Trabajadores sanjuaninos reclaman por falta de pagos
Unos 80 trabajadores sanjuaninos fueron despedidos de sus labores, por empresas encargadas de llevar a cabo un proyecto privado de instalación de paneles solares. Y, si bien los empleados sabían que las obras eran por un periodo de tiempo limitado, ahora tienen problemas con el pago de su liquidación .
Alberto Tovares, representante gremial de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) en San Juan indicó, ayer tuvieron una audiencia de conciliación obligatoria con las autoridades de las empresas involucradas que deben el dinero, para llegar a un acuerdo positivo. Sin embargo, aún están a la espera de una respuesta. «Hemos pasado a un cuarto intermedio y, si hasta el día viernes no se llega a una solución, el lunes tomaremos medidas de fuerza», sostuvo.
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Adiós al papel: San Juan implementa credencial digital con acceso inmediato al puntaje docente
La digitalización de los procesos administrativos en el sistema educativo provincial suma un nuevo capítulo con la implementación del carnet docente digital, una herramienta que reemplaza progresivamente al formato físico tradicional y propone una gestión más ágil, precisa y accesible para los educadores de nivel secundario.
El desarrollo de esta credencial se articula entre la Junta de Clasificación Rama Media, el Área de Sistemas y la Secretaría de Modernización, en una apuesta por consolidar un entorno digital integrado. Su incorporación a la plataforma Ciudadano Digital (CiDi) no sólo centraliza la información, sino que establece un estándar común para la administración de datos dentro del sistema educativo.
Uno de los aspectos más relevantes es la posibilidad de acceder en tiempo real al puntaje docente, junto con el detalle desagregado de los criterios que lo componen. Esta funcionalidad introduce un cambio sustantivo en la lógica de la carrera profesional: por primera vez, los educadores pueden visualizar con precisión qué antecedentes impactan en su valoración y cuáles son los límites establecidos para cada ítem. La herramienta, en ese sentido, no sólo informa, sino que orienta la planificación de trayectorias laborales con mayor claridad.
En términos operativos, el carnet digital incorpora mecanismos de validación que permiten su utilización en actos de suplencias y procesos de toma de cargos. La autenticación mediante tokens digitales garantiza la integridad del documento y su validez jurídica, al tiempo que refuerza la seguridad y confidencialidad de los datos personales. Este aspecto resulta clave en un sistema donde la precisión de la información define oportunidades laborales concretas.
La eliminación del soporte físico implica, además, un impacto directo en la estructura de costos y en la eficiencia administrativa. La reducción de gastos asociados a impresión, distribución y almacenamiento se combina con una menor dependencia de instancias presenciales, lo que acorta los tiempos de gestión y disminuye la posibilidad de errores derivados de la manipulación manual de datos.
A ello se suma la mejora en la trazabilidad y auditabilidad de la información. Cada actualización, modificación o consulta queda registrada, lo que fortalece los mecanismos de control y transparencia. La interoperabilidad con otros sistemas provinciales abre, a su vez, la posibilidad de construir un ecosistema más integrado, donde los datos fluyen con mayor coherencia entre distintas áreas del Estado.
Desde una perspectiva más amplia, la iniciativa se inscribe en el proceso de modernización del Estado provincial, orientado a optimizar recursos y consolidar una gestión basada en evidencia. La incorporación de herramientas tecnológicas en el ámbito educativo no sólo responde a una lógica de eficiencia, sino también a la necesidad de dotar de mayor previsibilidad y equidad a los mecanismos de acceso y desarrollo en la docencia.
Durante la etapa inicial, convivirán los formatos digital y físico mientras se realizan ajustes técnicos y se consolida el uso de la nueva herramienta. En este sentido, el Ministerio de Educación habilitó una Mesa de Ayuda con soporte especializado y consultas a través del número 430 7908 para acompañar la implementación y resolver eventuales inconvenientes en la transición.
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Tía Maruca abandona su planta histórica en Albardón y redefine su negocio
La tradicional empresa sanjuanina cesa la fabricación en su planta insignia y adopta un esquema de tercerización para sostener su presencia en el mercado. La unidad productiva seguirá operando bajo nueva conducción, con continuidad para sus casi 300 trabajadores.
La historia industrial de San Juan suma un episodio decisivo. La marca de galletitas Tía Maruca resolvió abandonar la elaboración directa en su planta de Albardón, un establecimiento que durante años simbolizó su crecimiento y consolidación en el mercado nacional. La decisión implica un cambio estructural profundo: la firma dejará de producir para pasar a encargar su manufactura a terceros, en un intento por asegurar su viabilidad en un escenario económico adverso.
El viraje responde a una lógica de supervivencia. Con costos operativos elevados y un consumo interno debilitado, la compañía optó por desprenderse del peso que supone sostener una estructura industrial propia. El modelo “a façón”, ampliamente extendido en la industria alimentaria, le permitirá concentrarse en la gestión comercial y de marca, delegando la producción en plantas externas.
Lejos de significar el cierre del complejo fabril, la planta de Albardón inicia una nueva etapa. El establecimiento fue adquirido por el empresario Juan Carlos Crovela, vinculado a la actividad agroindustrial, quien asumió el control con el objetivo de reconvertir la unidad en un proveedor de servicios para distintas compañías del rubro. Según fuentes del sector, la nueva administración avanzó en la regularización de compromisos salariales pendientes, aportando previsibilidad tras un prolongado período de incertidumbre.
En ese sentido, uno de los datos más relevantes es la continuidad laboral: la totalidad de los trabajadores —cerca de 300— será absorbida por la nueva gestión. No obstante, el perfil productivo cambiará de manera sustancial. La planta dejará de elaborar las líneas tradicionales de Tía Maruca y pasará a fabricar para terceros, bajo contratos industriales que redefinirán su rol dentro de la cadena alimentaria.
El desenlace actual no puede entenderse sin revisar el deterioro acumulado. La empresa arrastra dificultades desde 2019, cuando ingresó en concurso preventivo con un pasivo significativo. Aquel proceso marcó el inicio de una etapa de reestructuración permanente. En 2024, el ingreso del grupo Argensun Foods —conocido por su marca Pipas— aportó capital y permitió ordenar compromisos financieros, aunque no logró revertir por completo las presiones internas.
El cierre de la planta de Chascomús en 2025, con la consecuente pérdida de puestos de trabajo, anticipó el rumbo que finalmente se consolidó en San Juan. La decisión de abandonar la producción propia aparece así como la culminación de una secuencia prolongada de ajustes, en la que la compañía fue reduciendo su exposición industrial para preservar su continuidad como marca.
Durante su etapa de expansión, Tía Maruca había logrado posicionarse con fuerza en el mercado local, alcanzando una participación cercana al 5%. La adquisición de la planta de Albardón en 2017 —anteriormente operada por PepsiCo— fue el punto más alto de ese proceso. Desde allí no sólo producía sus propias líneas, sino también elaboraba para terceros bajo acuerdos específicos, lo que evidenciaba una capacidad industrial relevante.
Hoy, ese esquema queda definitivamente atrás. La empresa, aún bajo la órbita de Alejandro Ripani y con participación de Argensun Foods, se encamina a convertirse en una firma orientada a la comercialización, apoyada en una red de producción externalizada. La marca continuará en las góndolas, pero ya no estará asociada a una fábrica propia en la provincia.
El caso Tía Maruca sintetiza una tendencia más amplia dentro del entramado productivo: la migración desde estructuras industriales integradas hacia modelos más livianos, centrados en la gestión de marca y la tercerización. La preservación del empleo en Albardón introduce un matiz relevante en un presente habitualmente marcado por cierres y despidos. Sin embargo, el repliegue industrial de la firma deja una señal inequívoca sobre las dificultades que enfrenta el sector alimentario para sostener procesos productivos propios en la Argentina actual.
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Cambio de manos o continuidad condicionada: San Juan redefine el control de su sistema eléctrico
El llamado a concurso internacional para vender el 51% de la distribuidora eléctrica inaugura un nuevo ciclo de gestión en San Juan. Aunque el Gobierno garantiza que no habrá impacto inmediato en el servicio, el proceso reabre el debate sobre la eficacia del modelo concesionado, la calidad de las inversiones y el rol del Estado en un sector estratégico.
La decisión del Ente Provincial Regulador de la Electricidad de activar la venta del paquete accionario mayoritario de Naturgy San Juan S.A. no es un movimiento discrecional ni una señal de crisis empresaria. Es, en rigor, el cumplimiento estricto de un contrato diseñado hace tres décadas, en pleno auge de las privatizaciones, cuando el sistema energético argentino fue reorganizado bajo la lógica de concesiones de largo plazo y competencia regulada.
Sin embargo, que el proceso sea formalmente obligatorio no lo vuelve neutro en términos políticos ni económicos. Por el contrario, expone —una vez más— las tensiones de un modelo que, si bien ha logrado sostener la prestación del servicio, arrastra cuestionamientos persistentes en torno a la calidad de las inversiones, la evolución tarifaria y la capacidad real del Estado para ejercer un control efectivo.
El nuevo llamado a licitación, que definirá quién controlará el 51% de las acciones Clase A, marca el inicio del denominado Tercer Período de Gestión. En los papeles, se trata de una instancia pensada para introducir competencia, comparar ofertas y garantizar estándares internacionales. En la práctica, la experiencia previa invita a matizar ese optimismo: en 2011, un proceso similar quedó desierto, consolidando la continuidad del operador sin que mediara competencia real.
El esquema actual repite una lógica que combina apertura formal con fuertes incentivos a la continuidad. Los actuales accionistas tienen la potestad de igualar la mejor oferta que surja del concurso. Esto implica que cualquier intento de ingreso de nuevos actores dependerá no solo de su capacidad financiera, sino también de la voluntad del operador vigente de sostener su posición. La competencia, en este sentido, aparece condicionada desde el origen.
Desde el organismo regulador insisten en que el proceso no tendrá impacto en los usuarios: no habrá modificaciones en el suministro ni alteraciones contractuales inmediatas. Es una aclaración necesaria, aunque insuficiente para disipar las dudas de fondo. Porque el verdadero debate no pasa por la continuidad del servicio en el corto plazo —algo que ningún actor pone en riesgo— sino por la calidad estructural del sistema, su capacidad de expansión y la sostenibilidad de las inversiones en un contexto económico cada vez más incierto.
Una herencia que se revisa, pero no se discute
El origen de este esquema se remonta a 1996, cuando el entonces servicio estatal, en manos de Servicios Eléctricos Sanjuaninos, fue transferido al sector privado. El contrato estableció una concesión de 50 años dividida en períodos sucesivos, con revisiones obligatorias al cierre de cada ciclo. La lógica era clara: garantizar eficiencia privada bajo supervisión estatal.
Tres décadas después, el balance es más complejo. Si bien el sistema evitó colapsos estructurales, la discusión sobre tarifas, inversión y calidad del servicio sigue abierta. Y este nuevo proceso licitatorio, lejos de clausurar ese debate, lo reactiva.
El informe técnico que elaborará la veeduría designada por el EPRE —que incluirá el estado de los activos, el nivel de litigiosidad y la situación del personal— será clave para entender el punto de partida. Pero incluso ese diagnóstico, por más exhaustivo que resulte, no resuelve una pregunta central: ¿qué modelo energético necesita San Juan para los próximos años?
Inversión, riesgo y rentabilidad: el triángulo decisivo
En el mercado energético, las decisiones no se toman en abstracto. Los potenciales oferentes evaluarán variables concretas: previsibilidad regulatoria, esquema tarifario, costos operativos y horizonte macroeconómico. En ese tablero, Argentina sigue presentando incertidumbres que suelen desalentar apuestas de largo plazo.
Por eso, aunque circulen versiones sobre el interés de grupos económicos con presencia en otras jurisdicciones, el escenario más probable no necesariamente es el de una competencia feroz, sino el de una continuidad negociada. Una continuidad que, en términos formales, cumple con las reglas, pero que en términos sustantivos deja abierta la discusión sobre la efectividad del mecanismo.
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