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Modifican el proyecto original y reformularán las escalas, aumentando la progresividad del tributo

 El Gobierno nacional decidió reducir las alícuotas del impuesto a las Ganancias que deberán pagar las sociedades comerciales, lo que beneficiará a más del 90% de las pequeñas y medianas empresas, a partir de un acuerdo alcanzado para reformular el proyecto de ley enviado en marzo pasado al Congreso para su tratamiento. La nueva propuesta prevé que la tasa del 25% será abonada por las sociedades cuando la ganancia no supere los 5.000.000 de pesos anuales, alícuota que no solo abarcará a las pymes sino también a la mayoría de las medianas empresas.

La decisión fue adoptada en una reunión de gabinete económico que encabezó el jefe de ministros, Santiago Cafiero, que conto con la asistencia del titular del Palacio de Hacienda, Martin Guzmán; el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa; y la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca Bocco,

En un comunicado, el Ministerio de Economía anunció que se enviará al Congreso el proyecto de Ganancias de Sociedades con» enmiendas que buscan robustecer su carácter progresivo». Agregó que “el proyecto implica una reducción de la carga tributaria para el 90% de las empresas, en su mayoría micro y pequeñas empresas y, al mismo tiempo, fortalece la sostenibilidad fiscal».

El Palacio de Hacienda subrayó que, «a partir del nuevo esquema propuesto, solamente el 10% de las empresas pagará una alícuota del Impuesto a las Ganancias más elevada que la actual».

La tasa del 25% comprenderá a las empresas con una ganancia de hasta 5 millones de pesos anuales. En tanto, la alícuota del 30 por ciento comprenderá a las sociedades con ganancias de entre 5 y 20 millones de peso anuales. Por su parte, las empresas con una ganancia superior a 20 millones de pesos pasarán a abonar una tasa del 35%.

También participaron de la reunión del gabinete económico los titulares de la comisiones de Presupuesto del Senado y de Diputados, Carlos Heller y Carlos Caserio; la senadora Anabel Fernández Sagasti, la titular de la AFIP, Mercedes Marco del Pont, y los secretarios de Energía Darío Martínez, y de Política Tributaria, Roberto Arias y la jefa de gabinete del Ministerio de Economía, Melina Mallamace.

El Ministerio de Economía precisó que «se mantendría la alícuota del 7% para dividendos distribuidos en todos los casos».

La nueva iniciativa reformula la reforma tributaria sancionada en 2017, instrumentada por el Gobierno de Juntos por el Cambio, que tuvo un carácter regresivo, debilitó al fisco y no tuvo un impacto positivo en términos de aumentar la producción, el empleo y la inversión, dijeron fuentes gubernamentales y legislativas.

El 11 de marzo pasado, el Poder ejecutivo envió un proyecto de ley para reformar el impuesto a las Ganancias de las empresas, en el que establecía inicialmente que las compañías debían pagar entre el 25 y el 35 de alícuota.

Ahora, con la actualización que el Palacio de Hacienda enviará al Congreso mañana, se estableció que el 90 por ciento del total de las empresas que tributan este impuestos -en su mayoría pequeñas y medianas- abonarán la tasa más baja, del 25%.

El Gobierno fijó en 2020 una tasa del 30 por ciento, luego de que a fines del 2019 el gobierno de Mauricio Macri dispusiera la suspensión de la ley aprobada en 2017, que disminuía la tasa que debían pagar las Sociedades de Capitales.

De este modo y cuando se apruebe la reforma de Ganancias Sociedades, el porcentaje será más bajo para la mayoría de las empresas, ya que se ubicará en torno al 25 por ciento. De esta manera se modifica el proyecto original enviado en marzo y se rehacen las escalas, aumentando la progresividad del impuesto.

El proyecto que había girado el PEN establecía una alícuota del 25 por ciento para las sociedades con una ganancia de 1,3 millones de pesos anuales, cifra que ahora fue elevada a 5 millones de pesos.

En el caso de los que tienen que pagar una tasa del 30 por ciento, el proyecto original determinaba un nivel de ganancias anual de $2,6 millones, cifra que ahora pasó a estar comprendida dentro de un rango de entre 5 millones y 20 millones de pesos anuales.

En el tercer tramo se estableció que las sociedades con ganancias anuales superiores a 2,6 millones pesos pagarán una alícuota de 35 por ciento, porcentaje que el nuevo proyecto ubicó por encima de los 20 millones de pesos anual.

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Las cuentas públicas entran en zona crítica y crece la dependencia de la Nación


La cancelación del Sueldo Anual Complementario (SAC) expuso el deterioro de las finanzas de las 24 jurisdicciones del país. Si bien ninguna provincia incumplió de manera generalizada, numerosas administraciones recurrieron a asistencia financiera, créditos, pagos escalonados y reprogramaciones para afrontar una obligación que moviliza cientos de miles de millones de pesos y pone bajo presión a gobernadores e intendentes.

El pago del medio aguinaldo se convirtió este año en el mayor desafío para las finanzas provinciales desde el inicio del ajuste fiscal impulsado por el Gobierno nacional. La combinación de una menor recaudación propia, la desaceleración del consumo, la caída de la actividad económica y la reducción de los recursos coparticipables alteró las previsiones presupuestarias elaboradas a fines de 2025 y obligó a gran parte de las administraciones subnacionales a desplegar mecanismos extraordinarios para cumplir con los salarios.

Aunque las 24 provincias lograron cancelar el Sueldo Anual Complementario, el cumplimiento estuvo lejos de ser uniforme. En numerosos casos fue necesario recurrir a adelantos financieros, créditos de corto plazo, aportes extraordinarios o cronogramas diferenciados para evitar incumplimientos.

La provincia de Buenos Aires abonó el aguinaldo dentro de los plazos previstos, pero la presión financiera se trasladó a varios de sus 135 municipios. En Azul se resolvió dividir el pago en dos cuotas, mientras que Villa Gesell y Monte Hermoso solicitaron asistencia económica al gobierno bonaerense para afrontar salarios y aguinaldos. En San Pedro, la falta de pago derivó en un paro de 48 horas convocado por ATE y el Sindicato de Trabajadores Municipales.

Las contratiempos alcanzaron a administraciones de distintos signos políticos. En La Rioja, el gobernador Ricardo Quintela extendió el cronograma de pagos entre el 18 y el 23 de junio para aliviar la presión sobre la caja provincial. En Catamarca, la administración de Raúl Jalil debió combinar créditos y subsidios para asistir financieramente a los municipios. En Tucumán, Osvaldo Jaldo destacó el esfuerzo realizado para cumplir sin modificaciones en el calendario previsto.

En Santa Cruz, el Gobierno provincial acordó con los docentes una recomposición salarial acumulativa del 17,8% entre junio y noviembre, aunque mantiene abiertas las negociaciones con la Policía y el Servicio Penitenciario. En Formosa, la disparidad entre municipios volvió a quedar expuesta: mientras algunas comunas lograron cancelar el aguinaldo, otras, como Misión Tacaaglé y Buena Vista, suspendieron el pago por insuficiencia de recursos, profundizando las diferencias salariales entre trabajadores municipales y provinciales.

En el centro del país, Córdoba y Santa Fe cumplieron con el pago provincial, aunque varios gobiernos locales atravesaron fuertes restricciones de liquidez. En la ciudad de Córdoba, el intendente Daniel Passerini recién pudo acreditar los haberes el 3 de julio, luego de reunir aproximadamente 70.000 millones de pesos necesarios para afrontar salarios y aguinaldos, demora que derivó en protestas sindicales.

Incluso provincias con mayores recursos propios comenzaron a mostrar señales de desgaste financiero. En Neuquén, favorecida por las regalías provenientes de Vaca Muerta, continúan los reclamos de ATE, UPCN y los trabajadores viales por incrementos superiores a la inflación. En Tierra del Fuego, aunque el aguinaldo fue abonado sin retrasos, permanecen abiertas las negociaciones salariales con los gremios de educación y salud.

La asistencia del Gobierno nacional volvió a convertirse en una herramienta decisiva. Mediante el Decreto 584/2026, publicado en el Boletín Oficial, la Casa Rosada autorizó un anticipo financiero de hasta 400.000 millones de pesos para Córdoba. El préstamo deberá reintegrarse antes del cierre del ejercicio fiscal de 2026, con una tasa fija anual del 15%, garantizada mediante retenciones automáticas sobre los recursos de coparticipación federal.

No se trata de un mecanismo aislado. Durante este año la Nación ya utilizó instrumentos similares para asistir a Santa Fe, Entre Ríos y Jujuy, poniendo de manifiesto la marcada subordinación de las provincias a las transferencias del Tesoro Nacional para solventar sus compromisos corrientes.

Los inconvenientes ya habían sido anticipados por la Fundación Mediterránea, que advirtió que, si las provincias hubieran mantenido durante el primer semestre el mismo nivel de gasto real registrado un año antes, el resultado fiscal consolidado habría pasado de un superávit equivalente al 1% del gasto total a un déficit cercano al 2%. El informe identifica entre las jurisdicciones más comprometidas a Tierra del Fuego, Chaco, Chubut y Buenos Aires, aunque advierte que el deterioro comienza a extenderse hacia provincias que hasta hace pocos meses exhibían equilibrio financiero.

A ese cuadro se suma otro dato que explica las serios obstáculos: la fuerte desaceleración de la recaudación provincial y la pérdida de dinamismo de la coparticipación federal, dos fuentes que representan la mayor parte de los ingresos corrientes de las administraciones subnacionales y que hoy muestran una evolución insuficiente para acompañar el crecimiento de las obligaciones salariales.

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La UOM busca revertir una pérdida salarial de 14 puntos en la reapertura de la paritaria

La organización sindical inició una nueva ronda de negociaciones con las cámaras empresarias luego de que la Justicia ratificara las facultades del interventor para conducir las paritarias. El gremio sostiene que los trabajadores arrastran un deterioro salarial de hasta 14 puntos frente a la inflación y reclama una recomposición que permita recuperar poder adquisitivo tras meses de acuerdos insuficientes.

La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) volvió a la mesa de negociación salarial con un objetivo que excede la actualización periódica de los haberes: recuperar el terreno perdido frente a la inflación después de más de un año de acuerdos que no lograron preservar el ingreso real de los trabajadores.

La primera audiencia entre los representantes gremiales y las cámaras empresarias dejó expuesta la principal demanda sindical. Según los cálculos de la organización, los salarios acumulan un atraso de entre 13 y 14 puntos respecto de la evolución de los precios, un desfase que impacta de manera directa sobre una de las ramas industriales con mayor peso en el empleo manufacturero argentino.

El reclamo adquiere mayor dimensión frente a la realidad salarial del convenio. Alrededor del 60% de los metalúrgicos percibe un salario básico de $1.036.390, una remuneración que, de acuerdo con los parámetros vigentes, permanece por debajo de la línea de pobreza. A ello se suma otro dato que preocupa al sindicato: la rama siderúrgica lleva dos años sin alcanzar un acuerdo salarial integral.

Con ese diagnóstico, las partes comenzaron a analizar mecanismos de actualización que no dependan exclusivamente de la evolución mensual del Índice de Precios al Consumidor (IPC). La intención es construir una fórmula que permita recomponer el ingreso perdido y otorgue mayor previsibilidad a una negociación condicionada por la prolongada debilidad de la industria nacional.

El deterioro de la producción, la reducción del empleo registrado y el cierre de establecimientos fabriles conforman el telón de fondo de una discusión que trasciende el plano estrictamente salarial. La evolución de la paritaria aparece estrechamente vinculada con la capacidad de sostener el entramado industrial y preservar las fuentes de trabajo en un rubro particularmente golpeado durante los últimos meses.

La negociación también pone fin a varios meses de virtual inmovilidad derivados de la disputa por la representación institucional del sindicato. Esa incertidumbre quedó despejada cuando la Sala VIII de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo confirmó las atribuciones del interventor Alberto Biglieri para conducir la organización, designar delegados paritarios y participar plenamente de las negociaciones colectivas.

Con ese respaldo judicial fueron incorporados a la mesa los representantes nombrados por la intervención: Roberto Bonetti, Daniel Martínez, Adrián Pérez, Enrique Salinas, Edgardo Holstein y Manuel Casas, quienes mantienen conversaciones con la Cámara Argentina del Acero para la rama siderúrgica y con las entidades empresarias de la industria metalmecánica, entre ellas ADIMRA, CAMIMA, AFARTE, AFAC y FEDEHOGAR.

La revisión salarial busca además corregir las limitaciones del último entendimiento, firmado en noviembre de 2025. Aquel acuerdo contempló incrementos hasta marzo mediante sumas no remunerativas que acumularon un 14% y totalizaron $160.000, importes que nunca fueron incorporados al salario básico y que, por esa razón, tuvieron un impacto limitado sobre el ingreso permanente de los trabajadores.

El proceso paritario avanza mientras la UOM continúa inmersa en una profunda reorganización institucional. La intervención fue dispuesta luego de que la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo declarara la nulidad de las elecciones realizadas en la seccional Zárate-Campana y extendiera esa decisión a los comicios nacionales en los que había sido reelecto Abel Furlán. La resolución estableció una intervención por 180 días y colocó a Biglieri al frente de la conducción provisoria.

Un nuevo pronunciamiento judicial consolidó posteriormente las atribuciones del interventor y despejó cualquier objeción respecto de la legitimidad de los representantes designados para negociar con las cámaras empresarias.

La continuidad de las conversaciones durante los próximos días permitirá medir hasta dónde existe margen para acercar posiciones entre empresarios y trabajadores. El resultado de esa negociación tendrá incidencia no sólo sobre el ingreso de miles de metalúrgicos, sino también sobre uno de los convenios colectivos más relevantes de la industria argentina, cuya evolución suele convertirse en una referencia para otras discusiones salariales del universo manufacturero.

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El bolsillo desmiente la recuperación: el 86% afirma que su salario perdió frente a la inflación

Un relevamiento nacional de Zentrix Consultora reveló que el 86,1% de los argentinos considera que sus ingresos quedaron por debajo de la inflación. La encuesta también muestra que seis de cada diez hogares agotan sus recursos antes del día 20, mientras crece la desconfianza sobre las estadísticas oficiales y se consolida una percepción de deterioro económico que atraviesa incluso a votantes del oficialismo.

La desaceleración de la inflación, uno de los principales argumentos del Gobierno para sostener la recuperación del poder adquisitivo, no encuentra correlato en la percepción de la mayoría de la población. El último Monitor de Opinión Pública (MOP), elaborado por Zentrix Consultora durante junio, refleja una amplia brecha entre los indicadores macroeconómicos difundidos por la administración nacional y la experiencia cotidiana de los hogares.

El dato central del estudio es contundente: el 86,1% de los consultados sostiene que su salario no logró acompañar el aumento de los precios. La percepción trasciende las diferencias políticas y alcanza incluso a quienes respaldan al presidente Javier Milei. Entre los votantes oficialistas, siete de cada diez reconocen que sus ingresos también perdieron capacidad de compra, mientras que entre quienes se identifican con la oposición ese porcentaje asciende al 96,6%.

La pérdida de poder adquisitivo encuentra un correlato directo en la administración de la economía doméstica. El 61% de los encuestados asegura que sus ingresos alcanzan, como máximo, hasta el día 20 de cada mes. En el extremo opuesto, apenas un 13% afirma llegar al cierre del mes con capacidad de ahorro.

El relevamiento también ofrece una radiografía de la percepción social. Más de la mitad de los participantes, el 50,2%, se identifica como integrante de la clase baja, mientras que sólo el 10,5% considera pertenecer a la clase alta. Esa autopercepción guarda una estrecha relación con la disponibilidad de ingresos: entre quienes se reconocen dentro de la clase baja, el 86,1% admite quedarse sin dinero antes de finalizar el mes, proporción que desciende al 43% en la clase media y al 11,8% entre quienes se ubican en el nivel socioeconómico más alto.

Asimismo, el documento destaca la credibilidad de las estadísticas públicas. El 68,8% considera que el índice de inflación difundido por el INDEC no refleja el aumento de precios que percibe en su vida diaria. Esa desconfianza se profundiza entre los hogares de menores recursos, donde supera el 80%, consolidando una distancia cada vez mayor entre la medición oficial y la percepción ciudadana.

La mirada sobre el futuro tampoco ofrece señales alentadoras. El 55,1% cree que las mayores dificultades económicas todavía no quedaron atrás, mientras que apenas uno de cada cuatro considera que el período más complejo ya fue superado.

Pese a ese cuadro, el estudio identifica un fenómeno político relevante. La desaprobación del Gobierno dejó de incrementarse y mostró una leve reducción respecto del mes anterior. La imagen negativa del presidente descendió del 61,2% al 56,6%, mientras que la aprobación avanzó hasta el 33,2%.

Para la consultora, esa estabilidad responde a que una parte significativa de la sociedad parece haber incorporado el ajuste como una condición persistente de la economía. Bajo esa lógica, el deterioro del ingreso continúa afectando la vida cotidiana, aunque pierde capacidad para modificar, por sí solo, la valoración política del Gobierno.

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