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La cartera laboral, a cargo de Raquel Olmos, convocó hoy a la reanudación del diálogo, pero la organización sindical sostuvo que «la propuesta patronal fue insuficiente, porque se ubica por debajo de los índices inflacionarios previstos para este trimestre». La conducción nacional de la Asociación Bancaria (AB) denunció que las cámaras empresarias de la actividad formularon “una propuesta insuficiente” al reanudar hoy en el Ministerio de Trabajo la negociación de la revisión paritaria salarial, informó el gremio.

Sindicalistas y empresarios habían iniciado la negociación a pedido del gremio el 15 de este mes en la cartera laboral, y convinieron entonces un cuarto intermedio hasta este jueves. La cartera laboral, a cargo de Raquel Olmos, convocó hoy a la reanudación del diálogo, pero la organización sindical sostuvo que “la propuesta patronal fue insuficiente, porque se ubica por debajo de los índices inflacionarios previstos para este trimestre”.

“Las cámaras no reconocen la realidad económica que los trabajadores viven a diario. La Bancaria ratifica la necesidad de mantener de forma indefectible el poder adquisitivo del salario y requiere una reformulación urgente de la propuesta”, sostuvieron en un comunicado los secretarios general y de Prensa, Sergio Palazzo y Claudio Bustelo.

El Ministerio de Trabajo dispuso un nuevo cuarto intermedio y determinó otra audiencia de partes para el próximo lunes, en horario a determinar, para continuar las negociaciones.

La revisión de la paritaria bancaria había sido prevista en la cláusula tercera del último acuerdo salarial, por lo que el sindicato reclamó en su momento la inmediata negociación.

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El mapa de los 42 senadores que votaron a favor de la reforma laboral

Con 42 votos afirmativos y 30 negativos, el Senado aprobó de madrugada la reforma laboral impulsada por Javier Milei. La clave estuvo en el respaldo articulado de gobernadores y bloques provinciales, que ampliaron la base libertaria más allá del PRO y la UCR. El proyecto ahora será tratado en Diputados antes del 1° de marzo.

La media sanción de la reforma laboral no fue únicamente el resultado de la cohesión del oficialismo. Fue, sobre todo, la expresión de una arquitectura política más amplia, construida en las semanas previas con gobernadores que, más allá de su identidad partidaria, decidieron acompañar al Ejecutivo.

La Libertad Avanza aportó su núcleo duro en la Cámara alta, con senadores como Bartolomé Abdala, Ezequiel Atauche, Vilma Bedia, María Emilia Orozco y Francisco Paoltroni, entre otros.

A ese bloque se sumaron de manera compacta los diez legisladores de la Unión Cívica Radical —entre ellos Maximiliano Abad, Carolina Losada y Eduardo Vischi— y los representantes del PRO, como Enrique Goerling Lara y Carmen Álvarez Rivero.

Esa base, sin embargo, no alcanzaba por sí sola para garantizar la aprobación. El umbral político se superó con el aporte decisivo de senadores vinculados a gobernadores provinciales, algunos de ellos peronistas no alineados con la conducción nacional del PJ.

Los gobernadores que inclinaron la balanza

El oficialismo logró consolidar acuerdos con mandatarios provinciales que ordenaron a sus representantes en el Senado acompañar el proyecto. Entre los respaldos más relevantes se cuentan:
Tucumán (Osvaldo Jaldo): Beatriz Ávila confirmó su voto positivo, en sintonía con la estrategia del Ejecutivo provincial.
Neuquén (Rolando Figueroa): Julieta Corroza (La Neuquinidad) aportó un voto clave.
Salta (Gustavo Sáenz): Flavia Royón (Primero los Salteños) acompañó la iniciativa.
Córdoba (Martín Llaryora): Alejandra Vigo, referenciada en el schiarettismo, respaldó el proyecto.
Misiones (Hugo Passalacqua): Carlos Arce y Sonia Rojas Decut (Frente Renovador de la Concordia) votaron a favor.
Chubut (Ignacio “Nacho” Torres): Edith Terenzi (Despierta Chubut) se sumó al oficialismo.

También acompañaron senadores del espacio Provincias Unidas, como Carlos Mauricio Espínola, ampliando el carácter transversal de la mayoría.

El resultado evidenció una dinámica política que trasciende la clásica grieta nacional: gobernadores priorizando negociación fiscal, gobernabilidad y vínculos institucionales por sobre alineamientos partidarios estrictos.

Quiénes votaron a favor

La votación reflejó una coalición amplia y heterogénea integrada por:
La Libertad Avanza
PRO
UCR
Frente Renovador de la Concordia (Misiones)
Bloques provinciales de Neuquén, Salta y Chubut
Peronismo federal o disidente (Provincias Unidas, Córdoba)
En total, 42 senadores levantaron la mano afirmativamente.

El rechazo: peronismo cohesionado y bloques patagónicos

El bloque de Unión por la Patria lideró el rechazo con 30 votos negativos, acompañado por espacios como Convicción Federal, representantes santacruceños y otros senadores provinciales.

Figuras como José Mayans, Juliana Di Tullio, Eduardo “Wado” de Pedro, Alicia Kirchner y Sergio Uñac encabezaron la resistencia parlamentaria, en línea con el posicionamiento del sindicalismo y la CGT, que durante las últimas semanas movilizó en distintas provincias contra el proyecto.

La votación dejó en evidencia una fractura dentro del universo peronista: mientras la conducción nacional sostuvo una postura unificada en contra, gobernadores con peso territorial optaron por una estrategia de diálogo y acompañamiento parcial al Ejecutivo.

Un triunfo político con impacto federal

Más allá del contenido específico de la reforma, el resultado constituye un triunfo político significativo para Javier Milei. No solo por haber superado la primera instancia legislativa, sino por haber logrado articular una mayoría con actores que no forman parte de su estructura partidaria.

La iniciativa ahora pasa a la Cámara de Diputados, donde el oficialismo intentará replicar el esquema de alianzas para obtener la sanción definitiva antes del 1° de marzo, dentro del período de sesiones extraordinarias.

El Senado dejó una señal clara: en el nuevo mapa de poder, los gobernadores emergen como árbitros decisivos de la agenda nacional. Y en esta oportunidad, su respaldo fue determinante para que la reforma laboral avance un casillero más en el Congreso.

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Reforma laboral: el oficialismo logró media sanción tras 14 horas de debate y ahora la pulseada pasa a Diputados


Con el acompañamiento de la mayoría de los gobernadores “dialoguistas”, el Senado aprobó en general la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo. El texto introduce cambios estructurales en la Ley de Contrato de Trabajo, limita el derecho de huelga, modifica el régimen indemnizatorio y otorga prevalencia a los convenios por empresa. La discusión se traslada ahora a la Cámara de Diputados.

Tras 14 horas de debate, el Senado de la Nación aprobó en la madrugada de este jueves el proyecto de reforma laboral promovido por el presidente Javier Milei. La votación en general arrojó 42 votos afirmativos y 30 negativos, con el respaldo decisivo de los bloques alineados con gobernadores provinciales. El dato que atravesó la jornada —y que encendió críticas en la oposición— fue que el texto definitivo llegó a manos de los senadores minutos después de la votación, en un trámite que dejó interrogantes sobre la lectura fina de las modificaciones incorporadas a último momento.

La Libertad Avanza reunió sus 21 votos y sumó el acompañamiento de la Unión Cívica Radical, el PRO, Provincias Unidas y bloques provinciales vinculados a mandatarios locales. Con excepción del santacruceño Claudio Vidal, los gobernadores considerados “dialoguistas” aportaron respaldo político a la iniciativa. El interbloque peronista, en tanto, se mantuvo cohesionado y votó en contra, junto a dos representantes de Santa Cruz.

Un rediseño estructural del esquema laboral

Bajo el nombre de “Modernización Laboral”, el proyecto introduce modificaciones profundas en la Ley de Contrato de Trabajo y en normas complementarias. El oficialismo lo presenta como una herramienta para promover empleo registrado y reducir litigiosidad. Para el sindicalismo y sectores de la oposición, en cambio, se trata de un cambio de paradigma que debilita la negociación colectiva y altera pilares históricos del modelo laboral argentino.

Uno de los ejes más controvertidos es la regulación del derecho de huelga. La iniciativa establece porcentajes mínimos de funcionamiento del 75% en servicios esenciales y del 50% en actividades consideradas trascendentales, ampliando el universo alcanzado. Además, fija nuevas condiciones para asambleas y medidas de fuerza. Para las centrales obreras, estos mecanismos implican en los hechos una restricción severa de la protesta sindical.

En este sentido, la norma otorga prevalencia al convenio por empresa por sobre los convenios de actividad y limita la ultraactividad de los acuerdos colectivos. Al vencerse un convenio, las cláusulas extraordinarias tendrán un año para renegociarse. En términos prácticos, la arquitectura de la negociación colectiva se desplaza hacia ámbitos más fragmentados, con menor capacidad de presión sectorial.

Indemnizaciones, fondo de capitalización y banco de horas

El capítulo indemnizatorio también introduce un giro significativo. La base de cálculo excluye conceptos no mensuales como aguinaldo o vacaciones y fija un tope de hasta tres salarios promedio del convenio aplicable. La indemnización pasa a definirse como la única reparación frente al despido sin causa, un reclamo histórico del empresariado orientado a reducir contingencias judiciales.

En ese aspecto se crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), un sistema de capitalización con aportes patronales obligatorios —1% para grandes empresas y 2,5% para pymes— destinado a cubrir obligaciones por desvinculación. Administrado bajo supervisión de la Comisión Nacional de Valores, el esquema modifica la lógica tradicional de financiamiento de despidos y abre un debate sobre el traslado de riesgos desde el empleador hacia mecanismos de ahorro previo.

La reforma incorpora además el denominado “banco de horas”, que permite compensar extensiones de jornada con francos en lugar de abonar horas extras, siempre bajo acuerdo escrito. La jornada diaria podrá ampliarse hasta 12 horas respetando descansos mínimos, y se habilitan contratos a tiempo parcial por debajo de la jornada legal. Para el oficialismo, se trata de herramientas de flexibilidad adaptadas a nuevas dinámicas productivas; para sus detractores, una puerta a la extensión de la disponibilidad laboral.

Cambios en licencias, estatutos y estructura sindical

En materia de enfermedades no laborales, el texto distingue entre dolencias derivadas de conductas voluntarias y aquellas ajenas a decisiones del trabajador, reduciendo en ciertos supuestos el porcentaje salarial a percibir. También se fijan topes en honorarios judiciales y se equiparan acuerdos homologados a sentencia firme, con el objetivo declarado de acotar la litigiosidad.

El proyecto deroga estatutos profesionales históricos —entre ellos el del periodista— y establece un plazo de transición para su eliminación. Asimismo, mantiene el aporte patronal del 6% a obras sociales y fija un tope del 2% para cuotas sindicales compulsivas por un período determinado, además de un 0,5% para cámaras empresarias.

En la antesala del debate, el Ejecutivo cedió ante reclamos provinciales y retiró la propuesta de rebaja del impuesto a las Ganancias para sociedades que afectaba la coparticipación. También incorporó modificaciones solicitadas por bloques aliados, en un delicado equilibrio entre disciplina fiscal y sostenimiento político.

Una discusión que recién comienza

El oficialismo celebró la media sanción como un paso decisivo en su programa de reformas estructurales. Sin embargo, la iniciativa enfrenta un escenario complejo en Diputados, donde los números son más ajustados y la presión sindical anticipa un clima de alta conflictividad.

Más allá de los ajustes técnicos incorporados en el trámite legislativo, la reforma abre un debate de fondo: si el nuevo esquema laboral favorecerá la creación de empleo formal o si, por el contrario, implicará un corrimiento de derechos consolidados durante décadas. En ese dilema se juega no solo la arquitectura jurídica del trabajo, sino también el modelo de relaciones laborales que definirá la Argentina de los próximos años.

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La carne sube por encima de la inflación y el nuevo acuerdo con EE.UU. reconfigura el tablero

La carne vacuna registró nuevas subas en enero y febrero, con incrementos que superan la inflación general y profundizan la caída del consumo interno. En consecuencia, el Gobierno anunció la ampliación del cupo de exportación a Estados Unidos, lo que genera expectativas en el sector agroexportador y dudas sobre el impacto en el mercado doméstico.

El mercado de la carne volvió a encender señales de alerta. Desde comienzos de febrero, los valores en mostrador registraron un incremento cercano al 10%, consolidando una escalada que ya venía presionando desde enero. En este sentido, el pollo había acumulado una suba del 25% el mes anterior, reflejando una dinámica alcista en las principales proteínas animales.

Hoy, el promedio del kilo de carne vacuna ronda los $15.000, con cortes que superan ampliamente ese valor. El fenómeno no pasa inadvertido: cuando la carne aumenta por encima del índice general de precios, el impacto en la inflación alimentaria es inmediato y sensible.

Menos consumo, más tensión

Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo per cápita se mantiene en niveles históricamente bajos, pese a leves repuntes registrados en 2025. La explicación es directa: la pérdida de poder adquisitivo de los salarios limita la capacidad de compra de los hogares.

La paradoja es evidente. Mientras los precios suben, el volumen consumido cae. Esta combinación revela un mercado atravesado por problemas estructurales: menor oferta estacional, recomposición de precios tras períodos de atraso relativo y una demanda interna debilitada.

Especialistas del rubro advierten que la producción bovina arrastra inconvenientes de stock derivados de ciclos climáticos adversos y decisiones de liquidación de hacienda en años previos, lo que reduce la disponibilidad en determinados momentos del año. A esto se suma una nueva temporalidad de la oferta, menos previsible y más concentrada.

El factor externo: más exportaciones a Estados Unidos

En este contexto interno complejo, el Gobierno nacional confirmó la ampliación del cupo de exportación de carne vacuna a Estados Unidos, que pasará de 20.000 a 100.000 toneladas anuales, tras una decisión presidencial firmada por Donald Trump en el marco del acuerdo comercial bilateral.

El Ejecutivo estima que el incremento —80.000 toneladas adicionales— podría generar ingresos cercanos a 800 millones de dólares para el sector agroexportador. Para los productores y frigoríficos exportadores, se trata de una oportunidad estratégica para consolidar mercados y capitalizar la demanda internacional.

Argentina exporta carne premium a Estados Unidos, aun cuando ese país es uno de los principales productores y exportadores globales. La ampliación del cupo fortalece esa relación comercial.

¿Impacto en el mercado doméstico?

Sin embargo, la medida abrió interrogantes. Diversos actores del sector productivo advierten que un mayor volumen destinado al exterior podría tensionar aún más la oferta local si no se incrementa la producción. Además, existen cuestionamientos sobre la eventual entrada de carne estadounidense sin aranceles, lo que podría generar competencia en precios en determinados segmentos.

La ecuación es delicada: más exportaciones implican mayor ingreso de divisas, pero también pueden presionar sobre los precios internos si el equilibrio entre oferta y demanda doméstica no se sostiene.

En un país donde la carne vacuna es un componente central de la canasta alimentaria, cualquier alteración en su precio tiene efectos sociales y políticos inmediatos.

Inflación alimentaria y desafío estructural

El encarecimiento de la carne vuelve a plantear un dilema clásico de la economía argentina: cómo compatibilizar una estrategia exportadora agresiva con la necesidad de garantizar abastecimiento y precios accesibles en el mercado interno.

Con consumo deprimido, salarios rezagados y un escenario internacional que ofrece oportunidades, el sector cárnico se mueve entre dos fuerzas contrapuestas: la presión de la demanda externa y la fragilidad del bolsillo doméstico.

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