El Gobierno diagramó las reuniones para avanzar en precios y salarios
El Gobierno nacional definió este miércoles las próximas reuniones sectoriales para avanzar con el acuerdo de precios y salarios mediante el análisis de las distintas cadenas de valor en las industria de la construcción, alimentos y tecnología, convocatoria que se prevé para la semana próxima

Durante el encuentro se analizó también el abastecimiento de productos en las góndolas y se solicitó a la SIGEN la auditoría integral del Programa ATP.
En el encuentro se acordó en la reunión de gabinete económico que se realizó este mediodía en Casa de Gobierno, oportunidad en el que se repasaron los encuentros con empresarios y sindicalistas de la semana pasada por el acuerdo de precios y salarios y se definieron las próximas reuniones sectoriales.
El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, encabezó, en el Salón de los Científicos de Casa Rosada, la reunión semanal del gabinete económico, y de la que participaron los ministros de Economía, Martín Guzmán; de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas y de Trabajo, Claudio Moroni.
La convocatoria a las mesas sectoriales para analizar las distintas cadenas de valor se realizará la semana entrante, como lo explicó el titular de la cartera de Desarrollo Productivo. “Vamos a comenzar con la reunión de la cadena de alimentos, tomando como punto de partida las mesas que ya están conformadas en el Ministerio de Agricultura, entre ellas las que vienen trabajando los casos del trigo y del maíz, y vamos a convocar a toda la cadena de productores de alimentos en Argentina”, destacó el ministro.
Kulfas aseguró que la «segunda mesa es la de construcción, un sector que está en clara recuperación, muy dinámico, que transita el cuarto mes consecutivo de crecimiento del empleo”. “Se trata de una muy buena performance —aclaró el ministro de Desarrollo Productivo— de un sector muy importante de la economía donde es necesario convocar a todos los eslabones de la cadena de construcción para generar un acuerdo de precios que vaya en línea con las pautas macroeconómicas”, explicó el funcionario.
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El gobierno sanciona a gremios del transporte con multas multimillonarias por el paro del 19 de febrero
La administración nacional resolvió aplicar sanciones económicas por miles de millones de pesos contra los sindicatos del transporte por adherir al paro general convocado por la CGT el pasado 19 de febrero. Desde el Ejecutivo sostienen que ambas organizaciones incumplieron conciliaciones obligatorias vigentes, mientras que en el ámbito sindical anticipan que la medida será judicializada.
El Gobierno nacional decidió avanzar con fuertes sanciones económicas contra dos de los principales sindicatos del transporte del país tras su adhesión al paro general del pasado 19 de febrero. La medida alcanza a la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y al gremio ferroviario La Fraternidad, a quienes se acusa de haber incumplido conciliaciones obligatorias vigentes al momento de la huelga.
Según trascendió en fuentes oficiales citadas por la agencia Noticias Argentinas, las multas alcanzarían cifras millonarias: cerca de 70 mil millones de pesos para la UTA y 20 mil millones de pesos para La Fraternidad.
La decisión fue impulsada por la administración del presidente Javier Milei, que instruyó a la Secretaría de Transporte —dependiente del Ministerio de Capital Humano— a aplicar las sanciones tras considerar que los sindicatos desoyeron una instancia formal de conciliación laboral.
El argumento del Ejecutivo
Desde el Gobierno sostienen que las organizaciones gremiales vulneraron el proceso de conciliación obligatoria que se encontraba vigente en el marco de los reclamos salariales de cada sector. Según la interpretación oficial, esa instancia impedía legalmente la adhesión a medidas de fuerza mientras durara el período de negociación establecido por la autoridad laboral.
En ese sentido, el Ejecutivo consideró que la participación de ambos sindicatos en el paro general convocado por la Confederación General del Trabajo constituyó una violación directa de esa disposición.
Fuentes gubernamentales indicaron además que el carácter general de la huelga no modifica la obligación de cada sindicato de respetar las conciliaciones particulares que estaban activas en sus respectivas negociaciones.
La posibilidad de sanciones más duras
En el análisis inicial, el Gobierno evaluó avanzar con una medida aún más severa: la quita de la personería gremial a las organizaciones involucradas. Finalmente, esa alternativa fue descartada en esta etapa y reemplazada por sanciones económicas de gran magnitud.
Sin embargo, desde el gobierno dejaron trascender que las multas representan apenas una primera instancia disciplinaria dentro de una estrategia más amplia para reforzar el cumplimiento de las normas laborales.
En ese aspecto, advirtieron que si los gremios desconocen o se niegan a pagar las penalidades, el Gobierno podría reactivar la posibilidad de retirarles su reconocimiento legal como sindicatos, una medida que abriría un conflicto institucional de gran escala dentro del sistema laboral argentino.
Un conflicto que se trasladará a la Justicia
Todo indica que la disputa no se resolverá en el plano administrativo. En el ámbito sindical anticipan que las multas serán impugnadas judicialmente, al considerar que la adhesión al paro general convocado por la central obrera constituye un derecho sindical que trasciende conflictos sectoriales.
El caso podría convertirse así en un nuevo aumento en la confrontación entre el Gobierno nacional y el movimiento sindical, en un momento político marcado por reformas laborales, conflictos salariales y un endurecimiento de la postura oficial frente a las medidas de fuerza.
Un precedente en la relación con los gremios
Más allá de las consecuencias inmediatas, la decisión del Ejecutivo busca sentar un precedente dentro del sistema de relaciones laborales. La aplicación de sanciones de esta magnitud refleja la voluntad del Gobierno de marcar límites estrictos al accionar sindical cuando considera que se incumplen disposiciones legales.
El desenlace del conflicto —que probablemente se dirima en tribunales— no sólo definirá el alcance de las multas, sino también el equilibrio de poder entre el Estado y las organizaciones gremiales en un escenario político y económico cada vez más tensionado.
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Morosidad en alza: bancos, empresas y analistas advierten un deterioro en la capacidad de pago
El aumento de los atrasos en créditos bancarios comienza a reflejar las tensiones que atraviesan hogares y empresas. Informes del sistema financiero muestran que la morosidad se triplicó en un año, impulsada por el endeudamiento de las familias y la debilidad del mercado interno, en un contexto económico marcado por tasas elevadas, caída del poder adquisitivo y actividad industrial en retroceso.
El sistema financiero argentino comienza a registrar un fenómeno que suele anticipar dificultades más profundas en la economía: el crecimiento sostenido de la morosidad. Bancos, financieras y empresas productivas advierten que cada vez más familias y compañías encuentran dificultades para cumplir con sus compromisos de pago, en un contexto marcado por el encarecimiento del crédito, la pérdida de poder adquisitivo y un mercado interno debilitado.
Un informe reciente de la consultora Quantum Finanzas revela que la cartera irregular del sistema bancario pasó de representar el 1,6% de los préstamos al sector privado en diciembre de 2024 a 5,3% un año después, es decir, más que se triplicó en apenas doce meses. El dato refleja un deterioro acelerado en la capacidad de pago de los tomadores de crédito, tanto en el segmento de los hogares como en el de las empresas.
El aumento se produce después de un período de fuerte expansión del financiamiento en pesos. Tras un 2023 caracterizado por niveles mínimos de crédito, durante 2024 los préstamos al sector privado crecieron 54% en términos reales, impulsados por el financiamiento a familias (+58%) y empresas (+52%). En 2025 el ritmo continuó con un crecimiento adicional del 28%, lo que amplió considerablemente la base de endeudamiento.
Desde el punto de vista técnico, cierto incremento en los niveles de mora suele considerarse normal cuando el crédito se expande con rapidez. Sin embargo, el informe advierte que el comportamiento actual excede esos parámetros habituales. “Ratios de mora que se triplican o cuadruplican en apenas un año reflejan dificultades en los mercados reales y financieros”, señala el estudio, que vincula el fenómeno con el aumento de las tasas de interés y la fragilidad de los ingresos.
El deterioro comienza por los hogares
El deterioro del crédito comenzó a manifestarse con mayor claridad a principios de 2025 y golpeó primero al financiamiento de los hogares. Las mayores tensiones se registran en el uso de tarjetas de crédito y en los préstamos otorgados por billeteras virtuales, instrumentos que en muchos casos comenzaron a utilizarse para cubrir gastos corrientes, incluso alimentos.
En este segmento, la morosidad pasó del 2,6% al 9,3% entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, un salto que refleja el deterioro del poder adquisitivo y la creciente dependencia del financiamiento para sostener el consumo.
Las líneas más comprometidas dentro del sistema financiero son los préstamos personales, que registran 11,9% de mora, seguidos por el financiamiento con tarjetas de crédito, con 8,6%. Entre las empresas, el principal foco de atrasos se concentra en los adelantos en cuenta corriente, donde la morosidad alcanza 4,9%.
El caso de uno de los principales bancos privados del país ilustra la magnitud del fenómeno. El balance del Banco Galicia correspondiente al cuarto trimestre de 2025 registró una pérdida neta de 83.544 millones de pesos, un resultado fuertemente influido por el aumento de los créditos incobrables. Según datos del propio sistema financiero, la entidad acumula 776.187 millones de pesos en préstamos de difícil recuperación, un indicador que encendió señales de alerta entre analistas e inversores.
El impacto llega a la economía productiva
El deterioro del crédito no se limita al ámbito financiero. La economía real también empieza a sentir los efectos de un mercado interno debilitado y de un esquema de financiamiento cada vez más costoso.
En el sector industrial, muchas empresas recurren al crédito de corto plazo para cubrir gastos operativos ante la caída de ventas y la pérdida de empleo. Este mecanismo, que inicialmente funciona como una herramienta de liquidez, aumenta el riesgo de atrasos cuando la recuperación de la actividad no acompaña.
Datos de la Unión Industrial Argentina (UIA) muestran que más del 45% de las empresas reconoce dificultades para afrontar pagos de salarios, impuestos o proveedores, en un contexto en el que la producción manufacturera permanece en terreno contractivo.
La combinación de menor demanda, costos financieros elevados y márgenes empresariales ajustados genera un círculo complejo: las empresas se endeudan para sostener la actividad, pero la falta de recuperación del mercado interno dificulta luego cumplir con esos compromisos.
Consumo en retroceso y crédito como sostén
El crecimiento de la morosidad también refleja un cambio estructural en el comportamiento del consumo. Con salarios que pierden terreno frente a las tasas de interés y el endeudamiento acumulado, cada vez más hogares recurren al crédito para sostener gastos básicos.
Ese fenómeno, que inicialmente puede pasar desapercibido en la dinámica cotidiana, termina reflejándose con claridad en los balances bancarios y en los indicadores del sistema financiero. La mora, en ese sentido, actúa como un termómetro de la economía real: cuando crece de forma abrupta, suele indicar que los ingresos ya no alcanzan para sostener el nivel de obligaciones asumidas.
El aumento de la morosidad no implica necesariamente una crisis financiera inmediata, pero sí constituye una señal de advertencia sobre el estado de la economía. Por ahora, los niveles de atraso en el sistema bancario argentino continúan siendo relativamente bajos en comparación con episodios históricos de inestabilidad. Sin embargo, la velocidad con la que se incrementaron en el último año preocupa tanto al sector financiero como al productivo.
Detrás de las cifras se perfila una realidad más amplia: hogares que recurren al crédito para sostener su consumo, empresas que se endeudan para atravesar un mercado interno debilitado y bancos que comienzan a absorber el impacto de esa tensión.
En ese delicado equilibrio entre financiamiento, ingresos y actividad económica se juega buena parte del futuro inmediato del sistema productivo. Si la recuperación de la economía real no acompaña la expansión del crédito, la morosidad podría convertirse en uno de los principales focos de inestabilidad del ciclo económico argentino.
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8M: advierten que la reforma laboral afecta especialmente a las trabajadoras
En el marco de un nuevo Día Internacional de la Mujer Trabajadora, dirigentas sindicales de distintos sectores cuestionaron la reciente reforma laboral y advirtieron que su implementación profundizará las desigualdades estructurales que ya enfrentan las mujeres en el mercado de trabajo. Denuncian precarización, brechas salariales persistentes y una legislación que —afirman— ignora la perspectiva de género.
El mundo del trabajo en la Argentina exhibe brechas históricas que, lejos de reducirse, amenazan con ampliarse en el actual contexto económico. En medio de cierres de empresas, despidos y retracción del empleo formal, las trabajadoras aparecen entre los sectores más expuestos a las consecuencias del ajuste.
Los datos reflejan esa realidad con claridad. Los ingresos de los varones superan entre un 27,3 y un 29 por ciento a los de las mujeres, una diferencia que se amplía hasta el 40 por ciento en el empleo informal. Además, los sectores más feminizados continúan siendo los de menores salarios: el trabajo doméstico, por ejemplo, registra una participación femenina del 98,8 por ciento.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la tasa de actividad de las mujeres alcanza el 52,6 por ciento, mientras que la de los varones llega al 70,1 por ciento. También se registra una brecha en la desocupación —7,4 por ciento para mujeres frente al 5,9 por ciento en varones— y mayores niveles de informalidad femenina.
Este escenario, advierten las organizaciones sindicales, podría agravarse con la implementación de la nueva Ley de Modernización Laboral, reglamentada recientemente por el gobierno nacional.
El impacto en sectores altamente feminizados
Las consecuencias se sienten con especial intensidad en ámbitos donde la participación femenina es mayoritaria.
“Represento a un colectivo de trabajadores profesionales y técnicos donde el 80 por ciento somos mujeres. Las condiciones laborales, el pluriempleo, las tareas de cuidado y la caída del salario nos afectan especialmente”, señaló Norma Lezana, titular de la Asociación de Profesionales y Técnicos del Hospital Garrahan.
En ese sentido, explicó que el deterioro salarial obliga a muchas trabajadoras a multiplicar sus empleos para sostener ingresos. Sin embargo, esa estrategia encuentra límites claros cuando se combina con las responsabilidades de cuidado que recaen mayoritariamente sobre las mujeres.
Una mirada similar expresó María Fernanda Boriotti, presidenta de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (FESPROSA), quien describió una situación “acuciante” dentro del sector sanitario.
“En muchos casos los salarios están por debajo de la línea de pobreza y se suman la precarización laboral y múltiples formas de contratación inestable”, sostuvo.
Boriotti también remarcó el peso desigual de las tareas domésticas y de cuidado: aunque cada vez más varones participan de ellas, las estadísticas muestran que las mujeres continúan dedicando muchas más horas a estas actividades, generalmente sin remuneración.
A ese panorama se agregan —según denunció— recortes en programas vinculados a la salud sexual y reproductiva, como los destinados a la prevención del embarazo adolescente o las políticas que garantizan la interrupción voluntaria del embarazo.
Movilización y resistencia sindical
El rechazo a la reforma laboral será uno de los ejes centrales de las movilizaciones convocadas en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Las secretarías de género de la CGT, la CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores, la UTEP y la Corriente Clasista y Combativa convocaron a una jornada de protesta que incluirá una marcha desde el Congreso hacia la Plaza de Mayo.
Las organizaciones sostienen que el país atraviesa “un escenario complejo de ajuste, precarización, cierre de fábricas y despidos” que, aseguran, profundiza la feminización de la pobreza.
Además, denuncian el desfinanciamiento de programas sociales y el retiro del Estado en áreas vinculadas a la protección de los derechos de mujeres y diversidades.
La voz de las trabajadoras
En el ámbito sanitario, las dirigentes advierten que el contexto actual también se expresa en conflictos laborales concretos.
Desde el Hospital Garrahan, Norma Lezana denunció presiones y sanciones contra trabajadores que participaron en protestas sindicales.
“Nos quieren estigmatizar porque reclaman que seamos silenciosas y obedientes. Pero las mujeres podemos ser científicas, médicas, representantes sindicales, militantes, madres y todo lo que queramos ser”, afirmó.
Para las organizaciones de mujeres trabajadoras, el momento exige fortalecer la unidad y la movilización social.
A más de un siglo de las primeras luchas por los derechos laborales de las mujeres, el debate sobre la igualdad en el mundo del trabajo sigue vigente. Las dirigentas sindicales coinciden en que la reforma laboral abre un nuevo capítulo de disputa, donde la perspectiva de género se vuelve un punto central.
En ese escenario, las trabajadoras advierten que la modernización del sistema laboral no puede construirse sobre bases que ignoren las desigualdades existentes. Por el contrario, sostienen que cualquier reforma debería orientarse a reducir las brechas, garantizar derechos y reconocer el valor social del trabajo de cuidado.
Mientras tanto, el movimiento sindical femenino anticipa que el reclamo seguirá en las calles.
“Seguiremos debatiendo, organizándonos y resistiendo”, resumió Boriotti. “Porque la igualdad en el trabajo no es sólo una consigna: es una deuda histórica que aún espera ser saldada”.
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