Mientras el mundo reduce la semana laboral, el Gobierno planea extender la edad jubilatoria y flexibilizar los horarios
El presidente Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo, anticiparon que tras las elecciones legislativas impulsarán una reforma estructural del sistema laboral y previsional. En lugar de reducir la jornada, como ensayan países desarrollados, el oficialismo plantea elevar la edad jubilatoria a los 70 años y flexibilizar los límites horarios según las necesidades empresariales.
El plan económico que el Gobierno nacional prepara para después del 26 de octubre incluye un giro drástico en materia laboral y previsional. La extensión de la edad jubilatoria hasta los 70 años y una reforma laboral de corte flexibilizador son dos de los ejes centrales de la nueva agenda que el oficialismo busca instalar bajo el argumento de “modernizar” el mercado de trabajo.
Durante un acto en la Bolsa de Comercio de Córdoba, el Presidente fue categórico:
“Se vienen la reforma tributaria, la reforma laboral y mucha desregulación económica… Vamos hacia un mercado laboral más libre”, expresó Milei, en un discurso que volvió a poner sobre la mesa la intención de reestructurar la relación entre trabajadores y empleadores.
Por su parte, el ministro de Economía Luis Caputo fue más específico en junio, durante el Congreso Somos Pymes, donde señaló que “el daño que está haciendo la actual estructura laboral es indignante” y que “la reforma laboral es algo fundamental”.
El diagnóstico oficial apunta a que el empleo privado registrado no crece desde 2011 y que la cantidad de empleadores permanece estancada desde 2007, según datos que el propio Caputo utilizó para justificar el impulso a la flexibilización.
El contraste internacional
Mientras en países como Reino Unido, Islandia y Japón se desarrollan experiencias exitosas con semanas laborales reducidas, que demostraron mejoras en productividad, bienestar y retención de talento, en la Argentina libertaria se proyecta el camino opuesto.
Los ensayos internacionales muestran que, al trabajar cuatro días en lugar de cinco, las empresas registraron mayor motivación, menos estrés y productividad igual o superior, incluso con menor carga horaria. Sin embargo, en un país donde la cultura sindical sigue presente y los sectores empresariales mantienen visiones tradicionales de productividad, esas tendencias parecen lejanas.
Tampoco los avances tecnológicos —ni el desarrollo efectivo de la inteligencia artificial o la automatización— se consolidaron lo suficiente como para habilitar una redistribución real del tiempo de trabajo.
El debate sobre la jornada reducida hoy está presente solo en el discurso de las consultoras privadas, mientras la legislación argentina mantiene límites de 8 horas diarias o 48 semanales, sin fijar un mínimo de días laborables.
En teoría, podría trabajarse solo tres días por semana sin superar el tope de horas, pero en la práctica el problema radica en la reducción del salario y la necesidad de modificar leyes para sostener la remuneración completa con menor carga horaria.
Las limitaciones legales y sindicales
La Ley de Contrato de Trabajo y la Ley de Jornada de Trabajo fijan los marcos vigentes.
Cualquier intento de reducir o redistribuir las horas laborales —sin alterar los ingresos— requeriría una reforma legislativa o la firma de acuerdos sectoriales que contemplen particularidades por industria o convenio colectivo.
Según especialistas en derecho laboral, no sería necesaria una reforma general, sino modificaciones específicas acordadas con los gremios.
En Argentina, muchos sectores ya operan con convenios diferenciados, lo que permitiría —al menos en teoría— ensayar una reducción de jornada por rama de actividad.
Sin embargo, los cambios estructurales que impulsa el Gobierno libertario avanzan en la dirección contraria: hacia un sistema más flexible en materia de despidos y contratación.
A partir del DNU 70/2023 y su incorporación parcial en la Ley de Bases 27.742, se habilitaron nuevas modalidades de contratación, fondos de cese laboral y mecanismos alternativos a la indemnización tradicional.
El objetivo declarado es “fomentar la registración y reducir la litigiosidad”, aunque desde el movimiento sindical se advierte que el verdadero propósito es abaratar el costo del despido y debilitar la estabilidad laboral.
Un debate que divide el futuro del trabajo
El contraste entre la reforma laboral flexibilizadora que impulsa el Gobierno argentino y las tendencias internacionales que buscan acortar las jornadas es nítido.
Mientras el mundo debate cómo mejorar la calidad de vida laboral, el oficialismo nacional avanza hacia un modelo centrado en la rentabilidad y la desregulación.
En un contexto de alta inflación, salarios depreciados y creciente precarización, la discusión sobre extender la edad jubilatoria a los 70 años suma una nueva preocupación.
Los gremios, las centrales sindicales y los especialistas en política laboral anticipan un escenario de fuerte resistencia en el Congreso y en las calles.
El debate sobre el futuro del trabajo en la Argentina se abre entre dos paradigmas opuestos: mientras el mundo desarrollado ensaya fórmulas para trabajar menos y vivir mejor, el Gobierno de Javier Milei proyecta un esquema de mayor flexibilidad, más horas y jubilaciones tardías.
El argumento de la eficiencia choca con la realidad de un mercado laboral frágil y con la resistencia sindical que, de concretarse estas reformas, promete ser también uno de los capítulos más intensos del año político.
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Universidades: FATUN confirmó movilizaciones y una nueva Marcha Federal
La federación que representa al personal nodocente rechazó la propuesta oficial de un aumento del 3% para octubre y ratificó nuevas acciones junto al Frente Sindical Universitario. Habrá una jornada nacional el 15 de septiembre, una concentración frente al Palacio Pizzurno el 17 y una nueva Marcha Federal Universitaria durante la primera semana de octubre.
El conflicto salarial de las universidades nacionales sumará nuevas jornadas de protesta. La Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN) ratificó el cronograma de medidas acordado con el Frente Sindical Universitario y anticipó una escalada de movilizaciones ante la falta de acuerdo con el Gobierno.
La decisión fue adoptada después del rechazo a la última propuesta oficial, que contempló un incremento salarial del 3% para octubre. Para la organización que representa a los trabajadores nodocentes, ese porcentaje resulta insuficiente frente al deterioro acumulado de los ingresos y no responde al reclamo de recomposición salarial.
El reclamo gremial también incorpora la aplicación efectiva de la Ley de Financiamiento Universitario, sancionada para garantizar recursos destinados al funcionamiento de las instituciones de educación superior. Las organizaciones universitarias sostienen que la discusión presupuestaria no puede quedar separada de la actualización de los salarios, las becas y los fondos necesarios para sostener las universidades públicas.
La primera fecha del nuevo cronograma será el 15 de septiembre, cuando se desarrollará la jornada nacional denominada “La universidad en la calle”, con actividades en espacios públicos de todo el país destinadas a visibilizar las demandas de docentes y nodocentes.
Dos días después, el 17 de septiembre, las organizaciones concentrarán sus reclamos frente al Palacio Pizzurno, sede de la Secretaría de Educación. La movilización coincidirá con las mesas paritarias convocadas para docentes y nodocentes, por lo que el encuentro será una instancia relevante para medir si el Gobierno modifica su propuesta salarial.
La protesta tendrá continuidad durante la primera semana de octubre, con la convocatoria a la quinta Marcha Federal Universitaria. Las organizaciones que integran el frente sindical buscarán volver a reunir a trabajadores, estudiantes y autoridades universitarias para reclamar una recomposición de los ingresos y mayores recursos para el sistema público de educación superior.
El nuevo calendario se suma al paro nacional del 8 de septiembre, que afectó las tareas académicas, administrativas y de servicios en las universidades. La medida expresó un reclamo que excede la discusión salarial e incluye el financiamiento institucional y la actualización de las becas estudiantiles.
FATUN, sostiene que la negociación colectiva requiere una propuesta que permita recuperar capacidad adquisitiva y una discusión con el Poder Ejecutivo que contemple la evolución real del costo de vida. El gremio también reclama el cumplimiento de las disposiciones vinculadas con el financiamiento universitario.
La federación integra el Frente Sindical Universitario junto con FEDUN, CONADU, CONADU Histórica, UDA, FAGDUT y CTERA, una articulación que permitió unificar las principales medidas de fuerza de la comunidad universitaria.
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La reforma laboral avanza con nuevos topes para las indemnizaciones
El Gobierno oficializó nuevos topes indemnizatorios para cuatro convenios colectivos vinculados con trabajadores de la construcción y de entidades deportivas y civiles. Las disposiciones fueron publicadas en el Boletín Oficial por la Dirección Técnica sobre Regulación del Trabajo y fijan valores que llegan hasta $7.473.092,40.
La medida no establece cuánto puede cobrar como máximo una persona despedida. El límite se aplica sobre la remuneración mensual utilizada como base para calcular la indemnización por antigüedad, conforme al artículo 245 de la Ley de Contrato de Trabajo. El monto final depende, entre otros factores, de los años trabajados.
Para los empleados representados por la Unión de Empleados de la Construcción y Afines de la República Argentina (UECARA), los topes vigentes desde diciembre de 2025 fueron establecidos en $3.578.828,88 para la Zona Norte, $4.046.423,40 para la Zona Centro, $4.440.490,47 para la Zona Nor Patagónica Desfavorable, $6.435.877,65 para la Zona Sur Patagónica Desfavorable y $7.473.092,40 para la Zona Austral.
En los convenios correspondientes a UTEDYC, los valores dependen del empleador y de las condiciones de cada convenio. Para la Caja de Previsión y Seguro Médico de la Provincia de Buenos Aires, el límite quedó en $1.118.778,87.
En el convenio con la Academia de Medicina de Buenos Aires, los topes oscilan entre $2.064.729,27 y $3.313.884,99, de acuerdo con la jornada laboral. Para el Instituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción (IERIC), los valores van de $2.697.975 a $5.418.618,54.
La actualización forma parte de la aplicación de la Ley de Modernización Laboral 27.802, promulgada en marzo de 2026, que modificó distintos aspectos del régimen de indemnizaciones. Entre sus disposiciones incorporó nuevos criterios para determinar la remuneración computable y excluyó determinados conceptos que no tengan carácter mensual.
La reforma también creó el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), destinado a facilitar el pago de indemnizaciones cuando las empresas no puedan afrontar esas obligaciones con recursos propios. A su vez, habilitó mecanismos de cancelación en cuotas: hasta 18 para pequeñas y medianas empresas y hasta 12 para grandes compañías.
Otro cambio relevante alcanzó la actualización de los créditos laborales, que quedó vinculada a la inflación más un adicional del 3% anual.
El alcance de estas modificaciones generó cuestionamientos desde el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que advirtió que la reforma reduce los conceptos considerados para determinar la indemnización y mencionó, entre otros, aguinaldo, vacaciones, horas extras, premios y comisiones.
La discusión adquiere especial relevancia porque los nuevos topes trasladan a la negociación colectiva y a las disposiciones administrativas una parte sustancial de la determinación de la base indemnizatoria. La autoridad laboral quedó facultada para establecer estos valores en función de los promedios salariales de cada convenio, sin que cada actualización requiera una nueva intervención legislativa.
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La canasta básica trepó a $1,6 millones y profundizó la brecha con los salarios
Una familia de cuatro integrantes necesitó $1.605.497 en agosto para superar la línea de pobreza, mientras que el salario mínimo quedó en $383.800. La Canasta Básica Alimentaria alcanzó $726.469 y también superó ampliamente un ingreso mínimo. La distancia entre ambos valores vuelve a colocar el poder adquisitivo en el centro de las discusiones salariales.
El costo de sostener una familia volvió a ampliar su distancia respecto del salario mínimo. Según los datos difundidos por el INDEC, un hogar compuesto por cuatro integrantes necesitó $1.605.497 durante agosto para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y superar el umbral que determina la línea de pobreza.
El dato adquiere mayor dimensión al compararlo con el Salario Mínimo, Vital y Móvil, fijado en $383.800. Un solo ingreso mínimo representa apenas el 23,9% del costo de la canasta familiar, por lo que una familia tipo requiere el equivalente a más de cuatro salarios mínimos para alcanzar ese nivel de consumo.
La brecha también aparece en los alimentos. La Canasta Básica Alimentaria (CBA) llegó a $726.469, monto necesario para que un hogar de cuatro personas cubra los requerimientos alimentarios considerados por el organismo estadístico y no quede por debajo de la línea de indigencia. El salario mínimo alcanza para cubrir apenas el 52,8% de ese valor.
Incluso para un adulto equivalente, el ingreso mínimo resulta insuficiente. La CBT individual fue valuada en $519.578, por encima de los $383.800 del SMVM. Es decir, un trabajador que percibe el mínimo no a cubrir siquiera el conjunto de bienes y servicios contemplados por la medición para una persona.
La evolución de agosto agrega otro elemento a la discusión. Las canastas registraron un incremento mensual del 2,6%, superior al 1,7% que marcó el Índice de Precios al Consumidor. En términos interanuales, la CBA aumentó 39,6%, mientras que la CBT acumuló una suba del 38,3%.
La diferencia responde, entre otros factores, al comportamiento de algunos rubros que tienen una incidencia significativa en el presupuesto doméstico. En agosto, Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles encabezó las divisiones del IPC con un incremento del 2,8%, seguida por Educación, con 2,5%, y Salud, con 2,4%.
Los alimentos, en tanto, avanzaron 1,7% en el mes, aunque algunos productos mostraron aumentos considerablemente mayores. En Cuyo, por ejemplo, las verduras, tubérculos y legumbres acumularon incrementos anuales de hasta 86,3%, una evolución que impacta con mayor intensidad sobre los hogares de menores ingresos.
El cuadro vuelve a colocar los salarios en el centro de la discusión laboral. Con una canasta familiar que supera los $1,6 millones y un salario mínimo que representa menos de una cuarta parte de ese monto, las próximas negociaciones paritarias estarán atravesadas por la necesidad de recuperar capacidad de compra y evitar que los aumentos nominales queden rezagados frente al costo efectivo de los hogares.
Las organizaciones sindicales cuestionan, en ese sentido, las pautas de actualización cercanas al 1,5% o 2% mensual y reclaman mecanismos de recomposición que contemplen la evolución concreta de los gastos familiares. Entre las alternativas planteadas aparecen sumas fijas, cláusulas de revisión y aumentos que permitan corregir las diferencias acumuladas.
Los números oficiales ofrecen así una referencia que excede la discusión sobre la inflación mensual: el principal problema para los ingresos mínimos es la distancia que mantienen respecto del costo necesario para vivir. En agosto, esa brecha quedó nuevamente expuesta por una canasta familiar que superó los $1,6 millones mientras el salario mínimo permaneció por debajo de los $400.000.
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