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El secretario general nacional de la Unión Docentes Argentinos (UDA), Sergio Romero, fue reelecto al frente de ese sindicato por un nuevo período de cuatro años hasta 2027 en comicios «totalmente normales», informó ayer la organización gremial. Romero, también secretario de Políticas Educativas de la CGT, fue reelecto por absoluta mayoría al frente de la UDA, una de los cinco sindicatos docentes con representación nacional, por lo que el dirigente agradeció hoy «la confianza de los afiliados del país».

Las elecciones se realizaron en todo el país con total normalidad y, los docentes, ratificaron su confianza en la actual conducción», dijo Romero.

Los trabajadores afiliados respaldaron la lista electoral de Romero con un 93 por ciento de los votos emitidos, por lo que el sindicalista calificó el triunfo como «contundente».

En un comunicado, el dirigente gremial saludó a los secretarios generales de las seccionales por «la enorme elección realizada en cada jurisdicción y por haber logrado la ratificación del rumbo del esfuerzo sindical conjunto», y aseguró que la victoria «no significa otra cosa que asumir nuevas obligaciones y un renovado compromiso en defensa del poder adquisitivo del salario, los intereses colectivos y la educación pública».

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La Corte Suprema suspendió la derogación de la Ley de Tierras y reabrió el debate judicial

La Corte Suprema de Justicia de la Nación suspendió de manera provisoria la derogación de la Ley de Tierras Rurales, dispuesta por el artículo 154 del DNU 70/2023. La decisión respondió a una presentación de la Asociación Civil Árbol de Pie y busca evitar eventuales daños ambientales mientras la Justicia define si corresponde admitir el reclamo.

La medida cautelar interina fue firmada por Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti, junto con los conjueces Diego Barroetaveña y Juan Ignacio Pérez Curci. Carlos Rosenkrantz votó en disidencia. La resolución no implica un pronunciamiento definitivo sobre la constitucionalidad del decreto: mantendrá suspendidos sus efectos hasta que el Juzgado Federal de Bariloche examine la legitimación de los demandantes y el pedido de protección judicial.

La causa se inició a fines de diciembre de 2023, cuando Árbol de Pie y otros particulares promovieron un amparo colectivo. Sostuvieron que la derogación de la Ley 26.737 podía comprometer el derecho a un ambiente sano, reconocido por el artículo 41 de la Constitución Nacional, y afectar la utilización racional de los recursos naturales y la preservación de la biodiversidad.

El expediente pasó por distintas instancias judiciales sin que se resolvieran esos planteos. El juzgado de Bariloche lo había remitido a la Cámara Federal de La Plata, donde tramitaba otra causa relacionada con la misma disposición, antes de que llegara al máximo tribunal.

La diferencia con el caso CECIM

La Corte distinguió este reclamo del presentado por el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM), cuya demanda contra la derogación fue rechazada el 29 de septiembre de 2026 por falta de legitimación activa. En aquel expediente, el planteo se centraba en una presunta afectación de la soberanía nacional; el de Árbol de Pie, en cambio, invoca la protección ambiental.

Ante la falta de una respuesta judicial sobre su presentación, la asociación pidió que se aclarara el alcance del fallo anterior y reiteró la solicitud cautelar. La mayoría entendió que correspondía adoptar una protección provisoria para resguardar el acceso efectivo a la Justicia y prevenir posibles daños irreparables.

Rosenkrantz sostuvo que la Corte no tenía competencia para dictar esa medida en el expediente y consideró que la causa debía regresar a la Justicia federal de Bariloche sin suspender los efectos del decreto.

El fallo posterga la decisión sobre si la derogación de la Ley de Tierras es constitucional o no, dejando el debate abierto. Ahora, el juzgado federal tendrá que resolver si los demandantes tienen legitimación y si se debe mantener la medida cautelar durante la tramitación del amparo.

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La CGT marchó por la industria y cuestionó el rumbo económico de Milei

La CGT movilizó este jueves en la Ciudad de Buenos Aires en defensa de la industria nacional y contra las políticas económicas del Gobierno de Javier Milei, en una nueva demostración de fuerza de la central obrera. La marcha tuvo como destino el edificio del ex Ministerio de Industria y concluyó con los discursos de los tres integrantes del triunvirato: Cristian Jerónimo, Jorge Sola y Octavio Argüello.

La convocatoria se desarrolló bajo la consigna “Las Malvinas son argentinas, la industria nacional también”, con la industria y las pequeñas y medianas empresas como principales destinatarias del reclamo sindical. La CGT sostiene que la combinación de caída del consumo, menor inversión y dificultades para las empresas está repercutiendo sobre el empleo y los ingresos.

El diagnóstico quedó plasmado también en un documento difundido por el Consejo Directivo Nacional. La central acusó al Gobierno de estar llevando adelante una política económica “monitoreada” por el Fondo Monetario Internacional, orientada —según su interpretación— hacia intereses que no coinciden con los de la economía nacional.

En el texto, la organización sindical afirmó que las políticas oficiales están provocando un deterioro del sistema productivo, con especial impacto sobre las pymes. Enumeró entre los factores que, a su juicio, explican ese retroceso el aumento del desempleo, la pérdida de ingresos, el deterioro de las condiciones laborales, la caída del consumo interno, la recesión, la presión impositiva, el retroceso de la inversión, la falta de financiamiento y los costos de los servicios públicos.

La central sinical también vinculó la situación de las empresas con el funcionamiento de las economías regionales y las cadenas de proveedores. Para la CGT, la pérdida de establecimientos industriales no se limita al cierre de una empresa, sino que repercute sobre trabajadores, proveedores y circuitos comerciales asociados a la producción.

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El recorte de subsidios eléctricos prepara nuevas subas cercanas al 30%

El proyecto de Presupuesto 2027 contempla una nueva reducción de los subsidios energéticos que, según una estimación de Economía y Energía, podría elevar 26% la factura de los hogares que todavía reciben asistencia, 19% la de los comercios y 9% la de los usuarios residenciales sin subsidio del AMBA. El ajuste se produce mientras crecen las tarifas, persisten cortes de electricidad y el Gobierno avanza con la privatización de empresas y activos públicos.

El impacto sería desigual según el tipo de usuario. Para los hogares subsidiados, el incremento estimado alcanza el 26%; para los comercios, el 19%, mientras que los usuarios residenciales sin subsidio del Área Metropolitana de Buenos Aires afrontarían una suba cercana al 9%.

En los ejemplos elaborados por la consultora, una factura residencial subsidiada, impuestos incluidos, pasaría de $26.986 a $34.020 mensuales. Para un hogar sin asistencia, el monto subiría de $49.097 a $53.733. La mayor variación porcentual recaería así sobre quienes todavía dependen de la compensación estatal para reducir el costo de la energía.

El nuevo ajuste se incorpora a una trayectoria de fuerte encarecimiento de los servicios públicos. Según el Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP, dependiente de la UBA y el Conicet, entre diciembre de 2023 y septiembre de 2026 la canasta de servicios del AMBA —que incluye electricidad y gas sin subsidios, agua y transporte— aumentó 867%, frente a una inflación estimada del 254%.

Dentro de esa canasta, el gas acumuló un incremento del 1.639%, el transporte 1.479%, el agua 538% y la electricidad 388%. En septiembre, el costo mensual de esos servicios alcanzó $268.405, equivalente al 13,3% del salario promedio registrado.

Para 2027, el IIEP proyecta además una reducción de las partidas seleccionadas destinadas a subsidiar energía y transporte, desde unos US$5.200 millones hasta US$4.400 millones. En el caso de la energía eléctrica, las transferencias a Cammesa podrían disminuir alrededor de 45%.

La política de reducción de subsidios tuvo, sin embargo, modificaciones durante 2026. El incremento del costo energético asociado al conflicto entre Estados Unidos e Irán llevó al Gobierno a mantener algunas bonificaciones para contener el traslado a las tarifas. Entre enero y agosto, los subsidios energéticos alcanzaron US$3.254 millones, un 40% más que durante el mismo período del año anterior.

En octubre también se prorrogó la bonificación general del 50% sobre el gas, cuyo retiro estaba previsto originalmente. Esa decisión contribuyó a moderar el impacto tarifario inmediato: los aumentos promedio fueron de 1,64% en electricidad y 2,24% en gas, en línea con la inflación de agosto.

Cortes, infraestructura y falta de inversión

El aumento de las tarifas convive con problemas de infraestructura que mantienen bajo presión al sistema eléctrico. Hace dos semanas, un apagón afectó a unos 800.000 usuarios de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, mientras que semanas antes un incendio en una central de Tolosa dejó sin servicio a unos 65.000 usuarios de La Plata. En ese último caso, el organismo regulador bonaerense ordenó a Edelap compensar a los afectados.

El Gobierno prorrogó hasta diciembre de 2027 la emergencia energética y apuesta a que una mayor participación privada acelere las inversiones necesarias. Entre los proyectos anunciados figuran sistemas de almacenamiento mediante baterías para atender los picos de consumo, con una inversión estimada de US$650 millones en el AMBA, además de 16 obras prioritarias de transporte eléctrico por unos US$6.600 millones.

Los problemas no se limitan a la electricidad. En las últimas semanas, restricciones de suministro de gas afectaron a agroindustrias tucumanas, que denunciaron recortes de hasta el 50% en el abastecimiento. Empresas citrícolas señalaron que debieron recurrir a gas más caro y atribuyeron parte de las dificultades a la falta de capacidad de transporte desde Neuquén y a la demora en obras vinculadas con el Gasoducto Norte.

Privatizaciones en marcha

La reducción de subsidios forma parte de una transformación más amplia del esquema de servicios públicos. Después de la venta de Transener, el Gobierno avanza con nuevas concesiones de represas hidroeléctricas y con la venta de centrales térmicas de Enarsa.
El caso más reciente es AySA, cuyo 90% accionario quedó adjudicado a un consorcio integrado por Rowing, Transclor, la brasileña Arcos Saneamento —del Grupo Equipav— y el vehículo PHX Aqua. El grupo ofreció US$340,2 millones, por encima de la propuesta del Grupo Roggio, y asumirá la operación de la compañía que abastece a unos 14 millones de personas.

El contrato establece una inversión mínima de US$2.000 millones durante cinco años, con ajustes tarifarios vinculados con costos y metas de calidad. La tarifa social no se modifica, aunque el pliego no garantiza la continuidad de la totalidad de los puestos laborales. La dotación de AySA ya se redujo de 7.700 a 5.890 trabajadores y el nuevo operador tendrá margen para reorganizar la plantilla.

La transición hacia un nuevo modelo de servicios públicos está definida por una ecuación compleja: menos subsidios, tarifas al alza, mayor protagonismo privado y una red eléctrica que aún muestra signos de vulnerabilidad. El objetivo oficial es claro: sanear las cuentas públicas transfiriendo la gestión al mercado. No obstante, la contraofensiva se siente en la economía real, donde las facturas representan una carga cada vez más pesada para ciudadanos y comercios.

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