La tasa de desocupación subió hasta el 13,1% en el segundo trimestre del año
La caída laboral debe leerse en el contexto de una crisis económica generada por el Macrismo y la aparición de la pandemia.

La tasa de desocupación subió hasta el 13,1% al término del segundo trimestre del año, con un incremento de 2,5 puntos porcentuales respecto al 10,6% de igual período de 2019, informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Además, la tasa de desocupación demandante se ubicó en el 5% en el segundo trimestre de este año contra el 9,2.% de igual período anterior, y la desocupación no demandante subió hasta el 4,6% contra el 3,9% del lapso previo. La caída del empleo no está directamente relacionada por el plan económico que lleva adelante el gobierno de Alberto Fernández quien, además de la crisis generada por el macrismo, se sumó la pandemia que alteró la situación financiera y laboral en todo el mundo.
El nivel de desempleo registrado en el segundo trimestre del año -de 13,1%- también se ubicó por encima de la medición del primer trimestre, cuando se ubicó en el 10.4%.
Este aumento en la tasa de desocupación se dio a la par de una caída del Producto Bruto Interno (PBI) durante el segundo trimestre, fuertemente afectado por la cuarentena para combatir la Covid-19, que alcanzó al 19,1% interanual, y del 16,2% respecto al primer trimestre.
En base a los números informados por el Indec, la de desocupación del segundo trimestre no resultó mayor debido a que menos gente salió a buscar trabajo en medio de las restricciones fijadas para la circulación por el coronavirus.
Esto último se reflejó en la tasa de actividad, calculada como porcentaje de personas en condiciones de trabajar sobre el total de la población, que bajó al 38,4% el el segundo trimestre frente al 47,7% del período anterior.
Incluso, la tasa de desocupación demandante bajó al 5% en el segundo trimestre de este año contra el 9,2% de igual lapso de 2019, mientras que la no demandante aumentó al 4,6% contra el 3,9% anterior.
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Paritarias bajo presión: el Gobierno impone un techo y redefine la negociación salarial
La decisión del gobierno de Javier Milei de no homologar acuerdos que superen la inflación reconfigura el mapa paritario. Mientras algunos gremios negocian a la baja, otros se preparan para disputar aumentos por fuera del aval oficial.
El escenario paritario de 2026 quedó atravesado por una señal política contundente: no habrá homologación para acuerdos salariales que superen la pauta inflacionaria definida por el Ejecutivo. Con un objetivo implícito de subas mensuales por debajo del 2%, el Gobierno busca anclar expectativas y consolidar su estrategia de desaceleración de precios, aunque a costa de prersionar la relación con el movimiento sindical.
El caso paradigmático fue el del Sindicato de Camioneros, conducido por Hugo Moyano. Tras una retórica inicial más confrontativa —con pedidos de recomposición cercanos al 8%—, el gremio terminó acordando un incremento semestral del 10,1% entre marzo y agosto, con tramos mensuales por debajo del umbral fijado y una suma no remunerativa inicial. El acuerdo fue leído en despachos oficiales como un modelo a replicar.
Sin embargo, no todos los sectores logran alinearse sin fricciones. La negociación de la Unión de Trabajadores de Entidades Deportivas y Civiles quedó en zona de conflicto: el entendimiento del 9,5% en tres meses supera la pauta implícita y enfrenta el riesgo de no ser homologado. En paralelo, la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina debió reabrir su acuerdo tras objeciones oficiales a una suma fija mensual que impactaba en los ingresos por encima de lo tolerado.
En contraste, otros gremios optaron por moverse dentro del corset oficial. El sector de Sanidad, por ejemplo, selló un incremento del 5,1% trimestral en tramos decrecientes, mientras que en el ámbito ferroviario los acuerdos lograron sostener porcentajes compatibles con la pauta al distribuirlos mensualmente.
El sector público, en tanto, exhibe una excepción parcial. El Gobierno habilitó una recomposición levemente superior a la inflación para compensar atrasos salariales, acuerdo que fue aceptado por la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) pero rechazado por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), que mantiene una postura crítica y anticipa medidas de fuerza.
La mirada ahora se posa sobre la negociación de Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios, el gremio más numeroso del país. Su acuerdo no sólo impacta sobre más de un millón de trabajadores, sino que funciona como referencia para el resto de las actividades. El desafío será encontrar un equilibrio entre recomposición salarial y cumplimiento de los requisitos de homologación, clave en un sector con fuerte presencia de pequeñas y medianas empresas.
La estrategia oficial introduce un cambio sustantivo en la lógica paritaria: la homologación deja de ser un trámite administrativo para convertirse en una herramienta de disciplinamiento macroeconómico. En los hechos, el Gobierno establece un techo indirecto que condiciona la negociación colectiva y reduce el margen de maniobra de los sindicatos.
Este esquema genera una dinámica dual. Por un lado, gremios con mayor poder de presión o capacidad de conflicto evalúan tensar la cuerda y negociar por fuera de la validación oficial. Por otro, sectores más dependientes de la homologación —por estructura empresarial o nivel de formalidad— tienden a aceptar acuerdos más moderados, aun cuando impliquen resignar recuperación salarial.
El antecedente de 2025, cuando acuerdos por encima de la pauta quedaron congelados durante meses, actúa como un factor disciplinador adicional. La incertidumbre sobre la validación estatal se convierte así en un elemento central de la negociación.
Con inflación persistente y salarios rezagados, el nuevo esquema paritario anticipa un año de alta conflictividad. La política de homologación selectiva redefine el equilibrio de fuerzas entre el Gobierno y los gremios, y abre un escenario donde la disputa por el poder adquisitivo se trasladará, cada vez más, del ámbito de la negociación al terreno del conflicto.
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Monotributistas sin elección: el Estado reasignará cobertura médica de forma directa
En un entorno marcado por la fragilidad del sistema de salud y la creciente salida de entidades del padrón oficial, el Gobierno nacional avanzó con una medida que modifica de manera sustancial la lógica de afiliación de los monotributistas. A través de la Resolución 492/2026, publicada el 19 de marzo en el Boletín Oficial, dispuso la asignación automática de una nueva obra social para aquellos afiliados que queden sin cobertura.
La normativa, establece la creación de un registro específico de agentes del seguro de salud habilitados para recibir a estos beneficiarios. Se trata de un esquema preventivo que apunta a evitar interrupciones en la atención médica frente al cierre o la inhabilitación de obras sociales, una situación que se ha vuelto recurrente en los últimos meses.
Hasta ahora, el procedimiento contemplaba que cada monotributista gestionara por su cuenta el cambio de cobertura, con la posibilidad —aunque no siempre efectiva— de elegir una nueva entidad. Con la nueva resolución, ese margen de decisión queda reducido: el traspaso será automático hacia alguna de las obras sociales previamente inscriptas en el registro, lo que introduce un criterio de asignación centralizado.
El ingreso a este listado será voluntario para las obras sociales, aunque condicionado a requisitos estrictos: deberán estar activas, contar con padrón vigente y no atravesar procesos de crisis o liquidación. El objetivo oficial es evitar un efecto dominó que profundice la inestabilidad del sistema.
La medida se inscribe en un momento de creciente preocupación por la sostenibilidad del modelo de cobertura para trabajadores independientes. Días antes de la resolución, la advirtió sobre un fuerte desfasaje estructural entre los costos reales de la atención médica y los aportes que realizan los monotributistas.
Según ese diagnóstico, el Programa Médico Obligatorio supera los $100.000 mensuales por adulto y puede alcanzar entre $160.000 y $170.000 en personas mayores, mientras que el componente destinado a obra social dentro del monotributo se ubica en apenas $21.990,11 desde febrero de 2026. La brecha expone un esquema financieramente inviable en el mediano plazo.
En este aspecto, desde el sector alertan sobre el riesgo de una expulsión progresiva de monotributistas del sistema de obras sociales, con el consecuente traslado de la demanda hacia el sistema público, ya tensionado por restricciones presupuestarias.
La política de fiscalización impulsada durante la gestión de también contribuyó a este escenario. Desde su asunción, más de 160 entidades —entre obras sociales y empresas de medicina prepaga— fueron excluidas del registro oficial por incumplimientos en materia de solvencia, documentación y operatividad. Solo en marzo de 2026, se dieron de baja diez nuevas prepagas.
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Colegios de abogados judicializan la Reforma Laboral y suman presión contra el Gobierno
Casi 30 colegios de abogados de todo el país presentaron una acción judicial para suspender artículos de la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei. Denuncian que el nuevo esquema de honorarios en juicios laborales vulnera derechos constitucionales y pone en riesgo su carácter alimentario.
El frente judicial contra la reforma laboral se amplía y suma nuevos actores de peso. A las presentaciones impulsadas por sindicatos en distintos puntos del país, ahora se agregan los colegios de abogados, que avanzaron con una estrategia coordinada para cuestionar aspectos sensibles de la normativa aprobada por el Congreso.
Un total de 29 colegios profesionales promovieron una acción ante el fuero Contencioso Administrativo Federal con el objetivo de obtener una medida cautelar que suspenda artículos centrales de la Ley de Contrato de Trabajo, modificada recientemente. La iniciativa cuenta con el patrocinio del abogado Alberto Spota y apunta específicamente contra el nuevo régimen de percepción de honorarios en el proceso laboral.
La ofensiva judicial se inscribe en un escenario de creciente litigiosidad contra la reforma impulsada por el oficialismo, considerada una de las piezas clave del programa económico y laboral del Gobierno. En ese marco, los abogados buscan bloquear la aplicación de los artículos 20 y 277 de la ley, al sostener que introducen cambios que afectan derechos adquiridos y alteran la naturaleza jurídica de sus ingresos.
El eje del planteo gira en torno al carácter alimentario de los honorarios profesionales. Según los demandantes, la posibilidad de establecer pagos en cuotas —tal como habilitaría la nueva normativa— implica una desnaturalización de ese principio, además de configurar una afectación directa al derecho de propiedad. A ello suman el riesgo de que los letrados asuman cargas patrimoniales personales por el solo hecho de litigar en defensa de sus clientes.
En su presentación, los colegios sostienen que la reforma vulnera garantías consagradas en la Constitución Nacional, en particular los artículos 14 bis, 17, 18 y 75. Argumentan que el nuevo esquema restringe el ejercicio profesional, compromete el debido proceso y debilita la defensa en juicio, pilares esenciales del sistema jurídico.
Asimismo, advierten sobre una “utilización desviada de herramientas procesales” que podría afectar no sólo a las partes involucradas en los litigios laborales, sino también al funcionamiento integral del servicio de justicia. En ese sentido, citaron precedentes de la Corte Suprema de Justicia de la Nación en materia de medidas cautelares cuando se encuentran en juego posibles colisiones con normas constitucionales.
Otro punto relevante de la estrategia judicial es el intento de evitar dilaciones procesales. Los abogados solicitaron que se declare inaplicable el traslado previo al Estado nacional previsto en la Ley 26.854 para este tipo de medidas, con el argumento de impedir eventuales maniobras dilatorias por parte del Gobierno antes de que se resuelva la cautelar.
El planteo no es aislado. En simultaneo, ya se registran al menos cinco fallos judiciales que cuestionaron la nueva fórmula de cálculo de intereses en juicios laborales, lo que refuerza la percepción de que la reforma enfrenta serias dificultades para consolidarse sin resistencia en los tribunales.
La irrupción de los colegios de abogados en el frente judicial marca un punto de inflexión en la disputa por la reforma laboral. A diferencia de los sindicatos, que litigan desde la defensa de los trabajadores, los letrados introducen una dimensión institucional y corporativa que complejiza el escenario para el Gobierno.
El cuestionamiento al régimen de honorarios no es menor: pone en debate la sustentabilidad económica del ejercicio profesional y, al mismo tiempo, impacta en el acceso a la justicia para los trabajadores, ya que condiciona la viabilidad de los litigios laborales.
Además, la acumulación de fallos adversos y presentaciones cautelares abre la puerta a un entorno de fragmentación normativa, donde la aplicación de la reforma podría quedar sujeta a decisiones judiciales dispares según la jurisdicción.
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