Personal de Casas Particulares percibirá un aumento salarial del 42%
La mejora se pagará: 13% en junio, 12% en septiembre, 5% en diciembre y 12% en marzo del año que viene
El personal de Casas Particulares percibirá un aumento del 42% en cuatro cuotas más un histórico reconocimiento por antigüedad, luego de un acuerdo cerrado entre la Comisión Nacional de Trabajo en Casas particulares y las cámaras empresarias. Fuentes en el Ministerio de Trabajo precisaron que las partes concordaron el siguiente cronograma de pagos: 13% en junio, 12% en septiembre, 5% en diciembre y 12% en marzo del año que viene. Desde el Ejecutivo destacaron que «primera vez en la historia» el personal de la actividad recibirá un 1% por su antigüedad (se contabilizará ese porcentaje por cada año trabajado pero no es retroactivo) a partir de septiembre y en forma permanente, y un incremento por zona desfavorable (provincias de la Patagonia) del 2%
De esta manera, el sueldo mínimo para una jornada completa realizada bajo modalidad «con retiro» pasará de $22.765,50 a $25.724 por mes. Mientras que por hora se incrementa de $185 a $209,05 y para la modalidad sin retiro, de $25.315 a $28.605,95 y la hora, de $199,50 a $223,45.
En febrero y abril de este año, el sector, que contempla a 1,3 millones de empleados, recibió un incremento del 8% y del 10%, respectivamente, con complementario del retraso de las subas pactadas en 2020.
En tanto que el pasado 18 de mayo, la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), a través de la resolución general 4993/2021 publicada en el Boletín Oficial, aumentó en un 35,3% los importes correspondientes a los aportes y contribuciones que se pagan por el personal de servicio doméstico particular a partir de este mes.
Con lo anunciado, por cada trabajador mayor de 18 años y con más de 16 horas de trabajo semanales, los aportes pasaron de $1.041,22 a $1.408,87 y las contribuciones aumentaron de $ 86,97 a $1.408,87, con lo cual, manteniendo la Cuota Riesgos del Trabajo en $ 706,43; el importe total se incrementó de $ 1.834,62 a $2.232,98.
Para aquellos que trabajan menos de 12 horas, total se fijó en $ 464,22; y para quienes lo hacen desde 12 a menos de 16 horas, en $ 764,14. En tanto que para menores de 18 años pero mayores de 16, los importes quedaron con la siguiente escala de acuerdo a la cantidad de horas: $423,87 por menos de 12 horas; $ 683,46 desde 12 a menos de 16; y $ 2.115,30 por 16 o más horas. Para jubilados y jubiladas, esos importes serán de $ 349,90; $ 552,31 y $ 824,11, respectivamente.
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Entre el agua y el desarrollo: ASIJEMIN pide control ambiental, ley moderna y centralidad del trabajo
En el inicio del debate parlamentario por la Ley de Glaciares, el sindicato que nuclea a los cuadros jerárquicos del sector minero fijó una posición que busca salir de la lógica binaria entre ambiente y producción. Reclamó una actualización profunda del marco normativo, propuso crear un organismo de control autónomo y volvió a poner en agenda la deuda previsional con los trabajadores.
La discusión por el futuro de la política minera argentina sumó un actor con peso específico en el inicio de las audiencias públicas en la Cámara de Diputados. La Asociación Sindical del Personal Jerárquico, Profesional y Técnico de la Actividad Minera Argentina (ASIJEMIN) irrumpió con una postura que intenta reconfigurar los términos del debate: ni negación del impacto ambiental ni defensa acrítica del extractivismo, sino una síntesis que articule desarrollo, regulación y derechos laborales.
La voz del sector fue encarnada por su secretario general, Marcelo Mena, quien desde el inicio marcó un reclamo de representación largamente postergado. “Es un orgullo que nos escuchen después de tanto tiempo”, expresó, en una frase que no sólo funcionó como apertura discursiva, sino como señal política: el sindicalismo minero busca ocupar un lugar activo en la definición de las reglas del sector.
Uno de los ejes más contundentes de su exposición fue la defensa explícita de los recursos estratégicos. “Proteger los glaciares es innegociable. Proteger la vida y el agua es innegociable”, afirmó, desmarcándose de cualquier lectura que ubique al gremio en una posición refractaria a las demandas ambientales. Sin embargo, ese posicionamiento no derivó en una aceptación pasiva del statu quo, sino en una crítica más amplia al enfoque fragmentado del debate.
Para el dirigente, discutir exclusivamente la Ley de Glaciares implica eludir un problema estructural: la obsolescencia del marco normativo que regula la actividad. Con un Código de Minería que arrastra más de 150 años, la actividad se desenvuelve —según planteó— bajo parámetros que no dialogan con las exigencias tecnológicas, ambientales ni productivas contemporáneas. “No solamente hay que discutir una ley de glaciares. Tenemos que discutir una ley nacional de minería”, enfatizó, en lo que constituye uno de los planteos más integrales surgidos hasta ahora en el ámbito parlamentario.
En ese sentido, ASIJEMIN propuso avanzar hacia una legislación moderna que otorgue previsibilidad, ordene la actividad y establezca estándares claros para todos los actores involucrados. La iniciativa no es menor: en un contexto de creciente interés por los recursos naturales, la falta de reglas actualizadas aparece como uno de los principales focos de conflicto entre empresas, comunidades y Estado.
El planteo incluyó además una propuesta institucional concreta: la creación de una Agencia Nacional de Control Medioambiental Minero. Concebida como un organismo autónomo y autárquico, su diseño prevé la participación de universidades, centros de investigación, empresas, sindicatos, comunidades y distintos niveles del Estado. El objetivo es claro: fortalecer los mecanismos de fiscalización y dotarlos de mayor transparencia.
“Si podemos tener un ente compuesto colectivamente entre todas las partes, vamos a lograr un control mucho más profundo”, sostuvo Mena Muñoz, al tiempo que subrayó la necesidad de generar información pública confiable y accesible. La iniciativa se inscribe en una demanda creciente por institucionalidad robusta en materia ambiental, en un escenario donde la legitimidad de los controles es tan relevante como su eficacia técnica.
El discurso de gremial también hizo foco en el impacto territorial de la minería. Tomando como referencia el caso de San Juan, el dirigente destacó las transformaciones económicas experimentadas en las últimas décadas, aunque introdujo una advertencia que complejiza la narrativa del progreso automático. “Si la minería es solamente un negocio, no nos interesa. Tiene que ser desarrollo, crecimiento real y participación colectiva”, afirmó, marcando un límite político a la lógica puramente extractiva.
Esa mirada se sintetizó en una consigna que atravesó toda la intervención: la necesidad de superar la dicotomía entre ambiente y producción. “Defendamos los glaciares, por supuesto. Pero también necesitamos trabajar”, señaló, condensando una presión estructural que el Congreso deberá administrar en los próximos meses.
Sobre el cierre, el dirigente incorporó un tema que excede la coyuntura legislativa pero que revela otra dimensión del conflicto: las condiciones laborales en la actividad. En ese marco, reclamó el tratamiento de un proyecto de jubilación minera presentado hace casi un año, subrayando las particularidades del trabajo en altura, las bajas temperaturas y las tareas en contextos subterráneos.
“Si tanto les importa la actividad minera, que realmente les importe lo más importante, que son los trabajadores”, concluyó, desplazando el eje del debate hacia una pregunta incómoda pero central: quiénes son los verdaderos destinatarios del desarrollo que se discute.
La intervención de ASIJEMIN en el Congreso no sólo aportó matices a una discusión atravesada por posiciones antagónicas, sino que introdujo una agenda propia que combina regulación, institucionalidad y derechos laborales. En un marco donde la minería se proyecta como uno de los vectores económicos estratégicos del país, el desafío no parece residir únicamente en habilitar o restringir actividades, sino en construir un marco integral capaz de equilibrar intereses, reducir conflictos y garantizar legitimidad social.
Entre la protección de los glaciares y la necesidad de desarrollo, el sindicalismo minero propone un tercer camino: uno donde el crecimiento no se desligue del control, ni el progreso de la justicia social. La discusión recién comienza, pero el tono del debate ya dejó de ser el mismo.
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Salarios, despidos y ajuste: fuerte advertencia de Víctor Menéndez
El referente sindical Víctor Menéndez analizó el impacto de la reforma laboral impulsada por el Gobierno nacional, cuestionó los cambios en el régimen de indemnizaciones y advirtió sobre el deterioro del poder adquisitivo. También anticipó negociaciones clave con el sector empresario y destacó el crecimiento del rol femenino en la actividad.
En un escenario atravesado por una creceinte fragilidad económica, redefiniciones normativas y conflictividad laboral, el dirigente del Sindicato de Estaciones de Servicio de Cuyo, Víctor Menéndez, realizó una evaluación crítica sobre el presente del sector y, en particular, sobre los alcances de la reforma laboral promovida a nivel nacional.
Tras una reunión de comisión directiva realizada en Mendoza —convocada por el secretario general José Escoda—, el gremio avanzó en un análisis pormenorizado de los cambios normativos, con especial foco en su impacto sobre los trabajadores. “Es una reforma compleja y claramente perjudicial para el trabajador”, sintetizó el dirigente, al tiempo que subrayó que el equipo técnico del sindicato evaluó artículo por artículo las modificaciones introducidas respecto de versiones anteriores.
Uno de los ejes más sensibles del debate gira en torno al sistema de indemnizaciones. Menéndez cuestionó la posibilidad de establecer mecanismos de pago en cuotas e incluso en especie, así como la creación de fondos empresariales destinados a cubrir despidos. “Se configura un esquema que favorece al empleador y desprotege al trabajador. Es un negocio redondo”, advirtió, en línea con la postura crítica que también sostiene el movimiento sindical a nivel nacional.
En esta línea, el gremio mantiene expectativas en el frente judicial. Fallos recientes en distintas jurisdicciones comenzaron a poner límites a algunos artículos de la reforma, particularmente aquellos vinculados a la liquidación de indemnizaciones. “Confiamos en que la justicia laboral corrija estos aspectos y restituya derechos”, señaló.
Mientras tanto, el sindicato ya proyecta una agenda intensa de negociación. A fines de abril está previsto un encuentro con las cámaras empresarias para actualizar el convenio colectivo de trabajo, incorporando modificaciones que permitan sostener su vigencia en el nuevo contexto normativo. La discusión incluirá puntos sensibles como aportes sindicales, modalidades de contratación y condiciones laborales.
En este sentido, el frente salarial sigue siendo una prioridad. El sector acordó un incremento del 4% para marzo, cerrando así la paritaria 2025, con un esquema transitorio del 3% hasta reabrir negociaciones en abril. Sin embargo, Menéndez reconoció que el objetivo de recomponer ingresos se enfrenta a un escenario adverso. “La inflación real golpea más fuerte de lo que indican los números oficiales. Siempre intentamos ganarle, pero es muy difícil en este contexto”, planteó.
La preocupación del dirigente trasciende lo estrictamente sectorial y se inscribe en un diagnóstico más amplio sobre la economía. Señaló una caída de la actividad, cierre de empresas y retracción del consumo como factores que erosionan tanto el empleo como la recaudación estatal. “Hay menos producción, menos trabajo y menos consumo. Es un círculo que se retroalimenta negativamente”, explicó.
En ese aspecto, también cuestionó el achicamiento del Estado y la eventual eliminación de delegaciones del área laboral en las provincias, lo que podría derivar en la pérdida de miles de puestos de trabajo. “Se debilita la capacidad de control y se profundiza la precarización”, alertó.
El impacto ya se hace visible en el sector: el dirigente gremial confirmó despidos recientes y advirtió que la tendencia podría profundizarse. “Estamos muy atentos porque esto puede replicarse en otras empresas”, sostuvo.
El rol de la mujer y la agenda de inclusión
En contraste con el escenario económico adverso, Menéndez destacó avances en materia de inclusión dentro del sector. Actualmente, alrededor del 30% del padrón sindical está compuesto por mujeres, una presencia que el representne sindical calificó como “clave” para transformar dinámicas laborales históricamente masculinizadas.
El gremio impulsa políticas de igualdad de trato, prevención del acoso y acompañamiento ante situaciones de violencia laboral. “La mujer está ganando el lugar que le corresponde y los sindicatos tenemos la responsabilidad de garantizar condiciones de respeto y equidad”, afirmó.
En ese sentido, también valoró la creciente participación de identidades de género diversas dentro de la estructura sindical, con representación en espacios de conducción. “Es parte de una transformación que debe ser acompañada institucionalmente”, señaló.
El testimonio de Víctor Menéndez expone con claridad el delicado equilibrio que atraviesa hoy el mundo del trabajo: entre la necesidad de adaptación a nuevas reglas de juego y la defensa de derechos históricamente conquistados. La reforma laboral, lejos de presentarse como un proceso técnico o neutro, se configura —desde la mirada sindical— como un punto crucial que redefine las relaciones entre capital y trabajo.
En unmomento signado por la incertidumbre, la caída del poder adquisitivo y el debilitamiento del entramado productivo, el desafío para los gremios será sostener capacidad de negociación sin resignar protección. La resolución de esa presión no solo marcará el rumbo del sector de estaciones de servicio, sino que anticipa, en escala, el futuro inmediato del mercado laboral argentino.
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Día del Trabajador de Telecomunicaciones: historia, paritarias y temor ante la reconfiguración del sector
En el Día del Trabajador de las Telecomunicaciones, el dirigente Marcelo Trujillo trazó un diagnóstico crítico sobre el presente del sector: pérdida del poder adquisitivo, incertidumbre laboral y un proceso de concentración empresaria que redefine el mapa de las comunicaciones en Argentina.
La conmemoración del Día del Trabajador de las Telecomunicaciones encuentra al sector en una encrucijada que combina memoria histórica y presiones contemporáneas. Lo que alguna vez fue un símbolo de soberanía estatal y expansión de derechos laborales hoy se reconfigura bajo lógicas de concentración privada, innovación tecnológica acelerada y creciente incertidumbre en materia de empleo.
Así lo expresó Marcelo Trujillo, referente sindical de Soeesit, quien situó el origen de la fecha en un hito fundacional: la nacionalización del servicio durante la década de 1940. “En aquel momento, el sistema estaba en manos privadas, fundamentalmente de capitales extranjeros, y pasó a formar parte de una empresa estatal que marcó una etapa de desarrollo y organización del sector”, recordó, en alusión al proceso que dio lugar a la histórica ENTEL.
Ese recorrido, sin embargo, no es meramente evocativo. Para el dirigente, funciona como contraste frente al escenario actual, caracterizado por la fragmentación primero y la posterior reconcentración del mercado en manos de grandes grupos empresarios. La evolución tecnológica —desde el telex al fax, y del teléfono fijo a la fibra óptica y la telefonía móvil— no sólo transformó los servicios, sino también la estructura del trabajo y las relaciones laborales.
Concentración y reconfiguración del mapa empresarial
Uno de los puntos más sensibles del presente es el proceso de fusión en curso dentro del sector. Trujillo advirtió que la integración de grandes compañías podría derivar en un esquema de fuerte concentración, con un número reducido de actores dominando el mercado.
“Vamos hacia una sola empresa dentro de un mismo grupo, con un único gran competidor”, explicó, al describir un escenario que, desde la perspectiva sindical, plantea interrogantes sobre la competencia real y, sobre todo, sobre el impacto en las condiciones laborales.
La consolidación empresaria, en este sentido no aparece como un fenómeno aislado, sino como parte de una tendencia global en las telecomunicaciones, donde la escala y la inversión tecnológica tienden a favorecer a grandes conglomerados. Sin embargo, el interrogante central radica en cómo se distribuyen los costos de esa transformación.
Reforma laboral y presión sobre el empleo
El diagnóstico gremial incorpora un elemento adicional: el marco normativo. Trujillo cuestionó con dureza las recientes modificaciones en materia laboral, al considerar que amplían el margen de acción de las empresas en detrimento de los trabajadores.
Según su mirada, la combinación de cambios regulatorios y concentración económica podría acelerar procesos de ajuste interno, con impacto directo en la estabilidad laboral. En ese aspecto, advirtió sobre el avance de los retiros voluntarios como mecanismo de reducción de personal.
“La empresa no ofrece un retiro porque sí, sino porque le resulta conveniente en términos de costos”, sostuvo, al tiempo que señaló que muchos trabajadores evalúan esa opción ante la incertidumbre, especialmente quienes se encuentran próximos a la jubilación o desarrollan tareas de riesgo, como el trabajo en altura.
Salarios y paritarias bajo condicionamiento
El frente salarial constituye otro eje de conflicto. Trujillo confirmó que el sector acordó recientemente una actualización paritaria, aunque enmarcada en las limitaciones impuestas por los indicadores oficiales.
“Hoy no podemos superar el índice que fija el Gobierno, porque esos acuerdos no se homologan”, explicó, en referencia a un esquema que, según el dirigente, impide recomponer de manera efectiva el poder adquisitivo.
La consecuencia es un desfasaje cada vez más evidente entre ingresos y costo de vida. “Cuando el trabajador va a la góndola, cuando enfrenta los gastos cotidianos, nota claramente la pérdida”, señaló. En ese ámbito, las negociaciones salariales se han acortado progresivamente: de acuerdos anuales se pasó a revisiones mensuales, con la posibilidad —advirtió— de que incluso ese ritmo resulte insuficiente frente a la dinámica inflacionaria.
Entre la vocación y el desgaste cotidiano
Más allá de las variables macroeconómicas, el testimonio expone una dimensión menos visible pero igualmente relevante: la del trabajo cotidiano en un sector estratégico. Mantener conectada a gran parte del país implica tareas continuas, muchas veces en condiciones exigentes, que requieren actualización permanente frente al avance tecnológico.
En ese marco, el reconocimiento de derechos específicos —como el carácter de feriado nacional del Día del Trabajador de las Telecomunicaciones— adquiere un valor simbólico y material. “Tener un día de descanso con la familia es algo que no tiene precio”, remarcó Trujillo, al reivindicar una conquista que sintetiza años de organización sindical.
El presente de los trabajadores de las telecomunicaciones refleja, en escala sectorial, las tensiones más amplias del mundo del trabajo en la Argentina contemporánea: transformación tecnológica, concentración económica y un marco regulatorio en disputa.
Entre la memoria de un pasado signado por la expansión estatal y un futuro atravesado por la lógica de mercado, el sector enfrenta un desafío central: sostener derechos laborales en un escenario de cambio acelerado. La advertencia sindical no se limita a la coyuntura, sino que interpela el rumbo estructural de una actividad clave para el desarrollo del país.
En ese equilibrio inestable entre innovación y protección social se juega, en definitiva, no sólo el destino de una actividad, sino también el alcance de los derechos en la economía del siglo XXI.
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