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El evento contó con la participación de diversas autoridades y representantes del ámbito universitario, político y sindical. Los temas abordados.

En la sede de la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN) se realizó la semana pasada el Congreso Nacional de Mujeres y Disidencias Sindicalistas, que contó con la participación de diversas autoridades y representantes del ámbito universitario, político y sindical.

El evento tuvo dos días de duración, y se desarrolló entre jueves y viernes. Luego de la bienvenida por parte de las autoridades del gremio docente, comenzaron las exposiciones y mesas de debate. 

En la primera se abordaron las «Políticas de diversidad sexo genéricas en el sindicalismo universitario», y fue moderada por Verónica Perelli (UBA – IIES – ADUBA) y  Zulema Beltrami (UBA – IIES – ADUBA). 

Más tarde, en la Mesa 2 se trataron «Políticas de la perspectiva de género y diversidad en el ámbito del sindicalismo argentino», con la moderación de Ana Capuano (UNRN – SINDURN) y Gloria Quevedo (UNCA – ADUNCA).

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Ley de Glaciares: entre el agua como derecho y la minería como promesa de desarrollo

La primera audiencia pública en Diputados expuso tensiones de fondo en torno a la reforma de la Ley de Glaciares impulsada por el Gobierno: cuestionamientos al proceso participativo, advertencias científicas y un debate que trasciende lo ambiental para instalarse en el terreno del empleo, el desarrollo y los derechos básicos.

La discusión por la reforma de la Ley de Glaciares ingresó en una fase decisiva con la primera audiencia pública realizada este miércoles en el anexo de la Cámara de Diputados. Lejos de consolidar consensos, la instancia evidenció un escenario de alta conflictividad política e institucional, atravesado por denuncias de restricción en la participación ciudadana y por un debate de fondo que enfrenta dos modelos de desarrollo.

El proyecto impulsado por el gobierno de Javier Milei, que ya cuenta con media sanción del Senado, propone modificar aspectos centrales de la normativa vigente. Entre los cambios más significativos, elimina la prohibición de actividades mineras en zonas periglaciales y transfiere a las provincias la potestad de definir qué áreas deben ser protegidas, desplazando el criterio técnico del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA).

La iniciativa, presentada oficialmente como un paso hacia el “ordenamiento normativo”, abre interrogantes sobre el equilibrio entre autonomía provincial, rigor científico y resguardo ambiental.

Sin embargo, el foco de la jornada no estuvo exclusivamente en el contenido del proyecto, sino en las condiciones bajo las cuales se desarrolló el debate. Apenas el 0,3% de los inscriptos pudo hacer uso de la palabra, en su mayoría en oposición a la reforma. Este dato activó una impugnación formal por parte de legisladores de distintos bloques, quienes sostienen que el esquema implementado vulnera principios constitucionales, así como normativas ambientales y acuerdos internacionales como el de Escazú, que garantizan la participación pública en decisiones de alto impacto.

En el plano argumental, el oficialismo sostiene que la flexibilización de la ley permitirá dinamizar la economía a través de inversiones millonarias y generación de empleo. Según estimaciones del sector empresarial, la apertura de nuevas áreas podría atraer hasta 33.000 millones de dólares hacia 2032 y crear cientos de miles de puestos de trabajo. No obstante, estas proyecciones son puestas en duda por antecedentes concretos de la actividad minera en el país.

Durante la audiencia, diversas exposiciones recuperaron el caso de Bajo La Alumbrera como ejemplo de los límites del modelo extractivo: explotación intensiva, bajo valor agregado local, escasa generación de empleo sostenido y fuertes pasivos ambientales al cierre de los yacimientos. La minería metalífera, caracterizada por su alta inversión de capital y baja demanda de mano de obra, aparece así en conlficto con actividades como la agricultura, la ganadería y el turismo, que dependen de recursos hídricos estables y generan ocupación a largo plazo.

Es precisamente el agua el eje que articula las principales preocupaciones. Más del 36% del territorio continental argentino depende de cuencas alimentadas por el deshielo glaciar, lo que convierte a estos ecosistemas en una pieza estratégica no solo para el consumo humano, sino también para la sostenibilidad de economías regionales enteras. Provincias como Mendoza, San Juan y Neuquén basan buena parte de su producción en sistemas de riego que podrían verse comprometidos ante cualquier alteración significativa de las reservas hídricas.

La discusión se inscribe, además, en un contexto internacional marcado por la creciente escasez de agua. Un reciente informe de la Universidad de las Naciones Unidas advirtió sobre una “quiebra hídrica global”, señalando el agotamiento irreversible de acuíferos en distintas regiones del planeta. En esa línea, organismos internacionales ya expresaron preocupación por el rumbo de la reforma argentina, alertando sobre posibles vulneraciones al derecho humano al acceso al agua.

A este escenario se suma otro dato relevante: un relevamiento de la Universidad de Zurich identificó decenas de emprendimientos mineros actualmente en infracción con la ley vigente, emplazados en zonas de hielo. Para sectores críticos, la reforma no solo implicaría una flexibilización normativa hacia adelante, sino también una suerte de regularización retroactiva de actividades hoy cuestionadas, lo que tensiona aún más la legitimidad del proceso.

Desde el movimiento sindical y las organizaciones territoriales, la discusión adquiere una dimensión adicional. La reforma de la Ley de Glaciares es leída como parte de un paquete más amplio de políticas orientadas a reducir costos productivos y ampliar márgenes de rentabilidad para grandes capitales, paralelamente con cambios en la legislación laboral. En esa interpretación, ambiente y trabajo no son dimensiones separadas, sino variables interdependientes en la disputa por el modelo económico.

La reforma de la Ley de Glaciares expone una de las discusiones más complejas de la agenda pública actual: cómo compatibilizar la necesidad de crecimiento económico con la preservación de recursos estratégicos y derechos esenciales. El debate no se agota en la dicotomía entre minería y ambiente, sino que interpela la calidad institucional, la transparencia en la toma de decisiones y el tipo de desarrollo que se proyecta a largo plazo.

La audiencia pública, lejos de saldar diferencias, dejó al descubierto una fractura profunda entre los argumentos oficiales y las advertencias de amplios sectores sociales, científicos y productivos. Bajo estas circunstancias, el futuro de la ley no solo dependerá de mayorías legislativas, sino también de la capacidad del sistema político para procesar demandas, garantizar participación genuina y sostener un equilibrio que, en última instancia, definirá el acceso al agua y las condiciones de vida de las próximas generaciones.

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Los salarios registrados vuelven a perder contra la inflación: sexto mes consecutivo de caída

El arranque de 2026 ratificó una tendencia que se viene profundizando en los últimos meses: los salarios registrados continúan corriendo por detrás de la inflación. De acuerdo con el informe difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el índice salarial del segmento formal aumentó 2,5% en enero respecto de diciembre, ubicándose por debajo del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que registró un alza del 2,9% en el mismo período.

La evolución dispar entre los distintos segmentos del mercado laboral vuelve a evidenciar problemas estructurales. Mientras el sector privado registrado replicó el promedio general con una suba del 2,5%, el sector público mostró un incremento aún más moderado, de apenas 1,8%. En contraposición, el sector privado no registrado encabezó las mejoras con un incremento del 4,4% mensual, aunque este dato presenta un rezago estadístico de cinco meses, reflejando en realidad la dinámica de agosto de 2025.

Este desfase metodológico introduce matices en la lectura de los datos: si bien los ingresos informales aparecen como los únicos que logran superar la inflación en el mes, su comportamiento no responde a la coyuntura inmediata. En cambio, los salarios formales —que impactan directamente en el consumo actual— muestran un deterioro persistente en términos reales.

En la comparación interanual, la tendencia también resulta desfavorable. El índice general de salarios registrados exhibió un incremento del 30%, por debajo del 32,4% acumulado por el IPC. Dentro de este universo, el sector privado registrado avanzó 28,5%, mientras que el sector público alcanzó el 30%, confirmando la pérdida de poder adquisitivo en ambos segmentos.

Por su parte, los trabajadores informales registraron una suba interanual del 80,6%, aunque nuevamente este dato debe relativizarse por el rezago estadístico, dado que se compara con una inflación del 33,6% correspondiente a agosto del año pasado.

Al interior del sector público, el movimiento también fue heterogéneo. El subsector nacional mostró un alza mensual del 2,0%, mientras que el nivel provincial avanzó 1,7%. En términos interanuales, las diferencias se amplían: los salarios nacionales crecieron 22,4%, muy por debajo de la inflación, mientras que los provinciales alcanzaron un 33,4%, en línea —aunque apenas— con la evolución de los precios.

El comportamiento de los salarios en el inicio del año expone una problemática persistente: la dificultad de los ingresos formales para acompañar el ritmo inflacionario. A diferencia de otros períodos donde las paritarias permitían recomponer parcialmente el poder adquisitivo, el escenario actual muestra una proyección más restrictiva, con ajustes salariales que no logran cerrar la brecha frente al aumento del costo de vida.

El impacto es directo sobre el consumo, particularmente en rubros sensibles como alimentos, que volvieron a liderar las subas en enero. Esta combinación —salarios congelados y precios en alza— erosiona la capacidad de compra de los hogares y condiciona la recuperación del mercado interno.

Asimismo, la aparente mejora de los ingresos informales no alcanza a compensar el deterioro general, no solo por su retraso estadístico, sino también por la precariedad estructural que caracteriza a ese segmento, donde los ingresos suelen ser más volátiles y carecen de mecanismos de protección.

Los datos de enero consolidan inestabilidad e inconsistencia para los ingresos formales en Argentina. Con sueldos que vuelven a quedar por debajo de la inflación y sin señales claras de recomposición inmediata, el poder adquisitivo continúa deteriorándose, afectando tanto a trabajadores del sector privado como del ámbito público.

En este aspecto, la evolución de las paritarias y la inercia de precios en los próximos meses serán determinantes para definir si esta tendencia logra revertirse o si, por el contrario, se profundiza un ciclo de pérdida sostenida del ingreso real.

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La CGT avanza con un observatorio propio y busca disputar el relato sobre la inflación

La CGT anunció la creación de un observatorio de estadísticas socioeconómicas que elaborará indicadores propios sobre inflación, empleo y costo de vida. Con respaldo técnico de la Universidad de Buenos Aires, la iniciativa busca ganar peso en paritarias y cuestionar las cifras oficiales en un clima de creciente conflictividad laboral.

En medio de una disputa abierta por el rumbo económico y el alcance de la reforma laboral, la Confederación General del Trabajo (CGT) decidió avanzar en una estrategia que combina técnica y política: la creación de un observatorio propio de estadísticas socioeconómicas. La iniciativa apunta a elaborar mediciones alternativas que reflejen —según la central— el impacto real de la inflación y el deterioro del poder adquisitivo sobre los trabajadores.

El proyecto, que será presentado en las próximas semanas, contempla la construcción de un índice de inflación propio, junto con informes periódicos sobre empleo, salarios y costo de la canasta básica. La intención es clara: contar con herramientas que permitan disputar la interpretación de la realidad económica frente a los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), cuya credibilidad es cuestionada por distintos sectores sindicales.

Para dotar de solidez metodológica a la iniciativa, la CGT sellará un acuerdo con la Universidad de Buenos Aires (UBA), específicamente con equipos técnicos de la Facultad de Ciencias Económicas. Este respaldo académico busca garantizar rigurosidad en la elaboración de los indicadores y evitar que las mediciones sean desestimadas como posicionamientos meramente políticos. Los informes se publicarán mensualmente y estarán orientados a captar la evolución de variables sensibles de la economía cotidiana.

El esquema de trabajo se organizará en torno a tres ejes principales: una medición alternativa de la inflación, un monitoreo del empleo y los despidos, y un relevamiento del costo de la canasta básica desde una perspectiva sindical. Estos datos no solo pretenden ofrecer una lectura distinta de la coyuntura, sino también convertirse en insumos clave para la negociación salarial en las próximas paritarias.

El trasfondo de esta decisión remite a un momento de redefinición estratégica del sindicalismo. Luego de resultados adversos en el plano judicial —como el rechazo en primera instancia a la cautelar contra la reforma laboral—, la central busca recuperar iniciativa en el terreno económico y político. En ese contexto, la producción de estadísticas propias aparece como un instrumento para fortalecer su capacidad de intervención.

La iniciativa también se inscribe en un escenario de creciente dificultad en torno a la pauta salarial. El Gobierno ha planteado la intención de no homologar acuerdos que superen el 2% mensual, en un momento en el que, incluso según cifras oficiales, la inflación reciente se ubica por encima de ese umbral. Para los gremios, aceptar ese límite sin cuestionarlo implicaría profundizar la pérdida de poder adquisitivo acumulada en los últimos meses.

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