Empresarios y sindicalistas respaldaron al gobierno por las negociación con el FMI
El jefe de Gabinete encabezó la reunión en Casa Rosada y dijo que, en relación a la renegociación con los bonistas, «el primer tiempo lo ganamos.

Empresarios y sindicalistas brindaron hoy su «apoyo» al Gobierno para negociar la deuda con el FMI «sin castigar al pueblo argentino», y pidieron que los «caminos de reactivación sean lo más rápido posible para recomponer el salario, y alcanzar la recuperación del empleo y la economía».
«Se planteó el tema de que se van a retomar las negociaciones con el Fondo, lo cual tuvo apoyo de todos los sectores, en cuanto a que esas negociaciones deben llevarse adecuadamente sin castigar al pueblo argentino», resaltó el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, tras el encuentro que se desarrolló en el Salón de las Mujeres Argentinas del Bicentenario
En declaraciones a los medios acreditados en Casa Rosada, entre ellos NA, Moroni indicó que empresarios y gremios «transmitieron un total acuerdo con lo que se llamó un primer tiempo, que fue la negociación con los acreedores externos, y un total apoyo a esta segunda etapa donde tenemos la negociación con el Fondo».
Por su parte, el secretario general de la CGT, Héctor Daer, afirmó que transmitieron al equipo económico las «felicitaciones personales por la renegociación de la deuda con los bonistas».
«Queremos que la discusión con el Fondo se lleve con los mismos principios que se tuvieron para la discusión con los bonistas. Queremos que toda discusión y todo acuerdo no se haga con la carga de la sociedad argentina», manifestó.
En ese marco, Daer precisó que la CGT se reunirá con la comitiva del Fondo el próximo miércoles, «un grupo de manera presencial y otro virtual».
Además, pidieron que los «caminos de reactivación sean lo más rápido posible para recomponer el salario, y alcanzar la recuperación del empleo y la economía».
Por su parte, el presidente de la UIA, Miguel Acevedo, afirmó que «la preocupación de todos es tener una macroeconomía más ordenada, y tener una inflación dominada», para poder «reactivar la economía».
Afirmó que se está «entrando en momentos donde se puede hablar de empezar a reactivar», y consideró que «va a estar en la inteligencia del Gobierno con los dirigentes sindicales y las empresas el poder lograrlo».
Durante el encuentro, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, destacó que «estamos iniciando conversaciones con el FMI y en ese sentido, cómo cuando iniciamos las negociaciones con los bonistas, les solicitamos a todas las fuerzas vivas la defensa de los intereses de la Nación. El primer tiempo lo ganamos. Éste nos tiene que volver a encontrar unidos», resaltó el jefe de Gabinete.
Cafiero agradeció la presencia de empresarios y sindicalistas, y les pidió «trabajar juntos en pos de una agenda que priorice la recuperación de la producción y del empleo».
Según supo la agencia NA, el jefe de Gabinete reiteró que el Gobierno siempre puso el «énfasis en la participación» de los sectores productivos y los trabajadores que «se ven atravesados por las políticas públicas para poder ir avanzando, a partir de los acuerdos».
«Siempre fue central poder convocar al diálogo, a encontrar soluciones colectivas», destacó Cafiero, y amplió: «Es clave para nosotros siempre ir avanzando y contándoles nuestras ideas, propuestas. Y de esa manera poder ir avanzando con nuestra agenda».
En ese marco, el jefe de Gabinete afirmó que «cuando las políticas públicas son consensuadas se robustecen mucho más», y reiteró que para el Ejecutivo es «central» poder convocar a todos los sectores para «encontrar soluciones colectivas» y «poner la creatividad de cada uno».
Los convocó a «construir una agenda de trabajo» en conjunto, la cual «se fue postergando por una cosa específica que fue la pandemia» del coronavirus.
«La pandemia exigió al estado y a sus funcionarias aplicar todas sus fuerzas en la lucha contra este virus, que aún en el mundo no tiene cura ni vacuna», expresó Cafiero, según indicaron fuentes oficiales a NA.
El jefe de ministros precisó que el Gobierno debe «seguir gestionando la pandemia como lo viene haciendo pero con herramientas distintas».
«Debemos comenzar a trabajar una agenda sectorial con cada uno de ustedes. Que incluya mirada, perspectiva y necesidad de los trabajadores y del sector productivo», señaló.
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Universidades al límite: aumento unilateral, ley incumplida y una crisis que escala sin contención
El Gobierno nacional dispuso un incremento salarial del 1,7% para abril sin negociación paritaria y en incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. La medida agrava la pérdida del poder adquisitivo y presiona a un sistema ya afectado por recortes presupuestarios y demoras en la transferencia de fondos.
El conflicto en las universidades nacionales atraviesa un punto culminantel. La decisión del Ejecutivo de otorgar un aumento del 1,7% de manera unilateral —formalizada mediante un instructivo de la Subsecretaría de Políticas Universitarias— no sólo reaviva el malestar gremial, sino que expone un cuadro más profundo: la combinación de salarios deteriorados, financiamiento restringido y compromisos legales incumplidos.
La medida alcanza tanto a docentes como a trabajadores nodocentes y fue adoptada al margen de la negociación colectiva. Desde la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN) cuestionaron con dureza el mecanismo utilizado y el porcentaje definido.
“Se trata de una decisión sin paritarias y muy por debajo del índice inflacionario”, advirtieron, subrayando que la política salarial actual consolida una pérdida sostenida del poder adquisitivo.
El trasfondo normativo añade una dimensión institucional al conflicto. La Ley de Financiamiento Universitario 27.795 establece la obligación de convocar a paritarias, garantizar actualizaciones periódicas y recomponer ingresos en función de la inflación. Sin embargo, según denunció el Frente Sindical de las Universidades Nacionales, esas obligaciones no fueron cumplidas en los plazos previstos. El incumplimiento no es meramente formal: repercute de manera directa en la estabilidad del sistema.
A esta situación se suma una estrategia judicial que, en los hechos, prolonga la incertidumbre. A horas de vencer el plazo para transferir $2,5 billones destinados a las universidades, la Procuración del Tesoro presentó un recurso extraordinario ante la Corte Suprema con el objetivo de frenar la aplicación de la ley, pese a que ya existían fallos en dos instancias que ordenaban su implementación inmediata. La maniobra introduce un nuevo factor de dilación tanto en la llegada de recursos como en la recomposición salarial.
Las consecuencias de este escenario se verifican con claridad en los ingresos del personal universitario. Según datos gremiales, los salarios acumulan 17 meses consecutivos de retroceso. Sólo durante 2025 la caída alcanzó los 35 puntos, mientras que en 2024 —a pesar de una inflación del 118%— no se registraron actualizaciones. En términos acumulados, la pérdida asciende a 141 puntos, un retroceso que ubica el poder adquisitivo en niveles comparables a los de la salida de la crisis de 2002.
El impacto no se limita a los ingresos individuales. El ajuste presupuestario condiciona el funcionamiento cotidiano de las universidades. De acuerdo con el Consejo Interuniversitario Nacional, los fondos destinados a gastos operativos se redujeron cerca de un 45% en los últimos dos años. Esta contracción afecta la continuidad de actividades académicas, proyectos de investigación y programas de extensión, pilares del sistema público universitario.
Rectores, gremios docentes, nodocentes y organizaciones estudiantiles avanzan en la organización de una nueva Marcha Federal, con el objetivo de visibilizar el conflicto y reinstalar el debate sobre el financiamiento universitario en la agenda pública. La convocatoria busca reeditar una tradición de movilización que, históricamente, ha logrado interpelar a los distintos niveles del Estado.
La crisis universitaria ya no puede leerse como una suma de cuestiones aisladas. La combinación de decisiones salariales unilaterales, compromisos legales incumplidos y restricciones presupuestarias configura un cuadro estructural que compromete el funcionamiento del sistema en su conjunto. En ese marco, la falta de instancias de negociación no sólo agrava el deterioro económico de los trabajadores, sino que erosiona los canales institucionales que sostienen la gobernabilidad del sector.
El conflicto, lejos de disiparse, tiende a profundizarse. La respuesta del sistema universitario —a través de la movilización y la articulación de sus actores— anticipa un clima donde la disputa por el financiamiento y las condiciones laborales volverá a ocupar un lugar central en el debate público. Lo que está en juego, más allá de la coyuntura, es la viabilidad de uno de los pilares históricos de la educación pública argentina.
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Viajar en colectivo en San Juan será un 21,5% más caro. Conocé las nuevas tarifas
El Gobierno de San Juan oficializó un incremento del 21,5% en el boleto de colectivo y actualizó toda la estructura tarifaria. La medida, acordada con empresarios del sector, busca sostener el servicio, pero reabre el debate sobre el impacto social del transporte en un presente económico adverso.
El transporte público volvió a convertirse en una variable sensible para la economía doméstica. La confirmación de un nuevo esquema tarifario en San Juan no sólo implica un ajuste en los valores del boleto, sino que reconfigura el costo de la movilidad en toda la provincia. La primera sección pasó de $1.070 a $1.300, consolidando un incremento del 21,5% que se traslada, con distintas proporciones, al resto de los recorridos.
La actualización fue oficializada por el Ministerio de Gobierno tras un entendimiento con empresarios del sector, en coordinación con la Secretaría de Tránsito y Transporte. Desde el Ejecutivo argumentaron que la medida responde a la necesidad de sostener la prestación en un escenario económico exigente, donde los costos operativos —combustible, mantenimiento y estructura— presionan de manera constante sobre el sistema.
Sin embargo, el impacto trasciende la lógica técnica del ajuste. El nuevo cuadro de tarifas introduce diferencias significativas según la distancia y el departamento de destino. En los trayectos intermedios, localidades como Albardón, Pocito y 9 de Julio registran un valor de $2.177,51, mientras que San Martín y Angaco ascienden a $2.459,18. En el caso de Caucete y 25 de Mayo, el boleto alcanza los $3.553,35.
El escenario se vuelve más exigente en los departamentos alejados del Gran San Juan. Ullum presenta una tarifa de $4.950,86 y Sarmiento de $5.243,36. La brecha se amplía de forma considerable en zonas como Jáchal, donde el costo trepa a $21.829,27, y se profundiza aún más en Valle Fértil, Iglesia y Calingasta, con valores que superan los $32.000 y llegan hasta los $36.378,48.
Estos números no sólo reflejan la extensión geográfica del territorio provincial, sino también una desigualdad creciente en el acceso al transporte. Para quienes dependen del servicio de manera cotidiana —trabajadores, estudiantes, docentes—, el incremento se traduce en una mayor presión sobre ingresos ya deteriorados, especialmente en un contexto donde el salario pierde capacidad de compra frente a la inflación.
La implementación será gradual a través del sistema SUBE, lo que permitirá una adaptación progresiva de los usuarios. Desde el Gobierno indicaron que cada modificación será comunicada previamente, al tiempo que recomendaron consultar los canales oficiales para conocer beneficios y tarifas diferenciales vigentes.
El argumento oficial sostiene que el ajuste forma parte de un esquema de diálogo con los actores del sistema y apunta a preservar la calidad del servicio. En esa línea, se destacó la continuidad de beneficios sociales destinados a sectores específicos, como estudiantes y docentes. No obstante, la discusión de fondo permanece abierta: hasta qué punto es posible sostener el equilibrio financiero del transporte sin trasladar el peso principal a los usuarios.
El transporte público, más que un servicio, constituye una herramienta de integración social y económica. Su encarecimiento impacta de manera directa en la posibilidad de acceder al trabajo, a la educación y a otros derechos básicos. En ese sentido, el nuevo cuadro tarifario no puede analizarse únicamente como una actualización técnica, sino como una decisión con consecuencias estructurales en la vida cotidiana de la población.
El aumento del boleto en San Juan vuelve a poner en primer plano la presión entre sostenibilidad del sistema y accesibilidad para los usuarios. La necesidad de garantizar el funcionamiento del transporte es indiscutible, pero el modo en que se distribuyen los costos define el alcance real del servicio.
En un panorama económico frágil, cada ajuste adquiere una dimensión mayor. La movilidad deja de ser un aspecto secundario para convertirse en un factor determinante en la organización de la vida diaria. El desafío para la política pública será encontrar un equilibrio que no profundice las desigualdades y que permita sostener un sistema de transporte eficiente sin comprometer el acceso de quienes más lo necesitan.
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Industricidio en expansión: cierres, quiebras y empleo en retroceso bajo el actual rumbo económico
Más de 26 mil empresas dejaron de operar desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Sectores clave como lácteos, textiles, calzado y consumo masivo evidencian un deterioro sostenido, con impacto directo en el empleo y en las economías regionales.
El tejido industrial argentino atraviesa una fase de contracción que ya no admite lecturas fragmentadas. Los cierres de fábricas, los concursos preventivos y la pérdida de puestos de trabajo se repiten en distintos puntos del país, delineando un patrón que refleja el debilitamiento de la producción nacional. Desde la llegada al poder de Javier Milei, más de 26 mil empresas cesaron su actividad, configurando un escenario donde la retracción dejó de ser coyuntural para adquirir carácter estructural.
Uno de los casos más emblemáticos se registra en el sector lácteo. La histórica cooperativa SanCor solicitó su quiebra tras un prolongado proceso de deterioro financiero. La firma, que supo ser un pilar de la industria alimentaria, acumula deudas millonarias, producción paralizada y salarios impagos. Desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) denunciaron que la empresa sostuvo su funcionamiento final a partir del esfuerzo de los trabajadores, en un momento de creciente precariedad.
El cuadro se profundiza con la caída de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), cuyo cierre dejó a cientos de operarios sin empleo, y con los ajustes en La Serenísima, que redujo su estructura en distintas localidades. En conjunto, el sector evidencia una combinación de consumo debilitado, conflictos laborales y falta de inversión que erosiona su capacidad productiva.
La industria textil exhibe un deterioro aún más extendido. La apertura de importaciones a bajo costo y la caída de la demanda interna golpean con especial intensidad a un rubro históricamente intensivo en mano de obra. Desde fines de 2023, se perdieron más de 20.000 empleos, afectando especialmente a provincias donde la actividad constituye el principal sostén económico. La reducción de la producción no sólo impacta en los indicadores industriales, sino que altera la dinámica social de comunidades enteras.
En el sector del calzado, la tendencia se replica con rasgos similares. La merma productiva en Dass, sumada al cierre de Dabra en Catamarca y a la paralización de Gomas Gaspar, da cuenta de un proceso de desinversión que afecta tanto a grandes plantas como a unidades productivas más pequeñas. La competencia con productos importados, en condiciones desfavorables para la industria local, aparece como uno de los factores determinantes de esta dinámica.
El impacto alcanza también a empresas vinculadas al consumo masivo. La firma Caromar atraviesa un concurso preventivo tras una caída sostenida en sus ventas y dificultades para competir con grandes cadenas. El cierre de sucursales y la reducción de personal reflejan una tendencia donde la presión sobre los precios y la reducción del mercado interno limitan la viabilidad de actores locales.
Más allá de la diversidad sectorial, los factores que explican este proceso convergen en una misma dirección. La caída del consumo interno reduce los niveles de producción, la apertura comercial incrementa la competencia externa y la incertidumbre desalienta la inversión. Este conjunto de variables deteriora la estructura industrial y acelera la pérdida de empleo formal, uno de los principales motores de integración social.
El término “industricidio”, utilizado por sectores gremiales y productivos, sintetiza la magnitud del fenómeno. No se trata únicamente de cierres empresariales, sino de la pérdida de capacidades acumuladas: conocimiento técnico, redes de proveedores y entramados regionales que difícilmente puedan reconstruirse en el corto plazo.
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