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El gremio de Voytenco mostró su disgusto con la Mesa de Enlace por no sentarse a negociar la recomposición de los haberes, algo que estaba previsto para enero.

La Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) expresó su malestar por la demora en la revisión salarial y lanzó una advertencia sobre la posibilidad de tomar medidas de fuerza, asegurando que «vamos a ir hasta las últimas consecuencias».

El gremio que conduce José Voytenco reclamó el «urgente tratamiento» de la cláusula de revisión, que estaba prevista para enero de acuerdo a lo pospuesto por los empresarios.

«Sabemos las dificultades que enfrentan muchos compañeros y quiero que sepan que vamos a ir hasta las últimas consecuencias», avisó el secretario general del sindicato.

Además, Voytenco recordó que ya se encuentra en plena negociación en la Comisión Nacional de Trabajo Agrario (CNTA) para la obtención de un incremento de los salarios básicos para los trabajadores rurales permanentes de prestación continua, comprendidos en el Régimen Nacional de Trabajo Agrario de la Ley 26 727.


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Reforma de la Ley de Glaciares: entre promesas de desarrollo y advertencias por el futuro del agua

La Cámara de Diputados sancionó la modificación de la Ley de Glaciares tras un extenso debate. Mientras el oficialismo defendió la iniciativa como motor de inversiones y empleo, sectores científicos, políticos y ambientales alertan sobre riesgos en la protección de reservas estratégicas de agua.

Tras más de once horas de deliberación, la Cámara de Diputados convirtió en ley la reforma del régimen de protección de glaciares, en una votación que expuso tanto la capacidad de articulación del oficialismo como la profundidad de las diferencias en torno al modelo de desarrollo. Con 137 votos afirmativos, 111 negativos y tres abstenciones, La Libertad Avanza consolidó una mayoría transversal que incluyó al PRO, la Unión Cívica Radical y bloques provinciales, además de adhesiones puntuales desde la oposición.

El nuevo marco normativo introduce modificaciones sustanciales en los criterios de protección ambiental. Entre los puntos más discutidos, se redefine el alcance de las zonas periglaciales —áreas clave en la regulación hídrica— y se delega en las provincias la responsabilidad de realizar estudios de impacto ambiental. Esta decisión reduce el rol del Instituto Argentino de Nivología Glaciología y Ciencias Ambientales, organismo científico que hasta ahora concentraba la elaboración del inventario y la supervisión técnica de los glaciares.

Desde el oficialismo, la reforma fue presentada como una herramienta indispensable para atraer inversiones y dinamizar las economías regionales. En línea con lo expresado por el presidente Javier Milei durante la apertura de sesiones legislativas de 2026, los defensores del proyecto sostuvieron que la expansión de la actividad minera podría generar un volumen significativo de empleo y fortalecer la balanza exportadora.

Sin embargo, las críticas no tardaron en emerger. Especialistas y dirigentes opositores cuestionaron la viabilidad de esas proyecciones, al señalar que la megaminería es una actividad intensiva en capital, con alta mecanización y limitada capacidad de absorción de mano de obra. La experiencia en provincias con tradición extractiva, como San Juan, es citada con frecuencia como evidencia de un impacto acotado en los indicadores sociales.

Dentro del recinto, el debate estuvo atravesado por advertencias sobre las posibles consecuencias ambientales. La científica y diputada Adriana Serquis advirtió que la modificación de las áreas protegidas podría comprometer cuencas hídricas fundamentales para millones de personas. En la misma línea, Miguel Ángel Pichetto, uno de los impulsores de la ley original de 2010, cuestionó la pérdida de centralidad del IANIGLA y sostuvo que la normativa vigente ya permitía compatibilizar inversión y resguardo ambiental.

Más contundente fue la intervención de Maximiliano Ferraro, quien denunció que el texto aprobado responde a intereses del sector regulado. Estas objeciones se sumaron a cuestionamientos sobre el proceso legislativo previo, particularmente en relación con la audiencia pública obligatoria, donde —según denunciaron— una proporción mínima de los inscriptos pudo exponer su postura.

El clima de confrontación también se reflejó en las calles. Durante toda la jornada, organizaciones sociales, políticas y ambientalistas se movilizaron en las inmediaciones del Congreso. Tras la aprobación, entidades como Fundación Ambiente y Recursos Naturales, Greenpeace y la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas anticiparon acciones judiciales para impugnar la norma, al considerar que el procedimiento estuvo viciado y que la ley compromete la seguridad hídrica de amplios sectores de la población.

La reforma de la Ley de Glaciares reabre una discusión estructural sobre el equilibrio entre desarrollo económico y preservación de recursos estratégicos. Mientras el oficialismo apuesta a la expansión minera como motor de crecimiento, las voces críticas advierten sobre los costos potenciales de flexibilizar los resguardos ambientales.

En el centro del debate se encuentra el agua, un recurso cada vez más valioso en un escenario global marcado por el cambio climático. La sanción de la norma no clausura la controversia: por el contrario, inaugura una nueva etapa donde el conflicto se trasladará al ámbito judicial y al terreno social, con implicancias que exceden el plano legislativo y proyectan efectos de largo alcance sobre el futuro productivo y ambiental del país.

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Alerta en en el SMN: 240 despidos ponen en jaque al sistema meteorológico nacional

Trabajadores y expertos advierten que la reducción de personal en el Servicio Meteorológico Nacional compromete la red de observación y podría afectar la seguridad aérea, la producción agropecuaria y la capacidad de anticipar fenómenos extremos.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN), uno de los organismos científicos más antiguos del país, atraviesa una crisis de magnitud tras la confirmación de 240 desvinculaciones previstas antes del 10 de abril. La medida, impulsada por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado que conduce Federico Sturzenegger, se enmarca en un proceso de reestructuración administrativa que impacta de lleno en la capacidad operativa del sistema.

El ajuste representa cerca del 30% del personal civil y afecta tanto a la red territorial como a la sede central. Según precisiones brindadas por el director del organismo, Antonio Mauad, el recorte contempla la eliminación de 130 puestos en estaciones meteorológicas distribuidas en todo el país y otros 110 en áreas centrales. De concretarse, la dotación quedaría reducida a unos 540 trabajadores, muy por debajo de los aproximadamente 1.200 necesarios para un funcionamiento óptimo.

Las implicancias de esta reducción generan preocupación en la comunidad científica. Desde el Centro Argentino de Meteorólogos (CAM), su presidenta Carla Gulizia advirtió que el país podría perder una herramienta clave para la prevención de desastres. “Se debilita un componente esencial de la defensa nacional”, señaló, al tiempo que alertó sobre el aumento del riesgo frente a eventos climáticos extremos.

El impacto se proyecta sobre áreas sensibles. En el ámbito de la aviación, la disminución de datos y pronósticos confiables podría comprometer la seguridad de las operaciones. Incluso, especialistas advierten que un agravamiento del conflicto gremial podría derivar en la imposibilidad de garantizar condiciones para el normal desarrollo de vuelos.

En la agroindustria, la falta de información precisa afectaría la planificación productiva, en un sector altamente dependiente de variables climáticas. La pérdida de estaciones meteorológicas implica, además, la generación de “zonas ciegas” en el monitoreo territorial, reduciendo la capacidad de anticipación frente a tormentas severas, olas de calor o fenómenos hidrometeorológicos.

A este escenario se suma la preocupación por la discontinuidad en las series históricas de medición. La meteoróloga Ana Saralegui advirtió que la interrupción de estos registros tiene efectos inmediatos en la calidad de los análisis y en la elaboración de proyecciones. “La meteorología es infraestructura estratégica, no un gasto prescindible”, enfatizó.

El conflicto laboral también escala. Trabajadores nucleados en ATE, junto con el CAM, iniciaron medidas de fuerza y declararon el estado de asamblea permanente. Desde el sector denuncian que actualmente el funcionamiento del organismo se sostiene con recursos limitados y que la reducción prevista provocará un deterioro difícil de revertir.

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Salarios en picada: Argentina se ubica en el último lugar de la región

El deterioro sostenido del poder adquisitivo en la Argentina encontró una nueva confirmación estadística. Un estudio reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe ubicó al país como el de peor desempeño salarial de América Latina en los últimos siete años, con una caída real acumulada del 18,8% en el ingreso promedio anual.

El dato no solo refleja una tendencia prolongada, sino que también expone una aceleración del deterioro en los tramos más recientes. Según el análisis, el retroceso más pronunciado se concentró en el último año de la gestión de Alberto Fernández y en los primeros años del gobierno de Javier Milei, un período atravesado por ajustes macroeconómicos, inflación persistente y contracción de la actividad.

El contexto económico aporta claves para comprender la magnitud del fenómeno. Tras la recuperación pospandemia —con expansiones del producto del 10% en 2021 y del 5% en 2022—, la economía volvió a ingresar en una fase contractiva: el PBI retrocedió 1,6% en 2023 y 1,3% en 2024. Este escenario de estancamiento, combinado con procesos inflacionarios intensos, erosionó los ingresos reales de manera sostenida.

El impacto resulta particularmente severo en el sector público. Los salarios estatales acumulan una caída del 35,23% desde 2017, con un deterioro más marcado en los últimos tres años. Solo en el actual período de gobierno, la pérdida alcanza el 17,03%, configurando uno de los descensos más abruptos de la serie reciente.

En el ámbito privado, la dinámica también exhibe un saldo negativo, aunque con matices. La reducción acumulada es del 18,94% en los últimos siete años, con un fuerte ajuste hacia el final de la administración de Mauricio Macri —cuando los salarios registraron caídas del 11,69% en 2018 y del 6,16% en 2019—. En la etapa actual, el deterioro continuó, aunque a un ritmo menor, con una contracción adicional del 1,55%.

La comparación regional resulta elocuente. Mientras la Argentina profundiza su rezago, países como México y Costa Rica registraron mejoras reales del 22,4% y 11,6%, respectivamente. En términos generales, la mayoría de las economías latinoamericanas logró sostener o incrementar el poder adquisitivo de sus trabajadores, lo que refuerza la idea de que la crisis local responde, en gran medida, a factores internos más que a condicionantes globales.

Diversos especialistas coinciden en señalar que la evolución de los salarios en la Argentina está estrechamente ligada a la volatilidad macroeconómica, las devaluaciones recurrentes y la ausencia de anclas sostenibles que permitan estabilizar precios e ingresos. En ese sentido, la puja distributiva se intensifica y termina resolviéndose, en la mayoría de los casos, en detrimento de los trabajadores.

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