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En la reunión paritaria celebrada este martes, el Gobierno sanjuanino ofreció un aumento salarial del 11,2% para los docentes, que se abonará en dos cuotas: un 3,7% en abril y un 7,5% en julio. Además, se acordó realizar una revisión en los próximos meses para evaluar la situación económica y ajustar el incremento según sea necesario.

El encuentro contó con la participación de los gremios docentes UDAP, UDA y AMET, cuyos representantes evaluarán la propuesta y la someterán a consulta con sus afiliados. Por parte del Ejecutivo provincial, estuvieron presentes el ministro de Economía, Finanzas y Hacienda, Roberto Gutiérrez, y la ministra de Educación, Silvia Fuentes.

El ministro Gutiérrez destacó que la propuesta busca acercarse a la inflación y mantener el poder adquisitivo de los docentes. «Con este incremento propuesto, estamos cubriendo un 19% aproximadamente en el año en cuanto a suba salarial, lo que estaría cerca de la inflación», sostuvo.

Por su parte, el secretario de la Gobernación, Emilio Achem, se mostró satisfecho con la propuesta oficial y destacó que la gestión de Orrego ya lleva una recomposición salarial docente de 52%, más 10 puntos ofrecidos, divididos en mayo y julio.

El martes 22 de abril desde las 16:30 horas volverán a verse las caras los representantes del Gobierno provincial y los Secretarios Generales de los gremios UDAP, UDA y AMET, y estos tendrán que asitir a la mesa de negociación con una respuesta.

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Reforma laboral en suspenso: la CGT gana terreno y redefine su hoja de ruta

La medida cautelar que suspende puntos centrales de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional reconfigura el mapa de relaciones laborales en la Argentina. Desde San Juan, la CGT interpretó el fallo como un punto de inflexión que devuelve previsibilidad a los trabajadores y obliga a replantear el rumbo oficial.

En diálogo con Mundo Laboral SJ, Eduardo Cabello no dudó en calificar la decisión como “una muy buena noticia” para el universo laboral. Según su análisis, el intento de reforma implicaba un retroceso en materia de derechos adquiridos, con riesgos concretos de precarización.

“Había que esperar, trabajar jurídicamente y no desesperar. Hoy el resultado es favorable y cambia completamente el clima. Se despeja una incertidumbre muy grande que tenían los trabajadores”, sostuvo.

Cabello planteó que, más allá del contenido específico de la reforma, el proceso evidenció una tensión de fondo: la disputa entre modelos de regulación laboral. En ese marco, cuestionó la rapidez con la que algunos sectores comenzaron a aplicar criterios derivados de la normativa aún bajo discusión judicial.

“Se avanzó de manera anticipada, incluso con maniobras en ámbitos provinciales que derivaron en despidos. Esto generó un nivel de angustia muy alto en los trabajadores”, explicó.

El dirigente también apuntó a un fenómeno más profundo: la fragilidad del entramado social frente a decisiones políticas de alto impacto. En su lectura, la volatilidad emocional del electorado —y fortalecida por mecanismos de comunicación y redes sociales— incide directamente en la legitimación de medidas que, en la práctica, pueden resultar perjudiciales para amplios sectores.

“Hay una reacción muchas veces impulsiva. Se celebran cambios sin medir sus consecuencias reales. Y cuando esas consecuencias llegan, como los despidos, la realidad golpea con fuerza”, advirtió.

El fallo, desde esta perspectiva, no solo detiene la implementación de la reforma sino que reabre el debate sobre el futuro del sistema laboral argentino. Cabello consideró que la resolución judicial permite “barajar y dar de nuevo” en términos de discusión política y técnica, con una CGT que se siente fortalecida en su rol de actor clave.

Asimismo, destacó el trabajo articulado del movimiento obrero con equipos jurídicos especializados, subrayando que la estrategia gremial no se limita a la protesta sino que también se despliega en el terreno institucional.

“Esto es producto del conocimiento, de entender el mundo del trabajo y de actuar con inteligencia. No es una cuestión de oposición por sí misma, sino de defender un modelo que garantice derechos”, remarcó.

En este aspecto, el dirigente dejó entrever que el conflicto está lejos de resolverse. La medida cautelar abre un proceso judicial que podría extenderse y derivar en definiciones de fondo sobre la constitucionalidad de la reforma.

El freno judicial a la reforma laboral marca un momento crucial en la relación entre el Gobierno y el movimiento sindical, y reinstala a la Justicia como árbitro decisivo en la disputa por el modelo de regulación del trabajo en la Argentina. Para la CGT, el fallo no solo representa una victoria táctica, sino también una validación de su estrategia institucional y política.

Sin embargo, el escenario sigue abierto. La resolución judicial inaugura una etapa de mayor complejidad, donde el debate ya no trasciende lo inmediato sino que interpela el rumbo estructural del mercado laboral. En ese terreno, la capacidad de construir consensos —o profundizar la confrontación— será determinante para definir el equilibrio entre competitividad económica y protección de derechos en los próximos años.

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La UNSJ lanza una carrera clave en gestión del agua para enfrentar la crisis hídrica

En medio de un panorama de escasez estructural y conflictos por la distribución del agua, la Universidad Nacional de San Juan implementará una tecnicatura a distancia orientada a profesionalizar la gestión de los sistemas de riego y fortalecer la toma de decisiones en un recurso cada vez más limitado.

En una provincia donde el agua dejó de ser un insumo abundante para convertirse en un recurso en disputa, la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) decidió intervenir desde uno de los frentes más estratégicos: la formación. En una situación de crisis hídrica persistente, la casa de altos estudios pondrá en marcha la Tecnicatura en Gestión de Distritos de Riego, una propuesta académica que busca dar respuesta a un problema que ya no admite abordajes parciales.

La iniciativa, aprobada por el Consejo Superior en octubre pasado, será implementada por la Facultad de Ingeniería bajo una modalidad híbrida —con fuerte impronta a distancia— y tendrá una duración de dos años. Su diseño no es casual: apunta a ampliar el acceso a estudiantes de departamentos alejados y, al mismo tiempo, a formar perfiles técnicos capaces de intervenir en uno de los núcleos más sensibles de la economía provincial.

“Tenemos la proyección de comenzar el semestre que viene”, explicó la decana Andrea Díaz, al anticipar el inicio de una propuesta que se inscribe en un momento particularmente complejo. La tensión entre productores y organismos de control por la distribución del agua de riego —con volúmenes que rondan los 650 a 680 hectómetros cúbicos, lejos de las demandas del sector— refleja la magnitud de un conflicto que excede lo coyuntural.

Los datos acompañan esa percepción. Informes técnicos elaborados por especialistas de la propia universidad advierten que la escasez hídrica en San Juan dejó de ser un fenómeno transitorio para consolidarse como una condición estructural, con impacto directo en la producción, el ambiente y las comunidades. Incluso, proyecciones científicas sostienen que el estrés hídrico podría persistir durante décadas, lo que obliga a repensar de manera integral los modelos de gestión .

En este ámbito, la nueva tecnicatura no solo aporta formación académica, sino que introduce un cambio de enfoque: profesionalizar la administración de un recurso escaso. El plan de estudios —que contempla cinco materias por semestre, prácticas socioeducativas y un trabajo integrador— apunta a formar técnicos capaces de planificar, operar y optimizar sistemas de riego y drenaje, en articulación con las demandas productivas.

El desafío, hacia adelante, será que ese conocimiento se traduzca en mejores prácticas, mayor eficiencia y decisiones más equilibradas. En definitiva, en una gestión del agua que esté a la altura de una realidad que ya no admite improvisaciones.

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Nafta sin freno: sube más que la inflación y agrava la pérdida de ingresos

La liberalización del mercado de combustibles y la adopción de ajustes dinámicos atados al precio internacional del crudo reconfiguran el sistema energético argentino. Con aumentos que superan ampliamente la inflación y los salarios, el nuevo esquema presiona sobre el consumo, la producción y el ingreso disponible de los hogares.

Desde la asunción del presidente Javier Milei, el mercado de combustibles atraviesa una transformación estructural marcada por la desregulación y la reducción de la intervención estatal. En este nuevo escenario, las petroleras adoptaron un esquema de actualización permanente de precios —denominado en el sector como “micropricing”— que replica con mayor rapidez las fluctuaciones del mercado internacional del petróleo.

El resultado es una aceleración sostenida en los surtidores. A fines de marzo, el litro de nafta supera los 2.000 pesos, consolidando una cadena de aumentos que, según un informe del Instituto Argentina Grande, acumula una suba del 514% desde el cambio de gobierno, con un incremento real del 56,9%. El dato contrasta con una inflación acumulada del 291,9% y un crecimiento de los salarios privados registrados del 288%, evidenciando un deterioro relativo del poder adquisitivo frente al costo energético.

La tendencia no sólo se mantiene sino que se profundiza. En lo que va del año, el precio de los combustibles aumentó un 18,7%, prácticamente el doble del ritmo inflacionario del período, mientras que los salarios avanzaron apenas un 6,7%. La brecha entre ingresos y costos energéticos se amplía, consolidando un escenario de presión sobre el consumo y la actividad.

El contexto internacional actúa como catalizador de este proceso. La escalada de tensiones en Medio Oriente —particularmente el conflicto entre Estados Unidos e Irán— impactó en el precio del barril de crudo, trasladando volatilidad a los mercados globales. En el plano local, la decisión oficial de acompañar esas variaciones sin mecanismos de amortiguación amplifica su impacto directo en los precios internos.

Desde el IAG cuestionan la ausencia de una estrategia para desacoplar los valores locales de las fluctuaciones externas, y comparan el enfoque con políticas de menor regulación como las impulsadas durante la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos.

El peso en el bolsillo

El encarecimiento de los combustibles excede su impacto directo en el gasto cotidiano. Se trata de un insumo transversal cuya incidencia se extiende a toda la estructura de costos de la economía. Transporte, logística, alimentos y producción industrial absorben estos incrementos y los trasladan —con distinta intensidad— al resto de los precios.

En este sentido, los ingresos muestran un rezago persistente. El informe del IAG señala una caída real del 3,5% en los salarios privados, mientras que en el sector público nacional el retroceso alcanza el 37,2% respecto de los niveles previos al cambio de gestión. A su vez, los gastos fijos —entre ellos tarifas y transporte— duplicaron su peso en el salario mediano, pasando del 4,8% al 10,8%.

Este deterioro impacta en el ingreso disponible de los hogares, que descendió del 80,1% al 76% del salario en trabajadores registrados. Como contracara, crece el endeudamiento: el 47% de las familias recurre a financiamiento para sostener el consumo, mientras que el 13,9% mantiene deudas con entidades financieras. La morosidad, en tanto, alcanzó al 10,6% en enero de 2026, el nivel más alto en veinte años.

A este panorama se suma la carga impositiva. El impuesto a los combustibles incrementó su participación en el precio final, pasando del 10% en 2022 al 22% en marzo de 2026. Según el ministro bonaerense Gabriel Katopodis, esto implica que cerca de 400 pesos de cada litro corresponden a tributos, lo que reabre el debate sobre el destino y la eficiencia de esos recursos.

El esquema vigente combina tres factores que potencian la presión sobre los precios: liberalización del mercado, alta carga impositiva y plena exposición a las variaciones internacionales. Esta tríada configura un sistema sensible a shocks externos y con escasos mecanismos de contención interna.

El “micropricing” introduce, además, un cambio cualitativo en la dinámica inflacionaria. Al permitir ajustes más frecuentes, reduce los rezagos entre costos y precios, pero al mismo tiempo incrementa la percepción de inestabilidad y dificulta la planificación tanto para consumidores como para empresas.

En términos macroeconómicos, el encarecimiento del combustible actúa como un factor de segunda ronda: no sólo impacta directamente en el índice de precios, sino que se filtra en toda la cadena productiva, amplificando sus efectos sobre la inflación general.

El precio de los combustibles se convirtió en una variable clave del actual esquema económico. Su evolución, cada vez más atada al mercado internacional y menos regulada a nivel local, redefine el costo de vida y tensiona la relación entre ingresos y gastos. La discusión de fondo —el rol del Estado en la regulación de un insumo estratégico— permanece abierta en un marco donde la energía no sólo mueve la economía, sino que también condiciona su estabilidad social.

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