera instancia. Para la central, esa herramienta tenía como finalidad evitar daños de difícil reparación mientras se analizaba la cuestión de fondo. Su levantamiento, sostienen, permite que la norma despliegue efectos antes de que exista una definición definitiva sobre su constitucionalidad.

En ese sentido, la Confederación General del Trabajo también invocó el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que consagra derechos fundamentales del trabajo, así como tratados internacionales con jerarquía constitucional. La referencia no es menor: busca trasladar la discusión desde el plano estrictamente legal hacia el terreno de las garantías fundamentales.

La reforma laboral impulsada por el Ejecutivo introduce modificaciones en aspectos sensibles del sistema: régimen de indemnizaciones, modalidades de contratación, condiciones de trabajo y organización sindical. Para el Gobierno, estos cambios apuntan a reducir la litigiosidad y promover la formalización del empleo. Para el movimiento obrero, en cambio, implican un retroceso en derechos consolidados.

El conflicto, lejos de cerrarse con esta resolución, se proyecta hacia nuevas instancias. La CGT confirmó que continuará la vía judicial con el objetivo de obtener un pronunciamiento de fondo que declare la invalidez de los artículos cuestionados. En simultaneo, no descarta profundizar acciones en otros planos, en un ámbito donde la disputa combina elementos jurídicos, políticos y sociales.

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Rutas en disputa: advierten que la transferencia a provincias debilita a Vialidad

La Federación del Personal de Vialidad Nacional cuestionó el alcance del Decreto que habilita a provincias a gestionar tramos de rutas nacionales. Advierten sobre un proceso progresivo de debilitamiento del organismo y la posible pérdida de puestos de trabajo.

La política de infraestructura vial volvió al centro de la escena tras la publicación del Decreto 253/2026, que otorga a nueve provincias a asumir tareas de mantenimiento sobre rutas nacionales que atraviesan sus territorios. La medida, presentada por el Gobierno como una herramienta de fortalecimiento del federalismo, abrió un frente de conflicto con trabajadores del sector, que interpretan la iniciativa como un repliegue de la capacidad operativa del Estado nacional.

Desde la Federación del Personal de Vialidad Nacional, la reacción fue contundente. La entidad se declaró en estado de alerta y movilización y advirtió que la transferencia de funciones podría afectar a cerca de mil trabajadores. El diagnóstico gremial es claro: sostienen que la delegación de tareas implica una pérdida progresiva de atribuciones para la Dirección Nacional de Vialidad, organismo histórico en la planificación y ejecución de la red vial.

El decreto, firmado por el presidente Javier Milei junto a miembros de su gabinete, establece que la cesión será de carácter temporal y revocable, sin alterar la titularidad nacional de las rutas. Las provincias involucradas —entre ellas Córdoba, Mendoza, Neuquén y San Juan— deberán suscribir convenios específicos, presentar planes de obra y definir esquemas de financiamiento, en muchos casos vinculados a concesiones con peaje.

Sin embargo, el eje del cuestionamiento sindical se sitúa en las consecuencias prácticas de la disposición. Para los trabajadores, el traspaso de tramos implica una reducción directa del campo de acción del organismo nacional. “Se pierde objeto de trabajo”, advirtieron desde el gremio, al tiempo que señalaron que la reasignación de funciones podría derivar en un proceso de desvinculaciones progresivas.

El análisis técnico elaborado por la federación profundiza esa lectura. Allí se sostiene que la iniciativa no elimina formalmente a Vialidad, pero reduce su rol a tareas de supervisión, debilitando su capacidad de ejecución y planificación. En ese aspecto, el organismo pasaría de ser un actor central en la política vial a una estructura con funciones limitadas.

Otro de los puntos críticos es el financiamiento del sistema. Según el gremio, una parte significativa de los tramos transferidos no cuenta con niveles de tránsito suficientes para sostener esquemas de concesión sin asistencia estatal. Esta situación podría derivar en obras postergadas o en un traslado de costos hacia los usuarios a través de peajes más elevados, con impacto en la logística y en los precios de bienes y servicios.

La dimensión laboral aparece como uno de los aspectos más sensibles. El decreto no contempla mecanismos específicos de protección para los trabajadores afectados, ni establece garantías de continuidad en caso de cambios en la gestión. En ese vacío normativo, el gremio advierte sobre un proceso gradual que podría derivar en reducción de planteles y pérdida de capacidades técnicas acumuladas durante años.

El trasfondo de la discusión remite a una redefinición del rol del Estado en áreas estratégicas. Mientras el Gobierno plantea la necesidad de optimizar recursos y promover esquemas más flexibles de gestión, los trabajadores señalan que la fragmentación de funciones puede comprometer la coherencia del sistema vial y su capacidad de respuesta ante emergencias o necesidades de largo plazo.

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El Gobierno frena el paro en el Servicio Meteorológico y crece la confrontación

La Asociación de Trabajadores del Estado suspendió la protesta en el Servicio Meteorológico Nacional tras la intervención del Gobierno, que declaró la actividad como esencial. El gremio acató para evitar sanciones, pero cuestionó la legalidad de la decisión y anticipó nuevas acciones.

El conflicto en el Servicio Meteorológico Nacional sumó un nuevo episodio tras la suspensión del paro previsto para este viernes 24 de abril. La decisión de la Asociación de Trabajadores del Estado respondió a la resolución del Gobierno nacional, que declaró ilegal la medida de fuerza mediante el Decreto 274/26 al considerar que el organismo cumple funciones esenciales vinculadas a la seguridad aérea.

La conducción sindical resolvió acatar la disposición para evitar sanciones, aunque dejó en claro su rechazo a los fundamentos oficiales. El secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, sostuvo que la Secretaría de Trabajo excedió sus atribuciones al limitar el derecho de huelga en un sector que, según el gremio, no se encuentra formalmente incluido dentro de los servicios esenciales establecidos por ley.

La presión jurídica se ubica en el centro de la disputa. Mientras el Ejecutivo argumenta que la provisión de información meteorológica resulta crítica para la navegación aérea y, por lo tanto, no puede ser interrumpida, el sindicato advierte que esa interpretación constituye una ampliación discrecional de las restricciones al derecho constitucional de protesta.

La medida sindical original contemplaba un “apagón informativo” durante las primeras horas del día, lo que habría implicado la suspensión de datos meteorológicos oficiales en un tramo de alta actividad aerocomercial. La posibilidad de afectar operaciones aéreas fue el argumento central del Gobierno para justificar su intervención.

Detrás de la disputa formal subyace un conflicto más profundo. La protesta se originó en la decisión oficial de avanzar con más de 140 despidos dentro del organismo, en un proceso que, según ATE, ya impacta en la operatividad del sistema. El gremio denunció el cierre de estaciones meteorológicas y advirtió sobre dificultades para sostener funciones clave, como la emisión de alertas tempranas y la cobertura nocturna.

Desde el Ejecutivo, en tanto, sostienen que la continuidad del servicio es prioritaria y que cualquier interrupción podría comprometer la seguridad operacional. La declaración de esencialidad se inscribe en una estrategia más amplia de control sobre conflictos en áreas consideradas sensibles, una línea que ha generado controversias en distintos sectores del Estado.

En este marco, la suspensión del paro no implica una resolución del conflicto, sino un cambio en su modalidad. La organización sindical convocó a una asamblea general para definir los próximos pasos, en la que se evaluará la posibilidad de profundizar el plan de lucha frente a lo que califican como un proceso de ajuste y debilitamiento institucional.

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