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El gobierno tendría decidido no prorrogar la postergación de las elecciones en gremios y confederaciones registradas ante la Dirección Nacional de Asociaciones Sindicales, que vence a fines de agosto, por lo que de no mediar un colapso por una eventual tercera ola de Covid, las instituciones podrían renovar sus autoridades antes de fin de año.

El 19 de febrero pasado el ministerio de Trabajo había prorrogado los mandatos de los sindicatos y de las centrales obreras hasta el 31 de agosto con el argumento que la emergencia sanitaria devenida de la pandemia no hacía posible la logística y realización de los comicios. Ahora dentro del oficialismo habría otra perspectiva: desde la cartera de la avenida Alem explicaron que “la idea es que puedan llevarse a cabo las elecciones con los protocolos correspondientes” durante el corriente. Incluso cerca del ministro Claudio Moroni deslizaron que la propia CGT, que debía renovar su comisión directiva en 2020, ya tiene muy avanzado los protocolos preventivos.

“La pandemia ya no será excusa. Se alargó bastante”, la suspensión de los comicios, argumentaron en la citada cartera, donde aclararon que la formalización de la medida sería publicada poco antes del vencimiento de la resolución vigente.

En la CGT desde hace meses pugnan por posicionarse como favoritos para ganar la postergada elección el actual cotitular, Héctor Daer, y el camionero Pablo Moyano, referente del Frente Sindical para el Modelo Nacional (Fresimona). También la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), que hoy conduce Juan Carlos Schmid, debería renovar autoridades; se trata de una institución donde también busca ganar peso el moyanismo. También gremios como Utedyc (clubes y asociaciones) deberían revalidar mandato este año.

La intención oficial sería que, en pos de la normalización de las actividades que se viene diseñando desde la Casa Rosada, haya elecciones en los gremios y los jefes sindicales logren revalidar sus mandatos. Empero, en el sindicalismo aún esperan una confirmación de Trabajo para poder avanzar en la logística necesaria para la realización de los comicios. Y algunas fuentes han puesto en duda que haya una real intención del Ejecutivo de confirmar la realización de los procesos de renovación de autoridades.

“Quizás sea una herramienta de negociación del gobierno para limitar las negociaciones paritarias o los reclamos sectoriales por los fondos de las obras sociales. Podrían hacer lo mismo que con la licitación de la Hidrovía y postergar la definición hasta último momento”, explicó una fuente gremial consultada.

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Casa Rosada sin prensa: el veto a periodistas desata una crisis de alcance institucional

La prohibición de ingreso a periodistas en la Casa Rosada, dispuesta por el gobierno de Javier Milei y ejecutada por el secretario de Comunicación, Javier Lanari, provocó una reacción transversal de sindicatos, entidades periodísticas y legisladores. La medida, sin antecedentes en la etapa democrática reciente, expone un deterioro en el vínculo entre el poder y la prensa.

La decisión de impedir el ingreso de periodistas acreditados a la Casa Rosada irrumpió sin aviso previo y alteró de manera abrupta el funcionamiento habitual de la cobertura presidencial. Más de medio centenar de profesionales quedaron excluidos de su ámbito de trabajo en una jornada sin comunicación formal, lo que profundizó la incertidumbre y alimentó cuestionamientos sobre las motivaciones de fondo.

El episodio no aparece aislado. Se inscribe en una secuencia de acciones que, en pocas semanas, endurecieron el vínculo entre el oficialismo y los medios. Suspensiones de acreditaciones, descalificaciones públicas y acusaciones sin resolución judicial configuran un cuadro que distintas organizaciones interpretan como un deterioro progresivo de las condiciones para el ejercicio del periodismo.

La reacción institucional fue inmediata. La Confederación General del Trabajo, conducida por Octavio Argüello, Jorge Sola y Cristian Jerónimo, advirtió que la restricción compromete el derecho social a la información. En términos similares se pronunciaron el Sindicato de Prensa de Buenos Aires y el Foro de Periodismo Argentino, que coincidieron en señalar la gravedad de una decisión que altera las condiciones básicas de cobertura en la sede del Poder Ejecutivo.

Desde el Congreso, el tema escaló con rapidez. Diputados nacionales como Juan Marino, Mónica Frade, Esteban Paulón, Sabrina Selva, Nicolás Massot y Natalia de la Sota impulsaron la reactivación de la Comisión de Libertad de Expresión, con el objetivo de convocar a periodistas y funcionarios para analizar el alcance de la medida. La heterogeneidad política de los firmantes refleja una preocupación que trasciende alineamientos partidarios.

La justificación oficial, expresada por Lanari, aludió a razones preventivas vinculadas a una denuncia por presunto espionaje ilegal contra periodistas del canal TN. El argumento, sin embargo, fue cuestionado por su carácter generalizado: la sanción alcanzó a la totalidad de los acreditados pese a tratarse de un caso puntual sin resolución judicial firme. Para las entidades periodísticas, esa respuesta resulta desproporcionada y carece de sustento razonable.

A ello se suma un elemento que incrementa las dudas: la medida coincidió con una reunión reservada del Presidente con el empresario tecnológico Peter Thiel, desarrollada bajo un estricto hermetismo. La simultaneidad entre el cierre informativo y un encuentro de alto perfil alimentó interpretaciones sobre una posible intención de limitar la cobertura en momentos sensibles.

El trasfondo político tampoco pasa inadvertido. El vocero presidencial Manuel Adorni atraviesa cuestionamientos públicos, mientras que el asesor Santiago Caputo aparece asociado a la estrategia más confrontativa del oficialismo. En ese entramado, distintas fuentes describen tensiones internas y decisiones adoptadas con fuerte carga táctica, en un clima marcado por investigaciones judiciales y dificultades económicas que presionan sobre la agenda gubernamental.

El resultado es un contexto de creciente precariedad comunicativa. La restricción no solo interrumpe el flujo informativo, sino que también debilita un mecanismo esencial de control democrático: la posibilidad de que los actos de gobierno sean observados, interrogados y difundidos sin obstáculos indebidos.

En ese clima, comenzó a tomar forma la posibilidad de una protesta por parte de los periodistas afectados. La eventual concentración en Plaza de Mayo podría trasladar el conflicto al espacio público y amplificar su impacto político en un momento especialmente sensible.

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La CGT redobla la ofensiva judicial contra la reforma laboral tras el fallo de Apelaciones

La Confederación General del Trabajo rechazó la decisión de la Cámara del Trabajo que restituyó la vigencia de artículos clave de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei y ratificó que continuará la ofensiva judicial con eje en la Constitución.

La disputa por la reforma laboral ingresó en una fase de mayor confrontación tras el fallo de la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo que dejó sin efecto la medida cautelar que suspendía más de 80 artículos de la ley. La resolución no sólo restituyó la vigencia de esos puntos, sino que reconfiguró el escenario jurídico en el que se libra uno de los conflictos más relevantes del presente ciclo político.

La reacción CGT fue inmediata. A través de su Consejo Directivo, la central obrera rechazó la decisión judicial y advirtió sobre sus consecuencias. En su lectura, el fallo habilita la aplicación de normas que afectan condiciones laborales, debilitan la protección de los trabajadores y alteran el equilibrio en las relaciones de trabajo.

El cuestionamiento no se limitó al contenido de la ley, sino que apuntó directamente al criterio adoptado por el tribunal. La CGT sostuvo que la resolución desconoce precedentes de la Corte Suprema que reconocen a los trabajadores como un sector de especial tutela. Desde esa perspectiva, el sindicato interpretó que la Cámara se apartó de principios que deberían orientar las decisiones en materia laboral.

El eje del planteo sindical se apoya en el carácter preventivo de la medida cautelar que había sido dictada en primera instancia. Para la central, esa herramienta tenía como finalidad evitar daños de difícil reparación mientras se analizaba la cuestión de fondo. Su levantamiento, sostienen, permite que la norma despliegue efectos antes de que exista una definición definitiva sobre su constitucionalidad.

En ese sentido, la Confederación General del Trabajo también invocó el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que consagra derechos fundamentales del trabajo, así como tratados internacionales con jerarquía constitucional. La referencia no es menor: busca trasladar la discusión desde el plano estrictamente legal hacia el terreno de las garantías fundamentales.

La reforma laboral impulsada por el Ejecutivo introduce modificaciones en aspectos sensibles del sistema: régimen de indemnizaciones, modalidades de contratación, condiciones de trabajo y organización sindical. Para el Gobierno, estos cambios apuntan a reducir la litigiosidad y promover la formalización del empleo. Para el movimiento obrero, en cambio, implican un retroceso en derechos consolidados.

El conflicto, lejos de cerrarse con esta resolución, se proyecta hacia nuevas instancias. La CGT confirmó que continuará la vía judicial con el objetivo de obtener un pronunciamiento de fondo que declare la invalidez de los artículos cuestionados. En simultaneo, no descarta profundizar acciones en otros planos, en un ámbito donde la disputa combina elementos jurídicos, políticos y sociales.

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Rutas en disputa: advierten que la transferencia a provincias debilita a Vialidad

La Federación del Personal de Vialidad Nacional cuestionó el alcance del Decreto que habilita a provincias a gestionar tramos de rutas nacionales. Advierten sobre un proceso progresivo de debilitamiento del organismo y la posible pérdida de puestos de trabajo.

La política de infraestructura vial volvió al centro de la escena tras la publicación del Decreto 253/2026, que otorga a nueve provincias a asumir tareas de mantenimiento sobre rutas nacionales que atraviesan sus territorios. La medida, presentada por el Gobierno como una herramienta de fortalecimiento del federalismo, abrió un frente de conflicto con trabajadores del sector, que interpretan la iniciativa como un repliegue de la capacidad operativa del Estado nacional.

Desde la Federación del Personal de Vialidad Nacional, la reacción fue contundente. La entidad se declaró en estado de alerta y movilización y advirtió que la transferencia de funciones podría afectar a cerca de mil trabajadores. El diagnóstico gremial es claro: sostienen que la delegación de tareas implica una pérdida progresiva de atribuciones para la Dirección Nacional de Vialidad, organismo histórico en la planificación y ejecución de la red vial.

El decreto, firmado por el presidente Javier Milei junto a miembros de su gabinete, establece que la cesión será de carácter temporal y revocable, sin alterar la titularidad nacional de las rutas. Las provincias involucradas —entre ellas Córdoba, Mendoza, Neuquén y San Juan— deberán suscribir convenios específicos, presentar planes de obra y definir esquemas de financiamiento, en muchos casos vinculados a concesiones con peaje.

Sin embargo, el eje del cuestionamiento sindical se sitúa en las consecuencias prácticas de la disposición. Para los trabajadores, el traspaso de tramos implica una reducción directa del campo de acción del organismo nacional. “Se pierde objeto de trabajo”, advirtieron desde el gremio, al tiempo que señalaron que la reasignación de funciones podría derivar en un proceso de desvinculaciones progresivas.

El análisis técnico elaborado por la federación profundiza esa lectura. Allí se sostiene que la iniciativa no elimina formalmente a Vialidad, pero reduce su rol a tareas de supervisión, debilitando su capacidad de ejecución y planificación. En ese aspecto, el organismo pasaría de ser un actor central en la política vial a una estructura con funciones limitadas.

Otro de los puntos críticos es el financiamiento del sistema. Según el gremio, una parte significativa de los tramos transferidos no cuenta con niveles de tránsito suficientes para sostener esquemas de concesión sin asistencia estatal. Esta situación podría derivar en obras postergadas o en un traslado de costos hacia los usuarios a través de peajes más elevados, con impacto en la logística y en los precios de bienes y servicios.

La dimensión laboral aparece como uno de los aspectos más sensibles. El decreto no contempla mecanismos específicos de protección para los trabajadores afectados, ni establece garantías de continuidad en caso de cambios en la gestión. En ese vacío normativo, el gremio advierte sobre un proceso gradual que podría derivar en reducción de planteles y pérdida de capacidades técnicas acumuladas durante años.

El trasfondo de la discusión remite a una redefinición del rol del Estado en áreas estratégicas. Mientras el Gobierno plantea la necesidad de optimizar recursos y promover esquemas más flexibles de gestión, los trabajadores señalan que la fragmentación de funciones puede comprometer la coherencia del sistema vial y su capacidad de respuesta ante emergencias o necesidades de largo plazo.

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