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El dirigente sindical Sergio Palazzo aseguró que desde La Bancaria van a exigir un mejor protocolo sanitario y una revisión del incremento de salario pactado, ante el incumplimiento empresario

El secretario General de La Bancaria, Sergio Palazzo, se refirió este miércoles al reclamo salarial que están realizando: “Nosotros habíamos planteado un incremento del 29%, del cual ya estamos cobrando el segundo tramo”, explicó a El Destape Radio.

“El último tramo del 6% se debía cobrar en agosto y en noviembre se debía realizar una revisión del acuerdo” pero “el sector empresario no acompaño al gobierno elevó los precios con unas ganancias siderales y esto implica una pérdida de poder adquisitivo”, argumentó.

Asimismo remarcó que “hay funcionarios que no controlan como se debe la suba de precios” y agregó: “Si vos tenés herramientas para controlar precios, que alguien me explique por qué la inflación de abril fue de 4,3%” y “No subió el tipo de cambio más del 2%, no subieron los salarios más del 2% y no hubo aumento de tarifas ¿por qué hay una inflación del 4,3%”, cuestionó Palazzo.

El dirigente sindical aseguró que desde La Bancaria no están de acuerdo «con que los trabajadores paguen esta voracidad rentística y esta falta de control y sanción”,

En ese sentido Palazzo agregó: “Nosotros vamos a sentarnos en la mesa de discusión. El REM del Banco Central dice que la inflación va a ser de más de 40%”, de lo que se deduce que esperan que el ajuste quede por encima de esa pauta. “Discutiremos un acuerdo con una revisión a fin de año o iremos haciendo acuerdos cortos”, adelantó.

Sobre los reclamos sanitarios, este jueves van a tratar una medida de fuerza en el plenario: «Tenemos 13 mil contagiados, sobre 101 mil bancarios, una tasa que supera ampliamente la media nacional”, detalló.

Sobre las próximas elecciones legislativas disparó: “No vislumbro una derrota ni una victoria estruendosa del oficialismo en las elecciones”.

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Jerárquicos de Comercio acusan a ChangoMás de reemplazar salarios por órdenes de compra

Un nuevo foco de conflicto se abrió en el sector supermercadista luego de que la Asociación del Personal Profesional y Jerárquico de Comercio (APPYJC) denunciara públicamente a Dorinka, empresa controlante de la cadena ChangoMás, por una propuesta de recomposición salarial que el gremio considera lesiva para los trabajadores.

El sindicato cuestionó una propuesta de recomposición del 9% al considerar que no constituye un aumento salarial real. Advirtió que parte de los montos se abonaría mediante órdenes de compra y reintegros de gastos, sin incorporarse al salario básico.

La Asociación del Personal Profesional y Jerárquico de Comercio (APPYJC) denunció a la firma Dorinka, controlante de la cadena ChangoMás, por impulsar una modalidad de actualización de ingresos que, según el gremio, perjudica los derechos laborales de supervisores y mandos medios.

La controversia surgió tras la presentación de una propuesta de recomposición del 9%, luego de más de siete meses sin modificaciones salariales para ese segmento de trabajadores. De acuerdo con la organización sindical, el esquema contempla un 6% a través de créditos de compra utilizables en los propios supermercados de la empresa y un 3% mediante reintegros de gastos sujetos a la presentación de comprobantes.

Desde APPYJC sostienen que estos conceptos no constituyen salario genuino y alertan que, al no integrarse al sueldo básico, afectan el cálculo del aguinaldo, las vacaciones, las indemnizaciones y los aportes previsionales.

La entidad que conduce Gastón Gallo calificó la propuesta como una práctica que recuerda mecanismos de flexibilización laboral aplicados durante la década de 1990 y anunció el estado de alerta, exigiendo la apertura inmediata de una mesa de negociación.

Entre sus reclamos, el sindicato exige incrementos remunerativos incorporados al básico, el cese de cualquier modalidad que considere precarizadora y una negociación salarial que permita recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores.

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El derrumbe de la obra pública obligó a Loma Negra a frenar producción en su planta más moderna

La decisión de Loma Negra de paralizar hasta fin de año el horno principal de su planta L’Amalí, en Olavarría, expuso la profundidad de la retracción que atraviesa la construcción en Argentina. La acumulación de stock, la caída sostenida en los despachos de cemento y el freno de la obra pública conforman un cuadro que comenzó a impactar sobre empleo, producción y actividad industrial.

La imagen de cientos de miles de toneladas de clínker acumuladas al aire libre en Olavarría resume con crudeza uno de los procesos económicos más delicados que atraviesa hoy la industria argentina. Loma Negra, la principal cementera del país, resolvió detener hasta fin de año el horno central de su planta L’Amalí, una de las inversiones fabriles más ambiciosas realizadas en las últimas décadas dentro del sector de materiales para la construcción.

La decisión, confirmada por la compañía, refleja el deterioro que golpea a toda la cadena vinculada a la actividad constructiva. La empresa argumentó que dispone de stock suficiente para sostener el abastecimiento del mercado durante un período prolongado, razón por la cual el tradicional parate invernal por mantenimiento será este año mucho más extenso y profundo.

El dato adquiere una dimensión aún más significativa si se observa el peso estratégico de L’Amalí dentro del entramado industrial argentino. Inaugurada en 2021 tras una inversión multimillonaria, la planta fue presentada como símbolo de modernización productiva, ampliación de capacidad instalada y expansión de la industria cementera nacional. Apenas cinco años después de aquel desembarco industrial, el principal horno de la fábrica permanecerá inactivo hasta finales de 2026.

La determinación no sólo impacta sobre la producción de cemento. También repercute sobre toda la estructura económica que rodea a la planta: extracción de piedra caliza, transporte de cargas, servicios logísticos, contratistas y empleo indirecto vinculado a la operación minera e industrial.

Desde la Asociación Obrera Minera Argentina (AOMA) de Olavarría atribuyeron la situación al abrupto retroceso de la obra pública nacional y al desplome de la demanda interna. Alejandro Santillán, secretario general del gremio en la ciudad bonaerense, explicó que las detenciones técnicas durante el invierno suelen extenderse alrededor de cuarenta días por tareas de mantenimiento. Sin embargo, advirtió que el esquema definido para este año “difiere por completo” de lo habitual debido al extraordinario nivel de stock acumulado.

Según trascendió, en L’Amalí existen más de 700 mil toneladas de clínker fuera de los silos de almacenamiento, un volumen inédito que deja al descubierto la magnitud de la desaceleración que atraviesa el sector.

El panorama también quedó reflejado en las estadísticas de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland. Los despachos registraron en abril una caída interanual del 12,7%, profundizando una tendencia negativa que se arrastra desde hace meses y que comenzó a impactar de lleno sobre los niveles de producción industrial.

El cemento funciona históricamente como uno de los indicadores más sensibles de la economía argentina. Su comportamiento permite anticipar movimientos en inversión privada, actividad inmobiliaria, infraestructura y empleo. Por eso, el freno productivo de una compañía como Loma Negra trasciende el universo empresarial y se convierte en un síntoma de mayor alcance sobre el estado general de la actividad económica.

El ajuste sobre la obra pública nacional alteró de manera drástica el funcionamiento de numerosas ramas industriales asociadas a la construcción. La paralización de proyectos viales, habitacionales y de infraestructura redujo de forma abrupta la demanda de insumos pesados, afectando a fabricantes de cemento, acero, cerámicos y maquinaria.

A diferencia de otras etapas recesivas, el problema actual no parece concentrarse únicamente en la caída de la inversión estatal. El sector privado tampoco logró compensar la retracción. Las altas tasas de interés, el freno del crédito hipotecario y la pérdida del poder adquisitivo limitaron el desarrollo de nuevos emprendimientos inmobiliarios y redujeron el ritmo de obras particulares.

La consecuencia inmediata es una industria con capacidad instalada y empresas obligadas a recalcular operaciones para evitar mayores costos financieros y acumulación de mercadería sin salida comercial.

En ese cuadro, la decisión de Loma Negra adquirió un fuerte peso simbólico. La compañía, fundada en 1926 y convertida durante décadas en referencia central del sector cementero argentino, no sólo representa uno de los mayores jugadores del mercado local. También constituye un termómetro de la actividad industrial ligada a la construcción y la infraestructura.

El contraste entre la expansión anunciada pocos años atrás y el actual freno operativo evidencia la velocidad con la que cambió el ciclo económico. Lo que había sido presentado como una apuesta estratégica para abastecer un crecimiento sostenido de la construcción terminó enfrentándose a un mercado incapaz de absorber la capacidad productiva disponible.

La preocupación no se limita al presente inmediato. En ciudades como Olavarría, donde la actividad minera y cementera ocupa un lugar determinante dentro de la economía regional, cualquier reducción prolongada de operaciones repercute sobre empleo, consumo y movimiento comercial.

Por eso, el apagado del horno principal de L’Amalí excede el plano empresarial. Se trata de una señal que expone el delicado momento que atraviesa uno de los sectores históricamente más vinculados al desarrollo económico argentino.

La incógnita hacia adelante será cuánto tiempo demorará la recuperación de la demanda y si la actividad privada logrará ocupar el vacío dejado por la retracción estatal. Mientras tanto, la postal de una de las plantas más modernas del país operando por debajo de su capacidad sintetiza la profundidad de una desaceleración que ya dejó de ser estadística para convertirse en una realidad visible dentro del entramado industrial argentino.

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Advierten que tres de cada cuatro rutas nacionales presentan deterioro crítico

Un informe impulsado por sectores técnicos, sindicales y asociaciones de usuarios señala que cerca del 75% de la red vial nacional se encuentra en estado regular o malo. La advertencia pone el foco en la seguridad, la inversión pública y el rol del Estado.

La infraestructura vial argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Un relevamiento difundido por organizaciones vinculadas al sector advierte que aproximadamente tres de cada cuatro rutas nacionales presentan condiciones deficientes, un registro que enciende señales de alarma en torno a la seguridad de quienes transitan a diario por estos corredores estratégicos.

El diagnóstico, respaldado por trabajadores, especialistas y asociaciones de usuarios, atribuye el deterioro a la interrupción de obras y a la reducción de tareas de conservación básica. Según sostienen, la falta de intervención sostenida aceleró el desgaste de la red, afectando tanto la transitabilidad como los estándares de seguridad. La consecuencia inmediata —advierten— es una mayor exposición a siniestros, especialmente en tramos donde el deterioro del pavimento, la señalización insuficiente y la ausencia de mantenimiento configuran un riesgo permanente.

En este punto, se conformó un espacio multisectorial que reúne a empleados de Vialidad Nacional, técnicos de organismos vinculados al transporte y la seguridad vial, junto a familiares de víctimas y usuarios autoconvocados. El objetivo es visibilizar la situación y promover un abordaje integral que permita revertir el cuadro actual. La iniciativa incluye la participación de trabajadores de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, entre otros actores con injerencia directa en la materia.

Desde estos sectores también surgieron cuestionamientos a la expansión de esquemas de concesión mediante peajes. Si bien reconocen la necesidad de financiamiento, plantean que este modelo no resuelve los problemas estructurales de la red y puede profundizar desigualdades territoriales. En particular, advierten que la lógica de rentabilidad podría relegar tramos menos transitados pero igualmente esenciales para la conectividad regional, consolidando un sistema fragmentado y con cobertura desigual.

Otro de los ejes de preocupación es el debilitamiento de organismos públicos clave. Referentes sindicales sostienen que la reducción de capacidades operativas y técnicas limita la posibilidad de planificar, ejecutar y controlar políticas viales de largo alcance. Esta situación, afirman, impacta de manera directa en la prevención de accidentes y en la calidad de los servicios asociados al transporte.

La problemática será expuesta este jueves 7 de mayo a las 12 en la sede del Sindicato de Empleados Viales Nacionales (SEVINA), en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, el secretario general de ATE Nacional, Rodolfo Aguiar, junto a representantes sindicales y organizaciones del sector, presentará un diagnóstico detallado y un conjunto de propuestas orientadas a atender la emergencia. Bajo la consigna “en defensa de la vida”, los convocantes buscarán instalar el tema en la agenda pública y reclamar definiciones concretas.

Más allá de las diferencias en torno a los modelos de gestión, existe un consenso amplio respecto de la necesidad de intervenir con urgencia. La red vial no solo es un componente esencial para la circulación de bienes y personas, sino también un factor determinante en la reducción de la siniestralidad. Su estado, por lo tanto, trasciende la discusión técnica y se inscribe en el terreno de las políticas públicas prioritarias.

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