SMATA pidió que el ajuste salarial sea bimestral
La presión de los gremios por lograr mejores acuerdos en las discusiones paritarias es cada vez mayor con el propósito de recuperar lo perdido en los últimos meses.
Uno de los casos más conocidos es el del gremio del SMATA que representa al sector automotor. Desde hace años, cuando la inflación anual pasó del 30%, acordó con las terminales agrupadas en ADEFA este mecanismo.
Por ejemplo, para el período abril-mayo-junio acaban de recibir un 24,53% de aumento. Esto incluso está un par de puntos porcentuales por arriba del acumulado del IPC que fue de 22,2%
Pese a esto, desde el gremio conducido por Ricardo Pignanelli vienen reclamando que la aceleración del proceso inflacionario que se produce desde inicios del 2022 está afectado el poder adquisitivo de los trabajadores mecánicos.
El argumento utilizado es que reciben al final del trimestre un ajuste por la inflación pasada y eso no llega a cubrir el costo de vida actualizado. Esto implica estos dos puntos adicionales que recibieron en julio. Fue una forma de compensar ese desfase inflacionario.
Pero para el gremio, esta no es la mejor solución y es por eso que planteó a las automotrices que el ajuste deje de ser trimestral y pase a ser bimestral, para que haya menor distorsión.
La medida está siendo analizada entre las empresas asociadas a ADEFA. Fuentes del sector consultadas por Ámbito confirmaron que se está evaluando el tema y algunos llegaron a aventurar que hay posibilidades de que se acepte. De ser así, sería el primer gremio importante que pasaría a recibir aumentos bimestrales en base a la inflación.
La industria automotriz está trabajando con altos niveles de actividad, en gran parte por la necesidad de exportar y generar dólares propios para importar el resto de vehículos que requiere para completar la gama.
La falta de reservas en el Banco Central limita mucho las posibilidades de mejorar la oferta de 0km en el mercado interno. Eso se evidencia con las demoras en entregas de muchos modelos y la existencia de sobreprecios.
Toyota es el principal productor de vehículos y, por ejemplo, está trabajando en tres turnos, de lunes a viernes, para cubrir la demanda.
Otras terminales también se encuentran en proceso de incrementar la producción por lo que un conflicto gremial sería un serio perjuicio económico.
Esto se genera en un contexto de serias dificultades de abastecimiento de insumos por las restricciones a las importaciones y la falta de dólares que hace que varias terminales tengan que estar parando las líneas de montaje de forma intermitente.
Es por eso que el reclamo del SMATA está siendo analizado seriamente por ADEFA ya que se quiere descartar cualquier medida de fuerza que complique más la producción.
De llegarse a un acuerdo, la idea es que el ajuste bimestral comience a implementarse a partir de septiembre.
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Universidades en conflicto: Paro de 72 horas y crece la presión por un plan de lucha más duro
Con un paro nacional de tres días confirmado y crecientes demandas de profundización del conflicto, el sistema universitario argentino atraviesa una de sus momentos más críticos. La disputa salarial, el incumplimiento de la Ley de Financiamiento y el intento del Gobierno de reemplazarla por un nuevo esquema marcan el pulso de una crisis que tensiona a gremios, autoridades académicas y al propio Ejecutivo.
El frente universitario vuelve a ubicarse en el centro de la escena nacional. La Federación Nacional de Docentes Universitarios confirmó un paro de 72 horas que comenzará el lunes 30 de marzo y se extenderá hasta el miércoles, en la antesala del receso por Semana Santa. La medida se inscribe en un conflicto que combina reclamos salariales, deterioro presupuestario y una creciente resistencia a la orientación de la política educativa impulsada por el gobierno de Javier Milei.
El detonante inmediato es la falta de recomposición salarial en un clima inflacionario persistente. Según datos elaborados por equipos técnicos gremiales, la pérdida del poder adquisitivo de docentes y no docentes supera el 50% respecto de fines de 2023, producto del desfasaje entre los incrementos otorgados por la Secretaría de Educación y la evolución del índice de precios.
Pero la disputa excede lo estrictamente salarial. En el centro del problema aparece la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario, cuya implementación el Ejecutivo ha evitado, al tiempo que promueve un nuevo proyecto legislativo orientado a redefinir el esquema de asignación de recursos. Desde el ámbito sindical y académico, la iniciativa es leída como un intento de consolidar el ajuste sobre salarios y gastos operativos.
En ese sentido, la presión interna dentro de las organizaciones gremiales se intensifica. Sectores de base reclaman medidas más contundentes y sostenidas en el tiempo. La adhesión masiva al paro del 14 de marzo operó como un punto de inflexión: fortaleció la percepción de que existe margen para profundizar el plan de lucha y cuestionó las estrategias más moderadas de algunas conducciones.
La presión también alcanza a las autoridades universitarias. Instituciones de peso como la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata quedaron en el centro de versiones sobre eventuales acuerdos con el Gobierno, aunque la fuerza interna de docentes y trabajadores puso en suspenso cualquier posibilidad de acompañamiento explícito a la iniciativa oficial.
El deterioro presupuestario completa un panorama complicado. Informes de distintas casas de estudio advierten que el incremento de tarifas, tras la reducción de subsidios, elevó los costos de funcionamiento por encima de la inflación promedio. Universidades como la Universidad Nacional de Córdoba enfrentan, según estas evaluaciones, un futuro de “cesación de pagos virtual” en el corto plazo si no se actualizan las partidas.
En este aspecto, comienzan a proliferar formas de autoorganización en facultades y dependencias académicas. Espacios como Medicina, Filosofía y Letras y regionales de la Universidad Tecnológica Nacional ya discuten esquemas de visibilización y medidas de fuerza escalonadas que trasciendan las convocatorias gremiales tradicionales.
El conflicto universitario revela una dinámica de doble presión. Por un lado, el Gobierno busca sostener su programa de ajuste fiscal, incluso a costa de tensar al máximo el vínculo con el sistema educativo. Por otro, los gremios enfrentan una creciente radicalización de sus bases, que perciben insuficientes las respuestas hasta ahora ensayadas.
Este cruce de fuerzas reduce los márgenes de negociación y anticipa un escenario de mayor conflictividad. La posibilidad de una nueva Marcha Federal Universitaria —en línea con la histórica movilización de 2024— aparece como un factor de alto impacto político y social, capaz de reconfigurar el debate público en torno al financiamiento educativo.
Lejos de encaminarse hacia una resolución, el conflicto universitario ingresa en una fase de profundización. El paro de 72 horas es apenas un nuevo capítulo de una disputa estructural que combina salarios deteriorados, presupuesto insuficiente y modelos contrapuestos sobre el rol del Estado en la educación superior. En ese marco, la calle y las aulas se perfilan como los escenarios donde se definirá, en las próximas semanas, el alcance real de una crisis que ya trasciende lo sectorial.
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Revés judicial para el congelamiento salarial en Radio Nacional
La Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo ordenó a Radio y Televisión Argentina, que administra Radio Nacional, reanudar las paritarias con todos los sindicatos del sector tras más de un año y medio sin acuerdos. El fallo refuerza la obligación de negociar de buena fe y podría impactar en otros organismos estatales.
En una reorientación significativa para el ámbito laboral estatal, la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo dictó una medida cautelar que obliga a Radio y Televisión Argentina (RTA) a retomar la negociación colectiva con los gremios que representan a los trabajadores de Radio Nacional. La decisión revierte un escenario de más de 18 meses sin acuerdos paritarios formales.
El fallo, emitido por la Sala I del tribunal, hizo lugar al planteo impulsado por siete organizaciones sindicales del sector, entre ellas la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa, que denunciaron la falta de convocatoria a negociaciones salariales y la imposición de aumentos unilaterales por parte de la empresa estatal.
Uno de los aspectos centrales de la resolución es la definición del alcance del deber de “negociar de buena fe”. Los jueces sostuvieron que no alcanza con la mera asistencia a audiencias formales, sino que el empleador debe participar activamente, con representantes que cuenten con mandato suficiente para formular propuestas concretas y suscribir acuerdos.
Este punto resultó clave, dado que en instancias previas los delegados de la empresa habían argumentado que dependían de autorizaciones externas para realizar ofertas salariales, lo que bloqueaba cualquier avance.
Según consta en la causa, desde septiembre de 2024 no se registraron acuerdos paritarios en el ámbito de RTA. En ese período, los trabajadores sólo percibieron incrementos dispuestos de manera unilateral —del 1% y 1,5%— sin instancia de negociación colectiva. Para la Cámara, esta situación implicaba un deterioro sostenido del poder adquisitivo y justificaba la intervención judicial para evitar daños de difícil reparación.
Un precedente con proyección
Más allá de su impacto inmediato, el fallo abre un escenario de mayor alcance. Para los gremios, la resolución sienta un precedente relevante para otros organismos del Estado donde los salarios permanecen congelados o se actualizan sin negociación formal. En ese sentido, refuerza el carácter constitucional del derecho a la negociación colectiva y establece que el Estado, en su rol de empleador, no puede eludir los estándares de buena fe previstos en la legislación laboral y en los convenios internacionales.
La medida cautelar se mantendrá vigente hasta que se resuelva el fondo del litigio. No obstante, desde ahora obliga a Radio y Televisión Argentina a convocar y sostener negociaciones paritarias efectivas, bajo apercibimiento de sanciones económicas en caso de incumplimiento.
El pronunciamiento judicial reconfigura el escenario laboral en los medios públicos y proyecta efectos sobre el conjunto del empleo estatal. En un presente de presión por la pérdida de poder adquisitivo, la decisión de la Cámara no sólo restituye un canal institucional de diálogo, sino que también delimita con mayor precisión las obligaciones del Estado empleador frente a sus trabajadores.
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Argentina logra frenar una condena multimillonaria por la expropiación de YPF
La Cámara de Apelaciones de Nueva York anuló la sentencia que obligaba al país a pagar una millonaria indemnización por la expropiación de YPF en 2012. El litigio continuará, pero el fallo representa un alivio clave en el corto plazo para las cuentas públicas.
En un cambio radical para la economía argentina, la Justicia de Estados Unidos dejó sin efecto la condena que obligaba al país a pagar más de 16.000 millones de dólares por la estatización de YPF. La decisión fue adoptada por la Cámara de Apelaciones de Nueva York, que revocó el fallo de primera instancia dictado por la jueza Loretta Preska y dispuso que el expediente vuelva a esa etapa para una nueva evaluación.
El tribunal consideró que la sentencia original se apoyaba en una interpretación errónea tanto de la legislación argentina como de los estatutos de la petrolera. En consecuencia, dejó sin efecto —al menos de manera provisoria— una indemnización que había sido fijada en 2023 y que, con intereses, podía escalar por encima de los 18.000 millones de dólares.
El litigio se originó tras la reestatización de la compañía en 2012, cuando el Estado argentino recuperó el control del 51% de las acciones que estaban en manos de Repsol. Los demandantes —fondos de inversión que adquirieron los derechos de accionistas minoritarios— sostuvieron que el país incumplió con la obligación de lanzar una oferta pública de adquisición al resto de los tenedores de acciones, tal como lo establecía el estatuto societario.
La resolución de la Cámara no implica el cierre definitivo del caso, pero sí representa una victoria judicial significativa para la Argentina. En términos concretos, evita en el corto plazo el desembolso de una suma que hubiera tenido un impacto crítico sobre las reservas y el frente fiscal.
En este marco, el tribunal ya había adoptado previamente medidas cautelares que suspendían eventuales embargos y pedidos de información sobre activos argentinos en el exterior, a la espera de una resolución de fondo.
El fallo marca un punto de inflexión en uno de los litigios más sensibles para la Argentina en el escenario internacional. Si bien la disputa continúa abierta, la decisión de la Cámara de Apelaciones otorga tiempo, margen de maniobra y una oportunidad clave para reconfigurar la estrategia legal. El desenlace definitivo aún está por escribirse, pero el país logró, por ahora, esquivar una de las mayores amenazas financieras de los últimos años.
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