Los Gremios Docentes aceptaron el último ofrecimiento del gobierno
Tras aceptar UDA y AMET, UDAP reveló que los delegados aceptaron la última propuesta de Gobierno y se cerró la paritaria.
Finalmente, este martes, UDAP aceptó, al igual que UDA y AMET, la última oferta salarial que hizo el Gobierno y, de esta manera, se cerró la paritaria docente
La oferta que aceptaron los gremios docentes consiste en la aplicación de un nuevo ítem de 30 puntos al valor índice que es “remunerativo y bonificable”, que impactará en el aguinaldo, antigüedad y jubilación.
Además, incluyeron un aumento del 15% que elevará a 76,1% en el año, más la garantía de elevar el salario mínimo a $200.000 por cargo y hasta dos cargos o su equivalente en horas cátedra. También mejorarán los ítems A55 (de $17.500 a $34.500) y E66 (de $13.117 a $28.421) al valor índice.
Detalles del acuerdo paritario docente
Art. 1-Fijar el valor índice del 15% a partir de agosto de 2023. De esta manera, el sueldo básico (A01) del cargo testigo maestro de grado jornada simple queda determinado en $83.536,72; el valor de la hora cátedra nivel medio en $5.569,11 y el valor de la hora cátedra nivel superior en $6.961,39.
Art. 2- Asignación remunerativa Decreto Nº 1380-1993, art. 2º «Dedicación a la docencia» (A56). A partir de agosto 2023, fijar el monto por persona liquidado en $34.500 o su equivalente en horas cátedra en nivel medio o superior. La hora cátedra en nivel medio será de $1.916,67 y de $2.300 en nivel superior. Se actualiza en el mismo porcentaje que el que en el futuro se incremente el valor índice y de manera automática.
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La motosierra vuelve sobre el Estado y amenaza con agravar la disputa laboral
Equipos del Ministerio de Desregulación recorren dependencias nacionales para evaluar estructuras, funciones y plantillas de personal. La iniciativa forma parte de una nueva etapa del plan de reducción estatal impulsado por Javier Milei. Los sindicatos denuncian un avance sobre áreas sensibles de la administración pública y advierten que responderán con medidas de fuerza.
La reducción del aparato estatal ingresa en una nueva instancia. Mientras el Gobierno celebra los resultados fiscales obtenidos a partir del recorte del gasto público, en distintos organismos nacionales comenzó a instalarse una creciente preocupación por la posibilidad de una nueva ola de despidos que impactaría durante la segunda mitad del año.
La avanzada está encabezada por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, que conduce Federico Sturzenegger. Funcionarios y equipos técnicos recorren oficinas, entes descentralizados y reparticiones nacionales con una consigna clara: revisar estructuras, analizar funciones y determinar qué áreas pueden operar con menos personal.
La tarea forma parte de la estrategia oficial destinada a profundizar el proceso de achicamiento estatal iniciado en diciembre de 2023. Según trascendió, cada relevamiento busca establecer cuántos trabajadores cumplen funciones en cada dependencia, cuál es su nivel de actividad y qué puestos podrían ser eliminados bajo criterios de reorganización administrativa.
Sin embargo, dentro de la propia administración nacional aparecen voces que observan con preocupación las consecuencias de una nueva ronda de recortes. La advertencia es que determinadas áreas ya funcionan con dotaciones reducidas y que nuevas bajas podrían afectar prestaciones esenciales, controles, fiscalizaciones y servicios que dependen directamente del Estado.
Los sindicatos preparan la respuesta
La posibilidad de nuevas cesantías activó rápidamente las alarmas en el universo gremial estatal.
Desde la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Rodolfo Aguiar aseguró que el sindicato no permanecerá inmóvil frente a una profundización del ajuste y anticipó una etapa de confrontación con la Casa Rosada.
La organización considera que el Gobierno busca avanzar sobre organismos que ya fueron afectados por sucesivos recortes presupuestarios y reducciones de personal. Además, vincula el conflicto con el deterioro salarial que atraviesan los trabajadores estatales, cuyos ingresos continúan perdiendo terreno frente al costo de vida.
La reapertura de las negociaciones paritarias aparece como uno de los principales reclamos sindicales. En ATE sostienen que la discusión salarial se encuentra rezagada respecto de la evolución de los precios y advierten que la combinación entre despidos y pérdida de poder adquisitivo configura un escenario de creciente malestar dentro de la administración pública.
Preocupación también en UPCN
La inquietud no se limita a los sectores más confrontativos del sindicalismo estatal.
Desde la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), encabezada por Andrés Rodríguez, también expresaron reparos frente a la continuidad de los recortes. Aunque el gremio mantiene una estrategia más moderada respecto del Gobierno, sus dirigentes reconocen que existe preocupación por el impacto que las cesantías pueden tener sobre el funcionamiento de organismos estratégicos.
La entidad sostiene que las desvinculaciones alcanzaron incluso a trabajadores con una extensa trayectoria y experiencia acumulada dentro de la administración pública, una situación que —afirman— debilita capacidades técnicas difíciles de reemplazar en el corto plazo.
Asimismo, UPCN cuestiona una visión que, a su entender, confunde modernización con desmantelamiento. La organización considera legítimo discutir mecanismos para mejorar la eficiencia estatal, pero rechaza cualquier esquema que reduzca la capacidad de respuesta de organismos encargados de brindar servicios, asistencia y controles.
Un segundo semestre cargado de disputas
El debate sobre el tamaño y el rol del Estado vuelve así a ubicarse en el centro de la agenda política.
Para el oficialismo, la reducción de estructuras constituye una condición indispensable para sostener el equilibrio fiscal y avanzar con su programa económico. Para los sindicatos, en cambio, el proceso ya comenzó a mostrar consecuencias que exceden el plano administrativo y afectan directamente el empleo, los salarios y la capacidad operativa de numerosos organismos.
Con miles de puestos eliminados desde el inicio de la gestión libertaria y nuevos relevamientos en marcha, el conflicto parece lejos de encontrar un punto de equilibrio.
Todo indica que el segundo semestre no sólo estará cruzado por la discusión salarial. También pondrá en disputa dos concepciones opuestas sobre el Estado: la de un Gobierno decidido a profundizar su reducción y la de organizaciones sindicales que consideran que detrás de cada recorte se debilitan funciones esenciales para la vida social y económica del país.
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La Iglesia reunió a las centrales obreras y crece la preocupación por el empleo
La convocatoria de monseñor Jorge Lozano a las tres centrales sindicales de San Juan se convirtió en una instancia de análisis sobre la situación económica y laboral que atraviesa el país. En ese contexto, el secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio, Víctor Menéndez, destacó la importancia del diálogo impulsado por la Iglesia, advirtió sobre el deterioro del poder adquisitivo y cuestionó los alcances de la reforma laboral recientemente reglamentada.
La reunión que mantuvieron representantes de las tres centrales obreras de San Juan con monseñor Jorge Lozano dejó una postal poco frecuente en tiempos de fuertes divisiones políticas y sociales. Más allá de las particularidades de cada organización, el encuentro permitió construir un diagnóstico común sobre una realidad que preocupa tanto al movimiento sindical como a la Iglesia: el avance de las dificultades económicas, la pérdida de ingresos en amplios sectores de la población y el aumento de incertidumbre que atraviesa al mundo del trabajo.
La convocatoria del arzobispo sanjuanino se inscribió en una serie de encuentros que la Iglesia viene promoviendo en distintos puntos del país con el objetivo de escuchar de primera mano las problemáticas que afectan a trabajadores, jubilados, sectores populares y organizaciones intermedias. En San Juan, la respuesta sindical fue contundente. Las tres centrales participaron de una mesa de diálogo donde se abordaron temas vinculados al empleo, los despidos, la situación salarial, el endeudamiento familiar y las consecuencias sociales derivadas del actual modelo económico.
Entre los asistentes estuvo Víctor Menéndez, titular del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicio, quien valoró especialmente el papel que la Iglesia está desempeñando como espacio de encuentro en un ámbito marcado por la fragmentación.
“El mensaje fue muy claro. Nadie se salva solo. Hay una preocupación genuina por lo que están viviendo los trabajadores, los jubilados y quienes han quedado al margen de cualquier posibilidad de progreso”, señaló el dirigente.
Según explicó, durante la reunión se analizaron fenómenos que comienzan a consolidarse como nuevas expresiones de vulnerabilidad social. Entre ellos mencionó el aumento de los problemas vinculados a la salud mental, el estrés provocado por la incertidumbre económica, la pérdida de capacidad de consumo y el crecimiento de situaciones de endeudamiento que afectan a numerosas familias.
“Cada vez son más los trabajadores que llegan con angustia porque el salario ya no alcanza para cubrir las necesidades básicas. Esa realidad atraviesa a todas las actividades y genera consecuencias que van mucho más allá de lo económico”, sostuvo.

Un acuerdo salarial en medio de una recuperación esquiva
Con este cuadro a ese análisis de carácter más amplio, Menéndez confirmó que el sector de estaciones de servicio logró cerrar una nueva negociación salarial tras varias reuniones con las cámaras empresarias de San Juan, Mendoza y San Luis.
El entendimiento contempla una recomposición del 2,5% para mayo acompañada por una suma fija, mientras que para junio se acordó un incremento adicional del 2%, junto con un bono de 47.500 pesos.
Aunque valoró el acuerdo alcanzado, el dirigente reconoció que los aumentos continúan lejos de compensar la pérdida acumulada durante los últimos años.
“No es el porcentaje que los trabajadores necesitan, pero entendimos que era necesario avanzar porque dilatar las negociaciones termina perjudicando aún más el bolsillo de los compañeros”, explicó.
A su criterio, el principal desafío continúa siendo la recuperación del poder adquisitivo perdido desde finales de 2023. Un proceso que, según afirmó, demandará varios años y requerirá un escenario económico mucho más favorable que el actual.
“La caída del salario real ha sido muy profunda. Recuperar ese terreno no será sencillo y exige una estrategia sostenida de negociación”, advirtió.
Reforma laboral: el eje de una disputa que recién comienza
Otro de los temas que ocupó un lugar central en sus declaraciones fue la reglamentación de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, una iniciativa que el sindicalismo observa con mucha preocupación y que promete abrir una extensa batalla judicial.
Menéndez sostuvo que las modificaciones introducidas representan una transformación estructural de las relaciones laborales y cuestionó especialmente los cambios vinculados al régimen indemnizatorio, los bancos de horas y los nuevos mecanismos de flexibilización.
“Se puede discutir la modernización de normas y convenios, pero no la eliminación de derechos conquistados durante décadas. Lo que observamos es un avance que altera principios fundamentales de protección al trabajador”, afirmó.
Para el dirigente, varios de los aspectos incorporados por la nueva legislación podrían derivar en una fuerte litigiosidad en los próximos años, a medida que comiencen a aplicarse en los distintos ámbitos laborales.
En ese sentido, consideró que el debate recién comienza y que serán los tribunales los encargados de definir la validez constitucional de algunos de los puntos más controvertidos.
La unidad como respuesta
Más allá de contrastes gremiales y de las discusiones propias de cada actividad, Menéndez entiende que el momento exige fortalecer los espacios de articulación entre organizaciones sindicales, movimientos sociales, instituciones religiosas y distintos actores de la comunidad. La reunión con Lozano, aseguró, dejó precisamente ese mensaje.
“La defensa del trabajo, de los jubilados, de la educación pública y de quienes atraviesan situaciones difíciles requiere esfuerzos colectivos. Ninguna organización puede afrontar sola una realidad tan compleja”, expresó.
La coincidencia entre las tres centrales obreras, sumada al acompañamiento de la Iglesia, aparece así como una señal relevante en un entorno caracterizado por la incertidumbre económica y la tensión social.
Una preocupación que trasciende a los gremios
El encuentro realizado en San Juan dejó en evidencia que las inquietudes vinculadas al empleo, los ingresos y las condiciones de vida ya no constituyen únicamente una agenda sindical. También forman parte de una preocupación más amplia que involucra a instituciones con fuerte presencia territorial y capacidad de contención social.
Mientras los gremios buscan preservar salarios y derechos laborales en un marco de profundas transformaciones, la Iglesia procura mantener abiertos espacios de diálogo que permitan visibilizar las dificultades que atraviesan amplios sectores de la sociedad.
En ese cruce de miradas, la reunión encabezada por monseñor Lozano adquirió una dimensión que excedió el plano protocolar. Fue, sobre todo, una fotografía de época: la de organizaciones distintas que, desde lugares diferentes, observan con inquietud el deterioro de las condiciones de vida y coinciden en que la reconstrucción del tejido social demandará más unidad, más diálogo y una mayor atención a quienes hoy soportan el peso más severo de la crisis.
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Correo Argentino enfrenta un nuevo foco de conflicto por los salarios
La discusión salarial volvió a instalarse en el centro de la escena dentro de Correo Argentino. La Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT) formalizó un pedido para reabrir de manera urgente las paritarias y advirtió que los ingresos del personal atraviesan un proceso de deterioro que ya compromete las condiciones de vida de miles de trabajadores. El planteo llega tras el reciente conflicto por despidos y vuelve a poner en agenda la situación económica de los trabajadores de la empresa estatal.
Desde el gremio sostienen que el esquema salarial vigente quedó desactualizado y remarcan que numerosos trabajadores perciben ingresos insuficientes para afrontar los gastos esenciales. Además, señalaron que las compensaciones extraordinarias y los incentivos por productividad aplicados en los últimos meses no lograron revertir el deterioro acumulado.
La protesta se produce pocas semanas después de un conflicto que tensó la relación entre la empresa y los trabajadores a raíz de una serie de despidos en distintas dependencias. Aquella disputa derivó en medidas de fuerza y concluyó con la reincorporación de los empleados afectados tras una instancia de negociación que evitó la realización de un paro nacional.
La cuestión salarial arrastra además una controversia previa. En marzo, la empresa comunicó un esquema de incrementos escalonados hasta mayo sin acuerdo paritario formal, una decisión que fue rechazada por la representación sindical por considerar que no respondía a la evolución real de los precios ni a las necesidades del personal.
Con ese cronograma ya agotado y sin nuevas convocatorias a negociar, FOECYT volvió a exigir una respuesta de la conducción de Correo Argentino. La entidad sostiene que resulta indispensable abrir una instancia de diálogo que permita discutir una actualización salarial acorde con la realidad económica y evitar que el conflicto vuelva a escalar en una de las empresas de servicios más importantes del país.
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