La CTA solicitó recomposición salarial
El titular de la entidad, Hugo Yasky, sostuvo que “es necesario inyectar recursos a través de aumentos a cuenta de paritarias”.
La Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) presentó un documento en el que plantea seis medidas concretas para fomentar la reactivación de la economía e inyectar recursos fomentar fundamentalmente la recuperación de las pequeñas empresas y cooperativas.
La organización sindical sostuvo que la crisis generada por el Covid-19 complicó el escenario económico y social y remarcó que “el combate sanitario y las medidas para sostener los ingresos en medio de una economía paralizada se fue todo el primer año de gobierno”, destacaron.
Asimismo, la entidad valoró el trabajo de los Gobiernos nacional y provincial y el esfuerzo para “lograr evitar que el sistema de salud colapsara ante un crecimiento exponencial de contagios”.
Pero más allá del avance de la vacunación, con más de 20 millones de dosis en el país y el trabajo en el cuidado de la salud, lo cual tiene una importancia central para el país, la CTA remarcó que eso “no resuelve el otro grave problema: la caída del poder adquisitivo”.
Ante este panorama, la organización conducida por Hugo Yasky propuso seis medidas para inyectar la economía y recuperar el funcionamiento y producción de pymes y cooperativas fundamentalmente.
Cuáles son las medidas propuestas por la CTA
Recomposición salarial de emergencia: Aumento general de salarios a cuenta de paritarias por montos de entre $5.000 y $7.000 en una o dos cuotas.
Plan de Empleo: Utilizar todos los recursos disponibles para una reactivación profunda, sostenida y vertical de la inversión en emprendimientos de obra pública a través de la construcción de viviendas, redes cloacales y reforestación para mejorar las condiciones del medio ambiente, con mano de obra pyme y cooperativista.
Salario Mínimo Vital y Móvil: Se solicita el adelanto del 35% de aumento acordado con el Consejo del SMVM para antes de septiembre, y allí aplicar la cláusula de revisión.
Jubilados y pensionados: Beneficio con un incremento de emergencia de forma proporcional al de los trabajadores activos.
Formación Profesional: Ampliar la oferta de formación profesional para que pueda llegar a más jóvenes que estén dentro o fuera del sistema educativo formal.
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San Juan inaugura su primer supermercado 24 horas y redefine los hábitos de consumo
La cadena Carrefour pone en marcha en San Juan el primer supermercado con atención las 24 horas. La iniciativa, que comienza como prueba piloto, busca responder a nuevas demandas de consumo y abre interrogantes en el plano laboral.
A partir de este viernes 10 de abril, el supermercado comenzará a operar bajo la modalidad 24 horas en su sucursal de Capital, en lo que representa una experiencia inédita para el mercado local.
La propuesta apunta a ampliar la disponibilidad de servicios en un rubro históricamente sujeto a horarios limitados. La empresa busca captar a un público diverso que incluye trabajadores con turnos nocturnos —como personal de salud, seguridad y transporte—, así como consumidores que priorizan realizar sus compras en franjas de menor circulación.
El lanzamiento se inscribe dentro de una estrategia más amplia de consolidación de la firma en el país, con iniciativas orientadas a modernizar su esquema operativo y adaptarse a nuevos hábitos urbanos. En este caso, la apuesta combina innovación comercial con una lectura de las transformaciones en los patrones de consumo.
Funcionamiento del servicio nocturno
Durante la madrugada, el establecimiento mantendrá habilitada la mayor parte de sus góndolas, con especial énfasis en productos esenciales. Los clientes podrán acceder a artículos de almacén, frescos, limpieza y perfumería, garantizando abastecimiento continuo ante cualquier necesidad.
El esquema contempla algunas restricciones específicas. La venta de bebidas alcohólicas estará prohibida en cumplimiento de la normativa vigente, mientras que se reforzará la oferta de comidas listas para consumir, orientada especialmente a quienes desarrollan actividades laborales en horario nocturno.
En cuanto a la operatoria interna, se prevé la presencia de personal en cajas y tareas de reposición, con el objetivo de sostener la calidad del servicio y las condiciones de seguridad dentro del local.
Impacto laboral y seguimiento gremial
La implementación de este formato generó atención en el ámbito sindical. Desde el Sindicato de Empleados de Comercio (SEC) de San Juan adelantaron que realizarán un monitoreo permanente para asegurar el cumplimiento de las condiciones laborales establecidas en el convenio colectivo.
La secretaria general del gremio, Mirna Moral, remarcó que el trabajo nocturno implica adicionales salariales específicos y exige una organización adecuada de los turnos, con jornadas que no superen los límites legales. Además, subrayó la necesidad de resguardar la salud de los empleados frente a un régimen que modifica los ritmos habituales de trabajo.
En ese sentido, el sindicato buscará abrir instancias de diálogo con la empresa para definir con precisión la implementación operativa y evitar eventuales conflictos.
La incorporación de un supermercado con atención permanente introduce un cambio relevante en la vida cotidiana de San Juan y marca un precedente en el comercio regional. La iniciativa pone a prueba la capacidad del mercado local para adaptarse a esquemas más flexibles, habituales en grandes centros urbanos.
El resultado de esta experiencia será clave para determinar su continuidad y eventual expansión. Mientras tanto, la evolución de la demanda y el equilibrio entre innovación y condiciones laborales definirán el alcance de un modelo que comienza a abrirse paso en la provincia.
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Paritarias de Comercio: suba del 5%, suma fija y un salario que corre detrás de la inflación
La FAECyS selló un nuevo acuerdo salarial con las cámaras empresarias: un incremento del 5% en tres tramos y un bono de $120.000. En un clima de inflación persistente, el esquema refleja la presión entre la recomposición del ingreso y la sostenibilidad de las empresas.
En una negociación atravesada por las restricciones macroeconómicas y la necesidad de sostener la actividad, la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios, (FAECyS) – acordó con la Cámara Argentina de Comercio, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa y la Unión de Entidades Comerciales una actualización salarial para el trimestre abril-junio de 2026.
El entendimiento establece un incremento total del 5%, distribuido en tres tramos mensuales —2% en abril, 1,5% en mayo y 1,5% en junio— junto con el pago de un bono extraordinario de $120.000 que alcanzará a todas las categorías del convenio colectivo.
La arquitectura del acuerdo no es novedosa: replica el esquema de aumentos fragmentados y sumas fijas que viene predominando en las paritarias del sector desde 2025, cuando se implementaron incrementos escalonados y bonos no remunerativos como mecanismo para amortiguar el impacto inflacionario sin trasladar plenamente los costos a las estructuras empresariales . Esta modalidad, si bien aporta previsibilidad en el corto plazo, también expone una limitación estructural: la dificultad de recomponer el salario real de manera sostenida.
En este marco, el entendimiento incorpora una cláusula de monitoreo permanente que habilita la revisión de las condiciones salariales en función de la evolución de los precios. Se trata de una herramienta que se volvió habitual en las negociaciones recientes, en un ámbito donde la nominalidad pierde rápidamente vigencia frente a la inercia inflacionaria.
El incremento luce acotado frente a una subida de costos que, aunque desacelerada respecto de picos anteriores, continúa erosionando el poder adquisitivo. Por otro, las empresas —especialmente las de menor escala— enfrentan márgenes estrechos y caída del consumo, lo que limita su capacidad para absorber aumentos más agresivos.
La paritaria mercantil, la más numerosa del país, vuelve así a funcionar como un termómetro de la economía real. En ella confluyen las urgencias de más de un millón de trabajadores con las restricciones de un sector clave para la actividad interna. En ese cruce, el resultado suele ser una solución intermedia: acuerdos moderados, pagos complementarios y revisiones periódicas.
El nuevo entendimiento salarial de Comercio sintetiza el delicado equilibrio que domina la negociación colectiva en la Argentina actual. Lejos de una recomposición plena, el acuerdo busca administrar presiones: contener la pérdida del ingreso sin comprometer la viabilidad de las empresas.
La combinación de aumentos graduales, bonos extraordinarios y cláusulas de seguimiento configura una estrategia defensiva más que expansiva. En ese marco, el verdadero alcance del acuerdo no dependerá tanto de su letra como de la evolución de la inflación en los próximos meses. Allí, una vez más, se jugará el destino del poder adquisitivo de uno de los sectores laborales más extendidos del país.
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Entre el agua y el desarrollo: ASIJEMIN pide control ambiental, ley moderna y centralidad del trabajo
En el inicio del debate parlamentario por la Ley de Glaciares, el sindicato que nuclea a los cuadros jerárquicos del sector minero fijó una posición que busca salir de la lógica binaria entre ambiente y producción. Reclamó una actualización profunda del marco normativo, propuso crear un organismo de control autónomo y volvió a poner en agenda la deuda previsional con los trabajadores.
La discusión por el futuro de la política minera argentina sumó un actor con peso específico en el inicio de las audiencias públicas en la Cámara de Diputados. La Asociación Sindical del Personal Jerárquico, Profesional y Técnico de la Actividad Minera Argentina (ASIJEMIN) irrumpió con una postura que intenta reconfigurar los términos del debate: ni negación del impacto ambiental ni defensa acrítica del extractivismo, sino una síntesis que articule desarrollo, regulación y derechos laborales.
La voz del sector fue encarnada por su secretario general, Marcelo Mena, quien desde el inicio marcó un reclamo de representación largamente postergado. “Es un orgullo que nos escuchen después de tanto tiempo”, expresó, en una frase que no sólo funcionó como apertura discursiva, sino como señal política: el sindicalismo minero busca ocupar un lugar activo en la definición de las reglas del sector.
Uno de los ejes más contundentes de su exposición fue la defensa explícita de los recursos estratégicos. “Proteger los glaciares es innegociable. Proteger la vida y el agua es innegociable”, afirmó, desmarcándose de cualquier lectura que ubique al gremio en una posición refractaria a las demandas ambientales. Sin embargo, ese posicionamiento no derivó en una aceptación pasiva del statu quo, sino en una crítica más amplia al enfoque fragmentado del debate.
Para el dirigente, discutir exclusivamente la Ley de Glaciares implica eludir un problema estructural: la obsolescencia del marco normativo que regula la actividad. Con un Código de Minería que arrastra más de 150 años, la actividad se desenvuelve —según planteó— bajo parámetros que no dialogan con las exigencias tecnológicas, ambientales ni productivas contemporáneas. “No solamente hay que discutir una ley de glaciares. Tenemos que discutir una ley nacional de minería”, enfatizó, en lo que constituye uno de los planteos más integrales surgidos hasta ahora en el ámbito parlamentario.
En ese sentido, ASIJEMIN propuso avanzar hacia una legislación moderna que otorgue previsibilidad, ordene la actividad y establezca estándares claros para todos los actores involucrados. La iniciativa no es menor: en un contexto de creciente interés por los recursos naturales, la falta de reglas actualizadas aparece como uno de los principales focos de conflicto entre empresas, comunidades y Estado.
El planteo incluyó además una propuesta institucional concreta: la creación de una Agencia Nacional de Control Medioambiental Minero. Concebida como un organismo autónomo y autárquico, su diseño prevé la participación de universidades, centros de investigación, empresas, sindicatos, comunidades y distintos niveles del Estado. El objetivo es claro: fortalecer los mecanismos de fiscalización y dotarlos de mayor transparencia.
“Si podemos tener un ente compuesto colectivamente entre todas las partes, vamos a lograr un control mucho más profundo”, sostuvo Mena Muñoz, al tiempo que subrayó la necesidad de generar información pública confiable y accesible. La iniciativa se inscribe en una demanda creciente por institucionalidad robusta en materia ambiental, en un escenario donde la legitimidad de los controles es tan relevante como su eficacia técnica.
El discurso de gremial también hizo foco en el impacto territorial de la minería. Tomando como referencia el caso de San Juan, el dirigente destacó las transformaciones económicas experimentadas en las últimas décadas, aunque introdujo una advertencia que complejiza la narrativa del progreso automático. “Si la minería es solamente un negocio, no nos interesa. Tiene que ser desarrollo, crecimiento real y participación colectiva”, afirmó, marcando un límite político a la lógica puramente extractiva.
Esa mirada se sintetizó en una consigna que atravesó toda la intervención: la necesidad de superar la dicotomía entre ambiente y producción. “Defendamos los glaciares, por supuesto. Pero también necesitamos trabajar”, señaló, condensando una presión estructural que el Congreso deberá administrar en los próximos meses.
Sobre el cierre, el dirigente incorporó un tema que excede la coyuntura legislativa pero que revela otra dimensión del conflicto: las condiciones laborales en la actividad. En ese marco, reclamó el tratamiento de un proyecto de jubilación minera presentado hace casi un año, subrayando las particularidades del trabajo en altura, las bajas temperaturas y las tareas en contextos subterráneos.
“Si tanto les importa la actividad minera, que realmente les importe lo más importante, que son los trabajadores”, concluyó, desplazando el eje del debate hacia una pregunta incómoda pero central: quiénes son los verdaderos destinatarios del desarrollo que se discute.
La intervención de ASIJEMIN en el Congreso no sólo aportó matices a una discusión atravesada por posiciones antagónicas, sino que introdujo una agenda propia que combina regulación, institucionalidad y derechos laborales. En un marco donde la minería se proyecta como uno de los vectores económicos estratégicos del país, el desafío no parece residir únicamente en habilitar o restringir actividades, sino en construir un marco integral capaz de equilibrar intereses, reducir conflictos y garantizar legitimidad social.
Entre la protección de los glaciares y la necesidad de desarrollo, el sindicalismo minero propone un tercer camino: uno donde el crecimiento no se desligue del control, ni el progreso de la justicia social. La discusión recién comienza, pero el tono del debate ya dejó de ser el mismo.
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