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Lo definió el sindicato que lidera Godoy en plenario de delegados. Será una jornada de protestas con movilizaciones en todo el país.

La Asociación Trabajadores del Estado (ATE) lanzó un paro nacional en rechazo al aumento del 7% otorgado por el gobierno nacional a los estatales nacionales.

La medida de fuerza fue resuelta en plenario de Delegados del Estado Nacional luego de cuatro horas de debate y la participación de 354 dirigentes sindicales.

Los trabajadores definieron realizar el próximo martes 6 de octubre una jornada Nacional de Lucha con paros, asambleas, desconexiones y movilizaciones en todo el país. En la Ciudad de Buenos Aires se llevará a cabo una caravana desde el Obelisco al Congreso de la Nación.

También se anunció que se convocará a todos los gremios estatales para que se sumen a las medidas de fuerza el próximo 6 de octubre, entre ellos ya hay avances con Fesprosa y Conadu Histórica que forman parte de la CTA Autónoma.

El secretario adjunto de ATE, Rodolfo Aguiar, aseguró que empezarán a “demostrar que las paritarias no están cerradas”.

“La oferta muestra que quieren hacernos pagar el costo de la crisis a los trabajadores, jubilados y sectores populares”, aseguró Aguiar, y sentenció: “Nos negamos a convalidar una baja salarial”.

El sindicato había rechazado la propuesta de aumentar un 7% a los estatales por tratarse de algo “miserable”, por lo que Aguiar consideró que “vuelven a priorizar al FMI y el pago de la deuda externa, olvidándose de la deuda interna con el pueblo”.

La jornada consistirá en un cese de actividades, tanto presenciales como virtuales, movilizaciones en todo el país, y una caravana que partirá desde el Obelisco porteño hasta el Congreso, donde se realizará un acto final.

“Plata hay, sólo hay que sacarla de quienes la tienen”, indicó el secretario adjunto refiriéndose al impuesto a las grandes fortunas, proyecto al cual apoyan colectivamente.

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El Gobierno prepara una nueva ola de despidos en el Estado y apunta a organismos estratégicos


El Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado avanza con una nueva etapa de reducción de personal en las próximas semanas. La estrategia impulsada por Federico Sturzenegger concentra ahora el recorte sobre organismos descentralizados y forma parte de un plan para disminuir en casi un 10% la dotación de la administración pública nacional durante 2026.

La administración de Javier Milei prepara una nueva ofensiva sobre el empleo público. De acuerdo con fuentes oficiales, el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado avanza en un esquema de reducción de personal que contempla el desplazamiento de aproximadamente 6.000 trabajadores en el corto plazo, una resolución que inaugura un ciclo de reforma administrativa profunda.

El programa diseñado por Federico Sturzenegger tiene una meta definida: concluir 2026 con alrededor de 27.000 puestos eliminados entre la administración pública nacional, las empresas estatales y las sociedades con participación del Estado. La cifra equivale a una disminución cercana al diez por ciento de la plantilla existente al comienzo del año y constituye uno de los puntos centrales de la estrategia oficial para consolidar el equilibrio de las cuentas públicas.

A diferencia de las primeras etapas del proceso, cuando la reducción de personal se concentró principalmente en ministerios y dependencias de la administración central, la próxima fase focalizará sobre organismos descentralizados con funciones técnicas, científicas, regulatorias y de seguridad social.

Entre las instituciones alcanzadas por el análisis oficial aparecen el INDEC, el CONICET, la CONEAU, la ANSES, el INTA, el INTI, el SENASA, además de los entes reguladores Enargas, ENRE y el Enacom. Aunque el Gobierno evita confirmar el alcance definitivo de las medidas, distintas fuentes coinciden en que esas estructuras integran el universo bajo evaluación.

Desde la Casa Rosada sostienen que la reducción del gasto responde al deterioro de los ingresos fiscales y a la decisión de preservar el superávit financiero, convertido por el Ejecutivo en el principal ordenador de la política económica. En ese marco, la disminución de la planta estatal aparece como una herramienta permanente y no como una medida transitoria.

La perspectiva genera una fuerte reacción sindical. Tanto la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) como la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) cuestionan la continuidad del ajuste y advierten que una nueva reducción de personal comprometería funciones esenciales vinculadas con la producción, la investigación científica, el control sanitario, las estadísticas oficiales, la regulación de servicios públicos y la administración de las prestaciones sociales.

Las cifras ilustran la dimensión de la iniciativa. Con una dotación superior a los 278.000 trabajadores al inicio de 2026, el cumplimiento del objetivo oficial implicaría una de las mayores reestructuraciones de la administración pública nacional de las últimas décadas, profundizando un proceso que trasciende la reducción del gasto y redefine el alcance operativo del Estado argentino.

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La CGT, las CTA y la UTEP acelera un plan de confrontación contra la política económica del Gobierno

La conducción de la CGT dio un nuevo paso en la consolidación de una estrategia unificada del movimiento obrero al reunir en su sede a representantes de las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina (CTA) y de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), encuentro del que surgió un cronograma de acciones que busca ampliar la capacidad de respuesta sindical frente a las políticas impulsadas por la administración del presidente Javier Milei.

La decisión refleja un cambio de escala en la construcción opositora del sindicalismo. Más allá de las movilizaciones previstas, el objetivo consiste en consolidar una articulación permanente entre organizaciones gremiales, movimientos sociales, espacios estudiantiles y entidades populares, con la intención de proyectar una respuesta federal frente al deterioro del poder adquisitivo, la pérdida de empleo, la caída de las jubilaciones y el impacto social derivado del programa de ajuste.

El primer capítulo de esa agenda tendrá lugar el 22 de julio, cuando las organizaciones acompañarán una nueva movilización de jubilados, un colectivo que se convirtió en uno de los principales símbolos de la protesta social frente a la licuación de ingresos previsionales y la reducción del epoder adquisitivo.

La siguiente convocatoria fue fijada para el 7 de agosto, en coincidencia con la tradicional movilización de San Cayetano, jornada históricamente vinculada a los reclamos por trabajo y justicia social. La protesta también buscará influir en el debate que se abrirá con una nueva convocatoria al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil, ámbito que las organizaciones consideran determinante para recomponer ingresos en un contexto de fuerte pérdida salarial.

Como parte de la escalada de medidas, las centrales definieron además una movilización hacia el Ministerio de Economía durante la tercera semana de agosto. La protesta estará orientada a cuestionar el programa económico del Gobierno, al que responsabilizan por la profundización del ajuste, el incremento del endeudamiento y el deterioro de las condiciones laborales y sociales.

Durante el encuentro también se resolvió profundizar el acompañamiento a los conflictos gremiales abiertos en distintas provincias, promoviendo una mayor coordinación entre las organizaciones sindicales y sociales mediante plenarios, asambleas y acciones conjuntas que fortalezcan la presencia territorial del movimiento obrero.

La construcción de una respuesta federal constituye uno de los principales ejes de la nueva estrategia. La intención es integrar las expresiones de protesta que vienen desarrollándose en todo el país bajo una conducción coordinada, con capacidad de articular demandas laborales, sociales y previsionales en una misma agenda política.

En ese marco, los dirigentes coincidieron en avanzar hacia la convocatoria de un Paro General, considerado el instrumento de mayor contundencia para expresar el rechazo del conjunto del movimiento obrero organizado frente a políticas que —según sostienen— deterioran el empleo, debilitan las negociaciones salariales, reducen el poder de compra de las jubilaciones y profundizan la pérdida de calidad de vida de amplios sectores de la población.

La reunión también dejó definiciones en el plano institucional. Las organizaciones confirmaron su participación en la Semana Social convocada por la Comisión Episcopal Argentina, prevista para los días 4, 5 y 6 de septiembre en la ciudad de Córdoba, donde confluirán dirigentes sindicales, referentes sociales, empresarios, académicos y representantes de distintos ámbitos para debatir la realidad económica y social del país.

Ese proceso de articulación tendrá continuidad durante noviembre, cuando las centrales buscarán enmarcar nuevas acciones en torno a la visita del papa León XIV a la Argentina, un acontecimiento que el sindicalismo interpreta como una oportunidad para repensar el rol y el sentido del empleo en la sociedad actual, la inclusión social, la dignidad de los trabajadores y la necesidad de reconstruir consensos frente al aumento de la fragmentación económica y social.

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Gremios universitarios: sin cumplimiento del fallo, habrá más medidas

La decisión de la Corte Suprema de dejar firme la medida cautelar que ordena al Estado nacional actualizar los salarios docentes y no docentes y recomponer las becas estudiantiles, en cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, representa uno de los reveses judiciales más significativos para la política universitaria del Gobierno. El pronunciamiento no sólo ratifica la vigencia de los artículos centrales de la norma, sino que también coloca a la administración nacional frente a la obligación de ejecutar medidas concretas para revertir el deterioro presupuestario que afecta al sistema público de educación superior.

En San Juan, el fallo fue recibido como una reivindicación de un prolongado proceso de movilización sindical y social. Desde la Asociación de Docentes, Investigadores y Creadores de la Universidad Nacional de San Juan (ADICUS), su secretario general, Jaime Barcelona, sostuvo que la resolución judicial constituye «un acto de justicia» después de más de dos años marcados por el ajuste presupuestario, el congelamiento de becas y una sostenida pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores universitarios.

Barcelona recordó que los incrementos salariales otorgados durante ese período resultaron insuficientes frente a la inflación, con actualizaciones mensuales que en numerosos casos apenas alcanzaron el uno por ciento. Esa política, afirmó, derivó en una caída superior al 50% del salario real, mientras el deterioro del financiamiento alcanzó también al funcionamiento de las universidades y a programas de asistencia estudiantil, como las becas.

Para el dirigente sindical, la masiva movilización universitaria realizada este año marcó un punto de inflexión político. Según su interpretación, la contundencia de aquella protesta precipitó la reapertura de la negociación salarial y permitió alcanzar un incremento inicial del 21%, además del compromiso oficial de convocar nuevamente a la mesa paritaria antes del 10 de septiembre para continuar la discusión sobre la recomposición salarial.

Sin embargo, advirtió que el fallo judicial, por sí solo, no resuelve el deterioro acumulado. Explicó que la actualización ordenada por la Justicia representa un avance, aunque todavía resta recuperar la diferencia generada por la inflación durante los últimos años. En ese sentido, consideró que la próxima convocatoria paritaria será determinante para evaluar si el Ejecutivo cumple efectivamente con las obligaciones establecidas por la ley.

Desde ADICUS evitaron anticipar medidas de fuerza mientras permanezca vigente el compromiso asumido por el Gobierno. Barcelona sostuvo que el objetivo del gremio no es profundizar el conflicto, sino alcanzar una recuperación real de los salarios y garantizar el funcionamiento adecuado de las universidades públicas. «Si existe una propuesta seria que permita recomponer los ingresos, deberá ser analizada», planteó.

No obstante, el dirigente dejó en claro que el escenario podría modificarse si el Ejecutivo incumple los plazos acordados o posterga nuevamente la negociación. En ese caso, explicó, las federaciones universitarias evaluarán nuevas acciones gremiales y judiciales, ahora fortalecidas por una decisión de la Corte Suprema que obliga al Estado a respetar la legislación vigente.

Barcelona sostuvo además que una eventual desobediencia al fallo podría derivar en responsabilidades legales para los funcionarios encargados de ejecutar la política universitaria, al considerar que el incumplimiento de una resolución del máximo tribunal generaría configurar una violación de los deberes propios de la función pública.

La determinación judicial modifica el tablero político de la problemática universitaria. A partir de ahora, la discusión ya no gira exclusivamente en torno a reclamos gremiales o presupuestarios, sino también sobre el alcance institucional de una decisión de la Corte Suprema cuyo cumplimiento será observado de cerca por las universidades, los sindicatos y amplios sectores de la sociedad que, durante los últimos dos años, hicieron de la defensa de la universidad pública una de las expresiones de movilización más relevantes del país.

Con el plazo del 10 de septiembre como próxima fecha decisiva, el conflicto ingresa en una nueva etapa. El foco ya no estará puesto en la legitimidad del reclamo —respaldada ahora por la Justicia— sino en la voluntad política del Gobierno para cumplir una sentencia que redefine las condiciones de financiamiento del sistema universitario argentino y pone a prueba su relación con uno de los sectores más movilizados del ámbito educativo.

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