La CGT se mantiene firme: El paro de abril no se negocia
Omar Plaini, secretario de Políticas Económicas y Sociales de la CGT, afirmó que la medida de fuerza no está sujeta a negociaciones con el Gobierno´.
En un contexto de creciente tensión social y económica, la Confederación General del Trabajo (CGT) se mantiene firme en su decisión de llevar a cabo un paro general el 10 de abril. Omar Plaini, secretario de Políticas Económicas y Sociales de la central obrera, afirmó que la medida de fuerza no está sujeta a negociaciones con el Gobierno.
«El paro no se negocia. Está claro eso», sentenció Plaini en declaraciones a a AM 990. La decisión de la CGT se enmarca en un plan de lucha que busca abordar las crecientes demandas de los trabajadores y jubilados, quienes ven cómo su poder adquisitivo se reduce mes a mes debido a la inflación.
La CGT también anunció que realizará jornadas de acciones gremiales en las próximas semanas, incluyendo una movilización el 9 de abril para acompañar a los jubilados. Además, se prevé una movilización multitudinaria el 1 de mayo para conmemorar el Día del Trabajador.
La posición de la CGT se enfoca en la defensa de los derechos de los trabajadores y jubilados, quienes enfrentan una situación económica cada vez más difícil. La central obrera critica la falta de negociación por parte del Gobierno y la caída brutal del salario, que se ha visto afectado por la inflación y la falta de homologación de los acuerdos paritarios.
En este sentido, Plaini destacó que «los salarios van por escalera y los precios por ascensor», en referencia a la disparidad entre el aumento salarial y la inflación. La CGT se mantiene firme en su posición y busca una respuesta concreta del Gobierno para abordar las demandas de los trabajadores y jubilados.
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La Corte Suprema desestimó el per saltum y volvió a tensionar la estrategia oficial
El máximo tribunal rechazó el recurso extraordinario presentado por el Gobierno nacional para intervenir de manera directa en la causa que discute la validez de la reforma laboral. La decisión llegó en medio de una compleja pulseada judicial por la competencia del expediente y representó un nuevo obstáculo para la estrategia oficial de obtener una definición rápida sobre uno de los pilares centrales de su programa económico.
La reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional volvió a quedar en el centro de la disputa institucional luego de que la Corte Suprema rechazara el pedido de per saltum presentado por la Procuración del Tesoro para acelerar una resolución definitiva sobre la constitucionalidad de la norma. La decisión del máximo tribunal no sólo frustró el intento oficial de llevar el conflicto directamente a la instancia suprema, sino que además dejó expuesta la complejidad jurídica y política que rodea a una de las iniciativas más sensibles de la administración libertaria.
Con las firmas de Horacio Rosatti, Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz, la Corte entendió que no se encuentran acreditadas las condiciones excepcionales previstas por el artículo 257 bis del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación para habilitar la vía extraordinaria del per saltum. El mecanismo, de aplicación restrictiva, permite omitir las instancias judiciales ordinarias únicamente cuando existe una cuestión federal de gravedad institucional manifiesta y una necesidad impostergable de intervención inmediata.
El Gobierno había recurrido a esa herramienta luego de que un juez de primera instancia declarara la inconstitucionalidad de varios puntos centrales de la Ley 27.802 de Modernización Laboral. Aquella resolución representó el primer gran traspié judicial para la reforma. Sin embargo, posteriormente la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo revirtió ese fallo y restituyó la vigencia plena de la normativa, modificando parcialmente el tablero jurídico que enfrentaba el oficialismo.
Aun así, la administración nacional insistió en llevar el expediente de manera directa a la Corte Suprema con el objetivo de obtener una definición definitiva que despejara incertidumbres alrededor del nuevo régimen laboral. El rechazo del per saltum desactivó esa posibilidad y obligó al Ejecutivo a continuar transitando el recorrido judicial ordinario.
La decisión del máximo tribunal se conoció en simultáneo con otra disputa de alto voltaje institucional: la pelea por el fuero que debe intervenir en la causa promovida por la CGT. Esa discusión, lejos de ser un tecnicismo procesal, se convirtió en un elemento central dentro de la estrategia política y jurídica de cada sector involucrado.
La Sala IV de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal había ordenado recientemente al juez laboral Raúl Ojeda remitir en un plazo de 24 horas el expediente al fuero contencioso administrativo. La resolución, firmada por los camaristas Rogelio Vincenti, Jorge Eduardo Morán y Marcelo Daniel Duffy, incluyó además la habilitación de días y horas inhábiles para garantizar el traslado inmediato de la causa.
La definición fue interpretada en ámbitos judiciales como un avance favorable para el Gobierno, que busca desplazar el tratamiento del expediente fuera de la Justicia laboral, un ámbito históricamente más receptivo a los planteos sindicales. De hecho, fue allí donde la CGT consiguió inicialmente una medida cautelar contra varios artículos de la reforma.
La central obrera sostiene que buena parte de los cambios introducidos por la ley afectan derechos adquiridos y alteran principios fundamentales del derecho laboral argentino. Entre otros puntos, el sindicalismo cuestiona modificaciones vinculadas a indemnizaciones, modalidades contractuales, mecanismos de registración y regulaciones sobre conflictos colectivos.
Para el oficialismo, en cambio, la reforma constituye una pieza clave dentro de su programa de desregulación económica y flexibilización del mercado laboral. El argumento central del Gobierno apunta a reducir costos de contratación, fomentar la formalización y generar condiciones más favorables para la inversión privada. Sin embargo, la resistencia sindical y las objeciones judiciales terminaron convirtiendo el debate en uno de los principales focos de confrontación política y social de los últimos meses.
La negativa de la Corte a intervenir de forma inmediata también deja entrever la decisión del máximo tribunal de evitar, al menos por ahora, involucrarse anticipadamente en una discusión atravesada por fuertes implicancias institucionales y económicas. En los hechos, el expediente continuará su curso en instancias inferiores mientras persiste la disputa sobre la competencia y sobre el fondo de la cuestión.
Detrás del debate jurídico subyace una discusión mucho más profunda: el alcance de las reformas estructurales impulsadas por el Gobierno y los límites constitucionales de esos cambios. La controversia alrededor de la reforma laboral ya excede el terreno estrictamente técnico y se proyecta sobre el vínculo entre el Estado, el sindicalismo, el sector empresario y el modelo de relaciones laborales que pretende instalar la actual administración.
Con el rechazo del per saltum, la Corte Suprema no resolvió la cuestión de fondo, pero sí trazó un límite claro a la estrategia oficial de acelerar los tiempos judiciales. La reforma laboral seguirá atravesando un extenso recorrido en tribunales, mientras el Gobierno busca sostener uno de los ejes más ambiciosos de su proyecto político y la CGT redobla su ofensiva para frenar modificaciones que considera regresivas para los trabajadores.

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Marcelo Trujillo cuestionó la reforma laboral y alertó por la pérdida del poder adquisitivo
El titular de SOEESIT San Juan e integrante de la CGT, Marcelo Trujillo, esbozó un duro diagnóstico sobre la situación económica y laboral del país. En diálogo con Mundo Laboral SJ, cuestionó la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, advirtió sobre la caída del consumo, el deterioro del salario y el impacto de la tecnología sobre el empleo privado. También anticipó definiciones políticas dentro de la CGT y destacó la recuperación del predio sindical de SOEESIT en la capital sanjuanina.
La movilización convocada por la CGT en Capital Federal volvió a poner en escena el creciente malestar del movimiento obrero frente al rumbo económico del Gobierno nacional. En ese clima de conflictividad, el secretario general del Sindicato de Empleados de las Telecomunicaciones de San Juan e integrante de la CGT Regional, Marcelo Trujillo, ofreció una lectura crítica sobre el presente laboral y social del país, con cuestionamientos a la reforma laboral, advertencias sobre el deterioro del poder adquisitivo y una fuerte preocupación por el futuro del empleo privado.
El dirigente sindical consideró que la convocatoria realizada por la central obrera tuvo una participación significativa y sostuvo que la manifestación buscó enviar un mensaje político claro a la administración nacional. “Esperemos que sea la punta visible para que el Gobierno entienda que los cambios que se han hecho no son lo mejor”, expresó, en referencia al paquete de reformas impulsadas desde la Casa Rosada.
En su análisis, Trujillo remarcó que la disputa judicial alrededor de la reforma laboral continúa abierta y defendió la necesidad de preservar derechos históricos conquistados por los trabajadores. Vacaciones, horas extra y garantías laborales forman parte —según advirtió— de un conjunto de conquistas que hoy atraviesan un período de incertidumbre.
El referente gremial también hizo foco en la irrupción de sectores empresariales y corporativos dentro del debate laboral. La reciente intervención de la Sociedad Rural en defensa de la reforma libertaria, señaló, demuestra que existen intereses diversos y contrapuestos alrededor del nuevo esquema económico. Sin embargo, relativizó que el conjunto del empresariado acompañe plenamente esas medidas y aseguró que muchos sectores productivos tampoco observan beneficios concretos.
“Hay empresarios de servicios y de la industria que dicen que estas reformas no les convienen”, afirmó, al tiempo que planteó la necesidad de construir consensos que contemplen tanto la sustentabilidad empresarial como la protección del trabajador.
Más allá de la discusión normativa, el dirigente fijó un diagnóstico severo sobre la realidad cotidiana de las familias argentinas. Para Trujillo, la desaceleración inflacionaria exhibida por el Gobierno no se traduce en una mejora real del bolsillo y responde, en gran medida, a la caída abrupta del consumo.
“El trabajador no gana lo suficiente para consumir. Si no hay consumo, no hay movimiento económico”, sostuvo. Desde su mirada, los incrementos constantes en combustibles, alimentos, servicios y productos esenciales terminan neutralizando cualquier mejora estadística.
La crítica apuntó especialmente contra los índices oficiales de inflación y de costo de vida. Trujillo consideró que las mediciones actuales no reflejan la realidad que atraviesan los hogares y advirtió sobre un progresivo deterioro en la calidad alimentaria de la población. En ese sentido, describió un panorama donde muchas familias se ven obligadas a reducir el acceso a proteínas, lácteos y otros productos básicos ante la pérdida sostenida de capacidad adquisitiva.
El sindicalista también vinculó la situación económica con el cierre de empresas y la creciente fragilidad del empleo privado. Allí apareció uno de los puntos más sensibles de su exposición: el impacto de la tecnología sobre los puestos de trabajo tradicionales.
Desde la experiencia concreta del sector de telecomunicaciones, Trujillo reconoció que muchas tareas históricas están siendo reemplazadas por nuevas herramientas y automatizaciones. Frente a ese fenómeno, sostuvo que el desafío sindical ya no pasa únicamente por la negociación salarial, sino también por la reconversión laboral y la preservación de las fuentes de empleo.
“No se puede tomar decisiones sin mirar la realidad de los trabajadores”, dejó entrever al explicar las dificultades que atraviesan los gremios privados a la hora de impulsar medidas de fuerza prolongadas en un contexto de despidos, retiros voluntarios y reducción de planteles.
La preocupación, explicó, no se limita a las condiciones salariales inmediatas. También involucra la supervivencia misma de determinadas actividades laborales frente al avance tecnológico y los nuevos esquemas de productividad empresarial.
En este simultaneo, Trujillo confirmó que la CGT Regional San Juan aguarda definiciones de la conducción nacional para avanzar en el cronograma de renovación de autoridades. Según indicó, el reordenamiento interno de las seccionales dependerá de las disposiciones que emanen desde la central obrera nacional tras los recientes cambios de mandato.
En el plano local, el dirigente aprovechó la entrevista para destacar la recuperación del predio de SOEESIT, ubicado sobre calle General Acha a metros de calle Belgrano, en la capital sanjuanina. Explicó que el espacio permaneció durante décadas prácticamente abandonado y que su recuperación fue posible gracias al aporte de los afiliados y al trabajo sostenido del gremio.
La reinauguración del lugar, concretada recientemente durante las celebraciones por el Día del Trabajador de las Telecomunicaciones, forma parte —según explicó— de una política destinada a fortalecer los espacios de contención y recreación para los afiliados en un período económico especialmente complejo.
Las declaraciones de Trujillo reflejan el momento de redefinición que atraviesa buena parte del sindicalismo argentino. Entre la presión económica, la discusión por las reformas estructurales, el avance tecnológico y la caída del poder adquisitivo, la dirigencia gremial intenta sostener su capacidad de representación en un país donde el empleo formal y el consumo aparecen cada vez más debilitados.
La discusión ya no gira únicamente alrededor de las paritarias o los reclamos sectoriales. El debate de fondo, según dejó expuesto el dirigente sanjuanino, atraviesa el modelo productivo, la distribución del ingreso y el lugar que ocuparán los trabajadores en una economía cada vez más exigente y desigual.
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San Juan fortaleció su agenda regional con acuerdos interprovinciales
Durante la Expo Minera, Marcelo Orrego encabezó un encuentro político e institucional con mandatarios de distintas provincias y firmó convenios con Santa Fe y Mendoza orientados a potenciar la actividad industrial, optimizar la logística regional y reforzar los sistemas de control y seguridad en corredores estratégicos.
La Expo San Juan Minera 2026 volvió a convertirse en mucho más que una vidriera para inversiones extractivas. La presencia simultánea de seis gobernadores, funcionarios nacionales y referentes del sector productivo transformó al encuentro en un espacio de construcción política y articulación federal, con San Juan posicionada como uno de los principales nodos de discusión sobre desarrollo económico, infraestructura y minería en la Argentina.
En ese escenario, el gobernador recibió en las instalaciones de EPSE, en Pocito, a Maximiliano Pullaro, de Santa Fe; Alfredo Cornejo, de Mendoza; Martín Llaryora, de Córdoba; Claudio Poggi, de San Luis; Carlos Sadir, de Jujuy, y Raúl Jalil, de Catamarca. La convocatoria dejó una señal inequívoca: las provincias buscan fortalecer vínculos directos para afrontar desafíos productivos y financieros en un país atravesado por fuertes restricciones económicas y redefiniciones en la relación entre Nación y distritos.
La actividad también contó con la participación del ministro del Interior, Diego Santilli, además de integrantes del gabinete sanjuanino vinculados a áreas estratégicas como minería, producción, infraestructura, economía, seguridad y salud. La amplitud de la representación institucional reflejó el peso político que adquirió la cumbre dentro de la agenda regional.
Lejos de limitarse a una fotografía protocolar, el encuentro tuvo una impronta orientada a resultados concretos. Los mandatarios recorrieron las instalaciones de Energía Provincial Sociedad del Estado (EPSE) y compartieron una agenda centrada en integración productiva, intercambio de capacidades técnicas y coordinación de políticas públicas destinadas a mejorar la competitividad regional.
En ese marco, Orrego avanzó con la firma de dos acuerdos considerados estratégicos para la proyección económica de San Juan. El primero, rubricado junto al gobernador santafesino Maximiliano Pullaro, apunta a consolidar un esquema de cooperación industrial, comercial y logística entre ambas provincias, con especial interés en la participación de empresas santafesinas dentro de la cadena de proveedores vinculada al desarrollo minero sanjuanino.
El convenio reconoce la experiencia acumulada por Santa Fe en la provisión de bienes y servicios para sectores extractivos como petróleo y gas, una capacidad que San Juan busca incorporar en plena expansión de proyectos mineros metalíferos. El entendimiento también contempla programas de capacitación conjunta, transferencia tecnológica y mejoras en conectividad aérea, vial y ferroviaria, factores considerados determinantes para reducir costos operativos y ampliar mercados.
Detrás de esa decisión aparece una lectura política y económica más amplia: las provincias comienzan a diseñar mecanismos propios de complementación productiva ante la necesidad de sostener inversiones, empleo privado y generación de divisas. La minería, en ese esquema, dejó de ser observada exclusivamente como una actividad sectorial para convertirse en un eje de articulación industrial y logística de alcance federal.
El segundo acuerdo firmado por Orrego fue con Mendoza y estuvo enfocado en seguridad y control interjurisdiccional. El convenio prevé la creación de un Sistema de Control Integrado en los límites provinciales, incorporado al Plan Regional de Seguridad iniciado en 2024.
La iniciativa contempla la construcción y refacción de una Zona de Control Unificado sobre la Ruta Nacional 40, en cercanías de San José, departamento mendocino de Las Heras. El proyecto será financiado en partes iguales por San Juan y Mendoza y concentrará controles policiales y fitosanitarios en un mismo predio operativo.
Además de la infraestructura física, el plan incluye la incorporación de cámaras de vigilancia y plataformas informáticas para agilizar el intercambio de información entre ambas jurisdicciones. El objetivo oficial apunta a mejorar controles sobre transporte de cargas, fortalecer tareas preventivas y optimizar la circulación de personas y mercaderías en uno de los corredores más relevantes del oeste argentino.
La cumbre desarrollada en San Juan dejó expuesta otra realidad política: frente a un escenario nacional marcado por ajustes presupuestarios y reducción de obra pública, los gobernadores comenzaron a profundizar esquemas de cooperación horizontal para sostener proyectos estratégicos y defender intereses regionales comunes.
En ese tablero, San Juan intenta consolidar un perfil asociado a la minería, la energía y la infraestructura, aprovechando el creciente interés inversor sobre los recursos metalíferos de la Cordillera. La presencia simultánea de mandatarios de provincias con fuerte peso productivo también evidenció la intención de construir agendas compartidas capaces de trascender diferencias partidarias cuando entran en juego desarrollo económico, empleo e integración territorial.
La Expo Minera, así, terminó funcionando como plataforma política además de empresarial. Y Orrego, anfitrión del encuentro, logró capitalizar esa centralidad mediante acuerdos que exceden el corto plazo y apuntan a fortalecer el posicionamiento estratégico de San Juan dentro del nuevo mapa productivo del país.
El desafío hacia adelante será transformar esos entendimientos institucionales en resultados concretos para las economías regionales. La expectativa oficial está puesta en que la articulación entre provincias permita acelerar inversiones, ampliar cadenas de valor y generar infraestructura capaz de acompañar el crecimiento de sectores considerados decisivos para los próximos años.
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