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La iniciativa busca contrarrestar las marchas y «banderazos» realizados en rechazo a la reforma judicial y al manejo de la pandemia, entre otras cuestiones.

El cosecretario general de la CGT, Héctor Daer, anticipó hoy que la central analiza convocar a una movilización en respaldo al Gobierno con fecha tentativa para el 17 de octubre, en coincidencia con el Día de la Lealtad Peronista.

La iniciativa tiene como objetivo ser una respuesta a las marchas y «banderazos» contra el Gobierno que se vienen realizando los últimos sábados, en rechazo a la reforma judicial y al manejo de la pandemia, entre otras cuestiones

«Argentina tiene que dejar de mirar los autos y las banderas del Obelisco para pasar a mirar las banderas de un país federal y solidario», consideró al respecto el referente del gremio de Sanidad en declaraciones radiales.

Y agregó: «Por ahí vamos a convocar, tomando todas las precauciones, en una fecha histórica para todos los trabajadores como es el 17 de octubre».

«Nosotros no tenemos la imprudencia de convocar a una marcha en Plaza de Mayo. Tenemos la prudencia de hacer de una expresión, algo con todas las precauciones», buscó además diferenciarse el líder cegetista.

Sucede que las marchas contra el oficialismo fueron eje de críticas por parte de los sectores alineados con el Gobierno debido a que se realizaron en medio del aislamiento obligatorio por la pandemia, e incluso acusaron a esos grupos opositores de propiciar los contagios con esa clase de iniciativas.

Por último, Daer habló de la pospandemia, al señalar que «llegó el momento de poner en marcha los acuerdos necesarios para dar un marco de proyección hacia donde vamos, que se postergó por la pandemia».

«Más allá de los acuerdo para transitar estos momentos de crisis, la salida a una nueva normalidad tiene que ser en acuerdo.

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Universidades al límite: aumento unilateral, ley incumplida y una crisis que escala sin contención

El Gobierno nacional dispuso un incremento salarial del 1,7% para abril sin negociación paritaria y en incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. La medida agrava la pérdida del poder adquisitivo y presiona a un sistema ya afectado por recortes presupuestarios y demoras en la transferencia de fondos.

El conflicto en las universidades nacionales atraviesa un punto culminantel. La decisión del Ejecutivo de otorgar un aumento del 1,7% de manera unilateral —formalizada mediante un instructivo de la Subsecretaría de Políticas Universitarias— no sólo reaviva el malestar gremial, sino que expone un cuadro más profundo: la combinación de salarios deteriorados, financiamiento restringido y compromisos legales incumplidos.

La medida alcanza tanto a docentes como a trabajadores nodocentes y fue adoptada al margen de la negociación colectiva. Desde la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN) cuestionaron con dureza el mecanismo utilizado y el porcentaje definido.

“Se trata de una decisión sin paritarias y muy por debajo del índice inflacionario”, advirtieron, subrayando que la política salarial actual consolida una pérdida sostenida del poder adquisitivo.

El trasfondo normativo añade una dimensión institucional al conflicto. La Ley de Financiamiento Universitario 27.795 establece la obligación de convocar a paritarias, garantizar actualizaciones periódicas y recomponer ingresos en función de la inflación. Sin embargo, según denunció el Frente Sindical de las Universidades Nacionales, esas obligaciones no fueron cumplidas en los plazos previstos. El incumplimiento no es meramente formal: repercute de manera directa en la estabilidad del sistema.

A esta situación se suma una estrategia judicial que, en los hechos, prolonga la incertidumbre. A horas de vencer el plazo para transferir $2,5 billones destinados a las universidades, la Procuración del Tesoro presentó un recurso extraordinario ante la Corte Suprema con el objetivo de frenar la aplicación de la ley, pese a que ya existían fallos en dos instancias que ordenaban su implementación inmediata. La maniobra introduce un nuevo factor de dilación tanto en la llegada de recursos como en la recomposición salarial.

Las consecuencias de este escenario se verifican con claridad en los ingresos del personal universitario. Según datos gremiales, los salarios acumulan 17 meses consecutivos de retroceso. Sólo durante 2025 la caída alcanzó los 35 puntos, mientras que en 2024 —a pesar de una inflación del 118%— no se registraron actualizaciones. En términos acumulados, la pérdida asciende a 141 puntos, un retroceso que ubica el poder adquisitivo en niveles comparables a los de la salida de la crisis de 2002.

El impacto no se limita a los ingresos individuales. El ajuste presupuestario condiciona el funcionamiento cotidiano de las universidades. De acuerdo con el Consejo Interuniversitario Nacional, los fondos destinados a gastos operativos se redujeron cerca de un 45% en los últimos dos años. Esta contracción afecta la continuidad de actividades académicas, proyectos de investigación y programas de extensión, pilares del sistema público universitario.

Rectores, gremios docentes, nodocentes y organizaciones estudiantiles avanzan en la organización de una nueva Marcha Federal, con el objetivo de visibilizar el conflicto y reinstalar el debate sobre el financiamiento universitario en la agenda pública. La convocatoria busca reeditar una tradición de movilización que, históricamente, ha logrado interpelar a los distintos niveles del Estado.

La crisis universitaria ya no puede leerse como una suma de cuestiones aisladas. La combinación de decisiones salariales unilaterales, compromisos legales incumplidos y restricciones presupuestarias configura un cuadro estructural que compromete el funcionamiento del sistema en su conjunto. En ese marco, la falta de instancias de negociación no sólo agrava el deterioro económico de los trabajadores, sino que erosiona los canales institucionales que sostienen la gobernabilidad del sector.

El conflicto, lejos de disiparse, tiende a profundizarse. La respuesta del sistema universitario —a través de la movilización y la articulación de sus actores— anticipa un clima donde la disputa por el financiamiento y las condiciones laborales volverá a ocupar un lugar central en el debate público. Lo que está en juego, más allá de la coyuntura, es la viabilidad de uno de los pilares históricos de la educación pública argentina.

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La CGT endurece su postura y proyecta una movilización masiva el 30 de abril

Cristián Jerónimo anticipó una marcha multitudinaria para el Día del Trabajador, con un mensaje crítico hacia la política económica del Gobierno. La central obrera busca consolidar su liderazgo en la protesta social y frenar el avance de la reforma laboral.

La Confederación General del Trabajo afina los detalles de una movilización que aspira a convertirse en una de las expresiones más contundentes del año. Prevista para el 30 de abril, la convocatoria se propone trascender el ámbito gremial y reunir a un amplio espectro de actores sociales en rechazo al rumbo económico impulsado por la administración de Javier Milei.

Cristián Jerónimo, integrante del triunvirato que conduce la central y referente del Sindicato del Vidrio, delineó los objetivos de la jornada y fijó una posición sin matices frente a las iniciativas oficiales. El dirigente sostuvo que el movimiento obrero se erige hoy como el principal dique frente a medidas que, a su entender, erosionan derechos laborales y profundizan las dificultades de los sectores más vulnerables.

La marcha tendrá, además, un componente simbólico. Coincidirá con la conmemoración del Día del Trabajador y concluirá con un homenaje a Papa Francisco, al cumplirse un año de su fallecimiento. La central prevé una participación que exceda a los gremios tradicionales, incorporando a organizaciones estudiantiles, espacios culturales y movimientos sociales.

El trasfondo de la convocatoria se vincula con el rechazo a la reforma laboral promovida por el Ejecutivo. Jerónimo cuestionó la insistencia oficial en reactivar la iniciativa a través de mecanismos judiciales, interpretando esa estrategia como un intento de sortear los límites institucionales. Desde la CGT sostienen que la normativa implica un retroceso en materia de derechos adquiridos y ratifican su decisión de resistir cualquier modificación en ese sentido.

Las críticas también alcanzan al programa económico en su conjunto. El dirigente puso el foco en la evolución de los precios y en la pérdida del poder adquisitivo, al tiempo que advirtió sobre las dificultades cotidianas que enfrentan amplios sectores de la población. En ese aspecto, subrayó inconsistencias en el discurso gubernamental respecto del rol del Estado, particularmente en lo referido a la intervención en negociaciones salariales.

Otro de los ejes planteados por la conducción sindical es la defensa de la estructura productiva y de los organismos de control. Jerónimo remarcó la importancia de las áreas vinculadas a la fiscalización aduanera y tributaria como herramientas para resguardar la industria nacional. A su juicio, cualquier debilitamiento en esos dispositivos impactaría de manera directa en el empleo y en la competitividad de las empresas locales.

En el plano político, el dirigente instó al peronismo a recomponer su cohesión interna y a recuperar capacidad de representación frente al malestar social. Evitó alineamientos personales, pero insistió en la necesidad de construir una alternativa amplia que canalice las demandas de los trabajadores.

La CGT busca revalidar su centralidad en un momento de redefiniciones profundas. La movilización del 30 de abril no será sólo una conmemoración, sino una señal de posicionamiento frente a un modelo económico que el sindicalismo cuestiona con firmeza. En ese pulso, la calle vuelve a ocupar un lugar decisivo como espacio de expresión y disputa.

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Recomposición del 3,4% para trabajadores de Claro, Telecom y Movistar

Los trabajadores de las principales operadoras del país —Claro, Telecom Argentina y Movistar— alcanzaron un nuevo entendimiento paritario que fija una recomposición salarial del 3,4%, en línea con la evolución reciente de los precios y la estrategia gremial de actualización periódica.

El acuerdo fue rubricado por la Confederación de Sindicatos de las Telecomunicaciones, espacio que nuclea a las principales federaciones del sector y que conduce Claudio Marín. La negociación consolida un esquema de incrementos escalonados que busca sostener el poder adquisitivo en un rubro altamente volátil y tecnológicamente intensivo.

Dos tramos: alivio inmediato y recomposición estructural

La pauta acordada se instrumenta en dos etapas consecutivas. Por un lado, se liquidará con los haberes de abril una suma extraordinaria equivalente al 3,4% de las escalas vigentes, concebida como compensación inmediata.

En este sentido, desde mayo ese mismo porcentaje se integrará de forma permanente al salario, impactando directamente en las escalas del sector. Esta segunda instancia no solo mejora los ingresos corrientes, sino que también eleva la base de cálculo para adicionales, antigüedad y futuras negociaciones.

Aplicación diferenciada según la actividad

El diseño del incremento contempla particularidades según el segmento laboral, con el objetivo de optimizar su efecto en la estructura salarial:
Servicios móviles: el aumento se traslada en su totalidad al salario básico, reforzando el ingreso directo.

Servicios fijos: la distribución adopta un esquema mixto. Un 3% se reparte entre salario básico (60%) y adicional especial (40%), mientras que el 0,40% restante se canaliza como viático convencional, con incidencia en productividad y turnos.

Este esquema refleja la heterogeneidad interna del sector, donde conviven tareas técnicas, operativas y comerciales con distintas modalidades de remuneración.

Proyección y efectos colaterales

Desde la representación sindical subrayaron que las nuevas escalas no solo impactan en los haberes mensuales, sino que también servirán como referencia para el cálculo del “Día del Trabajador Telefónico” correspondiente a 2027, un componente relevante dentro del esquema de ingresos anual.

El entendimiento ratifica, además, la continuidad de negociaciones periódicas en un rubro donde la actualización salarial se volvió una herramienta clave para amortiguar el deterioro del ingreso real.

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