El empleo registrado sigue en caída y pone bajo presión a las jubilaciones
Los registros oficiales de la Subsecretaría de Seguridad Social muestran que el Sistema Integrado Previsional Argentino perdió 38.532 aportantes en el último año y más de 304.000 desde 2023. El crecimiento de la informalidad y del trabajo independiente reduce los ingresos del régimen jubilatorio mientras aumenta la cantidad de beneficiarios.
El deterioro del empleo registrado continúa profundizándose y comienza a reflejarse con fuerza en el financiamiento del sistema jubilatorio. De acuerdo con el último informe de la Subsecretaría de Seguridad Social, elaborado sobre la base de datos de ANSES y ARCA (ex AFIP), en mayo de 2026 se contabilizaron 12.442.017 aportantes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), lo que representa una disminución de 38.532 trabajadores respecto del mismo mes del año pasado.
La comparación de más largo plazo resulta todavía más preocupante. En apenas tres años, la base de aportantes se redujo en 304.417 personas, una caída asociada al retroceso del empleo asalariado, el cierre de empresas y la reducción de plantillas tanto en la administración pública como en el ámbito privado.
Los datos oficiales también reflejan un crecimiento sostenido de la precarización laboral. Sobre una población ocupada cercana a los 22 millones de personas, alrededor de 9,5 millones desarrollan tareas sin realizar aportes al sistema previsional. Entre ellos, más de 5,6 millones de asalariados privados trabajan sin registración, elevando la tasa de informalidad al 43,6%, según las mediciones del INDEC incorporadas al informe.
La ausencia de registración no sólo implica menores ingresos para el SIPA. Ese universo de trabajadores carece de cobertura jubilatoria futura, obra social y protección frente a accidentes laborales mediante las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART), ampliando las brechas de protección social.
Mientras disminuye la cantidad de quienes financian el régimen previsional, el número de prestaciones mantiene una tendencia ascendente. En mayo de este año, el SIPA abonó 6,8 millones de jubilaciones y pensiones, con 73.727 beneficios más que un año antes, equivalente a un incremento interanual del 1,1%.
La composición del universo de jubilados también expone la transformación del sistema. El 46,4% de las prestaciones corresponde a beneficios obtenidos mediante moratorias previsionales, el 44,3% a jubilaciones ordinarias por cumplimiento de los años de aportes y el 9,3% restante responde a otros regímenes especiales. Aunque las jubilaciones ordinarias crecieron en 58.863 casos durante el último año por el cumplimiento de la edad y los requisitos legales, la relación entre aportantes activos y beneficiarios continúa deteriorándose.
Otro elemento que agrava el cuadro es la expansión del trabajo independiente. Los aportes efectuados por monotributistas y otras modalidades autónomas resultan considerablemente inferiores a las contribuciones generadas por un empleo asalariado formal, lo que reduce la capacidad de financiamiento genuino del sistema y obliga al Estado nacional a cubrir una porción cada vez mayor del déficit previsional mediante recursos del Tesoro.
Las proyecciones tampoco ofrecen señales alentadoras. Los anuncios de nuevas reducciones de personal en organismos públicos, sumados a las dificultades que atraviesan numerosas empresas privadas, anticipan una mayor presión sobre el mercado laboral registrado y sobre las cuentas del régimen jubilatorio.
La evolución de los indicadores confirma una transformación profunda del mercado de trabajo argentino. La disminución del empleo formal, el crecimiento de la informalidad y el aumento sostenido de las prestaciones previsionales configuran un desafío de creciente magnitud para la sostenibilidad financiera del SIPA, en un momento en que el equilibrio entre aportantes y beneficiarios aparece cada vez más comprometido.
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La Argentina, bajo vigilancia por un El Niño de intensidad extraordinaria
La secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, Celeste Saulo, alertó sobre un calentamiento del Pacífico que supera los registros recientes. El fenómeno podría alcanzar su máxima intensidad hacia fines de 2026 y elevar el riesgo de precipitaciones extremas, inundaciones y otras alteraciones climáticas durante el año próximo.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo dependiente de las Naciones Unidas, encendió una señal de alarma por la intensidad excepcional que podría alcanzar El Niño hacia fines de 2026, con consecuencias que se extenderían durante buena parte de 2027. La advertencia fue formulada por su secretaria general, la meteoróloga argentina Celeste Saulo, quien señaló que el calentamiento del océano Pacífico supera los parámetros registrados en las últimas cuatro décadas.
“Estamos más allá de ese límite, fuera de nuestros registros, fuera de nuestras estadísticas sobre lo que podemos esperar”, afirmó Saulo al describir la magnitud del fenómeno. Según las previsiones difundidas por el organismo, la intensidad comenzaría a retroceder en enero, aunque eso no supondría una desaparición inmediata de sus efectos.
El fenómeno modifica los patrones de circulación atmosférica y altera la distribución de las precipitaciones y las temperaturas en distintas regiones. Por eso, una mayor intensidad no significa que todas las zonas vayan a sufrir necesariamente tormentas o sequías más severas, sino que puede incrementar la probabilidad de determinados eventos extremos.
Inundaciones bajo vigilancia en la Argentina
En el país, la atención está puesta especialmente en el noreste y el Litoral, donde las lluvias persistentes pueden provocar crecidas de los ríos Paraná y Uruguay e incrementar el riesgo de inundaciones. Informes periodísticos señalaron que ya se registraban anegamientos en áreas próximas a ambos cursos de agua, mientras las represas de Itaipú y Yacyretá habían abierto sus compuertas para aliviar la presión derivada de caudales elevados.
La evolución de El Niño será relevante para anticipar posibles alteraciones en el régimen de lluvias durante los próximos meses. Sin embargo, el fenómeno por sí solo no permite establecer qué ocurrirá en una localidad determinada: los pronósticos regionales y las alertas oficiales serán fundamentales para evaluar la amenaza concreta.
La OMM también advirtió sobre efectos observados en otras partes del mundo, entre ellos precipitaciones intensas e incendios en la Amazonia brasileña. La atribución de cada episodio requiere, no obstante, análisis específicos, debido a que los fenómenos extremos responden a la combinación de factores climáticos y ambientales.
La alerta climática también es humanitaria
La preocupación de Naciones Unidas excede las consecuencias meteorológicas. Durante la misma conferencia, Tom Fletcher, secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios, advirtió que El Niño podría agravar las crisis alimentarias y aumentar la vulnerabilidad de millones de personas. Según sus estimaciones, alrededor de 50 millones podrían enfrentar mayores niveles de hambre como consecuencia de sus efectos.
Fletcher informó además que se habían asignado más de US$50 millones del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia para asistir a 11 países vulnerables, entre ellos Chad, El Salvador, Etiopía, Somalia y Sudán del Sur.
La advertencia vuelve a poner en primer plano la importancia de anticipar los riesgos, fortalecer los sistemas de alerta y preparar respuestas públicas antes de que las emergencias alcancen su punto crítico. Aunque la evolución de El Niño todavía debe seguirse mediante actualizaciones científicas, su posible intensidad obliga a prestar especial atención a las regiones expuestas a inundaciones, sequías y pérdidas productivas.
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Renunció Daniel González, uno de los principales colaboradores de Caputo en Energía y Minería
El ex CEO de YPF alegó motivos personales para abandonar la función pública, aunque también habría influido el desgaste acumulado durante su gestión. Luis Caputo elogió su desempeño y destacó su aporte al Gobierno de Javier Milei.
Daniel González renunció a su cargo como secretario coordinador de Energía y Minería, una función desde la que articulaba dos áreas centrales para la política económica del Gobierno de Javier Milei. Su salida se produjo después de casi dos años de gestión y representa una baja para el equipo del ministro de Economía, Luis Caputo, uno de sus principales respaldos dentro de la administración nacional.
El titular del Palacio de Hacienda confirmó públicamente la partida con un mensaje de reconocimiento en la red social X. Calificó como “extraordinario” el trabajo de González y le agradeció por su dedicación y esfuerzo durante su paso por el Ejecutivo.
Aunque el exfuncionario atribuyó la decisión a cuestiones personales, también trascendieron versiones sobre un desgaste acumulado en el ejercicio de sus responsabilidades, según informó la agencia Noticias Argentinas. No se difundieron, sin embargo, detalles precisos sobre las circunstancias que precipitaron su salida.
Antes de incorporarse al Gobierno, González había sido CEO de YPF, antecedente que le aportó experiencia en la conducción de una de las principales empresas energéticas del país. Desde su cargo en la administración nacional, participó en la coordinación de áreas vinculadas con dos actividades relevantes para las inversiones, las exportaciones y el ingreso de divisas.
Al explicar su decisión en declaraciones al canal de streaming Carajo, González agradeció al Presidente por haberle permitido participar de la transformación impulsada por su gestión. Sostuvo que pudo contribuir en ámbitos con un potencial significativo, aunque aclaró que desde el comienzo había concebido su paso por la función pública como una etapa limitada.
“Es muy difícil irse, porque soy parte de una épica y un trabajo que se disfruta. Pero el trabajo es infinito, no se termina nunca”, expresó.
Esta renuncia abre un interrogante sobre el futuro de la coordinación en Energía y Minería, dos sectores clave para el Gobierno por su potencial exportador y de atracción de inversiones. Tras el agradecimiento público de Caputo, la etapa se cierra de forma incierta, ya que aún no se ha anunciado quién asumirá el cargo vacante de González.
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El consumo masivo sigue en retroceso: supermercados y mayoristas acumulan ocho meses de caída
Los datos del Indec muestran que las ventas en supermercados bajaron 2,8% entre enero y agosto, mientras que los autoservicios mayoristas retrocedieron 2,9%. Los centros comerciales registraron una mejora interanual del 3,7% en agosto, aunque todavía acumulan una caída en 2026.
El consumo cotidiano continúa sin encontrar una recuperación sostenida. Las ventas en supermercados y autoservicios mayoristas volvieron a caer en agosto y prolongaron una tendencia negativa que contrasta con el crecimiento registrado por los centros comerciales, según los últimos relevamientos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
En los supermercados, las ventas disminuyeron 3,7% interanual en agosto y acumularon una contracción del 2,8% durante los primeros ocho meses de 2026. La comparación mensual también fue desfavorable: el indicador retrocedió 0,8% frente a julio. Con este resultado, el rubro completó ocho meses consecutivos de bajas interanuales, después del último registro positivo de diciembre pasado, cuando había avanzado 0,5%.
Los autoservicios mayoristas tampoco lograron revertir la tendencia. Sus ventas cayeron 3,6% frente a agosto de 2025 y acumularon una merma del 2,9% entre enero y agosto. Además, registraron una disminución mensual del 1,2% y sumaron siete meses consecutivos de retrocesos interanuales.
Los precios suben, pero las cantidades no acompañan
La evolución de la facturación nominal contrasta con la caída de las ventas medidas en términos reales. En supermercados, los ingresos a precios corrientes crecieron 24,2% interanual, mientras que en mayoristas aumentaron 23,7%. Esos incrementos, por sí solos, no indican una expansión del consumo: deben distinguirse de las variaciones de precios y de las cantidades efectivamente vendidas.
En los supermercados, el ticket promedio alcanzó los $35.569, con un aumento interanual del 15,8%. Las tarjetas de crédito concentraron el 43% de los pagos, seguidas por las de débito, con el 23,9%, y el efectivo, con el 17%. El resto correspondió a otros medios de pago.
En los mayoristas, el gasto promedio por compra llegó a $47.067, un 29% más que un año antes. Allí, las transferencias, los pagos con QR y otros medios alternativos representaron el 32,7% de las operaciones; las tarjetas de crédito explicaron el 26,8% y el efectivo, el 24,8%.
Los shoppings, la excepción
Los centros comerciales mostraron un comportamiento diferente: sus ventas aumentaron 3,7% interanual en agosto y avanzaron 3,3% respecto de julio. Sin embargo, el balance acumulado de los primeros ocho meses del año continúa en terreno negativo, con una baja del 1,2%.
Los datos dibujan así una evolución desigual del comercio. Mientras los shoppings registran un repunte, supermercados y mayoristas —canales centrales para las compras habituales de los hogares— siguen acumulando retrocesos. La persistencia de esa caída plantea interrogantes sobre la capacidad de recuperación del poder de compra y sobre el ritmo al que podrá reactivarse la demanda interna.
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