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La Unión Tranviarios Automotor (UTA) expresó este viernes su «profunda preocupación» por la situación que viven miles de trabajadores del transporte público de todo el interior del país, en razón de la «gravísima falta de pagos de los haberes», por lo que advirtió con impulsar medidas de fuerza si la situación no mejora.

El gremio que conduce Roberto Fernández dijo en un comunicado que la falta de pago de salarios se suma a una «cantidad de irregularidades» laborales por las que vienen reclamando dado que «vulneran las condiciones dignas de trabajo».

«Hace tiempo estamos redoblando los esfuerzos para encontrar soluciones en todas las instancias que corresponden, no obstante estamos llegando a un límite frente a la falta de respuesta, y en consecuencia avanzaremos en la profundización de las medidas de fuerza hasta tanto se nos escuche», dijo la UTA.

El gremio consideró que es «incoherente» la posición rígida de los empresarios que pareciera que desconocen que sus propios negocios se sostienen por el esfuerzo permanente de los trabajadores, como también «resulta doloroso ver la actitud de un gobierno que manifiesta defender los derechos de la justicia social y permite que los trabajadores hoy deban sobrellevar también otra pandemia, la del desprecio y la desconsideración».

«Habiendo asumido el compromiso de los esenciales durante toda esta crisis sanitaria, en la que muchas familias de compañeros sufrieron pérdidas irreparables, porque muchos hasta dieron la vida afectados por el maldito virus, resulta entonces irracional el silencio y la inacción de todos los que debieran ser responsables y que vienen demostrando que no están a la altura de las circunstancias», se quejó la UTA.

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Advierten que tres de cada cuatro rutas nacionales presentan deterioro crítico

Un informe impulsado por sectores técnicos, sindicales y asociaciones de usuarios señala que cerca del 75% de la red vial nacional se encuentra en estado regular o malo. La advertencia pone el foco en la seguridad, la inversión pública y el rol del Estado.

La infraestructura vial argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. Un relevamiento difundido por organizaciones vinculadas al sector advierte que aproximadamente tres de cada cuatro rutas nacionales presentan condiciones deficientes, un registro que enciende señales de alarma en torno a la seguridad de quienes transitan a diario por estos corredores estratégicos.

El diagnóstico, respaldado por trabajadores, especialistas y asociaciones de usuarios, atribuye el deterioro a la interrupción de obras y a la reducción de tareas de conservación básica. Según sostienen, la falta de intervención sostenida aceleró el desgaste de la red, afectando tanto la transitabilidad como los estándares de seguridad. La consecuencia inmediata —advierten— es una mayor exposición a siniestros, especialmente en tramos donde el deterioro del pavimento, la señalización insuficiente y la ausencia de mantenimiento configuran un riesgo permanente.

En este punto, se conformó un espacio multisectorial que reúne a empleados de Vialidad Nacional, técnicos de organismos vinculados al transporte y la seguridad vial, junto a familiares de víctimas y usuarios autoconvocados. El objetivo es visibilizar la situación y promover un abordaje integral que permita revertir el cuadro actual. La iniciativa incluye la participación de trabajadores de la Agencia Nacional de Seguridad Vial y de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, entre otros actores con injerencia directa en la materia.

Desde estos sectores también surgieron cuestionamientos a la expansión de esquemas de concesión mediante peajes. Si bien reconocen la necesidad de financiamiento, plantean que este modelo no resuelve los problemas estructurales de la red y puede profundizar desigualdades territoriales. En particular, advierten que la lógica de rentabilidad podría relegar tramos menos transitados pero igualmente esenciales para la conectividad regional, consolidando un sistema fragmentado y con cobertura desigual.

Otro de los ejes de preocupación es el debilitamiento de organismos públicos clave. Referentes sindicales sostienen que la reducción de capacidades operativas y técnicas limita la posibilidad de planificar, ejecutar y controlar políticas viales de largo alcance. Esta situación, afirman, impacta de manera directa en la prevención de accidentes y en la calidad de los servicios asociados al transporte.

La problemática será expuesta este jueves 7 de mayo a las 12 en la sede del Sindicato de Empleados Viales Nacionales (SEVINA), en la Ciudad de Buenos Aires. Allí, el secretario general de ATE Nacional, Rodolfo Aguiar, junto a representantes sindicales y organizaciones del sector, presentará un diagnóstico detallado y un conjunto de propuestas orientadas a atender la emergencia. Bajo la consigna “en defensa de la vida”, los convocantes buscarán instalar el tema en la agenda pública y reclamar definiciones concretas.

Más allá de las diferencias en torno a los modelos de gestión, existe un consenso amplio respecto de la necesidad de intervenir con urgencia. La red vial no solo es un componente esencial para la circulación de bienes y personas, sino también un factor determinante en la reducción de la siniestralidad. Su estado, por lo tanto, trasciende la discusión técnica y se inscribe en el terreno de las políticas públicas prioritarias.

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La Cámara Contencioso Administrativa presiona a Ojeda para que envíe el expediente clave de la reforma laboral

La Cámara Contencioso Administrativo Federal intimó al juez laboral Raúl Ojeda a remitir en 24 horas la causa iniciada por la CGT contra el Estado Nacional. La resolución cierra la controversia sobre la competencia judicial y reencauza el proceso hacia un nuevo ámbito de definición.

La controversia judicial en torno a la Ley de Modernización Laboral sumó un capítulo decisivo con la intervención de la Sala IV de la Cámara Contencioso Administrativo Federal, que dispuso un plazo perentorio para que el juez laboral Raúl Ojeda remita el expediente iniciado por la Confederación General del Trabajo (CGT). La orden, de cumplimiento inmediato, busca hacer efectiva una decisión previa que ya había definido el fuero competente para entender en la causa.

El pronunciamiento lleva las firmas de los camaristas Jorge Eduardo Morán, Rogelio W. Vincenti y Marcelo Daniel Duffy, quienes consideraron que la discusión sobre la competencia se encuentra definitivamente zanjada conforme al artículo 20 de la Ley 26.854. En consecuencia, requirieron al titular del Juzgado Nacional del Trabajo N° 63 que remita el expediente “Confederación General del Trabajo de la República Argentina c/ Estado Nacional – Poder Ejecutivo Nacional s/ acción declarativa” dentro del plazo de 24 horas, bajo apercibimiento implícito de incurrir en incumplimiento judicial.

La decisión no solo establece un límite temporal preciso, sino que también introduce un elemento de orden en un trámite que venía signado por resoluciones contrapuestas. El expediente en cuestión adquirió notoriedad luego de que Ojeda dictara una medida cautelar que suspendió la aplicación de la reforma laboral promovida por el Gobierno, una determinación que modificó el ritmo de implementación de la norma y activó una inmediata reacción por parte del Ejecutivo y de actores económicos interesados en el desenlace.

En ese marco, la discusión sobre el fuero competente adquirió centralidad. Mientras la Justicia del Trabajo entendía que debía intervenir por tratarse de un conflicto vinculado a derechos laborales, la jurisdicción contencioso administrativa sostuvo que la naturaleza de la demanda —dirigida contra el Estado Nacional— exigía su tratamiento en ese ámbito. La resolución de la Cámara viene a cerrar esa controversia y a establecer un criterio uniforme para la continuidad del proceso.

El fallo incorpora además un dato relevante en términos operativos: la habilitación de días y horas inhábiles para concretar las notificaciones, lo que evidencia la intención del tribunal de evitar nuevas dilaciones. La medida alcanza tanto al juzgado de origen como a la Sala VII de la Cámara Nacional del Trabajo, consolidando así un circuito de comunicación que refuerza la obligatoriedad de la orden.

Detrás de la disputa procesal subyace un conflicto de mayor alcance. La reforma laboral impulsada por el Gobierno se encuentra atravesada por objeciones sindicales y cuestionamientos jurídicos que ponen en juego principios consagrados en la legislación vigente. La CGT, impulsora de la acción judicial, sostiene que la norma vulnera derechos fundamentales de los trabajadores y defiende la intervención del fuero laboral como ámbito natural para su tratamiento. Del otro lado, el Ejecutivo y sectores empresariales buscan revertir la suspensión y acelerar la vigencia de la ley.

El expediente también registra la participación de terceros interesados, como la Sociedad Rural Argentina, que solicitó intervenir en el proceso, lo que añade complejidad a la tramitación. En ese aspecto, se han formulado críticas cruzadas entre los distintos actores del sistema judicial, con cuestionamientos sobre la actuación de magistrados y sobre la consistencia de algunas resoluciones adoptadas en instancias previas.

La intimación dirigida a Ojeda introduce ahora un momento decisivo. El magistrado deberá resolver en un plazo exiguo si acata la orden y remite el expediente o si abre un nuevo frente de discusión institucional. Un eventual incumplimiento podría derivar en consecuencias procesales o incluso en evaluaciones disciplinarias, lo que elevaría el nivel de exposición del caso.

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Acuerdo inesperado: La Rioja redefine su estrategia minera y pacta con Vicuña para reactivar el proyecto

El Gobierno riojano y la compañía minera solicitaron de manera conjunta a la Justicia levantar la restricción que impedía el acceso al yacimiento ubicado en San Juan. El entendimiento introduce condiciones exigidas por la provincia y abre una nueva etapa en una disputa que combinó reclamos ambientales, intereses económicos y tensiones interprovinciales.

El conflicto que había paralizado el acceso a un yacimiento estratégico en la región cuyana ingresó en una fase de redefinición política e institucional. El Gobierno de La Rioja y la empresa Vicuña formalizaron ante la Justicia un pedido conjunto para dejar sin efecto la restricción que impedía la circulación hacia la explotación, ubicada en territorio de San Juan pero con acceso logístico a través de suelo riojano.

La presentación fue realizada ante la jueza María Greta Decker, titular de la Segunda Circunscripción Judicial con asiento en Chilecito. El planteo, impulsado por el fiscal de Estado Emilio Rodríguez, solicita la suspensión provisoria de la medida cautelar que había limitado el tránsito durante 30 días, en una resolución que inicialmente había sido promovida por el propio Ejecutivo provincial.

Ese dato no es menor. La administración encabezada por Ricardo Quintela había recurrido a la vía judicial para exigir el cumplimiento de compromisos previos y la presentación de estudios de impacto ambiental, invocando la tutela constitucional del ambiente. La decisión derivó en el cierre del paso y en una reacción inmediata desde San Juan, donde se cuestionó la legitimidad del reclamo riojano sobre una actividad radicada en su jurisdicción.

El cambio de postura revela una recalibración estratégica. Tras días de fricciones y con la actividad paralizada, el Ejecutivo riojano avanzó en un entendimiento con la empresa que introduce condiciones concretas para habilitar el tránsito y retomar las operaciones. El acuerdo no implica un retroceso sin contraprestaciones: establece una serie de exigencias que la provincia considera determinantes para su participación en los beneficios derivados de la explotación.

Entre esos puntos, se destaca la obligación de incorporar mano de obra local y priorizar proveedores riojanos, con especial énfasis en el entramado productivo del Valle del Bermejo. A ello se suma un argumento de carácter territorial: la mayor parte del camino de acceso —cerca del 80%— atraviesa suelo riojano, lo que, según la visión oficial, justifica su intervención en la distribución del impacto económico.

La negociación también reordena el clima social en la zona. La localidad de Guandacol había sido uno de los epicentros del conflicto, con protestas y cortes sobre la Ruta 40 protagonizados por trabajadores y sectores vinculados a la actividad minera. La difusión del acuerdo y la expectativa de reactivación llevaron a una descompresión inmediata, con el levantamiento de las medidas de fuerza.

Sin embargo, el desenlace aún depende de una decisión judicial. La magistrada deberá resolver si acepta la suspensión de los efectos de la cautelar, lo que habilitaría formalmente la reapertura del camino. Hasta entonces, la presencia policial en la zona continuará para garantizar el cumplimiento de la resolución vigente.

Más allá del resultado inmediato, el episodio deja al descubierto una disputa más amplia. La minería, actividad de alto impacto económico, vuelve a poner en primer plano la relación entre provincias, la administración de recursos y la distribución de los beneficios. También evidencia las tensiones entre la protección ambiental y la necesidad de sostener niveles de inversión y empleo en economías regionales con escasas alternativas de desarrollo.

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