Trabajadores de la salud reclamaran por mejoras salariales
La Federación de trabajadores de la sanidad anunció que si no hay solución a sus demandas, aplicará una huelga nacional el martes

La Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad (Fatsa) comenzó este jueves un plan de lucha con asambleas en los lugares de trabajo, en tanto este viernes la medida seguirá con paros de tres horas por turnos, en reclamo de una recomposición salarial. Asimismo, se anunció que en caso de no llegar a un acuerdo dispondrán una huelga nacional de 24 horas para el martes próximo. «Desde el Consejo Directivo de @SanidadArg hemos decidido llevar adelante un Plan de Lucha Nacional hasta alcanzar una recomposición salarial para lxs trabajadorxs del Sector Asistencial. Nuestros salarios son impostergables», afirmó en su cuenta de Twitter Héctor Daer, secretario adjunto de Fatsa y cotitular de la Confederación General del Trabajo (CGT).
Iniciaremos un Plan de Lucha Nacional por la recomposición de los salarios de todos nuestros trabajadores #SanidadEsPrioridad», indicó, por su parte, la Federación en su cuenta de la red social.
En un comunicado, se precisó que este jueves se realizarán asambleas informativas en todos los lugares de trabajo, y que el viernes habrá paros de tres horas por turno «en todos los establecimientos asistenciales del país».
«La medida se dispuso el lunes tras una reunión en el ministerio de Trabajo donde recibimos una negativa absoluta -de parte de la Federación Argentina de Prestadores de Salud (FAPS)- a modificar los salarios», precisó Daer. «Estamos a 90 días de discutir la paritaria de este año y no pudimos todavía recomponer la paritaria del 2020», dijo y luego recordó que le «adeudan» al sector «entre el 15 y 16 por ciento».
Las medidas de fuerza se adoptan luego de que fracasaran las negociaciones paritarias, en el marco de las cuales los gremialistas pidieron un aumento del 16% a partir del mes de abril, algo que fue rechazado por las autoridades de la Federación Argentina de Prestadores de Salud (FAPS).
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CGT, 96 años: nació en medio de un golpe y convirtió la unidad sindical en una herramienta de poder
La Confederación General del Trabajo fue creada el 27 de septiembre de 1930, pocas semanas después del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen. Su origen fue el resultado de un acuerdo entre corrientes sindicales que mantenían profundas diferencias y que entendieron que la fragmentación debilitaba su capacidad de representación. La central atravesó rupturas, dictaduras, proscripciones y reunificaciones hasta convertirse en una de las instituciones centrales de la vida laboral y política argentina.
Pero el golpe no creó la necesidad de una central obrera. La discusión sobre la unidad sindical venía de antes. Durante las décadas previas, el movimiento obrero había construido una extensa red de sindicatos, federaciones y centrales atravesadas por diferencias profundas sobre la relación con el Estado, los partidos políticos, la huelga y el papel de las organizaciones de trabajadores.
En la década de 1920 convivían distintas tradiciones. La Confederación Obrera Argentina (COA) reunía principalmente a sindicatos de orientación socialista; la Unión Sindical Argentina (USA) expresaba la tradición sindicalista revolucionaria; la FORA mantenía la influencia anarquista, mientras los comunistas desarrollaban sus propias estructuras. No se trataba de matices dentro de una misma corriente, sino de concepciones diferentes acerca de la organización y la acción obrera.
La idea de construir una organización común comenzó a ganar fuerza antes del golpe. La Federación Obrera Poligráfica Argentina (FOPA) había impulsado desde 1927 una propuesta de unidad que buscaba reunir a las principales expresiones sindicales. La fragmentación, frente a un empresariado organizado y a un Estado que podía recurrir a la represión, comenzaba a ser percibida por distintos dirigentes como una limitación concreta para defender intereses comunes.
El 6 de septiembre de 1930 cambió las condiciones políticas. La interrupción del orden constitucional, la persecución de organizaciones obreras y el avance del desempleo en medio de la crisis económica internacional aceleraron aquellas conversaciones. Tres semanas después, el 27 de septiembre, delegados de la COA y la USA conformaron una nueva central y adoptaron el nombre de Confederación General del Trabajo de la República Argentina. El primer secretario general fue el dirigente ferroviario Luis Cerutti.
La nueva organización no representó a todas las corrientes del movimiento obrero. La FORA anarquista permaneció fuera de aquella construcción y los comunistas conservaron estructuras propias. Por eso, la fundación de la CGT no significó el final de las diferencias: fue, en realidad, el comienzo de una experiencia de unidad que durante décadas tendría que atravesar nuevas fracturas y acuerdos.
Tampoco existió una institucionalización inmediata. La central funcionó durante sus primeros años con una estructura todavía en proceso de consolidación y recién entre el 31 de marzo y el 2 de abril de 1936 realizó su Congreso Constituyente. La documentación histórica del Ministerio de Trabajo señala precisamente ese intervalo de casi seis años entre la creación de la central y su organización formal.
En 1935, además, la disputa interna desembocó en una nueva fractura. Los socialistas ganaron peso en la conducción y los sindicalistas que habían encabezado inicialmente la central quedaron desplazados. La división derivó en la existencia de dos CGT y volvió a demostrar que la unidad alcanzada en 1930 no era irreversible.
El proceso adquirió otra dimensión a partir de 1943. El golpe que derrocó a Ramón Castillo abrió una etapa en la que Juan Domingo Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, construyó una relación cada vez más estrecha con importantes organizaciones sindicales. La CGT se convirtió en un actor central de esa transformación y llegó al 17 de octubre de 1945 con una capacidad de movilización que la colocaría en el centro de la escena política nacional.
La movilización de aquel día, protagonizada por miles de trabajadores que confluyeron en Plaza de Mayo para reclamar la liberación de Perón, marcó un punto de inflexión. El triunfo electoral del peronismo en 1946 profundizó la gravitación de la central, que durante los años siguientes pasó a ocupar un lugar decisivo en la estructura del movimiento obrero y en la relación entre sindicatos y Estado.
La historia posterior estuvo marcada por nuevas rupturas. Después del derrocamiento de Perón en 1955, la proscripción del peronismo y las restricciones sobre las organizaciones sindicales obligaron al movimiento obrero a reorganizarse. La CGT atravesó intervenciones, divisiones y distintas experiencias de conducción mientras conservaba un peso significativo en la vida política argentina.
Ese papel volvió a adquirir una dimensión dramática durante la última dictadura. Tras el golpe del 24 de marzo de 1976, la CGT fue disuelta y los sindicatos intervenidos. La legislación represiva restringió severamente el derecho de huelga y numerosos dirigentes, delegados y militantes obreros fueron perseguidos, encarcelados, torturados y desaparecidos.
Documentación oficial sobre la historia del sindicalismo argentino señala al golpe de 1976 como una de las etapas más graves de persecución contra el movimiento obrero.
En ese período también surgieron expresiones de resistencia sindical. El 27 de abril de 1979, la Comisión de los 25 convocó al primer paro general contra la dictadura. Posteriormente llegaron la movilización a San Cayetano de 1981, la protesta de Plaza de Mayo de 1982 y la marcha de “Paz, Pan y Trabajo”, hitos que contribuyeron a recuperar la presencia pública del sindicalismo en los últimos años del régimen militar.
Con el retorno democrático, la CGT recuperó su funcionamiento institucional, aunque las divisiones internas continuaron. Hubo distintas conducciones y centrales durante las décadas siguientes, hasta que en 2016 tres espacios confluyeron en un nuevo esquema de conducción colegiada integrado por Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid. En 2021, la central volvió a organizar un triunvirato, esta vez con Daer, Acuña y Pablo Moyano.
La conducción volvió a modificarse en noviembre de 2025. El Congreso General Ordinario eligió como secretarios generales a Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello, según la nómina oficial de autoridades de la central. Héctor Daer quedó al frente de la Secretaría de Relaciones Institucionales y Carlos Acuña asumió la Secretaría de Turismo.
La propia sede histórica de la CGT, en Azopardo 820, sintetiza parte de ese recorrido. El edificio fue inaugurado el 18 de octubre de 1950 y recibió la declaración de Monumento Histórico Nacional mediante el Decreto 1233/2007, que reconoció su importancia dentro de la historia del movimiento obrero argentino.
A 96 años de su fundación, la trayectoria de la CGT muestra que la unidad sindical nunca fue un punto de llegada definitivo. Desde aquel acuerdo entre organizaciones que mantenían diferencias ideológicas hasta las sucesivas rupturas y reunificaciones del siglo XX y XXI, la central construyó su identidad alrededor de una negociación permanente entre intereses, tradiciones y modelos de conducción.
Ese rasgo explica también su permanencia. La CGT no nació porque las organizaciones obreras hubieran dejado de discrepar, sino porque encontraron una razón concreta para actuar juntas en un momento de fuerte presión política y económica. Casi un siglo después, esa misma tensión entre unidad, autonomía, representación y capacidad de acción continúa formando parte de la historia cotidiana del sindicalismo argentino.
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La CGT reunió a especialistas y gremios para discutir el futuro de la seguridad social
La CGT reunió a dirigentes sindicales y especialistas en Seguridad Social para analizar el presente y el futuro del régimen previsional. Durante el encuentro cuestionaron el deterioro de las condiciones de vida de los jubilados, reclamaron solidaridad y sostenibilidad y advirtieron sobre cambios que, según plantearon, podrían debilitar la protección estatal.
La seguridad social volvió a ocupar un lugar central en la agenda sindical con la realización de un Foro Federal sobre el Sistema Previsional en la sede de la CGT, donde dirigentes gremiales y especialistas analizaron el funcionamiento del régimen jubilatorio y plantearon la necesidad de preservar los derechos de los adultos mayores.
El encuentro reunió a representantes del movimiento obrero y abogados especializados en Seguridad Social, en una discusión que tuvo como principales ejes la sostenibilidad del sistema, el papel del Estado y las condiciones de vida de quienes acceden a una jubilación.
«Durante el encuentro, se remarcó la importancia de incluir a los jubilados en el debate previsional y se alertó sobre iniciativas que puedan vulnerar sus derechos».
La discusión también incorporó una dimensión laboral. Para los dirigentes sindicales, el funcionamiento del régimen previsional no puede analizarse separado de la evolución del empleo registrado, los niveles salariales y el financiamiento de la Seguridad Social.
Reclamo por solidaridad y sostenibilidad
Fabián Montaño, secretario general de APOPS, uno de los sindicatos que representan a trabajadores de ANSES, pidió combinar solidaridad y sostenibilidad para garantizar la continuidad del sistema previsional.
El dirigente sostuvo que esa discusión resulta indispensable para preservar el futuro de la previsión social y vinculó el reclamo con una concepción más amplia de soberanía y justicia social.
En la misma jornada, los secretarios generales de la CGT Octavio Argüello y Cristian Jerónimo remarcaron la importancia de incorporar una mirada política al debate sobre la Seguridad Social.
Argüello planteó la necesidad de construir un camino que permita recuperar expectativas para los argentinos, mientras que Jerónimo cuestionó las políticas económicas del Gobierno nacional y sostuvo que existe una transferencia de recursos desde los sectores de menores ingresos hacia los grupos de mayor poder económico.
Las afirmaciones corresponden a la posición expresada por los dirigentes durante el foro y forman parte del debate sindical sobre las prioridades de la política económica y social.
El papel del Estado, bajo discusión
Los especialistas convocados incorporaron una mirada jurídica y estructural sobre el régimen previsional.
El abogado Gabriel Yamuni, especialista en Seguridad Social, señaló que el sistema atraviesa una etapa de vulnerabilidad y reclamó recuperar su función como instrumento estatal orientado a la distribución de ingresos. En su exposición cuestionó además políticas que, según su interpretación, reproducen lineamientos asociados a organismos financieros internacionales.
A su turno, la abogada Adriana Micale vinculó las dificultades previsionales con la transformación del mercado laboral y el crecimiento del empleo informal. Su planteo apuntó a una de las cuestiones estructurales del financiamiento previsional: cuanto menor es el nivel de registración laboral, menor resulta la base de aportes sobre la que se sostiene el sistema contributivo.
La vida cotidiana de los jubilados
Uno de los planteos más fuertes estuvo relacionado con el poder adquisitivo de los adultos mayores.
El especialista Dr. Bustos puso el foco en las decisiones que deben afrontar diariamente muchos jubilados y sostuvo que cuando una persona debe optar entre comprar alimentos o medicamentos, su libertad efectiva queda severamente condicionada. También aludió a situaciones extremas de angustia vinculadas con la imposibilidad de sostener los gastos familiares.
La exposición trasladó la discusión desde las variables financieras del sistema hacia sus efectos concretos: medicamentos, alimentación, vivienda y otros gastos esenciales que inciden de manera directa sobre los ingresos de los adultos mayores.
El Foro Federal dejó planteada, de ese modo, una discusión que continuará atravesando al movimiento sindical: cómo garantizar un régimen previsional sostenible sin convertir el equilibrio financiero en el único criterio para definir el nivel de protección de quienes llegan a la vejez.
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Electrolux cierra su planta en Rosario y analiza unos 100 despidos
La multinacional sueca confirmó el cierre de su planta rosarina y reemplazará la fabricación local por productos elaborados en otras instalaciones de su red internacional. En el establecimiento trabajan unos 180 operarios y la UOM estima que alrededor de 100 podrían quedar desvinculados.
La multinacional sueca Electrolux dejará de fabricar electrodomésticos en la Argentina y cerrará su planta industrial de Rosario a partir del 26 de septiembre, en una decisión que modifica por completo su esquema productivo en el país. La compañía continuará comercializando las marcas Electrolux y Gafa, pero abastecerá el mercado argentino con productos fabricados en otras plantas del grupo e ingresados mediante importaciones.
El establecimiento de avenida José Batlle y Ordóñez cuenta actualmente con unos 180 trabajadores, mientras que la compañía emplea alrededor de 300 personas en todo el territorio nacional. Según la información difundida tras la comunicación empresarial, se analizan unas 100 desvinculaciones vinculadas con el cierre.
La decisión completa un proceso de reducción que se aceleró durante el último año. La planta atravesó suspensiones, retiros voluntarios y la discontinuidad de distintas líneas de producción, hasta quedar concentrada en una cantidad cada vez menor de productos.
La empresa comunicó que la transformación responde a una evolución hacia un modelo de abastecimiento global, basado en la red internacional de fabricación del grupo. Electrolux sostuvo que busca adaptar su estructura a las condiciones del mercado y mejorar la eficiencia de sus operaciones. La compañía seguirá presente en la Argentina a través de sus marcas, además de mantener la garantía oficial, el servicio técnico y la disponibilidad de repuestos.
Una fábrica que redujo su dotación de manera drástica
El cierre no constituye una decisión aislada. En octubre de 2025, la planta había aplicado suspensiones rotativas que alcanzaron a unos 400 trabajadores, en un período marcado por la reducción de ventas y la acumulación de stock.
En marzo de 2026, la compañia puso en marcha un programa de retiros voluntarios que inicialmente contemplaba alrededor de un centenar de empleados. Más de 130 trabajadores terminaron adhiriendo al esquema, según la información difundida por la representación gremial.
Luego se produjo el retiro progresivo de distintas líneas. La empresa dejó de fabricar cocinas y posteriormente discontinuó la producción de heladeras. La fabricación quedó limitada a determinados modelos de freezers y lavarropas antes de desembocar en el cierre definitivo de la actividad industrial.
El repliegue también alcanzó a Frimetal, vinculada al grupo Electrolux y dedicada al ensamblado de heladeras en Rosario, que había dejado de producir esos equipos. La reestructuración terminó por dejar sin fabricación local a las principales líneas que permanecían en la ciudad.
El contraste con años anteriores es significativo. Según el secretario general de la UOM Rosario, Antonio Donello, la planta llegó a tener unos 800 trabajadores en 2023 y actualmente la dotación ronda los 180. El dirigente calificó el cierre como un nuevo golpe para el empleo industrial y cuestionó el crecimiento de las importaciones.
“Casi 200 compañeros van a quedar en la calle”, sostuvo Donello, quien vinculó la situación con la caída del consumo y la mayor participación de productos importados. El dirigente gremial advirtió además que la pérdida de puestos industriales tiene efectos sobre el poder de compra de las familias y, por esa vía, sobre el propio consumo.
La UOM prepara un reclamo administrativo y judicial
La comunicación del cierre tomó por sorpresa a la representación sindical. El abogado de la UOM Rosario, Pablo Cerra, explicó que la organización esperaba participar de una reunión destinada a presentar a nuevas autoridades de Recursos Humanos de la compañía, pero que minutos antes se modificó el motivo del encuentro.
Según Cerra, allí se informó que representantes contratados desde Buenos Aires habían sido convocados para llevar adelante el proceso de cierre. La UOM cuestionó el procedimiento y anticipó que buscará impugnar los despidos y exigir el cumplimiento de las instancias legales correspondientes.
El gremio ya solicitó una audiencia ante el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, prevista para el lunes, donde planteará su posición frente a las desvinculaciones. La comisión interna deberá definir además las próximas medidas junto con los trabajadores.
El planteo gremial introduce una disputa que excede la decisión empresaria: mientras Electrolux presenta la transformación como una reorganización de su modelo operativo, la UOM cuestiona tanto el cierre como el procedimiento utilizado para avanzar con las desvinculaciones.
Del producto argentino al abastecimiento importado
El cambio supone que heladeras, freezers y lavarropas que hasta ahora se fabricaban en Rosario dejarán de producirse localmente. La compañía utilizará en adelante productos provenientes de otras instalaciones de su red internacional, con Brasil y China entre los mercados mencionados por la representación sindical.
La modificación se produce mientras el mercado argentino de electrodomésticos atraviesa una transformación en el origen de la oferta. Datos del INDEC muestran que la venta de artículos para el hogar continúa siendo monitoreada en un contexto de cambios en las cantidades comercializadas y en la composición del consumo.
En el primer trimestre de 2025, por ejemplo, el organismo estadístico registró 209.636 heladeras vendidas, un aumento interanual de 115,5%, y 177.448 lavarropas, con una suba de 99,9% en unidades respecto del mismo período anterior. Los datos muestran el tamaño de un mercado en el que la discusión ya no pasa solamente por cuánto se vende, sino también por dónde se fabrican los productos que llegan a los consumidores.
A comienzos de septiembre, además, el Gobierno cerró una investigación sobre la importación de lavarropas provenientes de China sin establecer derechos antidumping definitivos, una resolución que dejó abierto el ingreso de esos productos al mercado argentino.
Para la UOM, esa transformación representa una amenaza para la continuidad de la matriz industrial de la línea blanca. Donello sostuvo que el problema no se limita a Electrolux y reclamó preservar capacidades productivas vinculadas con heladeras, cocinas y freezers.
El cierre pone fin a una secuencia de reducción de personal, suspensiones y discontinuidad de productos que se extendió durante casi un año. Ahora resta determinar cuántos trabajadores serán finalmente desvinculados y qué estructura conservará Electrolux en Rosario.
Para los empleados, el cambio representa la pérdida de una fuente laboral que durante años estuvo asociada a la producción de electrodomésticos en esa ciudad. Para la industria, el caso suma una nueva discusión sobre el peso que tendrán las importaciones frente a la fabricación local en el mercado argentino de línea blanca.
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