El gobierno redujo los montos de las indemnizaciones por accidentes laborales
El Gobierno modificó el cálculo del monto a cobrar por incapacidad o muerte de un trabajador que deben pagar las ART.
El gobierno nacional redujo por decreto el monto de las indemnizaciones por accidentes laborales que deben cobrar los trabajadores por incapacidad o muerte. A través del decreto 669/2019 publicado hoy en el Boletín Oficial, el Ejecutivo señaló los “incrementos desmedidos” de las indemnizaciones para modificar el cálculo del monto que deben pagar las empresas aseguradoras de riesgo de trabajo (ART). La norma cambia el cálculo de la actualización de la indemnizatorio, que hasta ahora seguía la tasa activa del Banco Nación, comenzará a aplicarse el índice Remuneraciones Imponibles Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE).
Esto reduce casi a la mitad el monto por interés que recibe el trabajador accidentado. Además, el decreto establece que la medida sea retroactiva ya que «se aplicará en todos los casos, independientemente de la fecha de la primera manifestación invalidante».
En los considerandos de la medida, se destaca que resulta necesario asegurar la continuidad de las condiciones de sostenibilidad del Sistema de Riesgos del Trabajo, propiciando la protección de los asegurados y trabajadores mediante un sistema financieramente viable, mediante garantías técnicas que permitan actuar ante un posible deterioro de la situación patrimonial de las Aseguradoras.
Ante esta noticia, el secretario General de la CTA de los Trabajadores, Hugo Yasky, indicó que «si Macri bajó las indemnizaciones laborales es una aberración». «Me llama la atención que lo haga poco después de la muerte de un trabajador por la política de inaugurar obras», señaló, en relación al derrumbe de una obra de ampliación del aeropuerto de Ezeiza, y advirtió: «Si se confirma que Macri baja las indemnizaciones laborales, la centrales tendremos que tomar medidas».
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Paritaria nacional sin acuerdo: Docentes rechazaron la propuesta y la negociación pasó para abril
Los cinco gremios docentes nacionales rechazaron de manera unánime la propuesta del Gobierno, al considerar que no recompone la pérdida del poder adquisitivo. La negociación se retomará el 8 de abril en un escenario de fuerte deterioro salarial y reclamos por financiamiento educativo.
La tercera reunión de la paritaria nacional docente, realizada el jueves 19 de marzo, concluyó sin acuerdo entre las autoridades de la Secretaría de Educación y las organizaciones sindicales del sector. Lejos de acercar posiciones, el encuentro profundizó las diferencias: el Gobierno ratificó su oferta salarial y los gremios la rechazaron de manera unificada por considerarla insuficiente frente a la acelerada pérdida de ingresos que atraviesa el colectivo docente.
La propuesta oficial, según detallaron los representantes gremiales, contempla elevar el salario mínimo docente a $650.000 en marzo y $700.000 en abril. Sin embargo, los sindicatos cuestionaron que esos valores no sólo resultan insuficientes en términos reales, sino que además reproducen niveles salariales ya superados por la dinámica inflacionaria.
Desde la Unión Docentes Argentinos (UDA), su secretario general, Sergio Romero, confirmó el rechazo inmediato de la propuesta y señaló que no hubo avances sustanciales en la negociación. La postura fue compartida por la Confederación de Educadores Argentinos (CEA), cuyo titular, Fabián Felman, cuestionó con dureza la falta de actualización real del salario mínimo, al que calificó como equivalente a valores de fines de 2023.
En la misma línea se expresó el Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP). Su secretaria general, Marina Jaureguiberry, advirtió que el piso propuesto pierde sentido como referencia nacional, dado que —según sostuvo— ninguna provincia se ubica actualmente por debajo de los $700.000. La dirigente también insistió en la necesidad de restituir el Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), eliminado por el Gobierno, y de reabrir instancias de discusión sobre condiciones laborales y salud docente.
Por su parte, la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) remarcó que la oferta oficial no compensa la pérdida del poder adquisitivo acumulada en los últimos meses. En un presente de creciente precarización, el gremio alertó que miles de docentes se ven obligados a multiplicar cargos o buscar ingresos complementarios para sostener su nivel de vida.
El cuadro se completa con la participación de la Asociación del Magisterio de Enseñanza Técnica (AMET), que junto al resto de las organizaciones conforma la representación sindical nacional del sector. La coincidencia en el rechazo evidencia un frente gremial cohesionado frente a una oferta que consideran alejada de las necesidades actuales.
El conflicto docente expone una rigidez estructural entre la política de contención del gasto público y la urgencia de recomponer salarios en un sector clave del sistema educativo. La eliminación del FONID —históricamente un componente central del ingreso docente— profundizó el deterioro salarial y debilitó la capacidad del Estado nacional para fijar un piso que funcione como referencia efectiva en las negociaciones provinciales.
A su vez, la discusión paritaria pierde eficacia cuando el salario mínimo se ubica por debajo de los valores reales que ya pagan las jurisdicciones, lo que desdibuja su rol ordenador. En este escenario, los gremios elevan sus demandas hacia una recomposición más significativa —en algunos casos cercana al millón de pesos— que permita recuperar parte del poder adquisitivo perdido.
La falta de acuerdo también abre interrogantes sobre el impacto en el ciclo lectivo y la posibilidad de medidas de fuerza si no se registran avances en la próxima instancia de negociación.
Sin señales de mejora en la oferta oficial, la paritaria nacional docente entra en una fase de estancamiento que refleja el deterioro de los ingresos del sector y la fragilidad del esquema de financiamiento educativo. El cuarto intermedio hasta el 8 de abril aparece como una oportunidad clave para redefinir posiciones: de no mediar una propuesta superadora, el problema podría escalar y trasladarse a las aulas, con consecuencias directas sobre la continuidad del ciclo lectivo y el sistema educativo en su conjunto.
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Alerta en el Banco Central: clausuran 12 sedes y crece la preocupación en las provincias
La decisión del Directorio del Banco Central de la República Argentina, encabezado por Santiago Bausili, afecta sedes clave en todo el país. El gremio La Bancaria denuncia pérdida de capacidades operativas, riesgo laboral y debilitamiento del control financiero fuera del Área Metropolitana.
El cierre de 12 agencias regionales del Banco Central de la República Argentina abre una nueva fase en la reconfiguración del organismo monetario. La medida, que impacta de forma directa sobre 32 trabajadores, alcanza a dependencias ubicadas en Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Formosa, La Rioja, Paraná, Posadas, Río Cuarto, Río Gallegos, Río Grande, Salta, San Juan y Santa Rosa.
Desde la conducción del Central justificaron la decisión en la transformación del sistema financiero: menor uso de efectivo, expansión de los pagos digitales y mayor bancarización. Bajo ese diagnóstico, sostienen que resulta necesario “adecuar la estructura operativa” a una nueva lógica de funcionamiento.
Sin embargo, la medida encontró una rápida respuesta del sindicato La Bancaria, que encuadró el cierre dentro de un proceso más amplio de reducción del organismo. Para el gremio, no se trata solo de una reorganización técnica, sino de un recorte que erosiona capacidades construidas durante décadas.
El núcleo del conflicto excede lo estrictamente laboral. Las agencias regionales cumplen funciones críticas: distribución de billetes y monedas, provisión de efectivo a entidades financieras, compensación interbancaria, custodia y supervisión operativa. Su desaparición plantea interrogantes concretos sobre cómo se sostendrá ese entramado en territorios alejados de los grandes centros urbanos.
El impacto resulta especialmente sensible en la Patagonia. El cierre de sedes en Comodoro Rivadavia, Río Gallegos y Río Grande deja a la región sin presencia directa del Banco Central, lo que podría traducirse en mayores costos logísticos, demoras en la provisión de efectivo y una dependencia creciente de centros operativos distantes.
En ese sentido, emerge otro foco de tensión: la posibilidad de traslados compulsivos. Desde el gremio advierten que esa alternativa desconoce las realidades personales y familiares de los trabajadores, y reclaman garantías de estabilidad laboral en un contexto de incertidumbre creciente.
El cierre de agencias no puede leerse de forma aislada. Se inscribe en una discusión más profunda sobre el rol del Banco Central de la República Argentina dentro del esquema económico impulsado por el gobierno de Javier Milei, quien ha planteado en reiteradas ocasiones la necesidad de reformular —e incluso eliminar— la institución.
Aunque no existe un plan integral público que detalle esa transformación, la reducción territorial aparece como un indicio concreto de cambio de paradigma: de un Banco con presencia federal activa a una estructura más concentrada y posiblemente más dependiente de la digitalización financiera.
El interrogante de fondo es si esa transición puede sostenerse sin afectar el funcionamiento cotidiano de la economía real. En amplias regiones del país, el efectivo continúa siendo un instrumento central, especialmente en economías informales, zonas rurales o localidades con menor acceso a servicios bancarios digitales.
La decisión de cerrar agencias del Banco Central de la República Argentina abre un doble frente de conflicto: por un lado, el laboral, con 32 trabajadores en situación de vulnerabilidad; por otro, el operativo, con dudas crecientes sobre la capacidad del Estado para garantizar el control y la distribución del efectivo en todo el territorio.
En un país con fuertes asimetrías regionales, la retirada del Banco Central del interior no es solo una cuestión administrativa. Es, sobre todo, una señal política y económica que reconfigura el vínculo entre el sistema financiero y las provincias, con consecuencias que aún están por medirse.
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Ajuste en el Correo Argentino: menos trabajadores y cierre de oficinas en el interior sanjuanino
La reestructuración del Correo Argentino comienza a mostrar efectos concretos en el interior del país. En San Juan, el proceso de ajuste ya se traduce en una reducción significativa del personal y en el cierre de oficinas que cumplen un rol clave en comunidades alejadas.
Desde la asunción del presidente Javier Milei, la plantilla de trabajadores en la provincia pasó de aproximadamente 200 empleados a unos 160, lo que implica una merma cercana al 20%. La cifra refleja una tendencia de retracción que, según denuncian los gremios, se replica a nivel nacional.
La Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT) confirmó además que a fines de marzo cerrará la sucursal ubicada en el departamento San Martín. La oficina, situada sobre avenida Domingo Sarmiento, quedará fuera de funcionamiento y el único trabajador que se desempeña allí será reubicado en otra dependencia.
Víctor Ortega, dirigente del gremio, describió el escenario como “muy malo”, al vincular la reducción del personal con el deterioro del poder adquisitivo y la caída de la actividad. “Están quedando muy pocos trabajadores”, advirtió, al tiempo que subrayó el impacto que tendrá el cierre en la comunidad local.
La clausura de la sucursal implica la pérdida de servicios esenciales para la población: envío de correspondencia, cartas documento, telegramas, paquetería a través del sistema PAQ.AR y logística vinculada al comercio electrónico. También dejará de funcionar como punto de retiro de compras online, pago de servicios, gestión de oficios judiciales y trámites administrativos, lo que profundiza el aislamiento de la zona.
El caso de San Martín no es aislado. Ortega señaló que ya se han cerrado otras oficinas en la provincia, como la del departamento Angaco, en una dinámica que reduce la presencia territorial del correo estatal y limita el acceso a servicios básicos en localidades periféricas.
A nivel nacional, un informe del Centro de Economía Política Argentina ubica al Correo Argentino como la empresa estatal con mayor cantidad de desvinculaciones desde el inicio de la actual gestión, con un total de 5.284 bajas.
El proceso de ajuste en el Correo Argentino no solo redefine la estructura interna de la empresa, sino que también impacta directamente en el tejido social de las comunidades más alejadas. La reducción de personal y el cierre de oficinas exponen una problemática creciente entre la racionalización del gasto y la función estratégica de un servicio público que, en vastas regiones del país, continúa siendo un nexo indispensable para la integración territorial.
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