Sergio Romero, fue reelecto en UDA
El secretario general nacional de la Unión Docentes Argentinos (UDA), Sergio Romero, fue reelecto al frente de ese sindicato por un nuevo período de cuatro años hasta 2027 en comicios «totalmente normales», informó ayer la organización gremial. Romero, también secretario de Políticas Educativas de la CGT, fue reelecto por absoluta mayoría al frente de la UDA, una de los cinco sindicatos docentes con representación nacional, por lo que el dirigente agradeció hoy «la confianza de los afiliados del país».
Las elecciones se realizaron en todo el país con total normalidad y, los docentes, ratificaron su confianza en la actual conducción», dijo Romero.
Los trabajadores afiliados respaldaron la lista electoral de Romero con un 93 por ciento de los votos emitidos, por lo que el sindicalista calificó el triunfo como «contundente».
En un comunicado, el dirigente gremial saludó a los secretarios generales de las seccionales por «la enorme elección realizada en cada jurisdicción y por haber logrado la ratificación del rumbo del esfuerzo sindical conjunto», y aseguró que la victoria «no significa otra cosa que asumir nuevas obligaciones y un renovado compromiso en defensa del poder adquisitivo del salario, los intereses colectivos y la educación pública».
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Morosidad en alza: bancos, empresas y analistas advierten un deterioro en la capacidad de pago
El aumento de los atrasos en créditos bancarios comienza a reflejar las tensiones que atraviesan hogares y empresas. Informes del sistema financiero muestran que la morosidad se triplicó en un año, impulsada por el endeudamiento de las familias y la debilidad del mercado interno, en un contexto económico marcado por tasas elevadas, caída del poder adquisitivo y actividad industrial en retroceso.
El sistema financiero argentino comienza a registrar un fenómeno que suele anticipar dificultades más profundas en la economía: el crecimiento sostenido de la morosidad. Bancos, financieras y empresas productivas advierten que cada vez más familias y compañías encuentran dificultades para cumplir con sus compromisos de pago, en un contexto marcado por el encarecimiento del crédito, la pérdida de poder adquisitivo y un mercado interno debilitado.
Un informe reciente de la consultora Quantum Finanzas revela que la cartera irregular del sistema bancario pasó de representar el 1,6% de los préstamos al sector privado en diciembre de 2024 a 5,3% un año después, es decir, más que se triplicó en apenas doce meses. El dato refleja un deterioro acelerado en la capacidad de pago de los tomadores de crédito, tanto en el segmento de los hogares como en el de las empresas.
El aumento se produce después de un período de fuerte expansión del financiamiento en pesos. Tras un 2023 caracterizado por niveles mínimos de crédito, durante 2024 los préstamos al sector privado crecieron 54% en términos reales, impulsados por el financiamiento a familias (+58%) y empresas (+52%). En 2025 el ritmo continuó con un crecimiento adicional del 28%, lo que amplió considerablemente la base de endeudamiento.
Desde el punto de vista técnico, cierto incremento en los niveles de mora suele considerarse normal cuando el crédito se expande con rapidez. Sin embargo, el informe advierte que el comportamiento actual excede esos parámetros habituales. “Ratios de mora que se triplican o cuadruplican en apenas un año reflejan dificultades en los mercados reales y financieros”, señala el estudio, que vincula el fenómeno con el aumento de las tasas de interés y la fragilidad de los ingresos.
El deterioro comienza por los hogares
El deterioro del crédito comenzó a manifestarse con mayor claridad a principios de 2025 y golpeó primero al financiamiento de los hogares. Las mayores tensiones se registran en el uso de tarjetas de crédito y en los préstamos otorgados por billeteras virtuales, instrumentos que en muchos casos comenzaron a utilizarse para cubrir gastos corrientes, incluso alimentos.
En este segmento, la morosidad pasó del 2,6% al 9,3% entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, un salto que refleja el deterioro del poder adquisitivo y la creciente dependencia del financiamiento para sostener el consumo.
Las líneas más comprometidas dentro del sistema financiero son los préstamos personales, que registran 11,9% de mora, seguidos por el financiamiento con tarjetas de crédito, con 8,6%. Entre las empresas, el principal foco de atrasos se concentra en los adelantos en cuenta corriente, donde la morosidad alcanza 4,9%.
El caso de uno de los principales bancos privados del país ilustra la magnitud del fenómeno. El balance del Banco Galicia correspondiente al cuarto trimestre de 2025 registró una pérdida neta de 83.544 millones de pesos, un resultado fuertemente influido por el aumento de los créditos incobrables. Según datos del propio sistema financiero, la entidad acumula 776.187 millones de pesos en préstamos de difícil recuperación, un indicador que encendió señales de alerta entre analistas e inversores.
El impacto llega a la economía productiva
El deterioro del crédito no se limita al ámbito financiero. La economía real también empieza a sentir los efectos de un mercado interno debilitado y de un esquema de financiamiento cada vez más costoso.
En el sector industrial, muchas empresas recurren al crédito de corto plazo para cubrir gastos operativos ante la caída de ventas y la pérdida de empleo. Este mecanismo, que inicialmente funciona como una herramienta de liquidez, aumenta el riesgo de atrasos cuando la recuperación de la actividad no acompaña.
Datos de la Unión Industrial Argentina (UIA) muestran que más del 45% de las empresas reconoce dificultades para afrontar pagos de salarios, impuestos o proveedores, en un contexto en el que la producción manufacturera permanece en terreno contractivo.
La combinación de menor demanda, costos financieros elevados y márgenes empresariales ajustados genera un círculo complejo: las empresas se endeudan para sostener la actividad, pero la falta de recuperación del mercado interno dificulta luego cumplir con esos compromisos.
Consumo en retroceso y crédito como sostén
El crecimiento de la morosidad también refleja un cambio estructural en el comportamiento del consumo. Con salarios que pierden terreno frente a las tasas de interés y el endeudamiento acumulado, cada vez más hogares recurren al crédito para sostener gastos básicos.
Ese fenómeno, que inicialmente puede pasar desapercibido en la dinámica cotidiana, termina reflejándose con claridad en los balances bancarios y en los indicadores del sistema financiero. La mora, en ese sentido, actúa como un termómetro de la economía real: cuando crece de forma abrupta, suele indicar que los ingresos ya no alcanzan para sostener el nivel de obligaciones asumidas.
El aumento de la morosidad no implica necesariamente una crisis financiera inmediata, pero sí constituye una señal de advertencia sobre el estado de la economía. Por ahora, los niveles de atraso en el sistema bancario argentino continúan siendo relativamente bajos en comparación con episodios históricos de inestabilidad. Sin embargo, la velocidad con la que se incrementaron en el último año preocupa tanto al sector financiero como al productivo.
Detrás de las cifras se perfila una realidad más amplia: hogares que recurren al crédito para sostener su consumo, empresas que se endeudan para atravesar un mercado interno debilitado y bancos que comienzan a absorber el impacto de esa tensión.
En ese delicado equilibrio entre financiamiento, ingresos y actividad económica se juega buena parte del futuro inmediato del sistema productivo. Si la recuperación de la economía real no acompaña la expansión del crédito, la morosidad podría convertirse en uno de los principales focos de inestabilidad del ciclo económico argentino.
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8M: advierten que la reforma laboral afecta especialmente a las trabajadoras
En el marco de un nuevo Día Internacional de la Mujer Trabajadora, dirigentas sindicales de distintos sectores cuestionaron la reciente reforma laboral y advirtieron que su implementación profundizará las desigualdades estructurales que ya enfrentan las mujeres en el mercado de trabajo. Denuncian precarización, brechas salariales persistentes y una legislación que —afirman— ignora la perspectiva de género.
El mundo del trabajo en la Argentina exhibe brechas históricas que, lejos de reducirse, amenazan con ampliarse en el actual contexto económico. En medio de cierres de empresas, despidos y retracción del empleo formal, las trabajadoras aparecen entre los sectores más expuestos a las consecuencias del ajuste.
Los datos reflejan esa realidad con claridad. Los ingresos de los varones superan entre un 27,3 y un 29 por ciento a los de las mujeres, una diferencia que se amplía hasta el 40 por ciento en el empleo informal. Además, los sectores más feminizados continúan siendo los de menores salarios: el trabajo doméstico, por ejemplo, registra una participación femenina del 98,8 por ciento.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la tasa de actividad de las mujeres alcanza el 52,6 por ciento, mientras que la de los varones llega al 70,1 por ciento. También se registra una brecha en la desocupación —7,4 por ciento para mujeres frente al 5,9 por ciento en varones— y mayores niveles de informalidad femenina.
Este escenario, advierten las organizaciones sindicales, podría agravarse con la implementación de la nueva Ley de Modernización Laboral, reglamentada recientemente por el gobierno nacional.
El impacto en sectores altamente feminizados
Las consecuencias se sienten con especial intensidad en ámbitos donde la participación femenina es mayoritaria.
“Represento a un colectivo de trabajadores profesionales y técnicos donde el 80 por ciento somos mujeres. Las condiciones laborales, el pluriempleo, las tareas de cuidado y la caída del salario nos afectan especialmente”, señaló Norma Lezana, titular de la Asociación de Profesionales y Técnicos del Hospital Garrahan.
En ese sentido, explicó que el deterioro salarial obliga a muchas trabajadoras a multiplicar sus empleos para sostener ingresos. Sin embargo, esa estrategia encuentra límites claros cuando se combina con las responsabilidades de cuidado que recaen mayoritariamente sobre las mujeres.
Una mirada similar expresó María Fernanda Boriotti, presidenta de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (FESPROSA), quien describió una situación “acuciante” dentro del sector sanitario.
“En muchos casos los salarios están por debajo de la línea de pobreza y se suman la precarización laboral y múltiples formas de contratación inestable”, sostuvo.
Boriotti también remarcó el peso desigual de las tareas domésticas y de cuidado: aunque cada vez más varones participan de ellas, las estadísticas muestran que las mujeres continúan dedicando muchas más horas a estas actividades, generalmente sin remuneración.
A ese panorama se agregan —según denunció— recortes en programas vinculados a la salud sexual y reproductiva, como los destinados a la prevención del embarazo adolescente o las políticas que garantizan la interrupción voluntaria del embarazo.
Movilización y resistencia sindical
El rechazo a la reforma laboral será uno de los ejes centrales de las movilizaciones convocadas en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.
Las secretarías de género de la CGT, la CTA Autónoma, la CTA de los Trabajadores, la UTEP y la Corriente Clasista y Combativa convocaron a una jornada de protesta que incluirá una marcha desde el Congreso hacia la Plaza de Mayo.
Las organizaciones sostienen que el país atraviesa “un escenario complejo de ajuste, precarización, cierre de fábricas y despidos” que, aseguran, profundiza la feminización de la pobreza.
Además, denuncian el desfinanciamiento de programas sociales y el retiro del Estado en áreas vinculadas a la protección de los derechos de mujeres y diversidades.
La voz de las trabajadoras
En el ámbito sanitario, las dirigentes advierten que el contexto actual también se expresa en conflictos laborales concretos.
Desde el Hospital Garrahan, Norma Lezana denunció presiones y sanciones contra trabajadores que participaron en protestas sindicales.
“Nos quieren estigmatizar porque reclaman que seamos silenciosas y obedientes. Pero las mujeres podemos ser científicas, médicas, representantes sindicales, militantes, madres y todo lo que queramos ser”, afirmó.
Para las organizaciones de mujeres trabajadoras, el momento exige fortalecer la unidad y la movilización social.
A más de un siglo de las primeras luchas por los derechos laborales de las mujeres, el debate sobre la igualdad en el mundo del trabajo sigue vigente. Las dirigentas sindicales coinciden en que la reforma laboral abre un nuevo capítulo de disputa, donde la perspectiva de género se vuelve un punto central.
En ese escenario, las trabajadoras advierten que la modernización del sistema laboral no puede construirse sobre bases que ignoren las desigualdades existentes. Por el contrario, sostienen que cualquier reforma debería orientarse a reducir las brechas, garantizar derechos y reconocer el valor social del trabajo de cuidado.
Mientras tanto, el movimiento sindical femenino anticipa que el reclamo seguirá en las calles.
“Seguiremos debatiendo, organizándonos y resistiendo”, resumió Boriotti. “Porque la igualdad en el trabajo no es sólo una consigna: es una deuda histórica que aún espera ser saldada”.
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La paritaria estatal divide a los gremios: UPCN firma y ATE denuncia salarios por debajo de la inflación
El Gobierno nacional cerró este viernes un nuevo acuerdo paritario para los trabajadores de la Administración Pública Nacional con la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), que prevé incrementos salariales escalonados entre enero y mayo de 2026 y el pago de un bono extraordinario de $40.000. Sin embargo, la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) rechazó la propuesta al considerar que los aumentos quedan por debajo del costo de vida y consolidan la pérdida del poder adquisitivo del sector.
El Gobierno nacional selló este viernes 6 de marzo un nuevo entendimiento salarial con el gremio UPCN en el marco de la paritaria de la Administración Pública Nacional. El convenio establece incrementos mensuales consecutivos desde enero hasta mayo de 2026, con el objetivo de actualizar los ingresos de los trabajadores estatales en un contexto económico todavía marcado por la tensión inflacionaria.
La propuesta oficial contempla aumentos del 2,5% en enero, 2,2% en febrero, 2% en marzo, 1,7% en abril y 1,5% en mayo, lo que configura un esquema de actualización gradual para el cierre del período paritario vigente.
Además, el acuerdo incluye el pago de un bono extraordinario no remunerativo de $40.000, previsto para el mes de junio, como complemento excepcional para los trabajadores del sector público nacional.
Dentro del entendimiento también se estableció la renovación del adicional por presentismo desde enero, con actualización mensual en línea con los incrementos salariales, así como una modificación en la Unidad Retributiva (UR) correspondiente al suplemento por Función Ejecutiva, que pasará a contar con un valor unificado.
ATE rechazó la propuesta y denunció pérdida salarial
Mientras UPCN avaló la propuesta y firmó el acuerdo en la mesa paritaria, la Asociación Trabajadores del Estado decidió rechazar la oferta oficial, al considerar que los aumentos resultan insuficientes frente a la evolución del costo de vida.
Desde el gremio señalaron que, si bien durante la negociación lograron garantizar el pago retroactivo del presentismo, los porcentajes acordados no permiten recuperar el poder adquisitivo perdido en los últimos años.
“El aumento ofrecido por el Gobierno vuelve a ser insuficiente. No frena la caída del poder adquisitivo que experimentaron durante los últimos dos años los salarios del sector público”, afirmó el secretario general de ATE Nacional, Rodolfo Aguiar.
El dirigente también cuestionó el monto del bono extraordinario previsto para mitad de año. “Ofrecer un bono de $40.000 es una actitud miserable por parte del Gobierno. No alcanza ni para pagar una factura de gas”, sostuvo.
El debate de fondo: salarios e inflación
La discusión salarial en el sector público vuelve a poner en el centro del debate la relación entre los incrementos paritarios y la evolución de los precios.
Desde ATE sostienen que, durante la actual gestión, los trabajadores estatales habrían acumulado una pérdida superior al 45,3% del poder adquisitivo, producto de negociaciones salariales que —según el sindicato— se ubican sistemáticamente por debajo de la inflación.
“El intento de implementar la reforma laboral y las negociaciones salariales con tope en el sector público prueban que lejos de pagar el ajuste la casta, lo estamos pagando los trabajadores con la degradación de nuestras condiciones de vida”, advirtió Aguiar.
Un cierre paritario bajo tensión
El acuerdo corresponde al Convenio Colectivo de Trabajo 214/06, cuyo período paritario se extiende entre junio de 2025 y mayo de 2026. Con los incrementos pactados, el año cerraría con un aumento salarial acumulado del 21%.
Sin embargo, desde ATE remarcan que la inflación ya alcanza 19,5% con el dato de enero, lo que plantea el riesgo de que los salarios vuelvan a quedar rezagados frente al costo de vida en los meses restantes del período,
Como ocurrió en negociaciones anteriores, el rechazo de uno de los sindicatos no impidió la convalidación del acuerdo, ya que la firma de UPCN fue suficiente para oficializar la paritaria en la mesa de negociación.
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