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 Los empleados de la Administración Nacional de la Seguridad Social de la República Argentina (ANSES) percibirán un nuevo incremento en los sueldos, tras el acuerdo paritario celebrado entre las autoridades del organismo y los gremios con representación en el sector. Es un aumento acumulativo del 33% a pagar en tres tramos: 7% en junio, 11% en julio y 12% en agosto, con revisión en septiembre próximo. Además, los sindicatos y el organismo que dirige Fernanda Raverta acordaron una suba del 25% en las unidades retributivas (UR) adicionales.

También se incrementarán 100 Ur al POA; 100 Ur al adicional por cumplimiento; Premio a la trayectoria, que se incorpora a lo actual el valor de un POA.

La paritaria fue celebrada por la Unión Personal Civil de la Nación (UPCN), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), la Asociación del Personal de los Organismos de Previsión Social (APOPS) y el Sindicato de la ex Caja de Asignaciones Familiarres para el personal de la industria (SECASFPI).

Al mismo tiempo, las conducciones sindicales lograron respuestas a un pedido histórico en materia de ampliación de derechos: desde ahora la adhesión a paro es ausencia justificada y no tendrá descuentos.

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Por ahora San Juan esquiva los cortes de GNC que golpean a gran parte del país

Mientras estaciones de servicio e industrias enfrentan restricciones en distintas regiones del país, San Juan mantiene el suministro de GNC sin interrupciones. El contraste reavivó el debate sobre la infraestructura gasífera, la planificación energética y las inversiones pendientes en transporte y distribución de gas natural.

La ola de frío que atraviesa gran parte de la Argentina volvió a poner bajo presión al sistema energético nacional. Las restricciones en el expendio de GNC, los recortes a industrias y las dificultades registradas en el Área Metropolitana de Buenos Aires reabrieron una discusión recurrente: la capacidad del país para transportar y distribuir el gas que produce.

En ese contexto, San Juan aparece como una excepción. Mientras en numerosas localidades bonaerenses las estaciones de servicio enfrentan interrupciones parciales o totales del suministro, en la provincia la provisión se mantiene estable y sin afectaciones operativas, según confirmaron desde la Cámara de Expendedores de Combustibles.

La diferencia no responde a una menor demanda ni a condiciones climáticas distintas, sino a la configuración del abastecimiento. San Juan recibe gas proveniente de la cuenca neuquina, uno de los principales polos productores del país, una característica que le permite sostener el servicio incluso durante los períodos de mayor consumo residencial.

El presidente de la Cámara de Expendedores de Combustibles de San Juan (CECA), Miguel Caruso, explicó que no existen inconvenientes en el suministro local y aclaró que los episodios de interrupción registrados en años anteriores estuvieron vinculados a contingencias técnicas y no a problemas de disponibilidad del recurso.

La situación contrasta con lo que ocurre en Buenos Aires, especialmente en La Plata, Berisso y Ensenada, donde numerosas estaciones suspendieron la venta de GNC en cumplimiento de los protocolos que priorizan el abastecimiento domiciliario durante los picos de demanda invernal. La medida también alcanzó a industrias con contratos interrumpibles, generando complicaciones productivas y logísticas.

Detrás de la emergencia reaparecieron cuestionamientos sobre la política energética nacional. Desde la Asociación de Personal Jerárquico del Gas (APJ-Gas) calificaron los cortes como un “clásico lamentable” de cada invierno y atribuyeron las restricciones a la falta de planificación e inversión en infraestructura estratégica.

La entidad sostuvo que el problema central no radica en la disponibilidad del recurso, sino en las limitaciones para transportarlo hacia los centros de consumo. Según su análisis, Argentina produce gas suficiente para abastecer la demanda interna, pero arrastra déficits estructurales en gasoductos, plantas compresoras y redes de distribución que reducen la capacidad de respuesta cuando las temperaturas caen abruptamente.

El gremio también cuestionó la paralización o demora de obras consideradas clave para ampliar el sistema, entre ellas la segunda etapa del Gasoducto Perito Moreno, la reversión completa del Gasoducto Norte y la finalización de instalaciones complementarias destinadas a incrementar la capacidad de transporte.

Mientras tanto, en San Juan el panorama permanece estable. La provincia continúa exhibiendo uno de los mayores niveles de adopción de GNC del país, impulsado por el diferencial de costos frente a los combustibles líquidos y por esquemas de financiamiento que facilitan la conversión vehicular. El ahorro operativo sigue siendo un incentivo determinante para particulares y sectores vinculados al transporte.

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ATSA cerró la paritaria del sector privado con aumentos hasta agosto

El sindicato de la Sanidad selló un acuerdo con las cámaras empresarias de clínicas, sanatorios, centros de diagnóstico y hospitales de comunidad. El entendimiento contempla incrementos acumulativos del 7,4% entre junio y agosto, bonos mensuales de hasta $90.000 y una reestructuración de las escalas salariales que impactará sobre los básicos.

La Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) alcanzó un acuerdo salarial con las cámaras empresarias del sector asistencial privado y puso fin a una negociación que se había extendido durante varias semanas en medio de fuertes diferencias entre las partes.

El convenio abarca a los trabajadores comprendidos en los Convenios Colectivos de Trabajo 122/75, que incluye clínicas, sanatorios, geriátricos y establecimientos neuropsiquiátricos; 108/75, correspondiente a institutos médicos, odontológicos, laboratorios y centros de diagnóstico sin internación; y 103/75, que regula la actividad en hospitales de comunidad.

La actualización salarial se aplicará en tres etapas acumulativas. El acuerdo establece un incremento del 3,7% para junio, un 2% en julio y un 1,6% en agosto, lo que representa una recomposición acumulada cercana al 7,4% para el trimestre.

A esa mejora se sumarán asignaciones no remunerativas de carácter extraordinario. Los trabajadores percibirán un bono de $90.000 durante junio, otro de igual monto en julio y una suma de $80.000 en agosto.

Uno de los puntos centrales de la negociación fue la modificación de la estructura salarial prevista para agosto. El entendimiento contempla la incorporación de $12.000 al salario básico de la categoría inicial de cada convenio, monto que se trasladará proporcionalmente al resto de las categorías. Simultaneamente, se absorberán $10.000 de las sumas no remunerativas vigentes, en un proceso orientado a fortalecer los haberes permanentes.

Las nuevas escalas ubicarán a los profesionales universitarios entre los salarios más altos de la actividad. En el convenio correspondiente a clínicas, sanatorios, geriátricos y neuropsiquiátricos, bioquímicos, farmacéuticos, nutricionistas y kinesiólogos percibirán en agosto remuneraciones cercanas a $1,5 millones.

Una situación similar se registrará en el convenio que agrupa a centros de diagnóstico, laboratorios e institutos médicos sin internación, donde las categorías profesionales alcanzarán ingresos del mismo orden, mientras que los trabajadores de Primera Categoría rondarán los $1,4 millones.

La firma del acuerdo llegó después de una negociación particularmente compleja. Desde ATSA habían rechazado las primeras propuestas empresarias por considerarlas insuficientes frente al deterioro del poder adquisitivo y advirtieron que no aceptarían mecanismos que consolidaran salarios por debajo de la evolución de los precios.

Las cámaras empresarias, por su parte, atribuyeron las dificultades para mejorar la oferta a la situación financiera que atraviesan numerosos prestadores privados. Argumentaron que clínicas, sanatorios y centros médicos enfrentan atrasos en las actualizaciones que reciben de obras sociales, prepagas y otros financiadores del sistema, lo que afecta sus márgenes operativos.

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Pulseada sindical: la CGT se divide entre una huelga nacional y un plan de desgaste

El Consejo Directivo de la CGT definirá esta semana una nueva hoja de ruta frente al Gobierno nacional. Mientras un sector reclama una huelga de 36 horas y medidas más contundentes, la conducción impulsa un esquema de protestas sectoriales inspirado en la experiencia sindical francesa. La discusión refleja diferencias tácticas, pero también la disputa por el liderazgo de la central obrera en un clima de ajuste, despidos y caída del poder adquisitivo.

La reunión que el Consejo Directivo de la CGT celebrará este jueves en la sede de Azopardo pondrá en escena algo más que la definición de un plan de lucha. Lo que está en discusión es la estrategia sindical para enfrentar la etapa más compleja de la gestión de Javier Milei y, al mismo tiempo, la capacidad de la central obrera para sostener una conducción unificada en medio de intereses y diagnósticos cada vez más divergentes.

Dos posiciones aparecen hoy claramente diferenciadas. Por un lado, un bloque integrado por dirigentes como Luis Barrionuevo, Omar Maturano y Roberto Fernández impulsará la convocatoria a un paro nacional de 36 horas. Consideran que el deterioro del empleo, la pérdida de ingresos y la situación financiera de las obras sociales exigen una respuesta de alto impacto que logre paralizar la actividad económica y enviar una señal política contundente al Gobierno.

Del otro lado, la conducción cegetista y los sectores más dialoguistas rechazan avanzar hacia una nueva huelga general en el corto plazo. Su propuesta consiste en desarrollar un esquema de conflictividad progresiva basado en protestas sectoriales, asambleas, movilizaciones y medidas de fuerza alternadas, con la intención de acumular presión social y ampliar las alianzas con otros sectores afectados por la política económica oficial.

La discusión no es nueva. La semana pasada, durante un encuentro con referentes sindicales de la industria, el transporte, la energía y la alimentación, ya había quedado en evidencia el malestar frente al cuadro económico. Sin embargo, la propuesta de una huelga por tiempo indeterminado planteada por Maturano no encontró respaldo suficiente, mientras que la idea de avanzar con acciones graduales reunió mayores consensos.

Detrás del debate táctico subyace una preocupación compartida. Los principales gremios coinciden en señalar el impacto de la caída del consumo, la desaceleración de la actividad productiva, los despidos registrados en distintos sectores y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. La diferencia radica en cómo traducir ese diagnóstico en una estrategia sindical eficaz.

La conducción de la CGT, donde convergen dirigentes de peso como Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, Hugo Moyano y José Luis Lingeri, entiende que hoy no existen condiciones políticas ni gremiales para sostener una medida de fuerza de gran alcance. Además, cuestiona a los sectores que reclaman paros generales de manera recurrente sin garantizar luego niveles significativos de adhesión en sus propias estructuras.

En este aspecto, la central obrera busca fortalecer la coordinación con las dos CTA para construir una agenda común que incluya movilizaciones federales y eventuales medidas de alcance nacional. El objetivo es ampliar la base de sustentación de las protestas y evitar que el conflicto quede circunscripto exclusivamente al ámbito sindical.

La situación de las obras sociales también aparece entre las prioridades. La caída de recursos y el aumento de los costos prestacionales generan grandes dificultades financieras en gran parte del sistema, una problemática que varios dirigentes consideran tan urgente como la discusión salarial y laboral.

La reunión del jueves servirá para definir una metodología de acción, pero también funcionará como una prueba de cohesión interna. La CGT enfrenta el desafío de responder a un presente económico adverso sin profundizar sus propias fracturas. Entre quienes reclaman una confrontación inmediata y quienes prefieren una estrategia de desgaste sostenido, la central obrera busca encontrar un equilibrio que le permita conservar influencia política y capacidad de movilización en una etapa decisiva para el movimiento sindical.

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