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El Gobierno nacional definió este miércoles las próximas reuniones sectoriales para avanzar con el acuerdo de precios y salarios mediante el análisis de las distintas cadenas de valor en las industria de la construcción, alimentos y tecnología, convocatoria que se prevé para la semana próxima

Durante el encuentro se analizó también el abastecimiento de productos en las góndolas y se solicitó a la SIGEN la auditoría integral del Programa ATP.

En el encuentro se acordó en la reunión de gabinete económico que se realizó este mediodía en Casa de Gobierno, oportunidad en el que se repasaron los encuentros con empresarios y sindicalistas de la semana pasada por el acuerdo de precios y salarios y se definieron las próximas reuniones sectoriales.

El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, encabezó, en el Salón de los Científicos de Casa Rosada, la reunión semanal del gabinete económico, y de la que participaron los ministros de Economía, Martín Guzmán; de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas y de Trabajo, Claudio Moroni.

La convocatoria a las mesas sectoriales para analizar las distintas cadenas de valor se realizará la semana entrante, como lo explicó el titular de la cartera de Desarrollo Productivo. “Vamos a comenzar con la reunión de la cadena de alimentos, tomando como punto de partida las mesas que ya están conformadas en el Ministerio de Agricultura, entre ellas las que vienen trabajando los casos del trigo y del maíz, y vamos a convocar a toda la cadena de productores de alimentos en Argentina”, destacó el ministro.

Kulfas aseguró que la «segunda mesa es la de construcción, un sector que está en clara recuperación, muy dinámico, que transita el cuarto mes consecutivo de crecimiento del empleo”. “Se trata de una muy buena performance —aclaró el ministro de Desarrollo Productivo— de un sector muy importante de la economía donde es necesario convocar a todos los eslabones de la cadena de construcción para generar un acuerdo de precios que vaya en línea con las pautas macroeconómicas”, explicó el funcionario.

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La UTEP, la CGT y las CTA coordinan protestas tras el cierre de Volver al Trabajo

La decisión del Gobierno nacional de avanzar con la eliminación del programa Volver al Trabajo, tras el fallo judicial que levantó la cautelar que garantizaba su continuidad, derivó en la conformación de un amplio frente de protesta integrado por la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (UTEP), la CGT y las dos CTA. El cronograma contempla movilizaciones, cortes de rutas, una Marcha Federal y nuevas acciones coordinadas en todo el país para rechazar una medida que, según las organizaciones, profundizará la crisis social y económica de los sectores de menores ingresos.

La suspensión definitiva del programa Volver al Trabajo abrió uno de los conflictos sociales más relevantes de las últimas semanas y aceleró la convergencia entre organizaciones sociales y el movimiento sindical. La UTEP, la CGT y las dos Centrales de Trabajadores acordaron una agenda común de movilizaciones que se extenderá durante los próximos meses y que buscará instalar el impacto económico del retiro de una asistencia que alcanzaba a cientos de miles de personas en todo el país.

La primera convocatoria será el 22 de julio, cuando las organizaciones acompañen la tradicional protesta de jubilados frente al Congreso Nacional. El calendario continuará el 7 de agosto con la histórica peregrinación de San Cayetano, que este año volverá a convertirse en una manifestación de fuerte contenido político bajo la consigna «Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo», una bandera histórica de los movimientos populares desde la crisis social de comienzos de siglo.

Los dirigentes adelantaron que la protesta no se limitará a concentraciones en la Ciudad de Buenos Aires. También habrá cortes de rutas y movilizaciones en distintas provincias, especialmente en el norte argentino, donde el ingreso de $78.000 mensuales que otorgaba el programa representaba una parte significativa del presupuesto de miles de hogares y contribuía a sostener el consumo en pequeños comercios y economías regionales.

El detonante de la nueva escalada fue la resolución de la Cámara Federal integrada por los jueces Juan Pablo Salas, Marcos Morán y Marcelo Darío Fernández, quienes revocaron la medida cautelar que obligaba al Ministerio de Capital Humano a continuar con los pagos hasta la resolución definitiva de la causa. Para los magistrados, mantener las transferencias implicaba anticipar el resultado del proceso principal, criterio que habilitó al Poder Ejecutivo a avanzar con la desactivación del programa y su reemplazo por un esquema de capacitación laboral basado en vouchers.

Desde la UTEP rechazaron con dureza la resolución judicial y confirmaron que presentarán una apelación ante instancias superiores. La organización sostiene que la interrupción del beneficio agravará las condiciones de vulnerabilidad de miles de trabajadores de la economía popular y reducirá significativamente la circulación de recursos en barrios con elevados índices de informalidad laboral.

La secretaria gremial de la organización, Johana Duarte, advirtió que el retiro de esos ingresos tendrá consecuencias que exceden a los beneficiarios directos. Según explicó, la disminución del poder de compra impactará sobre almacenes, verdulerías, kioscos y pequeños comercios de cercanía, cuya actividad depende en gran medida del consumo cotidiano generado por estos programas de asistencia.

En la misma línea, el secretario general de la UTEP, Alejandro Gramajo, sostuvo que la coordinación alcanzada con la CGT y las dos CTA busca consolidar una respuesta sostenida frente a la política económica del Gobierno. El dirigente interpretó que la eliminación del programa forma parte de un proceso más amplio de ajuste sobre los sectores populares y planteó la necesidad de ampliar la articulación entre organizaciones sindicales y movimientos sociales.

La agenda de protesta continuará durante agosto con una movilización al Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil, donde reclamarán una actualización del Salario Social Complementario, congelado frente al deterioro del poder adquisitivo. Posteriormente, las organizaciones marcharán al Ministerio de Economía para denunciar el creciente endeudamiento de los hogares y promoverán un encuentro entre representantes sindicales, empresarios nacionales y cooperativas con motivo del Día de la Industria, en busca de consensos sobre políticas destinadas a sostener el empleo y la producción.

Aunque la CGT todavía no oficializó una nueva huelga nacional, la posibilidad continúa bajo análisis dentro de la conducción cegetista. Diversos referentes admiten que un paro general podría confluir con una Marcha Federal durante octubre si no se modifican las políticas sociales y laborales impulsadas por el Poder Ejecutivo.

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Más de cinco millones de argentinos ya registran deudas impagas y crece la polémica con el Gobierno

El endeudamiento de los hogares argentinos alcanzó el nivel más elevado de los últimos dieciséis años y abrió un nuevo frente de discusión entre el Gobierno nacional y el movimiento sindical. Mientras el vocero presidencial Adrián Ravier adjudicó la creciente morosidad a errores en la administración de las finanzas personales, informes del Banco Central y consultoras privadas muestran un fuerte deterioro de los ingresos, un aumento sostenido del costo del crédito y una expansión de las dificultades para afrontar gastos básicos.

La combinación de pérdida del poder adquisitivo, tasas de interés elevadas y una creciente dependencia del crédito para sostener el consumo cotidiano volvió a colocar a las finanzas de los hogares en el centro del debate económico. Con más de cinco millones de personas registrando deudas impagas dentro del sistema financiero ampliado, el Gobierno nacional optó por explicar el fenómeno como una consecuencia de decisiones individuales antes que como el resultado de un deterioro de la capacidad de compra.

Desde la Casa Rosada, el vocero presidencial Adrián Ravier sostuvo que parte de la población «se pone en riesgo de impago» por no administrar correctamente sus ingresos y obligaciones. Incluso afirmó que el incremento de la morosidad constituye un signo de normalización financiera, al interpretar que refleja una mayor utilización del crédito en la economía.

Las declaraciones generaron un inmediato rechazo desde el movimiento obrero. El secretario general de la CTA de los Trabajadores y diputado nacional, Hugo Yasky, sostuvo que las familias no recurren al financiamiento por una mayor confianza en el sistema sino para afrontar necesidades elementales como la compra de alimentos, medicamentos y el pago de servicios públicos. A su entender, el deterioro salarial, la evolución de las tarifas, las restricciones sobre las negociaciones paritarias y el elevado costo del financiamiento explican el crecimiento de la mora.

Los indicadores disponibles respaldan la magnitud del problema. De acuerdo con un informe de la consultora Analytica elaborado sobre datos del Banco Central, la irregularidad de la cartera de créditos destinada a los hogares alcanzó en mayo el 15,9%, el nivel más elevado desde la salida de la crisis financiera de 2009. El relevamiento también identificó 5,3 millones de personas con al menos una obligación impaga dentro del sistema financiero ampliado.

El deterioro no se limita a la mora bancaria. La carga financiera consolidada de las familias —que incorpora préstamos bancarios, tarjetas de crédito, billeteras virtuales y entidades no financieras— pasó de representar el 17% de la masa salarial en 2024 al 30% en la actualidad, impulsada por una tasa de interés real promedio cercana al 58% para los créditos destinados al consumo.

A la presión del endeudamiento se suma un fuerte deterioro de la capacidad de compra. Un informe del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales reveló que el 56,6% de los hogares no logró cubrir la Canasta Básica Alimentaria, mientras que el 89% debió recurrir al fiado, a las tarjetas de crédito o a préstamos personales para adquirir alimentos, un dato que refleja la creciente utilización del financiamiento para solventar gastos esenciales y no consumos extraordinarios.

La evolución de estos indicadores coincide con un proceso más amplio de recomposición de los precios relativos impulsado por el Gobierno nacional. La reducción de subsidios, la liberación de tarifas, el encarecimiento de los servicios públicos y una política monetaria basada en tasas de interés positivas modificaron profundamente la estructura de gastos de los hogares. En paralelo, la recuperación de los salarios avanzó de manera desigual entre las distintas actividades, dejando amplios segmentos con ingresos que todavía no logran recomponer la pérdida acumulada desde fines de 2023.

En ese marco, también se multiplicaron las advertencias de entidades financieras. Datos difundidos por el Banco Provincia muestran que la irregularidad en los créditos destinados a personas físicas se cuadruplicó en apenas un año, mientras que ya son más de seis millones los adultos que presentan dificultades para cumplir con sus compromisos financieros, considerando las distintas fuentes de financiamiento disponibles.

El debate excede la evolución de la morosidad. Lo que hoy está en discusión es el cambio de función que asumió el crédito en la economía doméstica. Durante años fue un instrumento para adelantar consumos o financiar bienes durables; actualmente, la tendencia de las familias a endeudarse para cubrir gastos corrientes —como comida, salud y tarifas— refleja una profunda pérdida de ingresos, un fenómeno que los economistas señalan como claro indicador de empobrecimiento.

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Gremios del PAMI denuncian «despidos encubiertos» de médicos de cabecera y se agrava la atención de jubilados

Sindicatos que representan a trabajadores y profesionales del PAMI denunciaron que el organismo redujo drásticamente la cantidad de afiliados asignados a numerosos médicos de cabecera, una medida que califican como un mecanismo de «despidos encubiertos». Advierten que la decisión no solo compromete la continuidad laboral de los profesionales, sino que también profundiza las dificultades de acceso a la salud para millones de jubilados y pensionados.

La política sanitaria del PAMI volvió a quedar en el centro de la controversia tras las denuncias formuladas por los principales gremios del organismo, que aseguran que la conducción nacional impulsa un proceso de reducción de prestaciones mediante la disminución masiva de pacientes asignados a médicos de cabecera. Según sostienen, la decisión busca tornar económicamente inviable la continuidad de numerosos consultorios y provocar la renuncia de profesionales sin recurrir a despidos formales.

La denuncia es respaldada por la Unión de Trabajadores del Instituto (UTI), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y la Asociación de Profesionales del Programa de Atención Médica Integral y Afines (APPAMIA), organizaciones que coinciden en advertir sobre un proceso de ajuste que, afirman, repercute directamente en la calidad de la atención brindada a los afiliados.

De acuerdo con los representantes gremiales, algunos médicos perdieron hasta el 90% de los jubilados que tenían asignados. Esa reducción implica una drástica caída de ingresos y vuelve insostenible el funcionamiento de muchos consultorios particulares que prestan servicios al instituto.

Carlos Mulqui, referente de la organización Médicos de Cabecera, sostuvo que la metodología constituye un mecanismo de «despido encubierto», ya que los profesionales conservan formalmente el vínculo con el organismo, pero quedan prácticamente sin pacientes para atender. Según explicó, esa situación reduce considerablemente la carga laboral y coloca a numerosos médicos ante la imposibilidad económica de continuar prestando servicios.

La experiencia relatada por el médico cordobés Atilio Rossi refleja, según los sindicatos, una realidad que comienza a repetirse en distintas provincias. El profesional explicó que de los aproximadamente 600 afiliados que atendía desde hacía varios años, el PAMI le retiró alrededor de 500, alterando la continuidad de tratamientos y obligando a cientos de jubilados a buscar un nuevo médico de cabecera.

Los gremios sostienen que las consecuencias exceden el ámbito laboral. La reasignación compulsiva de profesionales obliga a miles de afiliados a reiniciar vínculos médicos construidos durante años, repetir trámites administrativos y concurrir a las agencias del PAMI para conocer quién será su nuevo prestador. A juicio de los denunciantes, esta dinámica deteriora la relación médico-paciente, considerada uno de los pilares de la atención primaria de la salud.

Carlos Valenzuela, secretario general de UTI en la región Nordeste, advirtió que el sistema ya funciona con recursos insuficientes y cuestionó la reducción de prestaciones médicas y farmacológicas. A su entender, la combinación entre restricciones en el acceso a medicamentos, la escasez de profesionales y el aumento en los tiempos de espera comprometen severamente la salud de pacientes con patologías crónicas.»

Según las organizaciones sindicales, obtener una consulta con un especialista puede demandar hasta dos meses, mientras que la realización de estudios diagnósticos requiere otros dos meses adicionales. En consecuencia, un jubilado puede esperar hasta cinco meses para completar un diagnóstico, regresar al especialista e iniciar o modificar un tratamiento.

El deterioro del servicio se produce en un momento particularmente sensible para el sistema previsional y sanitario. El PAMI, creado en 1971, brinda cobertura médica a más de cinco millones de jubilados, pensionados y otros beneficiarios, constituyéndose en la mayor obra social de América Latina. Por esa magnitud, cualquier modificación en su esquema de prestaciones tiene un fuerte impacto sanitario, social y presupuestario.

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