Aeronavegantes y APLA confirmaron paros parciales para este viernes en Aeroparque y Ezeiza
La Asociación Argentina de Aeronavegantes, conducida por Juan Pablo Brey, confirmó que este viernes 6 de septiembre se realizarán “paros parciales” en conjunto con la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas –APLA- en el Aeroparque Jorge Newbery y en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. La medida se llevará a cabo entre las 5 y las 14 horas y afectará la operatividad de ambos aeropuertos.
La decisión de llevar a cabo esta medida de fuerza surge tras el fracaso en las negociaciones realizadas a principios de semana y que sufren fuertes dilaciones en la negociación. Desde el sindicato, señalaron la “falta de propuestas serias” que enfrenten la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores. En este contexto, Brey indicó que se encuentran “en la obligación de profundizar el conflicto e iniciar medidas”.
“Después de meses de intensas negociaciones y de poner todo nuestro esfuerzo para evitar este conflicto, no tenemos más opción que llevar adelante estas acciones hasta recibir una oferta adecuada y acorde a la inflación”, expresó Brey. “Necesitamos una propuesta seria y acorde a nuestras demandas de recomposición salarial”, exigió el también vocero de la CATT.
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ASIJEMIN advirtió que sin consenso social no habrá desarrollo minero sostenible
El sindicato que representa a profesionales, técnicos y personal jerárquico de la actividad sostuvo que las inversiones, el empleo y la aceptación comunitaria deben avanzar de manera articulada para garantizar resultados duraderos en las regiones mineras.
En momentos en que la minería argentina se consolida como una de las principales apuestas productivas del país, la Asociación Sindical del Personal Jerárquico, Profesional y Técnico de la Actividad Minera (ASIJEMIN) advirtió que el éxito de los grandes proyectos no dependerá exclusivamente de la magnitud de las inversiones o del valor de los recursos existentes en el subsuelo.
Para la organización sindical, la denominada licencia social constituye un componente indispensable para otorgar previsibilidad a una industria que busca afianzarse como generadora de empleo, divisas y actividad económica en numerosas provincias argentinas.
Desde ASIJEMIN sostuvieron que la aceptación de las comunidades debe construirse mediante un vínculo permanente basado en información clara, mecanismos de control eficientes y una participación activa de los distintos actores involucrados. La entidad remarcó que la confianza pública no se obtiene por decreto ni mediante campañas de comunicación, sino a partir de hechos concretos que permitan fortalecer el vínculo entre la actividad extractiva y las poblaciones donde se desarrollan los emprendimientos.
La discusión adquiere especial relevancia en distritos como San Juan, Catamarca, Salta y Santa Cruz, donde la minería aparece como uno de los principales motores de inversión para los próximos años. En esas provincias, el impacto de cada proyecto trasciende los indicadores económicos y se proyecta sobre el empleo, la contratación de proveedores, la infraestructura y las perspectivas de crecimiento regional.
La organización resaltó que la sustentabilidad de la actividad exige integrar las demandas ambientales dentro de una visión estratégica de largo alcance. Según señalaron, la competitividad minera contemporánea ya no se mide únicamente por los niveles de producción, sino también por la capacidad de compatibilizar desarrollo económico, responsabilidad ambiental y beneficios tangibles para las comunidades.
Con ese diagnóstico, ASIJEMIN reafirmó su acompañamiento a una minería moderna, generadora de trabajo y comprometida con el desarrollo territorial. Para el sindicato, la oportunidad que hoy tiene la Argentina será verdaderamente transformadora en la medida en que la riqueza surgida de sus recursos minerales logre convertirse en empleo calificado, arraigo productivo y progreso compartido para las regiones que sostienen esa actividad.
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La Corte cerró una puerta al Gobierno y acelera la pulseada por el financiamiento universitario
El máximo tribunal rechazó los intentos del Poder Ejecutivo para apartar a los magistrados que intervienen en la causa impulsada por el Consejo Interuniversitario Nacional. La decisión fortalece el proceso judicial que exige la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario y abre un escenario de presión sobre la Casa Rosada para actualizar salarios, partidas de funcionamiento y becas estudiantiles.
La Corte Suprema de Justicia rechazó los planteos del Gobierno nacional para apartar a los magistrados que intervienen en la causa iniciada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), una resolución que despeja obstáculos procesales y permite que continúe avanzando el expediente que reclama la plena aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario.
La decisión del máximo tribunal representa un revés para la estrategia judicial desplegada por la administración de Javier Milei y fortalece las expectativas de las casas de estudio, que buscan una recomposición presupuestaria capaz de revertir el severo deterioro acumulado en salarios docentes, partidas operativas y programas de investigación.
El fallo, firmado el 4 de junio, desestimó la queja presentada por el Estado nacional contra resoluciones previas que habían rechazado la recusación del juez federal Diego Martín Cormick y de integrantes de la Cámara Contencioso Administrativa Federal. El Gobierno sostenía que ambos magistrados debían apartarse por desempeñarse como docentes en universidades públicas que forman parte del colectivo demandante.
Sin embargo, la Corte fue categórica al señalar que la actividad académica desarrollada en instituciones universitarias estatales no configura por sí misma un interés personal, directo ni relevante en el resultado del litigio. Asimismo, recordó que los mecanismos de recusación constituyen herramientas excepcionales cuya aplicación debe interpretarse de manera restrictiva para preservar el principio constitucional del juez natural.
La resolución también descartó un pedido aún más amplio impulsado por el Poder Ejecutivo: que los propios ministros del máximo tribunal se excusaran de intervenir en la causa debido a sus vínculos con actividades académicas en universidades nacionales.
La controversia se profundizó cuando el Gobierno dictó el Decreto 759/2025, mediante el cual condicionó la ejecución de la norma a la definición previa de una fuente específica de financiamiento y a la incorporación de partidas presupuestarias correspondientes.
Esa decisión fue interpretada por las universidades como una virtual paralización de la ley y motivó la presentación de un amparo colectivo que hoy se encuentra en pleno trámite judicial.

Salarios, presupuesto y funcionamiento
El trasfondo económico explica buena parte de la magnitud alcanzada por el conflicto.
Las organizaciones universitarias sostienen que desde el inicio de la actual gestión nacional los salarios docentes y no docentes registraron una pérdida cercana al 52% frente a la inflación acumulada, mientras que las partidas destinadas al funcionamiento institucional presentan un deterioro estimado en torno al 45%.
Las restricciones presupuestarias impactan sobre múltiples dimensiones de la actividad universitaria. Desde el mantenimiento edilicio y los servicios básicos hasta proyectos científicos, actividades de extensión, programas académicos y sistemas de becas, numerosos rectores vienen advirtiendo sobre las dificultades para sostener el funcionamiento normal de las instituciones.
Con la decisión de la Corte Suprema, la causa continuará avanzando bajo la órbita de los mismos magistrados cuestionados por el Gobierno. Mientras tanto, el confrontación por el financiamiento universitario suma un nuevo episodio y se consolida como uno de los principales desafíos institucionales que deberá afrontar la administración nacional en los próximos meses.
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Vicuña bajo la lupa: crece el reclamo por mayor participación de empresas argentinas en los contratos mineros
La adjudicación de una obra estratégica para ampliar el campamento Batidero a una compañía de capitales chinos reactivó el debate sobre el acceso de las empresas argentinas a los grandes contratos mineros. Cámaras empresariales advierten que el crecimiento del sector debe traducirse en oportunidades concretas para la industria y el empleo local.
La expansión de Vicuña, uno de los emprendimientos mineros más relevantes de la Argentina, volvió a poner sobre la mesa una discusión que acompaña históricamente a los grandes proyectos extractivos: cuál será el verdadero impacto de esas inversiones sobre la producción nacional y las economías regionales.
La reciente adjudicación de la ampliación del campamento Batidero a una firma de origen chino encendió señales de preocupación entre proveedores y entidades empresarias de San Juan, que observan con inquietud el creciente protagonismo de compañías extranjeras en contrataciones de alto valor económico.
La obra, que contempla la incorporación de aproximadamente 2.000 plazas habitacionales y una inversión cercana a los 200 millones de dólares, figura entre los contratos de infraestructura más significativos vinculados al desarrollo minero durante este año. Su magnitud la convierte, además, en un caso testigo respecto de cómo se distribuirán las oportunidades de negocios dentro de una actividad llamada a convertirse en uno de los principales motores de generación de divisas del país.
Según trascendió en el sector, la adjudicataria conformó una alianza con una empresa radicada en Santa Fe para participar del proceso licitatorio y cumplir con los requisitos exigidos. Finalmente, su propuesta económica se impuso sobre otras alternativas presentadas por compañías especializadas en construcción modular.
Sin embargo, más allá del resultado formal de la licitación, la decisión abrió interrogantes acerca de la capacidad de las firmas argentinas para competir en igualdad de condiciones frente a grandes grupos internacionales con estructuras financieras y operativas de escala global.
La inquietud no se limita únicamente a una obra puntual. Detrás del debate aparece una cuestión de fondo: cuánto de la riqueza generada por los proyectos mineros permanece efectivamente en las provincias donde se desarrollan y cuánto se canaliza hacia proveedores externos.
Desde distintos sectores empresariales sostienen que la consolidación de la minería como actividad estratégica requiere construir una red de proveedores robusta, capaz de abastecer bienes y servicios de manera competitiva y de capturar una porción significativa del valor agregado que generan estas inversiones.
En ese sentido, el presidente de la Cámara de Proveedores Interdepartamentales Mineros de San Juan (CAPRIMSA), Fernando Godoy, confirmó que la entidad recibió numerosas consultas y planteos vinculados al proceso de adjudicación. Según explicó, existe gran preocupación respecto del espacio que ocuparán las empresas locales en las próximas etapas de expansión de Vicuña.
La discusión también volvió a impulsar propuestas orientadas a fortalecer los mecanismos de participación de compañías sanjuaninas y argentinas en las contrataciones de gran escala. El objetivo, afirman quienes promueven estas iniciativas, no pasa por limitar la llegada de capitales internacionales sino por garantizar que las inversiones generen un efecto multiplicador sobre el entramado productivo nacional.
Mientras tanto, la atención de los proveedores está puesta en los próximos proyectos complementarios que acompañarán el desarrollo del yacimiento. Entre ellos aparecen nuevos campamentos e infraestructura asociada al corredor logístico minero, trabajos que, aunque de menor volumen económico, podrían abrir oportunidades para empresas regionales con experiencia y capacidad instalada.
La controversia surge además en momentos en que continúa la discusión sobre los alcances del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), una herramienta diseñada para atraer capitales de gran magnitud. Para muchos actores productivos, el desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita combinar previsibilidad para los inversores con mecanismos que impulsen la integración de proveedores nacionales.
La minería atraviesa una etapa decisiva en la Argentina. Los anuncios de inversión, los proyectos en expansión y las perspectivas de crecimiento alimentan expectativas de desarrollo económico. Sin embargo, la discusión abierta en torno a Vicuña expone una pregunta que trasciende a una licitación específica: si el país logrará transformar ese flujo de capital en más empleo, mayor capacidad industrial y una cadena de valor capaz de consolidar beneficios duraderos para las comunidades donde se generan los recursos.
La respuesta a ese interrogante será determinante para medir el verdadero alcance del boom minero que promete redefinir buena parte del futuro productivo en la región.
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