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El aumento de los atrasos en créditos bancarios comienza a reflejar las tensiones que atraviesan hogares y empresas. Informes del sistema financiero muestran que la morosidad se triplicó en un año, impulsada por el endeudamiento de las familias y la debilidad del mercado interno, en un contexto económico marcado por tasas elevadas, caída del poder adquisitivo y actividad industrial en retroceso.

El sistema financiero argentino comienza a registrar un fenómeno que suele anticipar dificultades más profundas en la economía: el crecimiento sostenido de la morosidad. Bancos, financieras y empresas productivas advierten que cada vez más familias y compañías encuentran dificultades para cumplir con sus compromisos de pago, en un contexto marcado por el encarecimiento del crédito, la pérdida de poder adquisitivo y un mercado interno debilitado.

Un informe reciente de la consultora Quantum Finanzas revela que la cartera irregular del sistema bancario pasó de representar el 1,6% de los préstamos al sector privado en diciembre de 2024 a 5,3% un año después, es decir, más que se triplicó en apenas doce meses. El dato refleja un deterioro acelerado en la capacidad de pago de los tomadores de crédito, tanto en el segmento de los hogares como en el de las empresas.

El aumento se produce después de un período de fuerte expansión del financiamiento en pesos. Tras un 2023 caracterizado por niveles mínimos de crédito, durante 2024 los préstamos al sector privado crecieron 54% en términos reales, impulsados por el financiamiento a familias (+58%) y empresas (+52%). En 2025 el ritmo continuó con un crecimiento adicional del 28%, lo que amplió considerablemente la base de endeudamiento.

Desde el punto de vista técnico, cierto incremento en los niveles de mora suele considerarse normal cuando el crédito se expande con rapidez. Sin embargo, el informe advierte que el comportamiento actual excede esos parámetros habituales. “Ratios de mora que se triplican o cuadruplican en apenas un año reflejan dificultades en los mercados reales y financieros”, señala el estudio, que vincula el fenómeno con el aumento de las tasas de interés y la fragilidad de los ingresos.

El deterioro comienza por los hogares

El deterioro del crédito comenzó a manifestarse con mayor claridad a principios de 2025 y golpeó primero al financiamiento de los hogares. Las mayores tensiones se registran en el uso de tarjetas de crédito y en los préstamos otorgados por billeteras virtuales, instrumentos que en muchos casos comenzaron a utilizarse para cubrir gastos corrientes, incluso alimentos.

En este segmento, la morosidad pasó del 2,6% al 9,3% entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, un salto que refleja el deterioro del poder adquisitivo y la creciente dependencia del financiamiento para sostener el consumo.

Las líneas más comprometidas dentro del sistema financiero son los préstamos personales, que registran 11,9% de mora, seguidos por el financiamiento con tarjetas de crédito, con 8,6%. Entre las empresas, el principal foco de atrasos se concentra en los adelantos en cuenta corriente, donde la morosidad alcanza 4,9%.

El caso de uno de los principales bancos privados del país ilustra la magnitud del fenómeno. El balance del Banco Galicia correspondiente al cuarto trimestre de 2025 registró una pérdida neta de 83.544 millones de pesos, un resultado fuertemente influido por el aumento de los créditos incobrables. Según datos del propio sistema financiero, la entidad acumula 776.187 millones de pesos en préstamos de difícil recuperación, un indicador que encendió señales de alerta entre analistas e inversores.

El impacto llega a la economía productiva

El deterioro del crédito no se limita al ámbito financiero. La economía real también empieza a sentir los efectos de un mercado interno debilitado y de un esquema de financiamiento cada vez más costoso.

En el sector industrial, muchas empresas recurren al crédito de corto plazo para cubrir gastos operativos ante la caída de ventas y la pérdida de empleo. Este mecanismo, que inicialmente funciona como una herramienta de liquidez, aumenta el riesgo de atrasos cuando la recuperación de la actividad no acompaña.

Datos de la Unión Industrial Argentina (UIA) muestran que más del 45% de las empresas reconoce dificultades para afrontar pagos de salarios, impuestos o proveedores, en un contexto en el que la producción manufacturera permanece en terreno contractivo.

La combinación de menor demanda, costos financieros elevados y márgenes empresariales ajustados genera un círculo complejo: las empresas se endeudan para sostener la actividad, pero la falta de recuperación del mercado interno dificulta luego cumplir con esos compromisos.

Consumo en retroceso y crédito como sostén

El crecimiento de la morosidad también refleja un cambio estructural en el comportamiento del consumo. Con salarios que pierden terreno frente a las tasas de interés y el endeudamiento acumulado, cada vez más hogares recurren al crédito para sostener gastos básicos.

Ese fenómeno, que inicialmente puede pasar desapercibido en la dinámica cotidiana, termina reflejándose con claridad en los balances bancarios y en los indicadores del sistema financiero. La mora, en ese sentido, actúa como un termómetro de la economía real: cuando crece de forma abrupta, suele indicar que los ingresos ya no alcanzan para sostener el nivel de obligaciones asumidas.

El aumento de la morosidad no implica necesariamente una crisis financiera inmediata, pero sí constituye una señal de advertencia sobre el estado de la economía. Por ahora, los niveles de atraso en el sistema bancario argentino continúan siendo relativamente bajos en comparación con episodios históricos de inestabilidad. Sin embargo, la velocidad con la que se incrementaron en el último año preocupa tanto al sector financiero como al productivo.

Detrás de las cifras se perfila una realidad más amplia: hogares que recurren al crédito para sostener su consumo, empresas que se endeudan para atravesar un mercado interno debilitado y bancos que comienzan a absorber el impacto de esa tensión.

En ese delicado equilibrio entre financiamiento, ingresos y actividad económica se juega buena parte del futuro inmediato del sistema productivo. Si la recuperación de la economía real no acompaña la expansión del crédito, la morosidad podría convertirse en uno de los principales focos de inestabilidad del ciclo económico argentino.

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La mora en créditos llegó al nivel más alto en dos décadas y golpea a casi seis millones de argentinos

Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado con datos del Banco Central, reveló que la irregularidad en el pago de créditos alcanzó el 7,6% en mayo, el valor más alto de los últimos veinte años. El deterioro afecta a 5,8 millones de personas

El crecimiento del endeudamiento de las familias argentinas alcanzó un nuevo punto crítico. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), basado en estadísticas del Banco Central, 5,8 millones de personas mantienen deudas impagas, mientras que el índice de irregularidad del crédito escaló al 7,6%, el registro más elevado de las últimas dos décadas.

El estudio advierte que el deterioro se profundizó durante 19 meses consecutivos y evidencia la vulnerabilidad de la economía doméstica frente a sus compromisos financieros y tarifas. La situación es especialmente delicada entre los hogares, donde la mora llegó al 12,3%, muy por encima del 3% registrado entre las empresas.

El análisis atribuye esta evolución a la pérdida del poder adquisitivo y al uso cada vez más frecuente del crédito para afrontar gastos cotidianos. Los préstamos personales y las tarjetas de crédito concentran cerca de tres cuartas partes de la cartera irregular, convirtiéndose en los instrumentos donde más se evidencia el deterioro de la capacidad de pago.

Las cifras muestran un incremento acelerado del incumplimiento. En los préstamos personales, la mora pasó del 3,3% al 14,9% entre octubre de 2024 y abril de 2026. En las tarjetas de crédito, el indicador creció del 1,6% al 12,5% durante el mismo período, evidenciando el creciente recurso al financiamiento para sostener el consumo.

La situación resulta aún más compleja fuera del sistema bancario tradicional. Entre las billeteras virtuales y otros prestamistas no bancarios, la morosidad prácticamente se cuadruplicó en un año y medio, al pasar del 7,3% al 29,6%, superando incluso los niveles registrados durante la pandemia.

De las 20,9 millones de personas que poseen algún tipo de financiamiento, casi seis millones presentan atrasos en sus obligaciones. El informe señala además que 3,4 millones mantienen deudas exclusivamente con plataformas digitales, un fenómeno que se consolidó a medida que muchas familias encontraron mayores restricciones para acceder al crédito bancario y recurrieron a alternativas con costos financieros más elevados.

Los jóvenes aparecen entre los grupos más comprometidos. El relevamiento indica que cuatro de cada diez personas de entre 18 y 34 años registran algún grado de mora, porcentaje que asciende al 40,9% entre quienes tienen hasta 24 años, reflejando la creciente fragilidad económica de los trabajadores que recién ingresan al mercado laboral.

El deterioro también comenzó a trasladarse al entramado productivo. La construcción exhibe el mayor nivel de irregularidad en el pago de sus obligaciones crediticias, seguida por los rubros de alojamiento y gastronomía, servicios administrativos y comercio, actividades particularmente sensibles a la evolución del consumo interno.

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El Gobierno endurece los controles y aplicará multas por la reducción de frecuencias de colectivos

El Ministerio de Gobierno advirtió que sancionará a las empresas de transporte que no respeten las frecuencias establecidas. La decisión se produce mientras RedTulum realiza inspecciones para determinar si las prestatarias redujeron la cantidad de unidades en circulación, en medio de crecientes reclamos de los usuarios.

El Ejecutivo provincial endureció los controles sobre el transporte público y anticipó que aplicará multas a las empresas que incumplan las frecuencias autorizadas. La advertencia surgió luego de que se multiplicaran las denuncias de pasajeros por extensas demoras y de que la Unión Tranviarios Automotor (UTA) reconociera una disminución en la cantidad de colectivos que prestan servicio.

RedTulum realiza controles diarios para detectar si las prestatarias redujeron su flota en violación del contrato. El objetivo es constatar si existe un incumplimiento efectivo antes de avanzar con sanciones económicas.

Las autoridades provinciales señalaron que, en caso de comprobarse irregularidades durante las inspecciones, las penalidades alcanzarán tanto a las empresas como a las unidades que no respeten la programación establecida para cada línea.

La decisión oficial responde al creciente malestar de los usuarios, quienes durante los últimos días reportaron largas esperas en distintas paradas del Gran San Juan y otros departamentos.

Los reclamos apuntan principalmente al aumento de los tiempos entre colectivos, una situación que afecta la movilidad diaria de trabajadores, estudiantes y jubilados.

En este cuadro, la UTA San Juan confirmó que actualmente las frecuencias presentan una reducción cercana al 30%, aunque aclaró que esa disminución no obedece a un conflicto gremial ni a medidas sindicales. Según explicó el sindicato, la menor cantidad de servicios responde exclusivamente a determinaciones adoptadas por las empresas prestatarias.

Las autoridades del ministerio aguardarán el reporte de RedTulum para tomar una decisión. Una vez finalizado ese proceso, la Provincia definirá si corresponde aplicar las sanciones previstas por incumplimientos en la prestación del servicio público.

La fiscalización cobra especial relevancia porque el sistema RedTulum constituye el principal medio de transporte para miles de sanjuaninos. El cumplimiento de las frecuencias no solo impacta en la calidad del servicio, sino también en la organización de la vida laboral, educativa y comercial de la provincia. Los relevamientos definirán las sanciones empresariales y la mejora del servicio.

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San Juan, entre las provincias que liderarán el crecimiento del empleo minero

La Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) estimó que la industria podría alcanzar los 300.000 puestos de trabajo directos en la próxima década y acercarse al millón de empleos al sumar la cadena de valor. El desarrollo de los grandes proyectos de cobre será el principal impulso de esa expansión, con San Juan entre las provincias protagonistas.

La minería argentina se encamina a convertirse en uno de los mayores generadores de empleo del país. De acuerdo con las proyecciones difundidas por la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), la industria podría crear alrededor de 300.000 puestos de trabajo directos durante los próximos diez años, una cifra que representa aproximadamente cuatro veces la dotación laboral de la industria automotriz y autopartista. Si se incorpora el efecto sobre proveedores, servicios y actividades vinculadas, el impacto ascendería a cerca de un millón de empleos.

Las estimaciones fueron presentadas durante Arminera 2026, encuentro que reunió a empresas, especialistas y autoridades para analizar las perspectivas de la industria. Allí se destacó que el crecimiento estará impulsado principalmente por la entrada en construcción de grandes proyectos de cobre, considerados el próximo gran salto productivo de la minería nacional.

Según la CAEM, un emprendimiento cuprífero de clase mundial puede requerir hasta 7.000 trabajadores durante la etapa de construcción. A esa demanda se suma la contratación de empresas de ingeniería, metalurgia, transporte, logística, obras civiles, mantenimiento, gastronomía, hotelería y otros servicios que acompañan el desarrollo de cada iniciativa.

El efecto económico trasciende ampliamente a las compañías mineras. Cada nuevo proyecto moviliza inversiones en infraestructura, fortalece las cadenas de proveedores locales y promueve la creación de empleo en múltiples rubros, favoreciendo el crecimiento de las economías regionales donde se emplazan los yacimientos.

Las perspectivas más favorables se concentran en San Juan, Catamarca, Salta y Jujuy, provincias que reúnen algunos de los principales proyectos de cobre y litio del país. En particular, San Juan aparece como uno de los polos con mayor potencial de expansión gracias al avance de emprendimientos de gran escala que podrían modificar la estructura productiva provincial y consolidar a la minería como uno de los pilares de su economía.

No obstante, la industria reconoce que el crecimiento previsto también plantea desafíos. Entre ellos sobresale la necesidad de formar recursos humanos especializados capaces de responder a la creciente demanda de técnicos, ingenieros, geólogos, operadores de equipos pesados y profesionales vinculados con seguridad, ambiente, mantenimiento y nuevas tecnologías aplicadas a la producción minera.

En ese sentido, distintas empresas, universidades y organizaciones sindicales ya comenzaron a impulsar programas de capacitación para fortalecer la oferta de mano de obra calificada. El objetivo es anticiparse a la demanda que generarán los nuevos emprendimientos y maximizar el impacto del empleo local.

Si las inversiones previstas avanzan dentro de los plazos proyectados, la minería no solo incrementará su participación en las exportaciones argentinas, sino que también consolidará su lugar como uno de los principales motores del empleo formal, la inversión productiva y el desarrollo regional, con un protagonismo creciente de San Juan en esa transformación.

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