El gremio de la AFIP descartó despidos y recorte de salarios
El Sindicato de los jerárquicos de la AFIP aclaró que se buscan no duplicar funciones en DGI, pero que no habrá cesantías ni recortes salariales.
Los cambios, descabezamientos y reemplazos en la conducción de la Administración Federal de Ingresos Públicos amenazaban con llegar al personal, en la reestructuración que el gobierno de Javier Milei continúa proyectando para el Estado. Sin embargo, la intervención de los dirigentes de la Unión del Personal Superior de la AFIP (UPSAFIP) logró calmar las aguas en el organismo y certificar la continuidad laboral de los trabajadores y trabajadoras.
Según informó la organización gremial «frente a la cantidad de llamados de los compañeros y compañeras de la Dirección General de los Recursos de la Seguridad Social, una comisión de dirigentes de se reunió con las máximas autoridades para aclarar la situación y confirmar que no se va a disolver el área».
También señaló que «en un marco de estrategia operativa la AFIP, dispuso el pase a la Dirección General Impositiva (DGI) de todas las áreas operativas de seguridad social, conservando absolutamente todas las mismas jefaturas, incluso con sus mismos equipos de empleados y empleadas y casos asignados».
Aclaran que solo buscan no duplicar funciones en la DGI
El secretario General de UPSAFIP, Julio Estévez (h), informó que «se eliminarán solamente los cargos de Departamento y Dirección del área de operaciones de la DGRS para no duplicar las mismas funciones en DGI, pero conservarán su grupo escalafonario y tendrán libertad absoluta para pasar al área que elijan en la DGI».
Agregó que «se acordó integrar al personal de seguridad social con las trabajadoras y trabajadores impositivos, con el fin de que reciban la capacitación y experiencia necesarias» y añadió que «se trabajará en asignarles los grupos escalafonario que corresponda por su función para terminar con la discriminación que sufrían hasta ahora, siempre mal encasillados y descalificados en el organismo».
Estévez aclaró a iProfesional que «desde el sindicato nos hemos puesto a disposición de la Dirección General Impositiva a los fines de contribuir y ayudar en este proceso de expansión de la capacidad operativa del organismo, vigilando que no se cause perjuicio o gravamen a los trabajadores».
El sindicato de los jerárquicos de la AFIP aclaró que se buscan no duplicar funciones en DGI, pero que no habrá cesantías ni recortes salarialesVersiones ante el desplazamiento de funcionarios de Aduana
La secretaria de Prensa de los jerárquicos de la AFIP, Mariana de Alva, subrayó que «tanto los afiliados y afiliadas al gremio, como quienes no lo están, deben tener presente que esta organización gremial está y estará presente para asistir cualquier situación irregular o evacuar cualquier consulta sobre esta nueva estrategia recaudatoria que desplegará la AFIP y que llevará un período de tiempo».
Las versiones sobre cesantías en la AFIP se desataron al mismo tiempo que el Gobierno decidió realizar una serie de desplazamientos de ocho altos funcionarios del organismo que venían de la gestión anterior. La disposición del ente recaudador informa que se dan «por finalizadas y asignadas las funciones» de ocho jerárquicos.
En los considerandos aclara que la medida cuenta con la conformidad de la Dirección General de Aduanas que ya cuenta con nuevo titular: Eduardo Mallea. Los funcionarios desplazados se desempeñaban en Aduana. En la lista figuran: Juan Carlos Saucedo, Rubén Cesar Pave, Marcelo Alejandro Sosa, Marcelo Fabián Lista, Horacio Miguel Font, Eduardo Salvador Di Grigoli, María Luisa Carbonell y Gladys Liliana Morando.
Por otra parte, el consejo directivo de la UPSAFIP aprovechó la oportunidad para felicitar a todos el personal, teniendo en cuenta que este domingo 19 de mayo se celebró el Día del Trabajador Impositivo y de la Seguridad Social».
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Universidades en conflicto: Paro de 72 horas y crece la presión por un plan de lucha más duro
Con un paro nacional de tres días confirmado y crecientes demandas de profundización del conflicto, el sistema universitario argentino atraviesa una de sus momentos más críticos. La disputa salarial, el incumplimiento de la Ley de Financiamiento y el intento del Gobierno de reemplazarla por un nuevo esquema marcan el pulso de una crisis que tensiona a gremios, autoridades académicas y al propio Ejecutivo.
El frente universitario vuelve a ubicarse en el centro de la escena nacional. La Federación Nacional de Docentes Universitarios confirmó un paro de 72 horas que comenzará el lunes 30 de marzo y se extenderá hasta el miércoles, en la antesala del receso por Semana Santa. La medida se inscribe en un conflicto que combina reclamos salariales, deterioro presupuestario y una creciente resistencia a la orientación de la política educativa impulsada por el gobierno de Javier Milei.
El detonante inmediato es la falta de recomposición salarial en un clima inflacionario persistente. Según datos elaborados por equipos técnicos gremiales, la pérdida del poder adquisitivo de docentes y no docentes supera el 50% respecto de fines de 2023, producto del desfasaje entre los incrementos otorgados por la Secretaría de Educación y la evolución del índice de precios.
Pero la disputa excede lo estrictamente salarial. En el centro del problema aparece la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, cuya implementación el Ejecutivo ha evitado, al tiempo que promueve un nuevo proyecto legislativo orientado a redefinir el esquema de asignación de recursos. Desde el ámbito sindical y académico, la iniciativa es leída como un intento de consolidar el ajuste sobre salarios y gastos operativos.
En ese sentido, la presión interna dentro de las organizaciones gremiales se intensifica. Sectores de base reclaman medidas más contundentes y sostenidas en el tiempo. La adhesión masiva al paro del 14 de marzo operó como un punto de inflexión: fortaleció la percepción de que existe margen para profundizar el plan de lucha y cuestionó las estrategias más moderadas de algunas conducciones.
La presión también alcanza a las autoridades universitarias. Instituciones de peso como la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata quedaron en el centro de versiones sobre eventuales acuerdos con el Gobierno, aunque la fuerza interna de docentes y trabajadores puso en suspenso cualquier posibilidad de acompañamiento explícito a la iniciativa oficial.
El deterioro presupuestario completa un panorama complicado. Informes de distintas casas de estudio advierten que el incremento de tarifas, tras la reducción de subsidios, elevó los costos de funcionamiento por encima de la inflación promedio. Universidades como la Universidad Nacional de Córdoba enfrentan, según estas evaluaciones, un futuro de “cesación de pagos virtual” en el corto plazo si no se actualizan las partidas.
En este aspecto, comienzan a proliferar formas de autoorganización en facultades y dependencias académicas. Espacios como Medicina, Filosofía y Letras y regionales de la Universidad Tecnológica Nacional ya discuten esquemas de visibilización y medidas de fuerza escalonadas que trasciendan las convocatorias gremiales tradicionales.
El conflicto universitario revela una dinámica de doble presión. Por un lado, el Gobierno busca sostener su programa de ajuste fiscal, incluso a costa de tensar al máximo el vínculo con el sistema educativo. Por otro, los gremios enfrentan una creciente radicalización de sus bases, que perciben insuficientes las respuestas hasta ahora ensayadas.
Este cruce de fuerzas reduce los márgenes de negociación y anticipa un escenario de mayor conflictividad. La posibilidad de una nueva Marcha Federal Universitaria —en línea con la histórica movilización de 2024— aparece como un factor de alto impacto político y social, capaz de reconfigurar el debate público en torno al financiamiento educativo.
Lejos de encaminarse hacia una resolución, el conflicto universitario ingresa en una fase de profundización. El paro de 72 horas es apenas un nuevo capítulo de una disputa estructural que combina salarios deteriorados, presupuesto insuficiente y modelos contrapuestos sobre el rol del Estado en la educación superior. En ese marco, la calle y las aulas se perfilan como los escenarios donde se definirá, en las próximas semanas, el alcance real de una crisis que ya trasciende lo sectorial.
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La suba del combustible amenaza con frenar el transporte de cragas y complica el abastecimiento en todo el país
El acelerado incremento del precio del gasoil reconfigura la estructura de costos del transporte de cargas y expone un desfasaje creciente con las tarifas. Las empresas del sector advierten que la continuidad de esta tendencia podría traducirse en una reducción de servicios y, en el extremo, en problemas de abastecimiento en distintas regiones del país.
La advertencia surge de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac), que representa a unas 6.500 pequeñas y medianas firmas. Según detallan, el gasoil —insumo central de la actividad— registró en marzo incrementos acumulados de entre el 20% y el 25%, con múltiples ajustes en pocas semanas. El litro de grado 2, el más utilizado, ya supera los $2.100 y se ubica en torno a US$ 1,50, uno de los valores más elevados de la última década en términos regionales.
El fenómeno no es meramente nominal: impacta de lleno en la ecuación económica de las empresas. “La desproporcionada escalada del precio del gasoil es hoy la principal preocupación”, señaló Cristian Sanz, presidente de la entidad, al describir un escenario en el que el combustible representa cerca de un tercio de los costos operativos. En paralelo, la actividad muestra niveles dispares según el rubro, lo que reduce aún más los márgenes de maniobra.
La velocidad de los aumentos constituye otro factor crítico. Mientras que durante 2025 el gasoil había acumulado una suba del 45% frente a un índice de precios del 31,5%, en apenas veinte días de marzo los incrementos ya alcanzaron un tercio de ese registro anual. La dinámica genera un desfasaje inmediato frente a tarifas que no logran ajustarse con la misma celeridad.
De acuerdo con estimaciones del área de costos de Fadeeac, cada incremento del 10% en el precio del gasoil se traduce en un aumento de al menos 3,5% en los costos de las operaciones de media y larga distancia. Esta relación directa vuelve inviable sostener la actividad si no se produce una actualización tarifaria acorde.
“La actualización debe ser inmediata. De lo contrario, muchas empresas se verán obligadas a dejar de operar”, advirtió Sanz. La afirmación no es menor si se considera que el transporte automotor moviliza más del 90% de las mercaderías en el país y genera alrededor del 4% del empleo nacional. La advertencia, en ese sentido, trasciende el plano sectorial y se proyecta sobre el conjunto de la economía.
El trasfondo internacional agrega presión. El conflicto en Medio Oriente impulsó el precio del barril de Brent desde los US$ 65 a más de US$ 100 en pocas semanas, trasladando presión a los mercados locales. Sin embargo, desde el sector empresario subrayan que el impacto se amplifica por la ausencia de mecanismos que amortigüen las variaciones externas, en un contexto donde la producción doméstica de petróleo muestra signos de crecimiento.
La combinación de estos factores configura un escenario delicado: si la ecuación deja de ser viable, las empresas comienzan a recortar servicios, reducir frecuencias o directamente cesar operaciones. El efecto dominó es inmediato: demoras en entregas, menor disponibilidad de productos y, en última instancia, desabastecimiento.
“Si las tarifas no se adecuan, el sector no podrá seguir operando. No es una amenaza, es una imposibilidad fáctica”, enfatizó Sanz. La definición sintetiza el núcleo del problema: no se trata de una disputa coyuntural, sino de la sustentabilidad de una actividad clave para el funcionamiento económico.
En la práctica, la historia reciente ofrece antecedentes claros. Cada vez que el transporte redujo su capacidad operativa, la cadena logística se resintió, afectando desde alimentos hasta insumos industriales y medicamentos. La dependencia estructural del país respecto del transporte automotor amplifica cualquier distorsión en el sector.
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Ordenan recomponer sueldos a trabajadores viales por pérdida del poder adquisitivo
Un juzgado en lo Contencioso Administrativo de Avellaneda-Lanús hizo lugar a una medida cautelar presentada por el gremio vial y ordenó la actualización inmediata de los salarios, tras verificar una fuerte pérdida del poder adquisitivo en un contexto de alta inflación.
En un veredicto de alto impacto para el sector público, la Justicia hizo lugar a una medida cautelar presentada por el Sindicato de Trabajadores Viales y Afines de la República Argentina contra la Dirección Nacional de Vialidad, y ordenó la recomposición salarial tras más de 16 meses de congelamiento.
La resolución fue dictada por el Juzgado en lo Contencioso Administrativo N° 1 de Avellaneda-Lanús, que consideró acreditada una pérdida superior al 40% del poder adquisitivo de los trabajadores viales desde octubre de 2024, producto de la falta de actualización de los salarios frente a la dinámica inflacionaria.
El magistrado interviniente sostuvo que el congelamiento salarial, en este contexto, vulnera derechos constitucionales básicos, entre ellos el derecho a una retribución justa y a condiciones de vida dignas. En su argumentación, además, remarcó que la situación contradice el principio de progresividad de los derechos humanos, al implicar un retroceso en las condiciones laborales del sector.
Como consecuencia del dictamen, se dispuso una serie de medidas de cumplimiento inmediato. Entre ellas, la actualización de los salarios conforme a los acuerdos vigentes, el pago de las sumas retroactivas adeudadas y la implementación de las partidas presupuestarias necesarias para garantizar la recomposición.
El pronunciamiento judicial también deja expuesta la falta de negociación colectiva efectiva en el ámbito estatal, un aspecto que el gremio venía denunciando desde hace meses como parte del deterioro general de las condiciones laborales.
Desde el Sindicato de Trabajadores Viales interpretaron la resolución como un respaldo contundente a su reclamo y exigieron la inmediata ejecución de lo dispuesto por la Justicia, en un presente donde el conflicto salarial se mantiene abierto.
En esa línea, el secretario general de la seccional San Juan, Carlos Ordoñez, subrayó el impacto estructural de la situación: “Este fallo confirma lo que venimos denunciando hace meses: no se puede sostener el sistema vial con trabajadores empobrecidos. Sin salarios dignos, no hay rutas seguras ni desarrollo posible”.
La resolución se inscribe en una situación de crisis profunda entre políticas de ajuste del gasto público y la sostenibilidad de los ingresos laborales en el Estado. La decisión judicial no sólo aborda una situación puntual, sino que reabre el debate sobre el rol del Estado como empleador y la obligación de garantizar condiciones salariales compatibles con el contexto económico.
Asimismo, introduce un precedente relevante en materia de derechos laborales en el sector público, al reconocer explícitamente el impacto regresivo de la inflación sobre salarios congelados y al exigir medidas concretas de recomposición.
En términos políticos y económicos, el cumplimiento efectivo de la sentencia podría generar efectos en cadena sobre otros sectores estatales que atraviesan situaciones similares, incrementando la presión sobre las cuentas públicas y las instancias de negociación paritaria.
La resolución judicial marca un momento crucial en el conflicto salarial de los trabajadores viales y establece un límite claro a las políticas de congelamiento en contextos inflacionarios.
Más allá del caso puntual, el fallo reafirma la centralidad del salario como derecho y como condición indispensable para el funcionamiento de áreas estratégicas del Estado.
Bajo un marco de creciente deterioro del poder adquisitivo, la consigna que emerge del sector resume el núcleo del conflicto: sin salarios dignos, no hay justicia social.
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