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La CATT manifestó su respaldo a los trabajadores aeronáuticos y también los reclamos de UTA y de los portuarios.


La Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) manifestó que “sigue de cerca la tensión que se vive en el transporte” ante los diversos conflictos del sector y expresó su apoyo a los gremios APLA y Aeronavegantes que hoy realizaron asambleas en Aeroparque y Ezeiza por “la situación de crisis que se profundiza día a día por despidos y la competencia indiscriminada facilitada por el gobierno en su acuerdo con Estados Unidos”, según informaron.

La organización, que conduce Juan Carlos Schmid, respaldó también los reclamos de la UTA, de los controladores aéreos, los gremios del sector portuario ante la licitación del Puerto de Buenos Aires, los trabajadores de Taxi y de Vialidad Nacional nucleados en el Sindicato de Trabajadores Viales y Afines (STVyARA).

Desde la CATT manifestaron también su respaldo al paro que realizarán los trabajadores de la Unión Tranviaria Automotor (UTA) de Provincia de Buenos Aires el próximo viernes 12 de julio, a raíz del conflicto paritario con la Federación Argentina de Transportadores por Automotor de Pasajeros (Fatap) y sobre el cual la UTA sostuvo que “no se encontró siquiera una respuesta que se acerque mínimamente a la pretensión de recomposición salarial para los trabajadores. Hacemos responsables de la situación al sector empresario, que se ha negado sistemáticamente a discutir, y a las autoridades nacionales y provinciales que ignoran y no se hacen eco del planteo sindical”.

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San Juan abre la discusión salarial docente y prepara un plan de retiros voluntarios

El Gobierno convocó a los gremios docentes para el 30 de junio y confirmó que trabaja en un programa de retiros voluntarios que formará parte de una estrategia más amplia de modernización estatal. La iniciativa buscará reducir gradualmente el peso del empleo público sin afectar derechos previsionales ni cobertura de salud.

La gestión de Marcelo Orrego comienza a delinear dos decisiones centrales para la segunda mitad del año: la política salarial de los trabajadores estatales y una reforma administrativa orientada a redefinir la estructura del empleo público provincial.

En ese marco, el ministro de Economía, Hacienda y Finanzas, Roberto Gutiérrez, confirmó que el Gobierno convocó a los gremios docentes para el próximo 30 de junio, encuentro en el que comenzará a discutirse la pauta salarial para el segundo semestre. La negociación se desarrollará en un contexto marcado por la desaceleración inflacionaria, pero también por la persistente pérdida de poder adquisitivo registrada en los últimos años.

El esquema de retiros voluntarios contemplará mecanismos de protección para quienes adhieran, incluyendo la continuidad de la obra social y la preservación de los aportes previsionales. El desafío para el Gobierno será compatibilizar la necesidad de ordenar las cuentas públicas y modernizar la administración con la demanda de estabilidad laboral de miles de trabajadores estatales.

Con la reapertura de la discusión salarial y el inminente anuncio de la desvinculación concertada, la gestión provincial pone en marcha una agenda que combina negociación gremial, reorganización administrativa y búsqueda de mayor eficiencia en el aparato estatal, uno de los ejes que pretende consolidar durante la segunda etapa de gobierno.

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Pulseada sindical: la CGT se divide entre una huelga nacional y un plan de desgaste

El Consejo Directivo de la CGT definirá esta semana una nueva hoja de ruta frente al Gobierno nacional. Mientras un sector reclama una huelga de 36 horas y medidas más contundentes, la conducción impulsa un esquema de protestas sectoriales inspirado en la experiencia sindical francesa. La discusión refleja diferencias tácticas, pero también la disputa por el liderazgo de la central obrera en un clima de ajuste, despidos y caída del poder adquisitivo.

La reunión que el Consejo Directivo de la CGT celebrará este jueves en la sede de Azopardo pondrá en escena algo más que la definición de un plan de lucha. Lo que está en discusión es la estrategia sindical para enfrentar la etapa más compleja de la gestión de Javier Milei y, al mismo tiempo, la capacidad de la central obrera para sostener una conducción unificada en medio de intereses y diagnósticos cada vez más divergentes.

Dos posiciones aparecen hoy claramente diferenciadas. Por un lado, un bloque integrado por dirigentes como Luis Barrionuevo, Omar Maturano y Roberto Fernández impulsará la convocatoria a un paro nacional de 36 horas. Consideran que el deterioro del empleo, la pérdida de ingresos y la situación financiera de las obras sociales exigen una respuesta de alto impacto que logre paralizar la actividad económica y enviar una señal política contundente al Gobierno.

Del otro lado, la conducción cegetista y los sectores más dialoguistas rechazan avanzar hacia una nueva huelga general en el corto plazo. Su propuesta consiste en desarrollar un esquema de conflictividad progresiva basado en protestas sectoriales, asambleas, movilizaciones y medidas de fuerza alternadas, con la intención de acumular presión social y ampliar las alianzas con otros sectores afectados por la política económica oficial.

La discusión no es nueva. La semana pasada, durante un encuentro con referentes sindicales de la industria, el transporte, la energía y la alimentación, ya había quedado en evidencia el malestar frente al cuadro económico. Sin embargo, la propuesta de una huelga por tiempo indeterminado planteada por Maturano no encontró respaldo suficiente, mientras que la idea de avanzar con acciones graduales reunió mayores consensos.

Detrás del debate táctico subyace una preocupación compartida. Los principales gremios coinciden en señalar el impacto de la caída del consumo, la desaceleración de la actividad productiva, los despidos registrados en distintos sectores y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. La diferencia radica en cómo traducir ese diagnóstico en una estrategia sindical eficaz.

La conducción de la CGT, donde convergen dirigentes de peso como Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, Hugo Moyano y José Luis Lingeri, entiende que hoy no existen condiciones políticas ni gremiales para sostener una medida de fuerza de gran alcance. Además, cuestiona a los sectores que reclaman paros generales de manera recurrente sin garantizar luego niveles significativos de adhesión en sus propias estructuras.

En este aspecto, la central obrera busca fortalecer la coordinación con las dos CTA para construir una agenda común que incluya movilizaciones federales y eventuales medidas de alcance nacional. El objetivo es ampliar la base de sustentación de las protestas y evitar que el conflicto quede circunscripto exclusivamente al ámbito sindical.

La situación de las obras sociales también aparece entre las prioridades. La caída de recursos y el aumento de los costos prestacionales generan grandes dificultades financieras en gran parte del sistema, una problemática que varios dirigentes consideran tan urgente como la discusión salarial y laboral.

La reunión del jueves servirá para definir una metodología de acción, pero también funcionará como una prueba de cohesión interna. La CGT enfrenta el desafío de responder a un presente económico adverso sin profundizar sus propias fracturas. Entre quienes reclaman una confrontación inmediata y quienes prefieren una estrategia de desgaste sostenido, la central obrera busca encontrar un equilibrio que le permita conservar influencia política y capacidad de movilización en una etapa decisiva para el movimiento sindical.

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La UTA advirtió que peligra la paz social y reactivó la amenaza de un paro

El gremio que lidera Roberto Fernández reclamó una recomposición salarial acorde a la inflación y responsabilizó a empresarios y al Gobierno por la falta de respuestas. Aunque todavía no hay una fecha definida, la organización analiza medidas de alcance nacional que podrían afectar tanto al AMBA como a los servicios urbanos del interior.

La paritaria del transporte automotor volvió a ingresar en una zona de alta conflictividad. La Unión Tranviarios Automotor (UTA) reiteró su reclamo de actualización salarial y advirtió que podría avanzar con medidas de fuerza si las cámaras empresarias no presentan una oferta que permita recuperar el poder adquisitivo de los choferes.

La advertencia fue formulada por el secretario general del sindicato, Roberto Fernández, quien sostuvo que las negociaciones permanecen estancadas y alertó que «los días pasan y la paz social peligra». El reclamo apunta a obtener una recomposición que contemple la inflación acumulada durante el segundo trimestre del año.

El principal foco del conflicto se concentra en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde se negocian las condiciones salariales de la mayor parte del sistema. Sin embargo, una eventual medida de fuerza podría extenderse al resto del país, ya que la UTA nuclea a los trabajadores del transporte urbano y de media distancia de numerosas provincias.

Las empresas, por su parte, argumentan que no cuentan con recursos para afrontar nuevos aumentos sin una actualización del esquema de subsidios nacionales. Esa disputa volvió a colocar al Gobierno en el centro de la negociación, dado que cualquier acuerdo salarial depende en gran medida de la ecuación financiera que sostiene al sistema.

Aunque el gremio no definió todavía la modalidad de protesta, entre las alternativas analizadas aparecen restricciones parciales de servicios, reducción de frecuencias o un paro de actividades. La decisión quedará supeditada al resultado de las próximas reuniones paritarias.

En San Juan, la situación es seguida con atención por las empresas y los trabajadores del sector. Si la conducción nacional de la UTA resolviera convocar a una medida de alcance federal, los servicios provinciales podrían verse alcanzados por la protesta, como ha ocurrido en anteriores conflictos salariales. Por el momento, no existe una convocatoria formal ni una fecha definida para una interrupción del transporte.

La nueva advertencia sindical refleja un problema que trasciende la discusión salarial. La combinación de inflación, subsidios insuficientes y mayores costos operativos mantiene bajo presión a uno de los servicios públicos más sensibles del país. Sin una salida consensuada, el conflicto amenaza con escalar y volver a afectar la movilidad de millones de pasajeros.

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