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El paro nacional convocado por la Federación de Docentes de las Universidades exhibió un nivel de adhesión cercano a la totalidad en las casas de estudio públicas. El reclamo salarial, tras 17 meses de deterioro continuo, se combina con la exigencia de cumplimiento de la ley de financiamiento y abre la puerta a una nueva marcha de alcance nacional.

La protesta docente adquirió este viernes una dimensión contundente en todo el país. Facultades sin actividad, aulas vacías y una amplia agenda de clases abiertas, movilizaciones y acciones públicas reflejaron la profundidad de un conflicto que ya impacta en la vida académica cotidiana. La medida de fuerza, impulsada por la Federación de Docentes de las Universidades, puso en evidencia un malestar extendido que atraviesa a la totalidad del sistema universitario estatal.

El eje del reclamo se concentra en la sostenida pérdida del poder adquisitivo. Desde el sector advierten que los ingresos acumulan 17 meses de retroceso frente a la inflación, con una merma superior al 40% desde noviembre de 2023. La situación, sostienen, empuja a un número creciente de docentes a diversificar sus fuentes laborales o directamente abandonar la actividad académica, lo que compromete la calidad educativa y la continuidad de cátedras.

El secretario general de FEDUN, Daniel Ricci, describió un panorama límite: “El nivel de adhesión es altísimo porque la realidad es insostenible. Para recuperar lo perdido se necesita una recomposición que supere el 50%”. Sus declaraciones sintetizan el consenso interno de un sector que advierte sobre el deterioro estructural del sistema si no hay respuestas inmediatas.

A la cuestión salarial se suma un frente institucional de alta sensibilidad. El gremio exige la implementación efectiva de la Ley de Financiamiento Universitario, aprobada por el Congreso y ratificada tras el veto presidencial. El plazo fijado por la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal para su cumplimiento ya expiró sin avances concretos, lo que intensifica la presión sobre el Poder Ejecutivo.

Desde la organización remarcan que la vigencia de una norma sancionada por el Parlamento no admite dilaciones. En ese sentido, subrayan que la actualización de haberes y la transferencia de recursos a las universidades constituyen obligaciones indelegables para el Estado nacional.

El conflicto universitario se inscribe en un cuadro más amplio de recomposición de ingresos en el sector público, aunque presenta particularidades que lo vuelven especialmente sensible. La formación de profesionales, la producción científica y el sostenimiento de la educación superior gratuita dependen en gran medida de la estabilidad del cuerpo docente. La prolongación de la pérdida salarial erosiona no solo las condiciones laborales, sino también la capacidad del sistema para retener talento y garantizar estándares académicos.

La ausencia de una convocatoria a paritarias profundiza la incertidumbre y deja al conflicto en una instancia de resolución abierta. En ese sentido, la masividad de la medida de fuerza funciona como una señal política que trasciende lo sectorial y se proyecta hacia el debate público sobre el financiamiento educativo.

Sin definiciones oficiales ni avances en la negociación, la situación se orienta hacia una mayor confrontación. La Federación de Docentes de las Universidades ya anticipó que, de persistir la falta de respuestas, impulsará una marcha nacional universitaria en la segunda semana de mayo. La disputa, lejos de cerrarse, ingresa en una etapa decisiva en la que se pondrá a prueba la capacidad del Gobierno para desactivar un conflicto que amenaza con profundizarse y extender sus efectos sobre todo el sistema educativo superior.

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La mayor nevada en 25 años renueva la esperanza por el agua en San Juan

Las intensas precipitaciones níveas registradas en la cordillera constituyen uno de los episodios más importantes de los últimos 25 años. Especialistas de la Universidad Nacional de San Juan consideran que, si las nevadas continúan durante agosto o septiembre, aumentarán las reservas de agua para la próxima primavera, aunque insisten en que la provincia debe mejorar la administración del recurso hídrico.

El ingreso de un extenso río atmosférico cargado de humedad sobre la cordillera de los Andes dejó un panorama alentador para San Juan. Las abundantes nevadas registradas en los últimos días favorecieron una significativa acumulación de nieve en alta montaña, un proceso fundamental para garantizar el aporte de agua durante el deshielo.

El director del Gabinete de Estudios de Geocriología, Nivología y Cambio Climático de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan, Silvio Pastore, calificó el fenómeno como «una de las nevadas más importantes del último cuarto de siglo». Explicó que la persistencia del temporal durante más de una semana permite que las sucesivas capas de nieve se protejan entre sí de la radiación solar y de la sublimación, favoreciendo su conservación hasta la primavera, cuando el aporte hídrico resulta decisivo para la provincia.

El investigador sostuvo que las condiciones meteorológicas actuales permiten consolidar distintos estratos de nieve, aunque remarcó que será necesario registrar al menos otro episodio similar durante agosto o septiembre para consolidar una recuperación más sostenida luego de más de una década marcada por la escasez de precipitaciones.

Pastore también señaló que el comportamiento del Pacífico Ecuatorial, asociado a un episodio intenso de El Niño, incrementa las probabilidades de nuevas precipitaciones durante este año y el próximo, lo que podría mejorar las perspectivas para los embalses y los sistemas de riego de Cuyo.

Sin embargo, el especialista advirtió que la magnitud de las nevadas no debe generar una falsa sensación de tranquilidad. Sostuvo que San Juan necesita avanzar con urgencia en una gestión más eficiente del recurso hídrico para enfrentar un escenario climático cada vez más variable. En ese sentido, remarcó que una buena temporada de nieve representa una oportunidad, pero no reemplaza las políticas de administración, planificación y uso racional del agua.

Tras años de caudales reducidos y reservas comprometidas, el temporal abre una expectativa favorable para la provincia. No obstante, los especialistas coinciden en que el verdadero desafío continúa siendo fortalecer la gestión del agua, ya que la disponibilidad futura dependerá tanto de la evolución del clima como de las decisiones que se adopten para administrar un recurso cada vez más valioso.

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FEPEVINA alertó que siete de cada diez rutas nacionales están en estado regular o malo

La Federación del Personal de Vialidad Nacional advirtió que cerca del 70% de la red vial presenta un estado entre regular y malo como consecuencia de la paralización de la obra pública. El gremio también cuestionó el nuevo esquema de concesiones impulsado por el Gobierno nacional y denunció que favorece a empresas privadas con financiamiento estatal y escasas obligaciones de inversión.

El deterioro de las rutas nacionales volvió a encender las alarmas. La Federación del Personal de Vialidad Nacional (FEPEVINA) sostuvo que el desfinanciamiento del organismo y la suspensión de las tareas de conservación están acelerando el desgaste de la infraestructura vial, con consecuencias directas sobre la seguridad de millones de usuarios.

El secretario Gremial y de Prensa de la organización, Fabián Catanzaro, aseguró que el organismo atraviesa el momento más crítico desde su creación hace casi 94 años. Según precisó, alrededor del 70% de la red vial nacional se encuentra en condiciones entre regulares y malas, una realidad que atribuyó a la decisión del Gobierno nacional de paralizar la obra pública, incluyendo las intervenciones de mantenimiento que establece la legislación vigente.

El dirigente explicó que la falta de conservación tiene un impacto acumulativo sobre los pavimentos. De acuerdo con estimaciones técnicas de Vialidad Nacional, cada año sin mantenimiento reduce entre tres y cinco años la vida útil de una ruta, lo que acelera el deterioro y multiplica el costo de futuras reparaciones.

La organización también vinculó ese proceso con el incremento de la siniestralidad vial. Catanzaro indicó que relevamientos internos muestran un aumento cercano al 20% en los siniestros registrados desde el año pasado y afirmó que las víctimas fatales continúan en niveles preocupantes, con alrededor de 7.000 fallecidos anuales en las rutas nacionales. A su juicio, el estado de la infraestructura condiciona muchas de las maniobras que luego son atribuidas exclusivamente al error humano.

Denuncian un «apagón estadístico»

FEPEVINA cuestionó además la reducción de la información pública vinculada a la seguridad vial. Según el gremio, el proceso de ajuste que atraviesa la Agencia Nacional de Seguridad Vial también repercutió sobre la producción de estadísticas oficiales.

Catanzaro sostuvo que actualmente existe un «apagón estadístico» respecto de los siniestros y las muertes en las rutas nacionales debido al desmantelamiento de áreas técnicas encargadas de elaborar esos registros. En ese sentido, advirtió que la ausencia de datos dificulta dimensionar con precisión la evolución del problema y limita la elaboración de políticas preventivas.

Críticas al nuevo esquema de concesiones

Otro de los cuestionamientos apuntó al proceso de privatización de corredores viales impulsado por el Ejecutivo. Desde FEPEVINA señalaron que el nuevo modelo ampliará significativamente la extensión de rutas concesionadas, que pasaría de 6.500 a 9.500 kilómetros, al tiempo que se multiplicará la cantidad de estaciones de peaje, con una cabina aproximadamente cada 80 kilómetros.

El sindicato advirtió que las licitaciones se desarrollarán bajo las modificaciones incorporadas por la Ley Bases al régimen de concesiones y cuestionó el rol del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), cuya Carta Orgánica fue modificada para financiar estos proyectos.

Según Catanzaro, las empresas adjudicatarias accederán a créditos con tasas preferenciales, períodos de gracia y la posibilidad de percibir ingresos por peajes desde el inicio de la concesión, sin ejecutar inicialmente obras de gran magnitud. Para la organización, ese esquema reproduce experiencias similares aplicadas durante la década de 1990, donde —afirman— predominó la rentabilidad de las concesionarias por encima de la inversión en infraestructura.

El impacto en San Juan

La advertencia también alcanza a provincias como San Juan, donde las rutas nacionales constituyen corredores estratégicos para la minería, la producción agrícola, el turismo y el transporte de cargas. El deterioro de estas vías no sólo incrementa los riesgos para quienes las transitan diariamente, sino que también eleva los costos logísticos y afecta la competitividad de las economías regionales.

El pronunciamiento de FEPEVINA vuelve a colocar en el centro del debate el estado de la infraestructura vial argentina y el rumbo de la política de obra pública. Mientras el Gobierno avanza con un esquema de mayor participación privada en la administración de los corredores nacionales, el gremio insiste en que la falta de mantenimiento, la reducción presupuestaria y la disminución de los controles conforman una combinación que compromete tanto la conservación del patrimonio vial como la seguridad de quienes circulan por las rutas del país.

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El empleo registrado sigue en caída y pone bajo presión a las jubilaciones

Los registros oficiales de la Subsecretaría de Seguridad Social muestran que el Sistema Integrado Previsional Argentino perdió 38.532 aportantes en el último año y más de 304.000 desde 2023. El crecimiento de la informalidad y del trabajo independiente reduce los ingresos del régimen jubilatorio mientras aumenta la cantidad de beneficiarios.

El deterioro del empleo registrado continúa profundizándose y comienza a reflejarse con fuerza en el financiamiento del sistema jubilatorio. De acuerdo con el último informe de la Subsecretaría de Seguridad Social, elaborado sobre la base de datos de ANSES y ARCA (ex AFIP), en mayo de 2026 se contabilizaron 12.442.017 aportantes al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), lo que representa una disminución de 38.532 trabajadores respecto del mismo mes del año pasado.

La comparación de más largo plazo resulta todavía más preocupante. En apenas tres años, la base de aportantes se redujo en 304.417 personas, una caída asociada al retroceso del empleo asalariado, el cierre de empresas y la reducción de plantillas tanto en la administración pública como en el ámbito privado.

Los datos oficiales también reflejan un crecimiento sostenido de la precarización laboral. Sobre una población ocupada cercana a los 22 millones de personas, alrededor de 9,5 millones desarrollan tareas sin realizar aportes al sistema previsional. Entre ellos, más de 5,6 millones de asalariados privados trabajan sin registración, elevando la tasa de informalidad al 43,6%, según las mediciones del INDEC incorporadas al informe.

La ausencia de registración no sólo implica menores ingresos para el SIPA. Ese universo de trabajadores carece de cobertura jubilatoria futura, obra social y protección frente a accidentes laborales mediante las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART), ampliando las brechas de protección social.

Mientras disminuye la cantidad de quienes financian el régimen previsional, el número de prestaciones mantiene una tendencia ascendente. En mayo de este año, el SIPA abonó 6,8 millones de jubilaciones y pensiones, con 73.727 beneficios más que un año antes, equivalente a un incremento interanual del 1,1%.

La composición del universo de jubilados también expone la transformación del sistema. El 46,4% de las prestaciones corresponde a beneficios obtenidos mediante moratorias previsionales, el 44,3% a jubilaciones ordinarias por cumplimiento de los años de aportes y el 9,3% restante responde a otros regímenes especiales. Aunque las jubilaciones ordinarias crecieron en 58.863 casos durante el último año por el cumplimiento de la edad y los requisitos legales, la relación entre aportantes activos y beneficiarios continúa deteriorándose.

Otro elemento que agrava el cuadro es la expansión del trabajo independiente. Los aportes efectuados por monotributistas y otras modalidades autónomas resultan considerablemente inferiores a las contribuciones generadas por un empleo asalariado formal, lo que reduce la capacidad de financiamiento genuino del sistema y obliga al Estado nacional a cubrir una porción cada vez mayor del déficit previsional mediante recursos del Tesoro.

Las proyecciones tampoco ofrecen señales alentadoras. Los anuncios de nuevas reducciones de personal en organismos públicos, sumados a las dificultades que atraviesan numerosas empresas privadas, anticipan una mayor presión sobre el mercado laboral registrado y sobre las cuentas del régimen jubilatorio.

La evolución de los indicadores confirma una transformación profunda del mercado de trabajo argentino. La disminución del empleo formal, el crecimiento de la informalidad y el aumento sostenido de las prestaciones previsionales configuran un desafío de creciente magnitud para la sostenibilidad financiera del SIPA, en un momento en que el equilibrio entre aportantes y beneficiarios aparece cada vez más comprometido.

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