El aumento para las empleadas domésticas deja sus salarios cerca de la línea de indigencia
Luego de varios encuentros, el Gobierno habilitó un incremento del 13% a pagarse en dos tramos. Incluso con el aumento, los salarios de las trabajadoras de casas particulares quedarán por debajo de la línea de la indigencia. Vuelven a revisarlo en septiembre.
Después de algunas idas y vueltas, las empleadas de Casas Particulares lograron un nuevo acuerdo salarial. El aumento total será de alrededor del 13% y se dividirá en dos: 8,5% retroactivo a julio y 4% para agosto. Por tercera vez consecutiva, la suba vuelve a ser acumulativa y la de julio se calculará en base a los salarios, por hora y por mes, de mayo. Para agosto, se tomarán en cuenta los de julio.
Tras esperar más de dos meses y luego de una negociación peleada que comenzó el jueves pasado (el primer día del mes), finalmente este lunes 5, la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares (CNTCP) logró reabrir sellar un nuevo acuerdo salarial.
De esta forma, aquellas empleadas que cobran por mes cobrarán en los próximos días con un extra de %. A su vez, los empleadores que pagan por hora deberán rehacer las cuentas para ajustar la diferencia entre lo que se pagó el mes pasado y lo que corresponde tras el aumento acordado en una reunión que comenzó siendo presencia el jueves pasado, y terminó vía zoom en el inicio de esta semana.
Con el incremento la quinta categoría, la última y más demandada, la de tareas generales se pagará por el mes de julio $ 309.001 y el de agosto, a $ 321.365,63 respectivamente. Para las empleadas «con cama adentro»: $ 343.606 y $ 357.350, cada mes.
En ambos casos quedan muy por debajo de lo que las cifras oficiales indican que se necesita para vivir.
Vale recordar que una familia de cuatro integrantes necesitó ingresos en junio por 873.169 pesos para no quedar por debajo de la línea de pobreza, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).
Ese mismo hogar requirió 393.319 pesos para cubrir sus necesidades básicas de alimentación y no estar en situación de indigencia. El salario mínimo actualmente a supera por poco la mitad de esta última cifra. Es decir, a duras penas una familia con dos hijos logra alimentarse con ese nivel de ingresos.
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Silencios empresarios y cautela sindical ante el avance de la reforma laboral
Mientras el Gobierno acelera el tratamiento de la reforma laboral, en el oficialismo aseguran contar con los votos necesarios para su aprobación. El empresariado mantiene un llamativo silencio y el sindicalismo apuesta a modificar los puntos más conflictivos en el Congreso, en un escenario de negociaciones cruzadas y márgenes cada vez más estrechos.
El Ejecutivo nacional avanza en el tratamiento parlamentario del proyecto de reforma laboral con un mensaje claro hacia adentro y hacia afuera del Congreso: los votos estarían. En despachos alineados con la administración libertaria aseguran que el poroteo resulta favorable tanto en Diputados como en el Senado, gracias al respaldo de aliados clave y a acuerdos que, aunque no siempre explícitos, comienzan a reflejarse en el clima legislativo.
Mientras se afina la ingeniería parlamentaria, el contraste entre actores sociales es marcado. Las cámaras empresariales optan por el silencio, sin comunicados conjuntos ni gestos de presión institucional, lo que en la práctica es leído como una señal de aval implícito al proyecto. En este aspecto, el movimiento sindical —que hasta ahora no convocó a un paro general— parece concentrar su estrategia en intentar bloquear o modificar los puntos más polémicos de la iniciativa durante el debate en comisiones y el recinto.
En la Casa Rosada, el presidente Javier Milei y la hoy senadora Patricia Bullrich siguen de cerca las negociaciones y empujan un objetivo político concreto: llegar al 1 de marzo, fecha de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, con la reforma laboral ya sancionada. Ese cronograma imprime urgencia a las conversaciones y eleva la presión sobre aliados y opositores dialoguistas.
En ese esquema, el rol de los gobernadores aparece como una pieza central. Aunque varios mandatarios provinciales evitan definiciones públicas o ensayan gestos de distancia del oficialismo, en el Congreso crece la percepción de que muchos de ellos ya habrían cerrado acuerdos con el Gobierno nacional. Ese silencio calculado, interpretan incluso en sectores de la oposición, podría traducirse en votos decisivos a favor del proyecto, aun cuando se expresen críticas parciales o disidencias discursivas.
El empresariado, por su parte, despliega un doble discurso. En público, algunos referentes advierten sobre incertidumbre jurídica o señalan que la reforma no los satisface plenamente. Sin embargo, en los hechos no se registran acciones concretas para frenar la iniciativa: no hay posicionamientos colectivos, ni advertencias de peso, ni señales de conflicto abierto con el Ejecutivo. En el mundo sindical, esta pasividad es interpretada como un indicio de que los principales grupos empresarios ya estarían negociando beneficios sectoriales y reacomodando intereses dentro del nuevo marco laboral.
Desde las centrales sindicales, en cambio, el diagnóstico es más prudente. Dirigentes gremiales sostienen que el proyecto difícilmente se apruebe antes de marzo y que, en su redacción actual, “así no pasa”. La apuesta pasa por introducir cambios durante el debate parlamentario y aprovechar las tensiones internas del oficialismo y sus aliados para reabrir la discusión. No obstante, puertas adentro también reconocen que el margen de maniobra se achica con el correr de los días.
La principal incógnita sigue siendo la capacidad de respuesta del movimiento obrero. Para frenar o modificar de fondo la reforma, advierten distintas fuentes sindicales —incluso dentro de la CGT—, no alcanza con gestiones reservadas ni comunicados. Haría falta una gran movilización nacional, acompañada por paros sectoriales y acciones concretas en los lugares de trabajo, incluso con sindicatos que decidan avanzar por cuenta propia si no hay una convocatoria unificada.
Con el reloj político corriendo y los acuerdos avanzando en silencio, la reforma laboral se encamina a una definición clave. El desenlace dependerá no sólo del número de votos, sino también de cuánto estén dispuestos los distintos actores a salir de la especulación y asumir costos políticos reales.
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Eduardo Cabello advierte sobre un retroceso histórico y confirma una movilización federal de la CGT
En una entrevista con Mundo Laboral SJ, Eduardo Cabello, referente de la CGT Regional San Juan, cuestionó duramente el proyecto de reforma laboral impulsado por el Gobierno nacional, al que definió como un proceso de precarización profunda. Confirmó una movilización federal para el 11 de febrero y advirtió sobre el avance del poder económico sobre los derechos de los trabajadores.
Según explicó Cabello, la decisión fue tomada tras un plenario reciente y forma parte de una estrategia nacional coordinada. “Si se convoca a la sesión para tratar la reforma, la CGT va a movilizar al Congreso. Y en las provincias, donde no se viaje a Buenos Aires, la manifestación se hará en las calles”, señaló. En el caso de San Juan, adelantó que durante este lunes se realizará una nueva reunión para terminar de definir la modalidad de la protesta prevista para el miércoles.
Para el dirigente sindical, el proyecto oficial dista de ser una modernización del sistema laboral. “Más que una reforma, es una precarización que nos devuelve al pasado”, sostuvo, y advirtió que la iniciativa apunta a eliminar derechos conquistados con décadas de lucha. Entre los aspectos más preocupantes, mencionó la afectación de los convenios colectivos, la flexibilización de las jornadas, la facilitación de despidos y el impulso de negociaciones individuales que debilitan la protección del trabajador.
El referente de la CGT en San Juan remarcó que los derechos laborales surgieron como respuesta a contextos de extrema desigualdad y que hoy se intenta borrarlos “de un plumazo”.
En ese marco, señaló que la CGT mantendrá conversaciones políticas, pero que también deposita expectativas en el Poder Judicial. “La Constitución Nacional ya nos ha dado la razón en otras oportunidades y esperamos que vuelva a ser un freno”, afirmó, aunque alertó sobre la posibilidad de que la reforma sea vaciada de contenido mediante decretos reglamentarios aún desconocidos.
La incertidumbre, advirtió, es uno de los ejes centrales del momento actual. “No se sabe cómo se va a reglamentar la ley ni qué modificaciones se intentarán hacer sobre artículos clave. Con lo poco que se conoce, ya es evidente que es muy perjudicial para el trabajador”, sostuvo. En ese orden, reconoció que el escenario es complejo no sólo en lo sindical, sino también en lo político y social.
Durante la entrevista, Cabello también se refirió al respaldo de especialistas en derecho laboral. Destacó una reciente reunión con abogados laboralistas de la Federación Judicial Argentina, quienes coincidieron en calificar la reforma como un retroceso al siglo XIX, al desandar principios básicos del derecho del trabajo moderno.
Consultado sobre los intereses detrás del proyecto, el dirigente no dudó en señalar al poder económico. “Negarlo sería mentirse. Esto responde a sectores que buscan maximizar ganancias a costa de los derechos de la gente”, afirmó. En esa línea, advirtió sobre una estrategia comunicacional que, según explicó, lleva a parte de la sociedad a creer que la eliminación de aportes sindicales o regulaciones laborales beneficiará su bolsillo.
“Hay quienes piensan que van a ganar más porque no les descuenten la cuota sindical, pero después les van a pagar cuatro o cinco meses y les van a sacar todo. Y lo peor es que no van a tener a quién recurrir”, explicó. Para Cabello, el objetivo central es debilitar primero a las organizaciones sindicales para luego dejar al trabajador “desprotegido, a la buena de Dios”.
El representante cegetista alertó también sobre la fragmentación del sistema gremial y la idea de promover sindicatos individuales, lo que —según advirtió— obligaría a los trabajadores a litigar incluso fuera del país. “Es un esquema que ya se vio en otros lugares y siempre termina perjudicando al que trabaja”, señaló.
Con una movilización que se prevé multitudinaria y de alcance nacional, la CGT busca exhibir su capacidad de convocatoria y frenar una reforma que considera regresiva. Para Eduardo Cabello, la disputa excede una ley puntual y pone en juego el modelo de relaciones laborales en la Argentina. “La calle siempre fue el lugar donde se conquistaron derechos”, concluyó. El 11 de febrero, el sindicalismo volverá a apostar a ese escenario para defenderlos.
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La reforma laboral avanza sobre las obras sociales y amenaza el financiamiento del sistema solidario de salud
Casi sin debate ni discusión mediática, el proyecto de reforma laboral impulsado por el Gobierno introduce una reducción en los aportes patronales destinados a las obras sociales. Especialistas y gremios advierten que la medida provocará un fuerte desfinanciamiento del sistema y trasladará costos directamente a los trabajadores.
Mientras el foco del debate público se concentra en los cambios sobre indemnizaciones, convenios colectivos y condiciones de contratación, el proyecto de reforma laboral incorpora un impacto profundo y estructural sobre el sistema nacional del seguro de salud, uno de los pilares del modelo solidario argentino. La iniciativa prevé una reducción de un punto porcentual en la contribución patronal destinada a las obras sociales sindicales, una modificación de gran deterioro que avanza, hasta ahora, con escasa discusión pública.
En términos concretos, la reforma reduce el aporte empresario del 6% al 5%, lo que implica que el financiamiento total del sistema de salud pase del 9% al 8%. Según advierten especialistas y dirigentes gremiales, esta decisión supone un traslado directo de costos desde los empleadores hacia los trabajadores y afiliados, que deberán afrontar mayores gastos para acceder a estudios, tratamientos y prestaciones médicas.
De acuerdo con estudios de impacto elaborados por el sector, la baja de aportes patronales significaría una pérdida estimada de 994 mil millones de pesos anuales para el sistema de obras sociales. El recorte se produce, además, en un contexto ya crítico: salarios deteriorados por la inflación, caída del poder adquisitivo y un proceso de “descreme” generado por la libre derivación de aportes, que debilitó el rol histórico de las obras sociales sindicales como intermediarias obligatorias.
Desde el sector advierten que el efecto será desigual pero profundo. Las obras sociales más pequeñas —con menor cantidad de afiliados y altos costos fijos— se encuentran entre las más vulnerables y podrían enfrentar una crisis terminal, con serias dificultades para sostener la prestación de servicios básicos. En muchos casos, la viabilidad misma del sistema quedaría comprometida.
Las proyecciones coinciden en que el ajuste terminará impactando de lleno en el bolsillo de los trabajadores. Entre las alternativas que se analizan para compensar la pérdida de ingresos figuran el deterioro en la calidad de los planes de atención, el aumento de cápitas en esquemas desregulados y la generalización de copagos más altos y extendidos. Para quienes combinan obra social con medicina prepaga, la reducción del aporte patronal se traducirá en un mayor gasto mensual para sostener el mismo nivel de cobertura.
Uno de los puntos más sensibles apunta al Fondo Solidario de Redistribución (FSR), encargado de financiar los reintegros del Sistema Único de Reintegros (SUR), las prestaciones de alto costo y el Mecanismo de Integración para personas con discapacidad. La reducción de recursos limitará su capacidad para compensar asimetrías entre obras sociales, generará demoras en los reintegros y provocará un desfinanciamiento directo de prestaciones críticas.
El FSR resulta clave para garantizar tratamientos vinculados a discapacidad, medicamentos oncológicos, terapias para personas con HIV y otras prestaciones esenciales. Su debilitamiento compromete el principio de solidaridad que sostiene al sistema y profundiza las desigualdades en el acceso a la salud.
Frente al avance del proyecto —que el oficialismo buscaría aprobar en el Senado en los próximos días— las organizaciones sindicales se mantienen en estado de alerta permanente. Desde la CGT reiteraron su disposición al diálogo, pero advirtieron que no descartan medidas de fuerza, incluido un paro nacional, si se mantiene la redacción actual.
Los gremios sostienen que la reducción de aportes patronales no sólo pone en riesgo la sustentabilidad del sistema solidario de salud, sino que constituye un nuevo retroceso en derechos, con un impacto directo y cotidiano en la vida de trabajadores y jubilados. En silencio y sin debate amplio, la reforma laboral avanza sobre uno de los núcleos más sensibles del entramado social argentino.
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