Sindicatos e Iglesia coinciden en la necesidad de fortalecer la representación de los sectores del trabajo
La convocatoria impulsada por el arzobispo de San Juan, monseñor Jorge Lozano, reunió a referentes de las principales centrales obreras en un momento marcado por la desaceleración de la actividad económica, la pérdida de puestos de trabajo y la fragilidad de amplios sectores productivos. En ese marco, el secretario general de la UOM San Juan, Martín Solazzo, analizó en Mudo Laboral San juan la realidad industrial, se refirió a la intervención que atraviesa el gremio metalúrgico y reclamó una mayor articulación para defender el empleo y la producción nacional.
En una Argentina marcada por dificultades económicas persistentes y un gran malestar social, la Iglesia Católica volvió a convertirse en un ámbito de encuentro para sectores que observan con preocupación el rumbo del país. La reunión encabezada por monseñor Jorge Lozano con representantes de distintas organizaciones obreras dejó una imagen poco frecuente en tiempos de fragmentación: dirigentes de diversas extracciones compartiendo una misma mesa para debatir sobre empleo, desarrollo y cohesión social.
El encuentro tuvo un significado que fue más allá de la formalidad institucional. La convocatoria puso en discusión el impacto que la actual dinámica económica está generando sobre miles de familias, especialmente aquellas vinculadas al trabajo asalariado, la producción y los sistemas de protección social.
Entre los asistentes estuvo Martín Solazzo, secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) de San Juan, quien destacó la importancia de abrir espacios de diálogo capaces de construir respuestas colectivas frente a desafíos cada vez más complejos.
“El mensaje fue claro: nadie puede enfrentar esta realidad en soledad. Hace falta fortalecer los vínculos y generar acuerdos que permitan defender a quienes hoy soportan el mayor peso de la crisis”, sostuvo.

La búsqueda de una estrategia común
Uno de los aspectos más valorados por los participantes fue la posibilidad de avanzar hacia una agenda compartida entre distintas expresiones del movimiento obrero.
Para Solazzo, la magnitud de los problemas actuales exige superar diferencias sectoriales y concentrar esfuerzos en objetivos comunes vinculados con la defensa del empleo, la actividad económica y los derechos conquistados durante décadas.
En ese sentido, consideró que la construcción de consensos no puede agotarse en declaraciones ni fotografías circunstanciales. “La convergencia debe reflejarse en acciones concretas. La realidad demanda respuestas colectivas y presencia activa allí donde están los problemas cotidianos de la gente”, expresó.
Su reflexión se inscribe en un debate cada vez más presente dentro de las organizaciones gremiales: cómo recuperar capacidad de representación en un momento en que amplios segmentos de la sociedad enfrentan dificultades para sostener ingresos, acceder a servicios básicos o proyectar un futuro de estabilidad.

La industria bajo presión
Más allá de la reunión con la Iglesia, el referente metalúrgico deslizó un diagnóstico severo sobre la actualidad productiva del país.
A su entender, Argentina atraviesa una etapa en la que se debilitan capacidades estratégicas construidas durante años, mientras otras naciones profundizan políticas destinadas a proteger industrias, atraer inversiones y retener recursos humanos altamente calificados.
“Mientras gran parte del mundo compite por tecnología, conocimiento y desarrollo industrial, nosotros seguimos perdiendo herramientas fundamentales para crecer”, advirtió.
La preocupación no se limita a indicadores a corto plazo. Desde la óptica del sector metalúrgico, existe el riesgo de que ciertas decisiones económicas terminen erosionando Infraestructura operativa cuya recuperación demandaría años de esfuerzo e inversión.
El retroceso de la actividad manufacturera, la disminución de oportunidades laborales y la incertidumbre empresarial forman parte de un cuadro que, según explicó, impacta directamente sobre las posibilidades de crecimiento futuro.
La intervención de la UOM y sus consecuencias
La situación institucional que atraviesa la organización metalúrgica también ocupó un lugar central en el análisis del dirigente sanjuanino. Luego de que la Justicia resolviera mantener la intervención nacional del sindicato, persisten interrogantes sobre el funcionamiento administrativo y operativo de distintas áreas vinculadas a la vida interna de la entidad.
Solazzo recordó que el Consejo Directivo había impulsado mecanismos contemplados en el estatuto para garantizar la continuidad institucional, aunque finalmente la resolución judicial ratificó el esquema de intervención.
Más allá de la controversia jurídica, advirtió que las demoras derivadas de este proceso terminan afectando prestaciones esenciales para los afiliados.
“La principal preocupación es que cualquier retraso administrativo repercute directamente sobre quienes necesitan respuestas concretas”, señaló.
El dirigente explicó que cuestiones vinculadas con la gestión de recursos, autorizaciones y compromisos financieros generan dificultades adicionales en un sistema que ya enfrenta restricciones presupuestarias.
Para la conducción local, el desafío inmediato consiste en garantizar que los servicios continúen funcionando con normalidad y evitar que la disputa institucional tenga consecuencias sobre los beneficiarios.
Las tensiones detrás del conflicto
Durante la entrevista, Solazzo también se refirió a las disputas que rodean la intervención y sostuvo que detrás de la controversia existen intereses económicos y políticos que exceden la vida interna del sindicato.
A su juicio, determinados sectores empresariales mantienen diferencias históricas con la conducción metalúrgica debido a los reclamos vinculados con salarios, convenios colectivos y condiciones laborales.
Las definiciones de Martín Solazzo reflejan algunas de las discusiones más relevantes que hoy atraviesan al movimiento obrero: la defensa de las instituciones gremiales, la necesidad de construir consensos duraderos, el futuro de la industria nacional y la preservación de derechos laborales en un período de profundas transformaciones.
En ese cuadro, el encuentro entre la Iglesia y las organizaciones obreras adquirió una dimensión que excede la coyuntura. Más que una reunión protocolar, representó un llamado a fortalecer la articulación social frente a desafíos que continúan acumulándose y que exigen respuestas capaces de combinar diálogo, representación y una mirada estratégica sobre el futuro del trabajo y la producción en el país.
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Despidos: excluyen bonos, premios y horas extras del cálculo indemnizatorio
El Gobierno nacional reglamentó un nuevo criterio para calcular las indemnizaciones por despido sin causa. Desde ahora solo se computarán el salario básico convencional y las sumas remunerativas normales, habituales y mensuales, mientras que quedarán excluidos conceptos como bonos, premios, horas extras, aguinaldo y otros adicionales. Especialistas anticipan un fuerte debate judicial por el alcance de la medida.
El Gobierno de Javier Milei avanzó con una nueva modificación de la reforma laboral al redefinir la base salarial utilizada para calcular las indemnizaciones por despido sin causa. La reglamentación introduce un criterio más restrictivo sobre los conceptos que podrán integrar la compensación por antigüedad, una decisión que reducirá el monto que percibirán numerosos asalariados y que ya genera cuestionamientos entre abogados laboralistas y organizaciones sindicales.
La indemnización continuará equivaliendo, en términos generales, a un salario por cada año de servicio o fracción mayor de tres meses, aunque cambia de manera sustancial la forma de determinar cuál es la remuneración que servirá como referencia para ese cálculo.
A partir de la entrada en vigencia de la norma, únicamente se considerarán el salario básico previsto en el convenio colectivo y las sumas remunerativas de percepción normal, habitual y mensual. En consecuencia, dejarán de formar parte de la base indemnizatoria los premios, bonos, horas extras, sueldo anual complementario (SAC), participación en las ganancias, plus vacacional, conceptos no remunerativos, pagos extraordinarios y cualquier otro ingreso que no reúna esas características.
La reglamentación incorpora además una cláusula de alcance amplio al establecer que también permanecerán excluidos todos aquellos conceptos que, cualquiera sea su denominación u origen jurídico, no se liquiden con carácter regular y permanente.
El impacto económico variará según la composición del salario de cada trabajador. Quienes perciban exclusivamente una remuneración fija mensual difícilmente observen diferencias relevantes. En cambio, aquellos cuyos ingresos dependan en buena medida de adicionales variables podrían recibir compensaciones considerablemente inferiores en caso de un despido sin causa.
Diversos especialistas en derecho del trabajo advirtieron que numerosas actividades incorporan de manera habitual bonos por productividad, premios, horas suplementarias o incentivos convencionales que representan una porción significativa del ingreso mensual. Al quedar excluidos del cálculo, la indemnización final podría disminuir de manera apreciable.
Desde la administración nacional sostienen que la modificación procura otorgar mayor previsibilidad a los empleadores, unificar criterios interpretativos y reducir la litigiosidad derivada de los reclamos indemnizatorios. Según la visión oficial, una definición más precisa de la base salarial contribuirá a disminuir los conflictos judiciales y favorecerá la contratación de personal al reducir la incertidumbre sobre los costos derivados de una eventual desvinculación.
La respuesta del movimiento obrero y de los laboralistas fue inmediata. Consideran que la reglamentación restringe el alcance de un derecho históricamente reconocido por la legislación argentina y disminuye el resarcimiento económico de quienes pierdan su fuente laboral. A su entender, la modificación se suma al conjunto de reformas promovidas por la Casa Rosada con el propósito de flexibilizar las relaciones laborales y reducir los costos asociados al empleo formal.
El alcance definitivo de la medida probablemente quede sujeto al análisis de los tribunales. Uno de los principales puntos de discusión será determinar qué conceptos reúnen efectivamente las condiciones de normalidad, habitualidad y periodicidad mensual, una cuestión que podría variar de acuerdo con cada convenio colectivo y con las particularidades de cada actividad.
Ese margen interpretativo anticipa una nueva etapa de controversias judiciales. Mientras el Ejecutivo presenta la reglamentación como una herramienta para aportar previsibilidad al sistema laboral, sindicatos y especialistas sostienen que su aplicación reducirá el costo de los despidos y reabrirá uno de los debates más sensibles del derecho del trabajo argentino: el alcance de la protección económica frente a la pérdida del empleo.
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Supermercados activan retiros voluntarios en San Juan y crece la preocupación gremial
El Sindicato Empleados de Comercio confirmó que las cadenas Vea y Átomo impulsan retiros voluntarios dirigidos principalmente a empleados de 57 y 58 años, con más de 30 años de antigüedad. El gremio advirtió que las propuestas, en algunos casos, representan entre el 60% y el 70% de la indemnización legal y recomendó analizar cada ofrecimiento antes de aceptar.
La persistente retracción del consumo comenzó a reflejarse con mayor intensidad en el mercado laboral sanjuanino. Las principales cadenas de supermercados iniciaron un proceso de retiros voluntarios orientado a reducir sus dotaciones, una decisión que encendió la preocupación del Sindicato Empleados de Comercio (SEC) por el alcance que podría adquirir esta modalidad en los próximos meses.
La secretaria general del gremio, Mirna Moral, confirmó que las propuestas fueron impulsadas por Vea y Átomo, aunque precisó que el mayor número de ofrecimientos corresponde a la firma perteneciente al grupo Cencosud, una de las empresas con mayor presencia en la provincia.
Según explicó la dirigente, los acuerdos están dirigidos principalmente a personas de 57 y 58 años, especialmente aquellas que ya reúnen los años de aportes requeridos para acceder a la jubilación. En la mayoría de los casos se trata de empleados con alrededor de tres décadas de servicio, cuyos ingresos incorporan adicionales convencionales que incrementan significativamente el costo salarial.
En Vea, las compensaciones ofrecidas representan entre el 60% y el 70% de la indemnización prevista por ley. Debido a la extensa trayectoria de muchos de los alcanzados, las cifras pueden oscilar entre 60 y 70 millones de pesos, montos que, si bien resultan elevados, no siempre compensan la pérdida de un ingreso estable hasta el momento del retiro definitivo de la vida laboral.
En Átomo, la operatoria también comenzó a implementarse, aunque con ofrecimientos de menor magnitud económica. De acuerdo con el SEC, esas condiciones despertaron escaso interés entre quienes fueron convocados a negociar su desvinculación.
Desde la organización sindical remarcaron que cada propuesta es analizada de manera individual. Antes de aceptar cualquier convenio, el gremio evalúa la realidad familiar, la cercanía de la jubilación, la existencia de personas a cargo y las posibilidades concretas de reinserción laboral, con el propósito de brindar un asesoramiento integral y evitar decisiones apresuradas.
Moral recordó que existen antecedentes de trabajadores que aceptaron este tipo de acuerdos atraídos por una importante compensación económica y, tiempo después, regresaron al sindicato tras agotar esos recursos sin haber logrado reincorporarse al mercado laboral.
La preocupación no es nueva. A fines del año pasado, el cierre de la sucursal de Vea Villa Krause dejó 16 personas alcanzadas por un proceso que concluyó con indemnizaciones abonadas en su totalidad, reubicaciones en otros establecimientos y retiros voluntarios.
Para el gremio, la expansión de este mecanismo constituye un nuevo indicador del deterioro que atraviesa el comercio minorista. La desaceleración de las ventas, el aumento de los costos operativos y la necesidad de las empresas de reorganizar sus estructuras comienzan a traducirse en cambios dentro de uno de los principales generadores de empleo privado de San Juan, un fenómeno que el movimiento sindical sigue con especial atención ante su posible profundización.
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El Gobierno recalibró los aportes sindicales y alivió el financiamiento de los gremios
El Decreto 612/2026 modificó la reglamentación de la reforma laboral y redefinió la base de cálculo de los aportes previstos en los convenios colectivos. La decisión amplía los conceptos salariales computables, preserva recursos para los sindicatos y excluye del tope del 2% determinadas contribuciones empresarias destinadas a prestaciones sociales, asistenciales y previsionales.
El Gobierno nacional introdujo un cambio de fuerte impacto en el sistema de relaciones laborales al publicar el Decreto 612/2026, mediante el cual modificó la reglamentación de la Ley 14.250 de Convenciones Colectivas de Trabajo y estableció nuevos criterios para calcular los aportes, contribuciones y retenciones surgidos de los acuerdos paritarios.
La disposición, publicada en el Boletín Oficial y firmada por el presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Diego Santilli y la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello, reemplaza aspectos del Decreto 407/2026, que había restringido la base de cálculo exclusivamente al salario básico convencional.
Con la nueva reglamentación, la base sobre la que se aplican las cuotas solidarias y otros aportes convencionales ya no comprenderá únicamente el salario básico, sino también las sumas remunerativas normales, habituales y de percepción mensual previstas en los convenios colectivos. Permanecen excluidos los premios, bonos, horas extras, aguinaldo, plus vacacional, participación en ganancias, conceptos no remunerativos y cualquier otro ingreso extraordinario.
Otro de los cambios relevantes consiste en diferenciar los aportes regulados por el artículo 9 de la Ley 14.250 de aquellas contribuciones que los empleadores acuerden a favor de las organizaciones sindicales. Estas últimas pasarán a regirse por la Ley 23.551 de Asociaciones Sindicales y deberán destinarse exclusivamente a prestaciones sociales, asistenciales, previsionales o culturales para los trabajadores representados.
La norma también obliga a que esos recursos sean administrados mediante cuentas y documentación independientes del resto del patrimonio sindical, con el propósito de reforzar los mecanismos de control y transparencia.
El decreto mantiene vigente el tope del 2% previsto para las cuotas solidarias, aunque redefine los conceptos salariales sobre los cuales se calcula ese límite. Paralelamente, deja fuera de esa restricción las contribuciones empresarias destinadas a fines específicos, una modificación que evita una reducción significativa de los ingresos que perciben numerosas organizaciones gremiales y sus obras sociales.
La decisión llegó después de intensas conversaciones entre funcionarios nacionales y la CGT, que había advertido que la reglamentación original afectaba el financiamiento del modelo sindical argentino. Entre los casos mencionados durante las negociaciones sobresalen las contribuciones empresarias destinadas a obras sociales, que en algunos gremios representan miles de millones de pesos mensuales, recursos esenciales para sostener prestaciones médicas y asistenciales.
La rectificación se oficializó además en un momento de alta sensibilidad política, cuando la central obrera prepara una nueva etapa de movilizaciones y mantiene abiertos diversos frentes de conflicto con el Gobierno por la política laboral y salarial.
La modificación del Decreto 407/2026 refleja un cambio de criterio en la aplicación de la reforma laboral impulsada por la administración nacional. Más allá de los aspectos técnicos, la medida preserva una fuente clave de financiamiento para los sindicatos, redefine el alcance de los convenios colectivos y reconfigura uno de los puntos de mayor discusión entre el Poder Ejecutivo y el movimiento obrero organizado.
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