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Un relevamiento privado expuso el fuerte deterioro económico y social que atraviesan miles de familias rurales en la Argentina. Pese a sostener parte del abastecimiento alimentario y las economías regionales, la mayoría de los hogares campesinos enfrenta pobreza, sobrecarga laboral y dificultades crecientes para continuar produciendo.

Mientras buena parte del debate público sobre el agro argentino gira alrededor de exportaciones, divisas y grandes complejos productivos, otra realidad avanza lejos de los indicadores de rentabilidad y los discursos oficiales. En vastas regiones rurales del país, quienes producen alimentos sobreviven en condiciones de marcada fragilidad económica, con ingresos insuficientes, jornadas agotadoras y una capacidad cada vez más limitada para sostener la actividad.

Un estudio privado elaborado a partir de relevamientos territoriales en Misiones, Jujuy, Córdoba, Mendoza y Neuquén reveló que cerca del 70% de los hogares campesinos se encuentra por debajo de la línea de pobreza. El trabajo retrata la situación de familias vinculadas a la agricultura familiar, producción agroecológica y circuitos locales de comercialización.

El docuemnto advierte que más del 79% de los hogares rurales desarrolla producción primaria diversificada y participa de ferias, ventas directas o redes comunitarias. Sin embargo, la mayoría no logra generar ingresos suficientes para cubrir una canasta básica y depende, en gran medida, del autoconsumo para garantizar alimentación cotidiana.

La investigación vuelve a exponer una de las contradicciones más profundas del sistema productivo argentino: una parte importante de quienes abastecen de alimentos frescos a mercados locales y regionales permanece atrapada en condiciones económicas extremadamente precarias.

Aunque siete de cada diez familias comercializan al menos una parte de lo que producen, el esfuerzo cotidiano no alcanza para consolidar estabilidad económica ni mejorar condiciones materiales de vida. La reducción de márgenes de rentabilidad, el aumento de costos y la limitada capacidad de inversión profundizaron durante los últimos años la vulnerabilidad de pequeños productores rurales.

A esa realidad se suma el impacto cada vez más visible de la crisis climática sobre las economías campesinas. Sequías prolongadas, olas de calor, incendios y tormentas severas comenzaron a alterar de manera directa los ciclos productivos y la sostenibilidad de numerosas explotaciones familiares.

El reporte señala que el 78,7% de los hogares rurales atravesó episodios de sequía en los últimos años y que más del 60% sufrió pérdidas económicas severas derivadas de fenómenos climáticos extremos. Como consecuencia, el 65,3% debió modificar sistemas de producción para intentar sostener la actividad.

La vulnerabilidad estructural del sector se vuelve todavía más visible en territorios con escasa infraestructura, dificultades de acceso al agua, conectividad limitada y menor presencia estatal. En esos escenarios, la continuidad productiva suele depender exclusivamente del esfuerzo familiar.

Uno de los aspectos más duros del relevamiento aparece vinculado a la situación de las mujeres rurales. La investigación impulsada por el Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra expone que numerosas trabajadoras campesinas e indígenas sostienen jornadas activas de entre 16 y 18 horas diarias.

Además, el 61,7% realiza simultáneamente tareas productivas, domésticas y de cuidado, configurando una dinámica de sobrecarga permanente que especialistas describen como “pobreza de tiempo estructural”.

Ese concepto refleja una realidad frecuente en hogares rurales: la ausencia de servicios, infraestructura y asistencia adecuada obliga a compensar carencias mediante más trabajo familiar, especialmente femenino. El resultado es una vida cotidiana atravesada por agotamiento físico, menor acceso a descanso y limitadas posibilidades de desarrollo personal o económico.

El deterioro social de la agricultura familiar también abre interrogantes sobre el futuro de las pequeñas producciones regionales y la continuidad de modelos agroalimentarios vinculados al abastecimiento local, la diversidad productiva y las economías de cercanía.

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Las empresas proyectan aumentos salariales del 22% para 2027

Las empresas argentinas presupuestan aumentos salariales del 22,8% para 2027, con una previsión de inflación del 22,4%, según una encuesta de la consultora WTW. El relevamiento, presentado durante su Seminario Anual sobre Compensaciones y Beneficios, muestra que las compañías comenzaron a definir sus pautas de actualización para el personal fuera de convenio, con incrementos que, en esta primera etapa, se mantienen prácticamente alineados con los precios esperados. El 76% prevé distribuir los aumentos en dos o tres instancias, mientras que la mayoría no planea modificar los presupuestos de 2026.

El 56% de las empresas ya trabaja en el presupuesto salarial para el próximo año, mientras que el 44% todavía no inició esa tarea. Entre las compañías que avanzaron con las estimaciones, tanto la inflación proyectada como los ajustes salariales tienen una mediana del 22%, aunque los promedios se ubican en 22,4% y 22,8%, respectivamente.

Dos o tres aumentos concentrarían la mayoría de los ajustes

La modalidad de actualización también comienza a definirse. El 76% de las compañías prevé aplicar dos o tres incrementos durante 2027: el 38% contempla dos revisiones y otro 38%, tres.

Para el primer trimestre, la mediana del aumento acumulado previsto es del 10%, mientras que para el primer semestre alcanza el 10,1%. La referencia anual se mantiene en el 22%, aunque los porcentajes finales dependerán de la evolución económica y de las decisiones que adopte cada empleador.

Las previsiones presentan diferencias según la rama de actividad. Los servicios profesionales encabezan las estimaciones, con una mediana del 24%. Consumo, química, plásticos y pintura, y alta tecnología proyectan subas del 23%. En el extremo inferior, energía prevé un 20% y bancos y entidades financieras, un 21%.

Cautela para el cierre de 2026

Las decisiones pendientes sobre los salarios de este año reflejan una conducta más conservadora. El 58% de las empresas no prevé modificar el presupuesto salarial de 2026, mientras que el 34% todavía evalúa posibles cambios y apenas el 8% anticipa una revisión.
También permanece abierta la posibilidad de aplicar un ajuste compensatorio —conocido como catch up— al comienzo de 2027 para recuperar diferencias frente a la inflación. El 49% de las compañías descarta esa alternativa, el 39% la mantiene bajo análisis y el 12% confirmó que la implementará. Entre estas últimas, la mediana del incremento adicional previsto es del 5%.

Las cifras de WTW corresponden a proyecciones empresariales y no constituyen aumentos acordados ni garantizados para el conjunto de los trabajadores. Su evolución estará condicionada por la inflación efectiva, el desempeño de cada compañía y las decisiones que se adopten durante las negociaciones salariales.

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El Gobierno redujo a seis los medicamentos esenciales y excluyó fármacos de uso frecuente

La Resolución 1447/2026 del Ministerio de Salud derogó el listado aprobado en 2021 y estableció seis principios activos como referencia para la planificación y provisión de medicamentos. Quedaron excluidos fármacos para la diabetes, el hipotiroidismo, el asma y las infecciones, además de anticonceptivos. El alcance sobre la entrega efectiva dependerá de cómo se implemente el nuevo esquema.

Entre los medicamentos que quedaron fuera de la nueva nómina figuran la levotiroxina, utilizada para tratar el hipotiroidismo; la metformina, indicada para la diabetes tipo 2; la amoxicilina, un antibiótico de uso extendido; y el salbutamol, empleado para aliviar episodios de broncoespasmo, entre ellos los asociados al asma. También fueron excluidos el fluconazol, la loratadina y los anticonceptivos.

Los seis principios activos seleccionados

El nuevo listado incorpora ácido acetilsalicílico, atorvastatina, candesartán, hidroclorotiazida, ramipril y rosuvastatina. Se trata de medicamentos utilizados, según cada indicación clínica, para reducir el colesterol, controlar la presión arterial y prevenir complicaciones cardiovasculares.

La cartera sanitaria fundamentó la selección en la necesidad de priorizar tratamientos frente a la carga que representan las enfermedades vasculares para el sistema de salud. La resolución establece que la nómina servirá como referencia para organizar las compras, la planificación y la provisión de medicamentos en los efectores públicos.

Qué implica para Remediar

El cambio se vincula con la política de medicamentos esenciales, pero es necesario distinguir la modificación del vademécum de la disponibilidad efectiva de cada fármaco. La exclusión de un medicamento del nuevo listado no demuestra, por sí sola, que haya dejado de entregarse por todas las vías del sistema público.

Creado para facilitar el acceso gratuito a tratamientos mediante centros de atención primaria, Remediar constituye una herramienta de provisión para personas que dependen de la atención estatal. Por eso, el efecto concreto de la modificación estará determinado por las compras que se realicen, los mecanismos de distribución y las alternativas que permanezcan disponibles para cada tratamiento.

La prioridad sanitaria: las enfermedades vasculares

La actualización coincide con el anuncio del Plan Nacional de Abordaje Integral de Salud Vascular 2026-2030, orientado a fortalecer la prevención, la detección temprana y la atención de enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, incluidos los infartos y los accidentes cerebrovasculares.

La resolución señala, además, que la modificación no requiere gastos presupuestarios adicionales para el Ministerio de Salud. Sin embargo, la reducción del listado abre interrogantes sobre la continuidad del acceso a medicamentos para pacientes con enfermedades crónicas, afecciones respiratorias e infecciones.

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Marcha universitaria: una multitud reclamó en San Juan que Milei cumpla la ley de financiamiento

Miles de manifestantes recorrieron el centro de San Juan para reclamar que el Gobierno de Javier Milei cumpla la Ley de Financiamiento Universitario y garantice los recursos necesarios para sostener la educación superior pública. La quinta Marcha Federal Universitaria congregó a estudiantes, docentes, no docentes, autoridades académicas, gremios, organizaciones sociales y referentes políticos, en una protesta que combinó la defensa presupuestaria con el reclamo por los salarios y las condiciones de funcionamiento de las instituciones.

La movilización comenzó en la plaza 25 de Mayo alrededor de las 17:00 y avanzó por Ignacio de la Roza, Alem, avenida Libertador, Aberastain y Mitre, hasta llegar al Rectorado de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ). Allí se realizó el acto de cierre, con discursos de representantes de la comunidad universitaria.

El decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Marcelo Lucero, reclamó que el Gobierno nacional aplique la normativa aprobada por el Congreso y aseguró que las universidades continuarán movilizadas hasta obtener una respuesta. La exigencia comprende tanto la recomposición de los ingresos del personal como la recuperación de los fondos necesarios para sostener las tareas académicas y científicas.

Durante la marcha también se escucharon testimonios sobre el impacto cotidiano del deterioro presupuestario. Algunos estudiantes apoyaron la movilización y manifestaron que, pese a las medidas de fuerza, algunos profesores mantienen las clases y continúan al frente de sus cursos. El relato puso el foco en el esfuerzo de los docentes para sostener la enseñanza aun cuando las condiciones laborales se deterioran.+

En el acto frente al Rectorado, Tadeo Berenguer endureció sus críticas. Describió un proceso de deterioro que, según afirmó, alcanza al presupuesto, los salarios, el empleo, la infraestructura y los proyectos de investigación. Para el rector, la continuidad de esas restricciones amenaza las capacidades que las universidades necesitan para cumplir sus funciones de enseñanza, producción científica y extensión.

El titular de la UNSJ también se refirió al reclamo de padres de estudiantes de los colegios preuniversitarios por los paros y a la presentación judicial impulsada por algunas familias.

Berenguer defendió la pertenencia de esos establecimientos a la universidad y sostuvo que las autoridades no permanecerán al margen de la disputa. “No somos el problema, sino la solución”, afirmó.

Desde la perspectiva académica, la discusión excede la mera actualización de fondos: afecta directamente la viabilidad de la oferta académica, la permanencia del cuerpo docente y científico, y el futuro de la formación profesional.

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