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Desde el Congreso Nacional de Delegados de la UOM, Martín Solazzo advirtió sobre la pérdida del poder adquisitivo, la destrucción de empleo industrial y las restricciones en las negociaciones paritarias. Con un diagnóstico crítico, el sector definió un plan de acción que podría derivar en medidas de fuerza de mayor alcance.

El movimiento metalúrgico atraviesa una etapa de definiciones, marcada por el deterioro salarial, la contracción del empleo y el endurecimiento de las posiciones gremiales. Así lo expresó Martín Solazzo, referente de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) en San Juan, tras su participación en el Congreso Nacional de Delegados realizado en Mar del Plata, instancia clave donde se delinean las principales decisiones del gremio a nivel país.

El encuentro, que reúne a representantes de todas las seccionales, constituye el máximo órgano deliberativo de la organización. Allí se aprueban balances, se fijan lineamientos y se establecen las estrategias que regirán la acción gremial. En esta oportunidad, el eje dominante giró en torno a la pérdida de ingresos y a las dificultades para sostener negociaciones paritarias sin condicionamientos.

“Las paritarias hoy no están alcanzando ni siquiera los índices de inflación”, sostuvo Solazzo, quien además cuestionó la injerencia del Gobierno nacional en la definición de los porcentajes de aumento. Según explicó, existen limitaciones que impiden discutir libremente las recomposiciones salariales, lo que termina consolidando un atraso sostenido en los haberes. “Seguimos perdiendo puntos mes a mes, y eso impacta directamente en la calidad de vida”, advirtió.

El diagnóstico fue compartido por delegados de todo el país y reforzado por la participación del Frente de Sindicatos Unidos, un espacio que nuclea a más de 140 organizaciones. Durante el congreso, sus representantes expusieron un estudio que estima el ingreso necesario para sostener condiciones de vida adecuadas. La cifra, ajustada por la inflación reciente, ubica ese piso por encima de los 2,8 millones de pesos mensuales.

El planteo excede la discusión técnica sobre sueldos. Desde el sector sostienen que el ingreso mínimo debe superar la canasta básica y contemplar no solo la alimentación, sino también el acceso a servicios, educación, transporte y recreación. “No se puede aceptar que un trabajador formal no llegue a fin de mes”, enfatizó el dirigente, en línea con el consenso alcanzado durante el encuentro.

La situación del empleo industrial constituye otro de los puntos críticos. Según datos compartidos en el congreso, el sector metalúrgico perdió más de 30.000 puestos de trabajo en los últimos meses, una cifra que refleja el impacto de la caída de la actividad. Para el sindicalista sanjuanino, este fenómeno tiene consecuencias profundas, ya que detrás de cada desvinculación hay familias que quedan sin sustento y sin alternativas de reinserción.

“La industria es uno de los pilares del trabajo registrado, y cuando se la debilita, el impacto es inmediato”. En ese sentido, expresó que la falta de oportunidades laborales agrava la situación de quienes pierden su empleo, ya que no encuentran opciones en otros sectores. “El problema no es solo perder el trabajo, sino no tener dónde volver a insertarse”, remarcó.

Ante este cuadro, el congreso aprobó un plan de acción que abarca el período 2026-2030. La iniciativa, impulsada por el cuerpo de delegados y respaldada por la conducción nacional, establece una hoja de ruta que contempla desde instancias de negociación hasta la posibilidad de medidas de fuerza de mayor intensidad. Entre las opciones mencionadas figura la convocatoria a paros por tiempo indeterminado en caso de no obtener respuestas satisfactorias.

“La decisión es clara: hasta acá llegamos”, sintetizó Solazzo, al describir el ánimo predominante entre los delegados. La consigna apunta a evitar que el costo del ajuste recaiga nuevamente sobre los trabajadores y a rechazar iniciativas que impliquen retrocesos en materia de derechos laborales.

El congreso también dejó en evidencia la búsqueda de mayor articulación entre organizaciones sindicales. La participación del Frente de Sindicatos Unidos reflejó la intención de construir una estrategia común frente a los desafíos actuales. Para el representante metalúrgico, la unidad resulta imprescindible para enfrentar un escenario adverso. “Esto no lo puede resolver un solo gremio; hace falta un trabajo conjunto”, señaló.

En este aspecto, la agenda gremial se vincula con la convocatoria de la CGT a una movilización nacional el 30 de abril, en la antesala del Día del Trabajador. La UOM confirmó su participación y llamó a los afiliados a sumarse. “Es fundamental que los trabajadores acompañen; el sindicato es la herramienta que tienen para defender sus derechos”, destacando la necesidad de mayor involucramiento, concluyó Solazzo.

El panorama que surge del Congreso Nacional de Delegados de la UOM refleja una realidad compleja para el sector industrial. La pérdida de poder adquisitivo, la caída del empleo y las limitaciones en la negociación salarial configuran un cuadro que exige respuestas urgentes.

En este contexto, el gremio metalúrgico avanza hacia una estrategia más firme, con la posibilidad de profundizar las medidas de fuerza si no se producen cambios. La evolución de las paritarias, la recuperación de la actividad industrial y el grado de cohesión sindical serán factores determinantes para definir el rumbo de un conflicto que, lejos de atenuarse, muestra señales de intensificación.

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Despidos: excluyen bonos, premios y horas extras del cálculo indemnizatorio

El Gobierno nacional reglamentó un nuevo criterio para calcular las indemnizaciones por despido sin causa. Desde ahora solo se computarán el salario básico convencional y las sumas remunerativas normales, habituales y mensuales, mientras que quedarán excluidos conceptos como bonos, premios, horas extras, aguinaldo y otros adicionales. Especialistas anticipan un fuerte debate judicial por el alcance de la medida.

El Gobierno de Javier Milei avanzó con una nueva modificación de la reforma laboral al redefinir la base salarial utilizada para calcular las indemnizaciones por despido sin causa. La reglamentación introduce un criterio más restrictivo sobre los conceptos que podrán integrar la compensación por antigüedad, una decisión que reducirá el monto que percibirán numerosos asalariados y que ya genera cuestionamientos entre abogados laboralistas y organizaciones sindicales.

La indemnización continuará equivaliendo, en términos generales, a un salario por cada año de servicio o fracción mayor de tres meses, aunque cambia de manera sustancial la forma de determinar cuál es la remuneración que servirá como referencia para ese cálculo.

A partir de la entrada en vigencia de la norma, únicamente se considerarán el salario básico previsto en el convenio colectivo y las sumas remunerativas de percepción normal, habitual y mensual. En consecuencia, dejarán de formar parte de la base indemnizatoria los premios, bonos, horas extras, sueldo anual complementario (SAC), participación en las ganancias, plus vacacional, conceptos no remunerativos, pagos extraordinarios y cualquier otro ingreso que no reúna esas características.

La reglamentación incorpora además una cláusula de alcance amplio al establecer que también permanecerán excluidos todos aquellos conceptos que, cualquiera sea su denominación u origen jurídico, no se liquiden con carácter regular y permanente.

El impacto económico variará según la composición del salario de cada trabajador. Quienes perciban exclusivamente una remuneración fija mensual difícilmente observen diferencias relevantes. En cambio, aquellos cuyos ingresos dependan en buena medida de adicionales variables podrían recibir compensaciones considerablemente inferiores en caso de un despido sin causa.

Diversos especialistas en derecho del trabajo advirtieron que numerosas actividades incorporan de manera habitual bonos por productividad, premios, horas suplementarias o incentivos convencionales que representan una porción significativa del ingreso mensual. Al quedar excluidos del cálculo, la indemnización final podría disminuir de manera apreciable.

Desde la administración nacional sostienen que la modificación procura otorgar mayor previsibilidad a los empleadores, unificar criterios interpretativos y reducir la litigiosidad derivada de los reclamos indemnizatorios. Según la visión oficial, una definición más precisa de la base salarial contribuirá a disminuir los conflictos judiciales y favorecerá la contratación de personal al reducir la incertidumbre sobre los costos derivados de una eventual desvinculación.

La respuesta del movimiento obrero y de los laboralistas fue inmediata. Consideran que la reglamentación restringe el alcance de un derecho históricamente reconocido por la legislación argentina y disminuye el resarcimiento económico de quienes pierdan su fuente laboral. A su entender, la modificación se suma al conjunto de reformas promovidas por la Casa Rosada con el propósito de flexibilizar las relaciones laborales y reducir los costos asociados al empleo formal.

El alcance definitivo de la medida probablemente quede sujeto al análisis de los tribunales. Uno de los principales puntos de discusión será determinar qué conceptos reúnen efectivamente las condiciones de normalidad, habitualidad y periodicidad mensual, una cuestión que podría variar de acuerdo con cada convenio colectivo y con las particularidades de cada actividad.

Ese margen interpretativo anticipa una nueva etapa de controversias judiciales. Mientras el Ejecutivo presenta la reglamentación como una herramienta para aportar previsibilidad al sistema laboral, sindicatos y especialistas sostienen que su aplicación reducirá el costo de los despidos y reabrirá uno de los debates más sensibles del derecho del trabajo argentino: el alcance de la protección económica frente a la pérdida del empleo.

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Supermercados activan retiros voluntarios en San Juan y crece la preocupación gremial

El Sindicato Empleados de Comercio confirmó que las cadenas Vea y Átomo impulsan retiros voluntarios dirigidos principalmente a empleados de 57 y 58 años, con más de 30 años de antigüedad. El gremio advirtió que las propuestas, en algunos casos, representan entre el 60% y el 70% de la indemnización legal y recomendó analizar cada ofrecimiento antes de aceptar.

La persistente retracción del consumo comenzó a reflejarse con mayor intensidad en el mercado laboral sanjuanino. Las principales cadenas de supermercados iniciaron un proceso de retiros voluntarios orientado a reducir sus dotaciones, una decisión que encendió la preocupación del Sindicato Empleados de Comercio (SEC) por el alcance que podría adquirir esta modalidad en los próximos meses.

La secretaria general del gremio, Mirna Moral, confirmó que las propuestas fueron impulsadas por Vea y Átomo, aunque precisó que el mayor número de ofrecimientos corresponde a la firma perteneciente al grupo Cencosud, una de las empresas con mayor presencia en la provincia.

Según explicó la dirigente, los acuerdos están dirigidos principalmente a personas de 57 y 58 años, especialmente aquellas que ya reúnen los años de aportes requeridos para acceder a la jubilación. En la mayoría de los casos se trata de empleados con alrededor de tres décadas de servicio, cuyos ingresos incorporan adicionales convencionales que incrementan significativamente el costo salarial.

En Vea, las compensaciones ofrecidas representan entre el 60% y el 70% de la indemnización prevista por ley. Debido a la extensa trayectoria de muchos de los alcanzados, las cifras pueden oscilar entre 60 y 70 millones de pesos, montos que, si bien resultan elevados, no siempre compensan la pérdida de un ingreso estable hasta el momento del retiro definitivo de la vida laboral.

En Átomo, la operatoria también comenzó a implementarse, aunque con ofrecimientos de menor magnitud económica. De acuerdo con el SEC, esas condiciones despertaron escaso interés entre quienes fueron convocados a negociar su desvinculación.

Desde la organización sindical remarcaron que cada propuesta es analizada de manera individual. Antes de aceptar cualquier convenio, el gremio evalúa la realidad familiar, la cercanía de la jubilación, la existencia de personas a cargo y las posibilidades concretas de reinserción laboral, con el propósito de brindar un asesoramiento integral y evitar decisiones apresuradas.

Moral recordó que existen antecedentes de trabajadores que aceptaron este tipo de acuerdos atraídos por una importante compensación económica y, tiempo después, regresaron al sindicato tras agotar esos recursos sin haber logrado reincorporarse al mercado laboral.

La preocupación no es nueva. A fines del año pasado, el cierre de la sucursal de Vea Villa Krause dejó 16 personas alcanzadas por un proceso que concluyó con indemnizaciones abonadas en su totalidad, reubicaciones en otros establecimientos y retiros voluntarios.

Para el gremio, la expansión de este mecanismo constituye un nuevo indicador del deterioro que atraviesa el comercio minorista. La desaceleración de las ventas, el aumento de los costos operativos y la necesidad de las empresas de reorganizar sus estructuras comienzan a traducirse en cambios dentro de uno de los principales generadores de empleo privado de San Juan, un fenómeno que el movimiento sindical sigue con especial atención ante su posible profundización.

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El Gobierno recalibró los aportes sindicales y alivió el financiamiento de los gremios

El Decreto 612/2026 modificó la reglamentación de la reforma laboral y redefinió la base de cálculo de los aportes previstos en los convenios colectivos. La decisión amplía los conceptos salariales computables, preserva recursos para los sindicatos y excluye del tope del 2% determinadas contribuciones empresarias destinadas a prestaciones sociales, asistenciales y previsionales.

El Gobierno nacional introdujo un cambio de fuerte impacto en el sistema de relaciones laborales al publicar el Decreto 612/2026, mediante el cual modificó la reglamentación de la Ley 14.250 de Convenciones Colectivas de Trabajo y estableció nuevos criterios para calcular los aportes, contribuciones y retenciones surgidos de los acuerdos paritarios.

La disposición, publicada en el Boletín Oficial y firmada por el presidente Javier Milei, el jefe de Gabinete Diego Santilli y la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello, reemplaza aspectos del Decreto 407/2026, que había restringido la base de cálculo exclusivamente al salario básico convencional.

Con la nueva reglamentación, la base sobre la que se aplican las cuotas solidarias y otros aportes convencionales ya no comprenderá únicamente el salario básico, sino también las sumas remunerativas normales, habituales y de percepción mensual previstas en los convenios colectivos. Permanecen excluidos los premios, bonos, horas extras, aguinaldo, plus vacacional, participación en ganancias, conceptos no remunerativos y cualquier otro ingreso extraordinario.

Otro de los cambios relevantes consiste en diferenciar los aportes regulados por el artículo 9 de la Ley 14.250 de aquellas contribuciones que los empleadores acuerden a favor de las organizaciones sindicales. Estas últimas pasarán a regirse por la Ley 23.551 de Asociaciones Sindicales y deberán destinarse exclusivamente a prestaciones sociales, asistenciales, previsionales o culturales para los trabajadores representados.

La norma también obliga a que esos recursos sean administrados mediante cuentas y documentación independientes del resto del patrimonio sindical, con el propósito de reforzar los mecanismos de control y transparencia.

El decreto mantiene vigente el tope del 2% previsto para las cuotas solidarias, aunque redefine los conceptos salariales sobre los cuales se calcula ese límite. Paralelamente, deja fuera de esa restricción las contribuciones empresarias destinadas a fines específicos, una modificación que evita una reducción significativa de los ingresos que perciben numerosas organizaciones gremiales y sus obras sociales.

La decisión llegó después de intensas conversaciones entre funcionarios nacionales y la CGT, que había advertido que la reglamentación original afectaba el financiamiento del modelo sindical argentino. Entre los casos mencionados durante las negociaciones sobresalen las contribuciones empresarias destinadas a obras sociales, que en algunos gremios representan miles de millones de pesos mensuales, recursos esenciales para sostener prestaciones médicas y asistenciales.

La rectificación se oficializó además en un momento de alta sensibilidad política, cuando la central obrera prepara una nueva etapa de movilizaciones y mantiene abiertos diversos frentes de conflicto con el Gobierno por la política laboral y salarial.

La modificación del Decreto 407/2026 refleja un cambio de criterio en la aplicación de la reforma laboral impulsada por la administración nacional. Más allá de los aspectos técnicos, la medida preserva una fuente clave de financiamiento para los sindicatos, redefine el alcance de los convenios colectivos y reconfigura uno de los puntos de mayor discusión entre el Poder Ejecutivo y el movimiento obrero organizado.

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