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A diferencia del Potenciar Trabajo, los nuevos programas no ajustan sus montos por inflación. conocé cuáles son los requisitos.

El gobierno de Javier Milei tiene por lo menos un par de premisas básicas para reemplazar al

El gobierno de Milei tiene por lo menos un par de premisas básicas para reemplazar al Potenciar Trabajo: dividir en dos las asistencias, bajo las denominaciones Volver al Trabajo y Acompañamiento Social, con gastos licuados por inflación y sin próximos aumentos. Todo al mando de Capital Humano, el ministerio de Sandra Pettovello.

Fuentes oficiales precisaron que los beneficiarios cobrarán $78.000 en abril, es decir, el mismo monto que en marzo pagó el Potenciar Trabajo y confirmaron que no hay aumentos en estos programas porque se desliga la suba de esta asignación del Salario Mínimo Vital y Móvil (el Potenciar Trabajo era equivalente al 50% de este).

En febrero de este año desde el Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello, se anunció la redefinición y segmentación del Plan Potenciar Trabajo en dos programas especializados: “Volver al Trabajo» y el «Programa de Acompañamiento Social», con el objetivo de optimizar la estrategia de inclusión social y laboral.

Qué pasa con los que ya están

Cabe mencionar que quienes estén en el programa Potenciar Trabajo no tendrán que reempadronarse, ya que el propio sistema los derivará a “Volver al Trabajo” o “Acompañamiento Social”.

Los principales cambios que presentan estos nuevos programas es que implementarán mecanismos que disminuyan la posibilidad de control y manejo discrecional de los recursos que tenían las Unidades de Gestión encargadas de coordinar y administrar las prestaciones y proyectos del programa.

Según se detalló desde el propio Ministerio de Capital Humano, con Potenciar Trabajo, estas unidades recibían alrededor de U$D 34 millones anuales para la realización de actividades y cursos que, de acuerdo con lo que informaron en la cartera conducida por Pettovello «no resultaron eficientes para la generación de empleo».

Además se eliminan las planillas de asistencia que permitían a las unidades ejercer un control sobre quién recibía los pagos.

«Volver al trabajo», el nuevo Potenciar Trabajo

Este programa, según el Ministerio, apunta a «fortalecer las habilidades laborales y mejorar la empleabilidad, con el fin de incorporar a las personas al trabajo formal y al mercado».

«Busca proporcionar asistencia y orientación para la búsqueda de empleo; intermediación entre los beneficiarios y quienes sean potenciales empleadores; capacitaciones y cursos orientados a mejorar las habilidades laborales, certificaciones, prácticas formativas y promoción de emprendimientos. Además, con Volver al Trabajo se garantiza la terminalidad de la educación formal», indicaron.

Otra novedad es que este refuerzo puede ser complementado con un trabajo con ingresos menores a tres Salarios Mínimos Vitales y Móviles (SMVM), lo que equivale a $540.000 mensuales, y el beneficiario mantendrá la ayuda social por dos años. Los requisitos para acceder al mismo: tener entre 18 y 49 años.

Acompañamiento Social

En este programa, el foco está destinado a personas que se encuentran en situaciones de extrema vulnerabilidad social y que anteriormente eran beneficiarios del programa Potenciar Trabajo.

El objetivo es poder proporcionarles asistencia inmediata, así como también acompañarlos en la construcción de capacidades y en el fortalecimiento familiar.

Podrán acceder a este programa sujetos mayores de 50 años, madres de cuatro o más hijos, así como adultos mayores que enfrentan problemas de salud. Las familias que formen parte del mismo tendrán que realizarse controles de salud y educación.

En Acompañamiento Social se organizarán talleres sobre educación, salud, nutrición, y derechos humanos; se ayudará en la identificación y aprovechamiento de oportunidades económicas con el fin de ayudar al incremento de ingresos en la familia.

Además se brindará asistencia técnica para motivar emprendimientos socio-productivos, así como el apoyo financiero y técnico para proyectos que fomenten la economía solidaria.

Además, se brindará asesoramiento para el proceso jubilatorio y la implementación de prestaciones para asegurar la nutrición adecuada del hogar.

Dicho programa tendrá una duración de dos años, pero podrán prorrogarlo en función de su éxito y eficacia. Es necesario destacar que los beneficiarios de alguno de los dos programas pueden participar del otro, independientemente de la segmentación que se llevó a cabo, de acuerdo con la información que brinda la web oficial del ministerio.

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La Anónima avanza con su expansión y proyecta despidos tras absorber activos de Libertad

La adquisición de 12 hipermercados del Grupo Libertad por parte de La Anónima reordena el tablero del retail argentino, pero deja al descubierto su contracara: cerca de un centenar de despidos en áreas administrativas, en un situación de fuerte caída del consumo y rentabilidad en retroceso.

El proceso de reconfiguración del sector supermercadista en la Argentina suma un nuevo episodio con la reciente operación que consolidó a La Anónima como uno de los actores más relevantes del interior del país. La compra de 12 hipermercados pertenecientes al Grupo Libertad no solo implica una ampliación territorial —con presencia en provincias clave como Córdoba, Tucumán, Santa Fe, Salta, San Juan, Misiones y Santiago del Estero—, sino también la profundización de una tendencia estructural: la concentración del mercado en manos de menos jugadores, con consecuencias directas sobre el empleo.

En términos formales, la transición contempla la incorporación de aproximadamente 1.600 trabajadores a la órbita de la compañía, respetando en principio sus condiciones laborales. Sin embargo, el foco de la tensión no se encuentra en las sucursales, sino en las áreas de soporte. Allí, la superposición de funciones entre ambas estructuras corporativas anticipa un panorama de ajuste que, según estimaciones del sector, podría traducirse en más de 100 desvinculaciones, principalmente en Córdoba.

La lógica empresaria detrás de esta decisión se apoya en criterios de eficiencia operativa. La Anónima cuenta con sistemas de gestión consolidados, lo que vuelve prescindibles ciertos equipos heredados de Libertad. En términos concretos, la expansión territorial se combina con una centralización administrativa que reduce costos, pero al mismo tiempo profundiza la fragilidad laboral en segmentos altamente calificados.

Este movimiento no puede leerse de manera aislada. Forma parte de un proceso más amplio de repliegue estratégico por parte del Grupo Libertad, que en el último año avanzó en la venta de la mayoría de sus activos comerciales para concentrarse en el negocio inmobiliario. La transformación incluye desde despidos previos —como los registrados en San Juan— hasta el cierre de unidades específicas, como su formato premium Fresh Market en Buenos Aires. La salida progresiva del negocio minorista tradicional refleja una mutación en la lógica de inversión, orientada a sectores de menor exposición al deterioro del consumo.

El trasfondo macroeconómico resulta determinante para comprender la magnitud de estos movimientos. La caída sostenida de las ventas —con retracciones que en distintos momentos oscilaron entre el 20% y el 30%— ha erosionado los márgenes de las grandes cadenas, obligándolas a redefinir estrategias. En ese marco, la expansión mediante adquisiciones no necesariamente responde a una etapa de crecimiento genuino, sino a la búsqueda de escala como mecanismo de supervivencia.

Las propias declaraciones de la conducción empresaria refuerzan esta lectura. Desde La Anónima reconocen que la rentabilidad del sector se encuentra bajo presión extrema, incluso para compañías consolidadas. La referencia a la salida de actores internacionales del mercado local funciona como indicador de un escenario adverso, donde sostener operaciones en la formalidad se vuelve cada vez más complejo.

Paradójicamente, mientras el negocio minorista enfrenta un contexto contractivo, algunas unidades vinculadas al comercio exterior exhiben resultados positivos. La performance exportadora —en particular en el rubro cárnico— muestra crecimientos significativos, generando una asimetría que expone las presiones del modelo: mientras los ingresos externos se expanden, el consumo interno se retrae, afectando el núcleo histórico del supermercadismo.

En este aspecto, la operación entre La Anónima y Libertad sintetiza una miarada más profunda: empresas que se reconfiguran para sostenerse en un mercado adverso, a costa de reestructuraciones que impactan de lleno en el empleo. La eficiencia, en este caso, aparece estrechamente vinculada a la reducción de plantillas en áreas consideradas no esenciales.

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Correo Argentino: FOECYT endurece su postura y denuncia un deterioro sostenido en las condiciones laborales

En el Día del Trabajador Telepostal, la FOECYT profundizó sus cuestionamientos al Correo Argentino por la falta de recomposición salarial, la imposición de decisiones sin consenso y el progresivo retroceso en derechos laborales.

La conmemoración del Día del Trabajador Telepostal dejó de ser una instancia protocolar para transformarse en una señal de alerta dentro del sistema postal. La FOECYT, utilizó la fecha para exponer un cuadro que, según su diagnóstico, combina pérdida de poder adquisitivo, debilitamiento de las garantías laborales y una dinámica empresaria que prescinde del diálogo institucional.

El eje inmediato de la controversia se ubica en la decisión de las autoridades del Correo Argentino de trasladar el feriado del 7 de abril al lunes siguiente. Desde la organización sindical interpretaron la medida como una alteración inconsulta de acuerdos vigentes y una desnaturalización de una jornada con fuerte identidad para la actividad. La explicación oficial —centrada en supuestos beneficios organizativos— fue desestimada por el gremio, que la consideró inconsistente con antecedentes recientes y alineada con necesidades operativas antes que con el interés del personal.

No obstante, el desacuerdo trasciende este episodio. La federación viene señalando una política salarial que, en su criterio, erosiona progresivamente la capacidad adquisitiva. La implementación de incrementos definidos de manera unilateral, al margen de las negociaciones paritarias, constituye uno de los puntos más sensibles. Para el sindicato, este mecanismo no solo limita la discusión colectiva, sino que también consolida un esquema donde las recomposiciones quedan por detrás de la evolución de los precios.

La distancia entre la narrativa oficial y la experiencia cotidiana de los trabajadores profundiza el malestar. Mientras la conducción de la empresa pone el acento en avances operativos y modernización, desde el ámbito gremial se describe una realidad marcada por la reducción de estructuras, menores perspectivas de desarrollo profesional y una progresiva pérdida de derechos adquiridos.

Frente a este cuadro, FOECYT resolvió avanzar con un esquema de acciones que incluye asambleas y protestas en distintas regiones del país, en el marco del estado de alerta y movilización declarado a comienzos de abril. Las medidas articulan demandas de recomposición salarial con el rechazo a decisiones recientes, en un intento por visibilizar un conflicto que, según advierten, podría profundizarse.

A su vez, la lectura sindical incorpora una dimensión más amplia. Desde la federación vinculan la situación del Correo con una orientación general de la política pública, a la que atribuyen una priorización de criterios de ajuste y racionalización del gasto por sobre la preservación del empleo. Esta interpretación amplía el alcance del reclamo y lo inscribe en un debate de mayor escala sobre el rol de las empresas estatales.

El conflicto en el Correo Argentino expone una fricción cada vez más marcada entre las estrategias de reorganización empresaria y las demandas sindicales por sostener condiciones laborales y poder adquisitivo. La ausencia de instancias de negociación robustas y la reiteración de medidas unilaterales han erosionado los canales tradicionales de entendimiento.

En este este sentido, la disputa ingresa en una etapa de mayor complejidad, donde la resolución dependerá en gran medida de la capacidad de reconstruir espacios de diálogo efectivos. De no mediar señales en esa dirección, el diferendo no solo tenderá a prolongarse, sino que podría escalar en intensidad, con impacto directo sobre el funcionamiento de un servicio público esencial y sobre la estabilidad laboral de quienes lo sostienen a diario.

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Desigualdad persistente en el ingreso y un mercado laboral cada vez más fragmentado

Un informe reciente del INDEC expone que, pese a leves mejoras en los indicadores generales, se mantienen diferencias profundas entre trabajadores según su inserción laboral, con una marcada disparidad de género y una elevada concentración de recursos.

La configuración económica argentina continúa reflejando una matriz desigual que resiste incluso en contextos de relativa estabilización. Los datos correspondientes al cuarto trimestre de 2025 delinean un escenario en el que la actividad laboral sigue siendo la principal fuente de sustento, aunque atravesada por distorsiones que condicionan las posibilidades de progreso de amplios sectores.

El relevamiento oficial indica que el 62,6% de la población percibe algún tipo de remuneración, con un promedio que supera el millón de pesos. Sin embargo, este valor agregado oculta una dispersión significativa: mientras los estratos más rezagados apenas superan los $350.000, los segmentos superiores alcanzan cifras por encima de los $2,4 millones. La brecha entre ambos extremos no solo resulta amplia, sino que evidencia una dinámica donde la distribución del dinero se concentra de manera desigual.

El mundo del trabajo reproduce esta lógica. Aunque el promedio de la ocupación principal se ubica en niveles elevados, la mediana —indicador más representativo— se posiciona considerablemente por debajo, en torno a los $800.000. Esto implica que una porción sustancial de la fuerza laboral se encuentra lejos de los valores más altos, lo que pone en evidencia la heterogeneidad del sistema.

El análisis por deciles refuerza este diagnóstico. Los sectores de menores recursos se agrupan en niveles cercanos a los $390.000, mientras que los segmentos intermedios logran duplicar esa cifra. En el otro extremo, los estratos superiores superan ampliamente los $2,5 millones.

Esta progresión no responde a un crecimiento uniforme, sino a un esquema escalonado donde el acceso a mejores remuneraciones depende de variables estructurales como la capacitación, el tipo de empleo y la inserción sectorial.

Dentro de este entramado, la formalidad laboral emerge como uno de los factores más determinantes. La diferencia entre quienes cuentan con aportes jubilatorios y quienes se desempeñan en la informalidad resulta contundente: los primeros perciben prácticamente el doble que los segundos. Esta disparidad no solo impacta en el presente, sino que también condiciona la estabilidad futura, el acceso a derechos y la protección social, profundizando una dualidad histórica del mercado argentino.

A esta segmentación se suma la persistente inequidad de género. Las mujeres continúan ubicándose por debajo de los varones en términos de remuneración, una diferencia que se extiende a lo largo de toda la escala. Este fenómeno responde a múltiples factores, entre ellos la menor participación en puestos jerárquicos, la concentración en actividades de menor paga y la sobrecarga de tareas domésticas no remuneradas.

En términos globales, la concentración de recursos se mantiene elevada. El coeficiente de Gini muestra una leve mejora, aunque insuficiente para alterar la estructura de fondo. La distancia entre los extremos permanece prácticamente invariable: el decil más alto percibe más de trece veces lo que recibe el más bajo.

La distribución general también evidencia un marcado desequilibrio. El 10% más acomodado concentra cerca de un tercio del total, mientras que el 10% más rezagado accede a una proporción mínima. Este reparto desigual no solo refleja una brecha económica, sino también una marcada diferencia en las oportunidades de desarrollo.

El análisis de los hogares con menores recursos permite comprender la dimensión social del problema. En estos sectores, las fuentes no laborales —como jubilaciones, subsidios o transferencias— adquieren un rol central, representando más de dos tercios del total. A su vez, se observa una elevada carga de dependencia: por cada persona ocupada, hay múltiples individuos que no generan recursos propios, lo que incrementa la presión sobre los ingresos disponibles y profundiza la vulnerabilidad.

El panorama actual confirma que las mejoras puntuales en los indicadores agregados no alcanzan para revertir una estructura marcada por la desigualdad. Las brechas vinculadas a la formalidad, el género y la distribución del ingreso continúan delineando un sistema en el que las diferencias no solo persisten, sino que tienden a reproducirse.

El desafío, en este contexto, no se limita a la generación de empleo en términos cuantitativos, sino que exige avanzar hacia una mejora sustancial en su calidad, ampliar la inclusión en el circuito formal y reducir las asimetrías estructurales. Sin transformaciones en estos ejes, cualquier avance coyuntural quedará diluido frente a un movimiento que consolida la fragmentación y perpetúa las desigualdades en el largo plazo.

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