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El cálculo está hecho en base a una pareja de pareja de 35 años con dos hijos en edad escolar

Los trabajadores del Indec, nucleados en ATE, llevan a cabo informes periódicos sobre la evolución salarial del país. En ese marco, presentaron un relevamiento que detalla de cuánto debería ser el salario mínimo, actualizado a octubre de 2020 y a días de la nueva convocatoria paritaria del sector público.  Según lo analizado, «un hogar constituido por una pareja de 35 años con dos hijos en edad escolar necesitó, en octubre de 2020, de 76.507,50 pesos para satisfacer sus necesidades». Además precisaron que este valor se compone de 25.729 pesos necesarios para adquirir una Canasta Alimentaria Mínima y de 50.778,50 pesos para acceder a otros bienes y servicios básicos.

Desde ATE,  apuntaron que «las canastas utilizadas para este ejercicio no son las utilizadas por el organismo para la medición de la pobreza, que este mes llegó a 49.912 pesos para una familia tipo8, sino que son las llamadas «Canastas de Consumos Mínimos» y surgieron como propuesta metodológica innovadora en el INDEC, aunque todavía no se han aplicado en las mediciones oficiales»

Explicaron que «estas canastas indican un piso para que cada asalariado esté en condiciones de cubrir las necesidades básicas de su núcleo familiar y, de esa manera, no ser susceptible de caer en la pobreza». Y añadieron que «por tanto, ningún trabajador debería ganar -de bolsillo- menos que el valor calculado en este ejercicio», concluyen.

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ATSA cerró la paritaria del sector privado con aumentos hasta agosto

El sindicato de la Sanidad selló un acuerdo con las cámaras empresarias de clínicas, sanatorios, centros de diagnóstico y hospitales de comunidad. El entendimiento contempla incrementos acumulativos del 7,4% entre junio y agosto, bonos mensuales de hasta $90.000 y una reestructuración de las escalas salariales que impactará sobre los básicos.

La Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA) alcanzó un acuerdo salarial con las cámaras empresarias del sector asistencial privado y puso fin a una negociación que se había extendido durante varias semanas en medio de fuertes diferencias entre las partes.

El convenio abarca a los trabajadores comprendidos en los Convenios Colectivos de Trabajo 122/75, que incluye clínicas, sanatorios, geriátricos y establecimientos neuropsiquiátricos; 108/75, correspondiente a institutos médicos, odontológicos, laboratorios y centros de diagnóstico sin internación; y 103/75, que regula la actividad en hospitales de comunidad.

La actualización salarial se aplicará en tres etapas acumulativas. El acuerdo establece un incremento del 3,7% para junio, un 2% en julio y un 1,6% en agosto, lo que representa una recomposición acumulada cercana al 7,4% para el trimestre.

A esa mejora se sumarán asignaciones no remunerativas de carácter extraordinario. Los trabajadores percibirán un bono de $90.000 durante junio, otro de igual monto en julio y una suma de $80.000 en agosto.

Uno de los puntos centrales de la negociación fue la modificación de la estructura salarial prevista para agosto. El entendimiento contempla la incorporación de $12.000 al salario básico de la categoría inicial de cada convenio, monto que se trasladará proporcionalmente al resto de las categorías. Simultaneamente, se absorberán $10.000 de las sumas no remunerativas vigentes, en un proceso orientado a fortalecer los haberes permanentes.

Las nuevas escalas ubicarán a los profesionales universitarios entre los salarios más altos de la actividad. En el convenio correspondiente a clínicas, sanatorios, geriátricos y neuropsiquiátricos, bioquímicos, farmacéuticos, nutricionistas y kinesiólogos percibirán en agosto remuneraciones cercanas a $1,5 millones.

Una situación similar se registrará en el convenio que agrupa a centros de diagnóstico, laboratorios e institutos médicos sin internación, donde las categorías profesionales alcanzarán ingresos del mismo orden, mientras que los trabajadores de Primera Categoría rondarán los $1,4 millones.

La firma del acuerdo llegó después de una negociación particularmente compleja. Desde ATSA habían rechazado las primeras propuestas empresarias por considerarlas insuficientes frente al deterioro del poder adquisitivo y advirtieron que no aceptarían mecanismos que consolidaran salarios por debajo de la evolución de los precios.

Las cámaras empresarias, por su parte, atribuyeron las dificultades para mejorar la oferta a la situación financiera que atraviesan numerosos prestadores privados. Argumentaron que clínicas, sanatorios y centros médicos enfrentan atrasos en las actualizaciones que reciben de obras sociales, prepagas y otros financiadores del sistema, lo que afecta sus márgenes operativos.

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San Juan abre la discusión salarial docente y prepara un plan de retiros voluntarios

El Gobierno convocó a los gremios docentes para el 30 de junio y confirmó que trabaja en un programa de retiros voluntarios que formará parte de una estrategia más amplia de modernización estatal. La iniciativa buscará reducir gradualmente el peso del empleo público sin afectar derechos previsionales ni cobertura de salud.

La gestión de Marcelo Orrego comienza a delinear dos decisiones centrales para la segunda mitad del año: la política salarial de los trabajadores estatales y una reforma administrativa orientada a redefinir la estructura del empleo público provincial.

En ese marco, el ministro de Economía, Hacienda y Finanzas, Roberto Gutiérrez, confirmó que el Gobierno convocó a los gremios docentes para el próximo 30 de junio, encuentro en el que comenzará a discutirse la pauta salarial para el segundo semestre. La negociación se desarrollará en un contexto marcado por la desaceleración inflacionaria, pero también por la persistente pérdida de poder adquisitivo registrada en los últimos años.

El esquema de retiros voluntarios contemplará mecanismos de protección para quienes adhieran, incluyendo la continuidad de la obra social y la preservación de los aportes previsionales. El desafío para el Gobierno será compatibilizar la necesidad de ordenar las cuentas públicas y modernizar la administración con la demanda de estabilidad laboral de miles de trabajadores estatales.

Con la reapertura de la discusión salarial y el inminente anuncio de la desvinculación concertada, la gestión provincial pone en marcha una agenda que combina negociación gremial, reorganización administrativa y búsqueda de mayor eficiencia en el aparato estatal, uno de los ejes que pretende consolidar durante la segunda etapa de gobierno.

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Pulseada sindical: la CGT se divide entre una huelga nacional y un plan de desgaste

El Consejo Directivo de la CGT definirá esta semana una nueva hoja de ruta frente al Gobierno nacional. Mientras un sector reclama una huelga de 36 horas y medidas más contundentes, la conducción impulsa un esquema de protestas sectoriales inspirado en la experiencia sindical francesa. La discusión refleja diferencias tácticas, pero también la disputa por el liderazgo de la central obrera en un clima de ajuste, despidos y caída del poder adquisitivo.

La reunión que el Consejo Directivo de la CGT celebrará este jueves en la sede de Azopardo pondrá en escena algo más que la definición de un plan de lucha. Lo que está en discusión es la estrategia sindical para enfrentar la etapa más compleja de la gestión de Javier Milei y, al mismo tiempo, la capacidad de la central obrera para sostener una conducción unificada en medio de intereses y diagnósticos cada vez más divergentes.

Dos posiciones aparecen hoy claramente diferenciadas. Por un lado, un bloque integrado por dirigentes como Luis Barrionuevo, Omar Maturano y Roberto Fernández impulsará la convocatoria a un paro nacional de 36 horas. Consideran que el deterioro del empleo, la pérdida de ingresos y la situación financiera de las obras sociales exigen una respuesta de alto impacto que logre paralizar la actividad económica y enviar una señal política contundente al Gobierno.

Del otro lado, la conducción cegetista y los sectores más dialoguistas rechazan avanzar hacia una nueva huelga general en el corto plazo. Su propuesta consiste en desarrollar un esquema de conflictividad progresiva basado en protestas sectoriales, asambleas, movilizaciones y medidas de fuerza alternadas, con la intención de acumular presión social y ampliar las alianzas con otros sectores afectados por la política económica oficial.

La discusión no es nueva. La semana pasada, durante un encuentro con referentes sindicales de la industria, el transporte, la energía y la alimentación, ya había quedado en evidencia el malestar frente al cuadro económico. Sin embargo, la propuesta de una huelga por tiempo indeterminado planteada por Maturano no encontró respaldo suficiente, mientras que la idea de avanzar con acciones graduales reunió mayores consensos.

Detrás del debate táctico subyace una preocupación compartida. Los principales gremios coinciden en señalar el impacto de la caída del consumo, la desaceleración de la actividad productiva, los despidos registrados en distintos sectores y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. La diferencia radica en cómo traducir ese diagnóstico en una estrategia sindical eficaz.

La conducción de la CGT, donde convergen dirigentes de peso como Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, Hugo Moyano y José Luis Lingeri, entiende que hoy no existen condiciones políticas ni gremiales para sostener una medida de fuerza de gran alcance. Además, cuestiona a los sectores que reclaman paros generales de manera recurrente sin garantizar luego niveles significativos de adhesión en sus propias estructuras.

En este aspecto, la central obrera busca fortalecer la coordinación con las dos CTA para construir una agenda común que incluya movilizaciones federales y eventuales medidas de alcance nacional. El objetivo es ampliar la base de sustentación de las protestas y evitar que el conflicto quede circunscripto exclusivamente al ámbito sindical.

La situación de las obras sociales también aparece entre las prioridades. La caída de recursos y el aumento de los costos prestacionales generan grandes dificultades financieras en gran parte del sistema, una problemática que varios dirigentes consideran tan urgente como la discusión salarial y laboral.

La reunión del jueves servirá para definir una metodología de acción, pero también funcionará como una prueba de cohesión interna. La CGT enfrenta el desafío de responder a un presente económico adverso sin profundizar sus propias fracturas. Entre quienes reclaman una confrontación inmediata y quienes prefieren una estrategia de desgaste sostenido, la central obrera busca encontrar un equilibrio que le permita conservar influencia política y capacidad de movilización en una etapa decisiva para el movimiento sindical.

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