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El secretario adjunto de la CGT y titular de UPCN, Andrés Rodríguez, se refirió a la reglamentación del Impuesto a las Ganancias decretada este lunes por el gobierno nacional y a la relación de la central con el Ejecutivo a cargo de Javier Milei tras la reunión de la cúpula de la central con el secretario de Trabajo, Julio Cordero.

Rodríguez explicó que “como la CGT como entidad de tercer grado no puede colectivamente representar todos los casos en el tema de Ganancias, pero sí cada sindicato que tiene en sus filas trabajadores afectados por este alcance del impuesto, por lo tanto los gremios están presentando causas judiciales y también lo puede hacer cualquier trabajador”, explicó y afirmó que la estrategia fue “analizada y aprobada por la CGT”.

En esa línea, sostuvo que desde el gremio que conduce, “vamos a evaluar qué cantidad de trabajadores alcanzados hay, ya que si es mínima no tendría tanto sentido iniciar la acción judicial”, subrayó.

Consultado por Futurock, acerca de si el gobierno había incumplido lo pactado en la reunión de la semana pasada con Cordero respecto a la reglamentación de Ganancias, el dirigente estatal aseguró que “no hicimos un pedido por la reglamentación de Ganancias, sino que fuimos a ver cómo se iba a reglamentar la reforma laboral de la Ley de Bases para participar en esa reglamentación”, expresó.

A su vez, aclaró que desde la CGT, “estamos esperando porque supuestamente esta semana el secretario de Trabajo iba a tener una reunión con los empresarios y de ahí surgiría una mesa tripartita para analizar el tema”, afirmó.

Sobre Ganancias, explicó que el reclamo llevado a la reunión había sido, “para que por lo menos se levantarán los pisos del impuesto, porque esas cifras que surgieron fueron analizadas en enero y hubo un proceso inflacionario lo suficientemente importante como para actualizarlo, lo que lamentablemente no fue escuchado”, remarcó.

Rodríguez también respondió a los recientes dichos del secretario general de la CGT, Pablo Moyano quién aseguró que “hay debate dentro de la CGT” en torno a la relación y el diálogo con el gobierno, “No es como dijo Pablo, la CGT está unida y tiene matices como tiene cualquier organización, pero la central se viene reuniendo con todos sus integrantes, representan a los grandes gremios o los más chicos, y se vienen debatiendo las políticas adecuadas para enfrentar la realidad”, manifestó.

El gremialista aclaró que, dentro del universo gremial, “todos estamos en contra de un montón de realidades que genera el gobierno en materia laboral, lo hemos ejercido y declarado entre todos”, aseguró.

Asimismo, aclaró que el debate actual en la central es en torno a una “medida táctica y coyuntural”, pero que, “lo que está en juego no es una disidencia interna, sino una política lo más acertadamente posible para neutralizar muchas de las medidas laborales que lamentablemente tiene este gobierno en contra de los trabajadores”, subrayó.

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La disputa por el financiamiento universitario entra en una etapa decisiva

Tras el rechazo de las universidades a la propuesta oficial de recomposición salarial y presupuestaria, los gremios docentes confirmaron la continuidad del plan de lucha y anticiparon nuevas medidas de fuerza para la segunda quincena de junio.

En diálogo con Mundo Laboral San Juan, el titular de ADICUS, Jaime Barcelona, cuestionó la postura de la administración nacional y sostuvo que la oferta presentada fue interpretada por la comunidad universitaria como una condición inaceptable para abandonar el reclamo judicial por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.

Según explicó el dirigente, el Gobierno nacional propuso una recomposición salarial del 21,3% para septiembre y un 3% adicional en octubre, pero vinculó esa oferta a la posibilidad de que las universidades desistieran de la demanda que actualmente avanza en los tribunales federales.

“Fue tomado como un chantaje por todo el frente universitario porque la propuesta está muy lejos de lo que establece la ley y pretendía que se abandonara un reclamo que ya obtuvo pronunciamientos favorables en dos instancias judiciales”, afirmó.

Paros y clases públicas

Frente a la falta de avances, los sindicatos universitarios resolvieron profundizar las acciones de protesta. Barcelona confirmó que los docentes realizarán un paro entre el 16 y el 19 de junio, acompañado por actividades de visibilización en distintos puntos del país.

Entre las iniciativas previstas figura una clase pública el 16 de junio y una jornada nacional frente a los tribunales federales para reclamar una definición judicial sobre la aplicación efectiva de la ley sancionada por el Congreso.

Mientras tanto, las actividades académicas continuarán con normalidad hasta el inicio de las nuevas medidas adoptadas.

Una disputa que trasciende lo salarial

El conflicto ya excede la discusión paritaria. Las universidades reclaman la actualización de salarios, partidas de funcionamiento y becas estudiantiles, mientras que el Gobierno insiste en cuestionar la viabilidad financiera de la norma aprobada .

Para los gremios docentes, el litigio se ha convertido en una discusión de fondo sobre el sostenimiento de la educación superior pública. En ese aspecto, Barcelona advirtió que la continuidad del conflicto dependerá tanto de una eventual convocatoria oficial como de la resolución que adopte la Justicia.

La posibilidad de un paro por tiempo indeterminado

El dirigente reveló además que distintas organizaciones universitarias ya analizan los pasos a seguir para el segundo cuatrimestre y que entre las alternativas figura la convocatoria a un paro por tiempo indeterminado si no aparecen respuestas concretas.

“Todavía apostamos a que haya definiciones antes de llegar a una medida extrema, pero esa posibilidad está siendo evaluada”, señaló.

Con el calendario académico avanzando y sin señales de acercamiento entre las partes, las universidades volverán a convertirse en uno de los principales focos de conflicto social durante las próximas semanas. La combinación de reclamos salariales, demandas presupuestarias y litigios judiciales mantiene abierto un frente que, lejos de encontrar una salida, continúa escalando en intensidad.

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Día del Periodista: salarios hundidos y una actividad cada vez más precarizada

Cada 7 de junio, el Día del Periodista suele convertirse en una ocasión para reivindicar el valor social de una profesión indispensable para el funcionamiento democrático. Sin embargo, detrás de esa conmemoración emerge una realidad mucho menos visible: la creciente precarización de quienes producen información todos los días.

Un informe elaborado por (SiPreBA), basado en más de mil encuestas realizadas a trabajadores de medios del Área Metropolitana de Buenos Aires, muestra un cuadro preocupante para una actividad históricamente asociada a la formación profesional, la producción de conocimiento y la construcción de ciudadanía.

Los números son elocuentes. El 65,6% de los trabajadores consultados percibe ingresos inferiores a la línea de pobreza en su empleo principal. Incluso sumando otras fuentes laborales, cuatro de cada diez continúan sin alcanzar el valor de la Canasta Básica Total que establece el INDEC para una familia tipo.

La fotografía que surge del estudio revela una paradoja cada vez más frecuente: quienes tienen la tarea de narrar las dificultades económicas del país conviven con esas mismas dificultades en carne propia.

Endeudarse para sostener lo cotidiano

La pérdida de capacidad adquisitiva aparece como uno de los rasgos más notorios del informe.
Casi siete de cada diez trabajadores de prensa reconocieron haber recurrido durante el último mes a préstamos, tarjetas de crédito o financiamiento para afrontar gastos elementales como alimentos, alquileres o servicios. A ello se suma un dato aún más inquietante: la mayoría de quienes mantienen deudas destina una porción significativa de sus ingresos a cancelarlas, reduciendo todavía más su margen económico.

El resultado es una ecuación cada vez más difícil de sostener. Un porcentaje importante de periodistas admite que sus ingresos ya no alcanzan para cubrir los gastos mensuales y que se ve obligado a resignar consumos básicos, postergar pagos o buscar nuevas fuentes laborales para compensar la caída salarial.

La expansión del pluriempleo

La figura del periodista con múltiples trabajos dejó de ser una excepción para transformarse en una característica estructural de la actividad.
El estudio señala que más de la mitad de los trabajadores de prensa desempeña dos o más tareas remuneradas simultáneamente. En la enorme mayoría de los casos, esa situación no responde a una elección profesional sino a la necesidad de complementar ingresos insuficientes.

La radio y los medios gráficos aparecen entre los segmentos más afectados, con porcentajes especialmente elevados de trabajadores cuyos salarios se ubican por debajo de la línea de pobreza. La consecuencia directa es una sobrecarga laboral creciente que impacta tanto en la calidad de vida de los trabajadores como en las condiciones de producción periodística.

Desde SiPreBA sostienen que la realidad de las redacciones dista considerablemente de ciertas caracterizaciones instaladas en el debate público. Según el sindicato, la inmensa mayoría de los periodistas comparte las mismas dificultades que atraviesan millones de trabajadores argentinos: salarios insuficientes, incertidumbre económica y pérdida de poder adquisitivo.

Una discusión que vuelve al centro de la agenda

La difusión de estos datos coincide con la presentación de una propuesta para actualizar el Estatuto del Periodista Profesional, una iniciativa impulsada por organizaciones sindicales del sector que busca adecuar el marco normativo a las transformaciones tecnológicas, productivas y laborales registradas durante las últimas décadas.

En el Día del Periodista, el principal desafío ya no pasa únicamente por defender la libertad de informar, sino también por garantizar que quienes informan puedan hacerlo con dignidad laboral y perspectivas de desarrollo profesional.

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La motosierra vuelve sobre el Estado y amenaza con agravar la disputa laboral

Equipos del Ministerio de Desregulación recorren dependencias nacionales para evaluar estructuras, funciones y plantillas de personal. La iniciativa forma parte de una nueva etapa del plan de reducción estatal impulsado por Javier Milei. Los sindicatos denuncian un avance sobre áreas sensibles de la administración pública y advierten que responderán con medidas de fuerza.

La reducción del aparato estatal ingresa en una nueva instancia. Mientras el Gobierno celebra los resultados fiscales obtenidos a partir del recorte del gasto público, en distintos organismos nacionales comenzó a instalarse una creciente preocupación por la posibilidad de una nueva ola de despidos que impactaría durante la segunda mitad del año.

La avanzada está encabezada por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que conduce Federico Sturzenegger. Funcionarios y equipos técnicos recorren oficinas, entes descentralizados y reparticiones nacionales con una consigna clara: revisar estructuras, analizar funciones y determinar qué áreas pueden operar con menos personal.

La tarea forma parte de la estrategia oficial destinada a profundizar el proceso de achicamiento estatal iniciado en diciembre de 2023. Según trascendió, cada relevamiento busca establecer cuántos trabajadores cumplen funciones en cada dependencia, cuál es su nivel de actividad y qué puestos podrían ser eliminados bajo criterios de reorganización administrativa.

Sin embargo, dentro de la propia administración nacional aparecen voces que observan con preocupación las consecuencias de una nueva ronda de recortes. La advertencia es que determinadas áreas ya funcionan con dotaciones reducidas y que nuevas bajas podrían afectar prestaciones esenciales, controles, fiscalizaciones y servicios que dependen directamente del Estado.

Los sindicatos preparan la respuesta

La posibilidad de nuevas cesantías activó rápidamente las alarmas en el universo gremial estatal.

Desde la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Rodolfo Aguiar aseguró que el sindicato no permanecerá inmóvil frente a una profundización del ajuste y anticipó una etapa de confrontación con la Casa Rosada.

La organización considera que el Gobierno busca avanzar sobre organismos que ya fueron afectados por sucesivos recortes presupuestarios y reducciones de personal. Además, vincula el conflicto con el deterioro salarial que atraviesan los trabajadores estatales, cuyos ingresos continúan perdiendo terreno frente al costo de vida.

La reapertura de las negociaciones paritarias aparece como uno de los principales reclamos sindicales. En ATE sostienen que la discusión salarial se encuentra rezagada respecto de la evolución de los precios y advierten que la combinación entre despidos y pérdida de poder adquisitivo configura un escenario de creciente malestar dentro de la administración pública.

Preocupación también en UPCN

La inquietud no se limita a los sectores más confrontativos del sindicalismo estatal.
Desde la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), encabezada por Andrés Rodríguez, también expresaron reparos frente a la continuidad de los recortes. Aunque el gremio mantiene una estrategia más moderada respecto del Gobierno, sus dirigentes reconocen que existe preocupación por el impacto que las cesantías pueden tener sobre el funcionamiento de organismos estratégicos.

La entidad sostiene que las desvinculaciones alcanzaron incluso a trabajadores con una extensa trayectoria y experiencia acumulada dentro de la administración pública, una situación que —afirman— debilita capacidades técnicas difíciles de reemplazar en el corto plazo.

Asimismo, UPCN cuestiona una visión que, a su entender, confunde modernización con desmantelamiento. La organización considera legítimo discutir mecanismos para mejorar la eficiencia estatal, pero rechaza cualquier esquema que reduzca la capacidad de respuesta de organismos encargados de brindar servicios, asistencia y controles.

Un segundo semestre cargado de disputas

El debate sobre el tamaño y el rol del Estado vuelve así a ubicarse en el centro de la agenda política.

Para el oficialismo, la reducción de estructuras constituye una condición indispensable para sostener el equilibrio fiscal y avanzar con su programa económico. Para los sindicatos, en cambio, el proceso ya comenzó a mostrar consecuencias que exceden el plano administrativo y afectan directamente el empleo, los salarios y la capacidad operativa de numerosos organismos.

Con miles de puestos eliminados desde el inicio de la gestión libertaria y nuevos relevamientos en marcha, el conflicto parece lejos de encontrar un punto de equilibrio.
Todo indica que el segundo semestre no sólo estará cruzado por la discusión salarial. También pondrá en disputa dos concepciones opuestas sobre el Estado: la de un Gobierno decidido a profundizar su reducción y la de organizaciones sindicales que consideran que detrás de cada recorte se debilitan funciones esenciales para la vida social y económica del país.

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